ENTREVISTA CON ROSA MONTERO
![]() «Al escribir un libro eres lo mejor que tú eres; en la promoción, eres lo peor» La escritora Rosa Montero abrió ayer la tercera temporada de los “Diálogos de Medianoche” con su última novela, “Historia del Rey Transparente” como protagonista TEXTO: ION STEGMEIER. Las entrevistas con Rosa Montero se hacen solas. Quizá porque ha estado miles de veces al otro lado de la mesa. O, simplemente, porque cree en su trabajo, y lo exhibe con el orgullo con el que una madre muestra su bebé. Montero, que dejó de fumar a la vez que empezaba la promoción de su última novela, cambia de voces en la conversación, ahora gritos de bruja, ahora susurros cómplices, se saca la pulsera y se la mete, y ríe abiertamente cuando reconoce las manías o carencias que tiene a sus 54 años. Anoche, la escritora madrileña abrió la temporada de los Diálogos de Medianoche, en el Civican de Pamplona, hablando de su última novela, Historia del Rey Transparente. -536 páginas, ambientada en la Francia del siglo XII, ocho años de trabajo… si se hiciera un making off del proceso de escritura, ¿cómo aparecería usted? -Con mucho lío. Normalmente tardo tres años con cada novela; de ellos, año y medio desarrollándola en la cabeza . Luego empiezo a hacer fichas y mapas de capítulos, de los personajes… y ya cuando sé que va a tener 37 capítulos y qué va a pasar en cada uno, me siento en el ordenador y en vez de 37 salen 54, un personaje se muere en el tercero… en fin, es un organismo vivo y cambia hasta el final. Ése es mi método. Aunque en este ha sido raro. -¿Por qué? -Estaba escribiendo otra novela, El corazón del tártaro y me atranqué, creí que se me había muerto, y la dejé. Entonces estaba leyendo por placer libros de historia medieval y se me ocurrió una historia que sucedía en aquella época, porque una nunca escoge las novelas, sino que las novelas te escogen a ti. Me pasé un año trabajando y, de repente, una noche se me encendió la cabeza, porque es así de raro todo, y dije, «un par de historias secundarias de esta novela si las paso a El corazón del tártaro me solucionan ese libro». Por eso el proceso ha sido más largo. -¿Cómo es el momento de poner el último punto? -No lo pones nunca. Yo hago un primer borrador, lo entrego a tres o cuatro personas de confianza y dejo reposar esa novela un mes. Cuando te dan las críticas estos amigos, vuelves a leerte la novela. Entonces ves los errores, que emergen como islas. Vuelves a hacer el manuscrito y lo das a la editorial. Pero entre que lo das y lo meten en impresión, sigues cambiando cosas, y, una vez tienes las primeras galeradas, sigues cambiando cosas, y en las últimas galeradas sigues cambiando cosas (se ríe), hasta las segundas pruebas. -Ahí ya no hay remedio. -No. Pero fíjate cómo será que presenté el libro en el Teatro Español con Pastora Vega y con el contratenor José Hernández Pastor y saqué los textos que tenía que leer Pastora y se los imprimí, porque me dijo «Oye, imprímemelos en plan grande para que no tenga que sacar las gafas», bueno, pues al imprimirlos, ya quité algún adjetivo (se ríe). -A esos errores que emergen solos, además, en este caso está la amenaza de los anacronismos. -Aquí son voluntarios. Es una novela ucrónica, porque cuenta 25 años de la vida de Leola, la protagonista. Con 15 años es campesina en el siglo XII, que era como ser esclava. Entra en un campo de batalla por la noche, pela a un caballero muerto de su armadura, se traviste de caballero y empieza ese periplo hasta que llega a los 40 años. En 25 años, cuento siglo y pico de la historia. Todos los personajes históricos son de su época, hay una coherencia, pero a lo mejor no son estrictamente contemporáneos. Ya digo que no es una novela histórica, no me interesan. El sentido de la novela es buscar el sentido de la existencia. -Como Leola, ¿se ha tenido que disfrazar alguna vez para sobrevivir? -Todos. Leola se pasa el primer tercio del libro vestida de hombre, el segundo tercio a ratos y, al final, está vestida de mujer. Esto ha sido habitualísimo en la Edad Media. Pero de lo que está hablando en realidad es de la aventura de la existencia, uno de esos aprendizajes que tenemos que hacer en la vida, encontrar tu lugar en el mundo, llegar a comprender cuáles son tus verdaderos deseos, porque uno vive preso de los deseos heredados. Madurar consiste precisamente en ir quitándose estos disfraces. -¿A usted todavía le quedan? -Seguro. Por eso yo creo que es la novela más exultante que he hecho. Celebra de alguna manera la fuerza de la vida y la plenitud. Saliendo de tan abajo, Leola consigue una serenidad frente a los agujeros de la existencia, que yo no he logrado. Leola ha llegado más allá que yo. Pero, vamos, no desespero ( se ríe). -Dice que la promoción le quita muchas energías y que le suele dejar algo de «gilipollez». -Cuando escribes un libro eres lo mejor que tú eres. Mientras estás haciendo la promoción, eres lo peor (se ríe), te sientes como un vendedor de burras, diciendo «compre este libro tan bonito y tan barato» por todas las esquinas de la cristiandad. Te repites muchísimo y, además, repites cosas que son muy importantes para ti, y las conviertes en basura. Pero bueno, estoy pensando en planteármelo en próximos libros, hacer un poco menos. -Tal y como están los concursos literarios, ni se le pasará por la cabeza la opción. -No. Además que el Planeta no es un concurso literario. Juan Marsé es un ídolo para mí, un maestro y un tío al que adoro, pero no creo que haya acertado ni con hacerse jurado, ni con montar este pollo. Mi nombre ha salido como participante en el Planeta como en diez años, al final, encabronada, saqué una columna diciendo que no me había presentado nunca. Si algún día me ves entrando en el Planeta, muy mal estaré. -En el Ciudad de Torrevieja, también, Caballero Bonald puso a parir al ganador, César Vidal -Tampoco me gustó su actitud porque le puso a parir por razones ideológicas. -¿Cada vez hay más un periodismo de trincheras? -Desde hace varios años hay una relación creciente en España de una intimidad demasiado próxima entre los políticos y los periodistas, que se están metiendo en un mundo absolutamente cerrado, en el que actúan más para salir en sus periódicos en contra de la guerra de los otros periódicos. Los políticos y los periodistas están perdiendo contacto con la realidad.
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Juan sin Letras :: 14/abr/2009 :: ESCRITORES ENTREVISTAS Y NOTICIAS :: No hay Comentarios »

