Gesta Bárbara se reencuentra
Ficha entorno al factor humano en la literatura: Gesta Bárbara se reencuentra Es por estos senderos por los que solían correr completamente desnudos en busca de la escurridiza inspiración. Lo hacían por las noches, envalentonados por los poemas del chileno Vicente Huidobro, el efecto del ´chaleco verde´ (pisco) y con los pulmones atiborrados por el humo de los ´sucrenses´.
Es aquí, en el mítico Montículo del barrio de Sopocachi de La Paz, donde a mediados de los 40 este grupo de jóvenes escritores hilvanó hechos insólitos mientras reinventaba uno de los movimientos literarios más importantes que ha habido en el país: Gesta Bárbara.
Hoy, luego de 60 años, cuatro de los sobrevivientes de aquel movimiento intelectual vuelven a reencontrarse en la emblemática plaza paceña para revivir aquellos irrepetibles años de bohemia. Claro, después de tantos inviernos el físico ya no califica para ejecutar tan osadas hazañas, pero la memoria y el espíritu se mantienen todavía intactos.
Ya lo habían demostrado unas semanas antes en las salas de Unión Latina, donde leyeron unos cuantos poemas que en su época sacudieron las anquilosadas estructuras culturales de este país.
Ahora, los recuerdos de Valentín Abecia Baldivieso, Armando Soriano Badani, Julio de la Vega y Jacobo Libermann Zelonka brotan desordenados y así, con urgencia, se estrellan contra la reportera.
´Éste era el punto desde el cual los bárbaros realizábamos grandes idioteces y les robábamos las noches a nuestros vecinos´, masculla Libermann. Y Abecia le corrige: ´Les robábamos a sus hijas, dirás´ ¡Gesta Bárbara soy yo!´
Con intermitencias, este grupo publicó hasta 1926 una revista donde se fomentaba la crítica literaria y los versos iconoclastas. Sin embargo, aquellas inquietudes se fueron opacando por el alejamiento paulatino de la mayoría de sus miembros.
Tuvieron que pasar dos décadas y el fragor de la Guerra del Chaco hasta que un grupo de jovenzuelos de versos quinceañeros, la mayoría culminando el colegio, revivió en La Paz a Gesta Bárbara. Y fue el viernes 7 de diciembre de 1944 en la biblioteca Andrés de Santa Cruz donde Beatriz Schulze, Valentín Abecia, José Federico Delós, Federico G. Varela, Santiago Schulze, Óscar González Alfaro, Héctor Burgoa, Fausto Aoiz, Alfredo Loaiza y Gustavo Medinaceli firmaron el acta de fundación del movimiento.
En esos años eran contadas las actividades culturales en La Paz. Y la mayor parte se concentraban en recitales, declamaciones y algunos conciertos con cierta influencia argentina. ´Era un ritmo artístico aburrido. Por eso, nos propusimos hacer temblar aquel medio pacato´, se justifica Valentín Abecia.
Pero no todos recibieron con buen agrado aquel nuevo emprendimiento juvenil. Uno de ellos fue Carlos Medinaceli, quien respondió de manera furibunda a una invitación para escribir un artículo en la repuesta revista literaria. ´Jovenzuelos plumíferos, ¡yo soy Gesta Bárbara! Cómo me piden escribir en una publicación que engendré hace años´. Pero tres años después el destacado literato les felicitó. ´Vuestra acción nació de la voluntad creadora de un pueblo. Que siempre diga América india: ¡Presente, la juventud de los Bárbaros!´.
A mediados de los años 40, la sociedad paceña dependía en gran medida de las fecundas minas de Oruro y Potosí. Y, por aquel entonces, las altas esferas conservadoras y los intelectuales presumían de una marcada influencia europea. Ese fue justamente el caldo de cultivo de la segunda Gesta Bárbara.
´Queríamos generar una tribuna de pensamiento y con gran suerte nos abrieron las puertas los mejores centros culturales y los intelectuales también nos apoyaron´, asegura Armando Soriano Badani.
Al inicio, Gesta Bárbara incluía a pintores, escultores, músicos y escritores. Con los años, sin embargo, este movimiento quedó restringido sólo a los literatos.Y fueron los jóvenes escritores quienes comenzaron a llamar la atención de la sociedad con actividades como ´El anaquel del grito´ o ´El inventario de una mujer´, donde ´decíamos rebeldes verdades y solemnes disparates´, dice Soriano.
En estos encuentros, antes conocidos como ´veladas poéticas´, los nóveles creadores leían en voz alta sus escritos y ponían a evaluación de la crítica sus obras literarias.
En su mayoría, ´nuestros versos eran oscuros. No hacíamos poemas a la ternura de las mariposas. Y aquellos que trabajaban el tema amatorio, lo hacían con un lenguaje experimental´, destaca Libermann.
De todo el grupo, era Gustavo Medinaceli —uno de los primeros en introducir en el país elementos del surrealismo europeo— quien lideraba ese cambio con obras como ´La niña del sístole inconforme´. Las metáforas utilizadas por ´el poeta loco´ ya nada tenían que ver con las expresiones pegajosas utilizadas hasta aquel entonces.
Estos intentos por emular la avasallante literatura de cambio liderada por Proust, Laurence y Joyce alarmaron a los intelectuales nacionales, que fomentaban a los considerados clásicos de las letras.
De herejía, por ejemplo, calificó un profesor cuyo apellido era Díez de Medina a un verso de los bárbaros que exclamaba: ´Dadme de beber en el vaso negro de tu sexo´. Atados al amor
´Era una especie de clan totalmente hermético, donde los miembros elegían a quién invitar´, señala Soriano Badani, quien ingresó un año después de la fundación del grupo. El poeta recuerda que ante el rechazo de Gesta Bárbara, muchos escritores formaron por su cuenta sus propios grupos como Puerta del Sol y Medio Siglo. ´Alfredo Alexander, propietario, fue designado presidente del Banco Central de Bolivia y el director del medio recibió un cargo diplomático´. Entonces, ´Ultima Hora quedó a cargo de Carlos Montaño Daza, quien nos abrió las puertas del periódico para que hiciéramos todo lo que quisiéramos´, rememora Abecia, quien pudo desarrollar allí sus aptitudes historiográficas.
Y es que en Cuadernos Literarios brilló la pluma de casi todos los miembros de Gesta Bárbara. Entre ellos, los poemas de tinte social de Alcira Cardona y José Federico Delós; la delicada pluma de Beatriz Schulze, el verso lirismo de Armando Soriano y el peculiar gusto por las metáforas de Julio de la Vega.
Con todo, y a pesar de haber traspasado los límites de La Paz —Gesta Bárbara de 1918 se centró a Potosí y la de 1944 se replicó en Cochabamba y en Tupiza—, el movimiento literario paceño comenzó en los años 60 a dispersarse poco a poco después de la súbita muerte de Gustavo Medinaceli, el alma de los bárbaros. Su partida, en el año 1957, cuando tenía únicamente 34 años, caló hondo en los que fueron sus compañeros de aventuras.
Además, al igual que Medinaceli, muchos de los miembros de Gesta Bárbara terminaron su vida muy temprano. Es el caso de Jaime Canelas, Héctor Cossío Salinas y Gonzalo Vásquez. Otros, por su parte, se alejaron sin dejar rastro, como Carlos Mendizábal, Ramiro Bedregal y José Federico Delós.
´Hemos quedado los que no servimos´, susurra Julio de la Vega, mientras cansino y sin decir adiós aleja sus lentos pasos del Montículo. Entonces, una vez más sus compañeros dejan paso a los recuerdos.
´Este es el inventor de los bloqueos, pues´, exclama Libermann y su tembloroso dedo índice apunta hacia la espalda de De la Vega.
´Una vez, se ha tendido por dos horas en medio del camino del tranvía que había en la ciudad de Cochabamba. Todo para demostrarle su amor a una chica que vivía precisamente al frente de la misma vía´, complementa Soriano.
De pronto, las risas dan paso a la melancolía. ´Se nos ha ido la vida… pero con dignidad, escribiendo poemas. La rebeldía, esa dama de hierro, todavía sigue viva en nuestras entrañas´, concluye Abecia. Y con esas palabras la grabadora se detiene. Es hora de dirigirse a la esquina de las calles Ecuador y Aspiazu, como si la hora de la tertulia volviera a comenzar, pues allí, en los años 40, era donde se servían los mejores piscos que se conocían en La Paz.
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Juan sin Letras :: 31/jul/2007 :: ESCRITORES ENTREVISTAS Y NOTICIAS :: No hay Comentarios »

