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ALMAFUERTE. PROSA Y POESIA DE ALMAFUERTE

Ficha de análisis o teoría académica:

 

Prosa y poesía de Almafuerte. Selección y prólogo de

J. L. B. Buenos Aires, Eudeba, Serie del Siglo y Medio,

1962.

Hace algo más de medio siglo un joven entrerriano, que venía todos los domingos a nuestra casa, nos recitó en el escritorio, bajo los azulados globos del gas, una tirada acaso interminable y ciertamente incomprensible de versos. Aquel amigo de mis padres era poeta y el tema que solía favorecer era la gente pobre del barrio, pero el poema que nos dio esa noche no era obra suya y de algún modo parecía

abarcar el universo entero. No me sorprendería que las circunstancías que he enumerado fueran erróneas; el domingo era acaso un sábado y la luz eléctrica habría sucedido ya al gas. De lo que estoy seguro es de la brusca revelación que esos versos me depararon. Hasta esa noche el lenguaje no había sido otra cosa para mí que un medio de comunicación, un mecanismo cotidiano de signos; los versos de Almafuerte que Evaristo Carriego nos recitó me revelaron que podía ser también una música, una pasión y un sueño. Housman ha escrito que la poesía es algo que sentimos físicamente, con la carne y la sangre; debo a Almafuerte mi primera experiencia de esa curiosa fiebre mágica. Otros poetas y otras lenguas lo oscurecieron o lo desdibujaron después; Hugo fue borrado por Whitman y Liliencron por Yeats, pero yo he recordado a Almafuerte a orillas del Guadalquivir y del Ródano. Los defectos de Almafuerte son evidentes y lindan en cualquier momento con la parodia; de lo que no podemos dudar es de su inexplicable fuerza poética. Esta paradoja o problema de una íntima virtud que se abre camino a través de una forma a veces vulgar me ha interesado siempre; entre las obras que no he escrito ni escribiré, pero que de algún modo me justifican, siquiera ilusorio o ideal, hay una que cabría intitular Teoría de Almafuerte. Borradores de caligrafía pretérita prueban que ese libro hipotético me visita desde 1932. Consta, diremos, de unas cien páginas en octavo; imaginarle más es afantasmarlo indebidamente. Nadie debe dolerse de que no exista o de que sólo exista en el mundo inmóvil y extraño que forman los objetos posibles; el resumen que ahora trazaré puede equivaler al recuerdo que deja, al cabo de los años, un libro extenso. Además, le conviene singularmente su candición de libro no escrito; el tema examinado es menos la letra que el espíritu de un autor, menos la notación que la connotación de una obra. A la teoría general de Almafuerte precede una conjetura particular sobre Pedro Bonifacio Palacios. La teoría (me apresuro a afirmarlo) puede prescindir de la conjetura.

Es fama que Palacios, a lo largo de su larga vida, fue un

hombre casto. El amor y la felicidad común de los hombres parecen haber suscitado en él una suerte de horror sagrado, que asumía la forma del desdén o de la severa reprobación. Sobre este punto, el lector puede interrogar la obra polémica de Bonastre (Almafuerte, 1920) y la refutación (Almafuerte y Zoilo, 1920) que ensayó Antonio Herrero. Por lo demás, el testimonio personal de Almafuerte es más válido que cualquier discusión; releamos las décimas finales de la primera poesía que redactó, intitulada En el abismo:

Yo soy de tal condición

que me habrás de maldecir,

porque tendrás que vivir

en eterna humillación.

Soy el alma, la visión,

el hermano de Luzbel

que imponente como él,

como él blasfema y grita.

¡Sobre mi testa gravita

la maldición del laurel!

Yo soy un palmar plantado

sobre cal y pedregullo:

la floración del orgullo,

del orgullo sublimado.

Soy un esporo lanzado

tras la procesión astral;

vil chorlo del pajonal

que al par del águila vuela . . .

¡Sombra de sombra que anhela

ser una sombra inmortal!

Yo, cada vez que me río,

pienso que ríe algún otro,

y cual si domase un potro

no me trato como a mío.

Soy la expresión del vacío,

de lo infecundo y lo yento,

como ese polvo desierto

donde toda hierba muere . . .

¡Yo soy un muerto que quiere

que no lo tengan por muerto!

Harto más importante que la desdicha que las estrofas anteriores declaran es la aceptación valerosa de esa desdicha. Otros -Boileau, Kropotkin, Swift- conocieron aquella soledad que cercó a Palacios; nadie ha concebido como él una doctrina general de la frustración, una vindicación y una mística. He señalado la soledad central de Almafuerte; éste logró imponerse la certidumbre de que el fracaso no era un estigma suyo, sino el

destino sustancial y final de todos los hombres. Así ha dejado escrito: «La felicidad humana no ha entrado en los designios de

Dios y No pidas más que justicia, pero mejor es que no pidas nada y Menosprécialo todo, porque todo tiene conciencia de su condición menospreciable (Nota: Parejamente Blake había escrito: "Como el aire para el pájaro o el mar para el pez, así el desprecio para el despreciable". Marriage of heaven and Hell, 1793). El puro pesimismo de Almafuerte excede los límites del Eclesiastés y de Marco Aurelio; éstos vilipendian el mundo pero alaban y admiran al hombre justo; al que se identifica con Dios. No así Almafuerte, para quien la virtud es un azar de las fuerzas universales.

Yo repudié al feliz, al potentado,

Al honesto, al armónico y al fuerte . . .

¡Porque pensé que les tocó la suerte,

Como a cualquier tahúr afortunado!

nos dice El misionero.

Spinoza condenó el arrepentimiento, por juzgarlo una forma de la tristeza; Almafuerte, el perdón. Lo condenó por lo que hay en él de pedantería, de condescendencia altanera, de temerario Juicio Final ejercido por un hombre sobre otro:

Cuando el Hijo de Dios, el Inefable,

Perdonó desde el Gólgota al perverso . . .

¡Puso, sobre la faz del Universo,

La más horrible injuria imaginable!

Más explícitos aún son estos dos versos:

… No soy el Cristo Dios, que te perdona.

¡Soy un Cristo mejor: soy el que te ama!

Almafuerte, para compadecer enteramente, hubiera querido ser tan oscuro como el ciego, tan inútil como el tullido y -por qué no?- tan infame como el infame. Ya hemos dicho que sintió que la frustración es la meta final de todo destino; cuanto más abatido un hombre, más alto; cuanto más humillado, más admirable; cuanto más ruin, mas parecido a este universo, que ciertamente no es moral. Así pudo escribir con sinceridad :

Yo veneré, genial de servilismo

En aquél que por fin cayó del todo,

La cruz irredimible de su lodo,

La noche inalumbrable de su abismo.

En otro lugar del mismo poema, dice del asesino:

¿Dónde oculta sus pálpitos de lobo?

¿Dónde esgrime su trágíca energía?

¡Para ponerme yo como vigía

Mientras urden su crimen y su robo.

De la poesía "Dios te salve", que esboza o prefigura la misma idea, básteme transcribir los versos finales :

Al que sufre noche y día

-Y en la noche hasta dunniendo-

La noción de sus miserias,

La gran cruz de su pasión :

Yo le agacho mi cabeza, yo le doblo mis rodillas

Yo le beso las dos plantas, yo le digo: ¡Dios te salve!

¡Cristo negro, santo hediondo, Job por dentro,

Vaso infame del Dolor!

Almafuerte debió desempeñarse en una época adversa. A principios de la era cristiana, en el Asia Menor o en Alejandría, hubiera sido un heresiarca, un soñador de arcanas redenciones y un tejedor de fórmulas mágicas; en plena barbarie, un profeta de pastores y de guerreros, un Antonio Conselheiro (Nota: Euclydes da Cunha (Os sertóes, 1902) narra que para Conselheiro, profeta de los "sertanejos" del Norte, la virtud "era un reflejo superior de la vanidad, una casi impiedad". Almafuerte hubiera compatido ese parecer. En la vispera de una desesperada batalla, T. E. Lawrence (Seven Pillars of Wisdom, LXXIV) predicó a la tribu de

los serahin una vindicación de la derrota y del fracaso, idéntica a la premeditada por Almafuerte), un Mahoma; en plena civilización, un Butler o un Nietzsche. El destino le deparó los suburbios de la provincia de Buenos Aires; lo redujo a los años 1854-1917; lo rodeó de tierra, de polvo, de callejones, de ranchos de madera, de comités, de compadritos ni siquiera iletrados. Leyó muy poco y también leyó demasiado; frecuentó los versículos de la Escritura según Cipriano de Valera, pero asimismo los debates parlamentarios y los artículos de fondo. En América del Sur, por aquellos años, no se veían otras posibilidades que el catecismo, con su divinidad que es una y es tres y con su jerarquía eclesiástica, y el negro laberinto de ciegos átomos que a lo largo de la eternidad se combinan, que enseñaban Büchner y Spencer. Almafuerte optó por el último; fue un místico sin Dios y sin esperanza. Despreció, como dice Bernard Shaw, el soborno del cielo; creía honradamente que la felicidad no es deseable. Su pensamiento acecha en los rincones de su obra; por ejemplo, en esta evangélica: «El estado perfecto del hombre es un estado de ansiedad, de anhelación, de tristeza infinita.

Federico de Onís (Antología de la poesía española e hispanoamericana, 1934) ha repetido que el ideario de Almafuerte

es vulgar. Este prólogo quiere razonar lo contrario. Más de un

escritor argentino rige una retórica no menos espléndida que la suya y harto más lúcida y constante; ninguno es tan complejo, intelectualmente; ninguno ha renovado, como él, los temas de la ética.

El poeta argentino es un artesano o, si se prefiere, un artífice; su labor corresponde a una decisión, no a la necesidad. Almafuerte, en cambio, es orgánico, como lo fue Sarmiento, como muy pocas veces lo fue Lugones. Sus fealdades están a la luz del día, pero lo salvan el fervor y la convicción.

Como todo gran poeta instintivo, nos ha dejado los peores versos que cabe imaginar, pero también, alguna vez, los mejores.

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RICHARD ALDINGTON

Ficha de análisis o teoría académica:

Aldington nació en el condado de Hampshire -sur de Inglaterra-, en 1892. Se educó en Dover College y en la Universidad de Londres. A los trece años había escrito -y caligrafiado- sus primeros poemas. A los diecisiete, una revista distraída le publicó varias imitaciones de Keats. En 1915 aventuró su libro inicial: Images Old and New. (En octubre de 1913 se había casado.) Aldington, entonces, era «imaginista»: creía que las imágenes visuales eran lo esencialmente poético. (Lo mismo creyó Erasmus Darwin, hace más de cien años.) Esa caprichosa tesis lo condujo a la versificación irregular y sin rima, por entender que en ella lo auditivo se subordina a lo visual… De esas cosas habla Richard Aldington con sus amigos Ezra Pound y Amy Lowell, y no sabía que un pistoletazo balcánico iba a aniquilar el debate. A principios de 1916, Aldington se enroló en la infantería del ejército inglés. La guerra lo dejó vivo, neurasténico, sin un cobre. Una choza en Berkshire, muchas traducciones y algunos trabajos periodísticos lo salvaron. Tradujo

El Decamerón de Boccaccio, la Historia cómica de los estados del sol de Savinien, Cyrano de Bergerac, las cartas de Voltaire y de Federico Segundo, los yambos de Chénier y centenares de inscripciones y de epigramas de la antología griega.

En 1923 publicó Destierro; en 1928, El amor y el Luxemburgo; en 1929, la novela asombrosa o sorprendente Muerte de un héroe. Es raro que un autor abomine de todos los personajes de un libro y se complazca en insultarlos y denigrarlos. Richard Aldington lo hace, y entendemos que su cólera es algo más que los despliegues académicos de energúmenos profesionales como Carlyle o Guerra Junqueiro o León Bloy. Muerte de un héroe es un libro impar; si a alguna otra novela es afín, lo es a

The Way of All Flesh de Butler.

Richard Aldington es, asimismo, autor de Rumbos de gloria, de Las mujeres tienen que trabajar, de La hija del coronel, de un estudio sobre Voltaire y de Todos los hombres son enemigos. Este año ha publicado un libro humorístico: Los siete contra Reeves. (Nombre, como habrá notado el lector, que parodia Los siete contra Tebas de Esquilo.)

PEDRO ANTONIO DE ALARCON. EL AMIGO DE LA MUERTE

Ficha de análisis o teoría académica:
De familia noble y venida a menos, Pedro Antonio de Alarcón nació en Guadix en 1833. Sus primeros años vacilan entre la teología y el derecho, pero la literatura fue la que definitivamente lo atrajo. Su educación, como todas las educaciones auténticas, fue la apasionada y arbitraria del autodidacta; las liquidaciones de las bibliotecas de los conventos saciaban su curiosidad jamás satisfecha. Aprendió el idioma francés sin ayuda de nadie. Ferviente anticlerical y decidido partidario de las reformas liberales, fue objeto de no pocas persecuciones. Aún no cumplidos los veinte años fundó con su amigo Torcuato Tarragó el diario El Eco de Occidente, que anticipaba El Látigo, publicación de propósito antimonárquico y de estilo satírico. Una polémica lo llevó a un duelo con García de Quevedo. Estas aventuras no tardaron en revelarle la mezquindad que es propia de los manejos políticos. Desilusionado, se enroló como voluntario en la guerra de Africa, a las órdenes de O\’Donnell. En el campo de batalla ganó la cruz de San Fernando. A este episodio bélico debemos la novela epistolar Diario de un testigo de la guerra de Africa, que le dio popularidad e inverosímilmente dinero, ya que la primera edición alcanzó la cifra de cincuenta mil ejemplares; tenía veintisiete años. Gracias a las ganancias obtenidas realizó un viaje a Italia, que sería el tema de otro libro: De Madrid a Nápoles. En 1865 se casó con Paulina Contreras y Reyes, católica devota, de la que tuvo cinco hijos. El mismo Alarcón escribiría después: «Me casé y me cansé… ¡Qué poco amena es la tarde de la vida!… Me he aplastado en mi casa al lado de mi mujer y de mis hijos… en un «delicioso oasis». Tengo muchos árboles, siendo el más notable un moral de quinientos años, un emparrado magnífico, un gigantesco álamo negro y varias acacias y tres higueras, una de las cuales mide veinte varas de altura. Hay además granados, perales, moreras y no recuerdo qué más. De flores, rosales incomparables que han surtido a Paulina para todo el mes de María. Un jazmín de cuerpo entero, o sea, de tapia entera; dalias, lilas, adelfas, lirios hermosísimos, malvamoras, adormideras viudas, ciento cincuenta macetas de plantas exóticas, mucho mónibus, mucha yedra, muchos dompedros. He puesto pimientos, tomates, calabazas, pepinos, cebollas, que bastarán al consumo del año. Tengo perejil para cien familias. He comprado veintisiete gallinas y un gallo. Me dan de quince a veinte huevos diarios. Tengo una pava clueca, que se come cada día uno de los veinticuatro huevos que le puse, lo cual me tiene horrorizado… En fin, soy el verdadero tío campesino.» En 1869 el gobierno provisional le ofreció un cargo diplomático en los países escandinavos, que rechazó. Se hizo defensor de la Restauración y apoyó a Alfonso XII, que en 1875 lo nombró consejero de Estado. Poco después abandonó la actividad política para entregarse íntegramente a la literatura. En sus novelas cabe seguir la evolución de su pensamiento; de violento revolucionario llegó a ser un sincero y resignado conservador. Sus escritores preferidos fueron sir Walter Scott, Alejandro Dumas, Víctor Hugo y Honoré de Balzac. En 1891, a los cincuenta y cuatro años, suspendió para siempre el ejercicio de la literatura afectado quizá por la soledad en que lo dejaron sus contemporáneos, que no le perdonaron su cambio de posición política. Un día del verano seco y ardiente de 1891 murió en Madrid.

En su estudio sobre Alarcón, Navarro González observa: «Sus novelas, escritas febrilmente en breves días y entre largos intervalos de intenso y heterogéneo vivir, más parecen fruto de contenidas vivencias, que súbita e inspiradamente explotan en su alma, que de largas y tenaces observaciones de la realidad.» De su copiosa labor literaria que incluye los siempre recordados El sombrero de tres picos, El capitán Veneno, La pródiga, El niño de la bola, El escándalo, hemos rescatado dos cuentos de Narraciones inverosímiles: El amigo de la muerte y La mujer alta, leyenda que Alarcón oyó de los labios de los cabreros de Guadix.

España, que inspiró a tantos y famosos escritores románticos, produjo unos pobres y tardíos reflejos de ese movimiento. Constituyen una honrosa excepción Rosalía de Castro, cuya expresión más alta se halla en su idioma natal y no en el dialecto académico aún hoy en boga, Gustavo Adolfo Bécquer, velado espejo del primer Heine, José de Espronceda y Pedro Antonio de Alarcón. Recordamos esta circunstancia para que el lector comprenda y disculpe algún exceso en el manejo del epíteto y de la interjección.

La imagen de La mujer alta asedió, sin duda, la mente de Alarcón y figura, asimismo, ennoblecida y despojada de su carácter demoníaco, en El amigo de la Muerte. Este relato, en su primera mitad corre el albur de parecer una irresponsable serie de improvisaciones; a medida que transcurre, comprobamos que todo, hasta el desenlace dantesco, está deliberadamente prefigurado en las páginas iniciales de la obra.
En mi infancia trabé conocimiento con los relatos elegidos ahora; el tiempo no ha borrado el buen espanto de aquellos días. Hoy que mis años corren parejos con el siglo, lo releo, no con la fácil hospitalidad de la edad primera, pero con pareja gratitud, con emoción idéntica.

Jorge Luis Borges

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Contra la hegemonía de superficialidad

Ficha de análisis o teoría académica:

Por Claus Spahn para la revista ZEIT
Traducción: Fco. Javier González Velandia
(Rev. José Luis Torá)

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Die ZEIT: Sr. Lachenmann, entre los compositores de música seria existe la preocupación de que ésta quede marginada por la música pop aún en mayor medida de lo que ya lo está.  ¿Está justificada tal preocupación?

Helmut Lachenmann: Ciertamente. En lo que respecta a la cuestión del  balance económico de la cultura, el discurso contra el arte es esgrimido entre los políticos cada vez con más frecuencia. Olvidan que se trata de dos ámbitos de experiencia diferenciados, que nada tienen que ver ni en cuanto a su razón de ser, ni en cuanto a su función en la sociedad.

ZEIT: ¿Teme que se termine por no diferenciar entre arte y pop?

Lachenmann: Si un titán del pop –convertido vertiginosamente en alguien de renombre y un triunfador- carece de vergüenza para ponerse al mismo nivel de los grandes maestros, no hay duda de que se haya inmerso en una corriente de superficialidad que me resulta repugnante.

ZEIT: Se refiere Ud. a Dieter Bohlen, al cual en una revista del Consejo Musical Alemán se le atribuye la siguiente cita: “Bach y Beethoven harían hoy en día la misma música que un Bohlen. Lo contrarió es, en mi opinión, igualmente cierto.” 

Lachenmann: Semejantes imbecilidades son pura charlatanería de la que no queda otra opción que reírnos.

ZEIT: Sin embargo, la impertinencia le enerva.

Lachenmann: De lo ridículo a lo funesto hay tan sólo un pequeño paso. Ello sucede continuamente en la prensa oficial del Consejo Musical Alemán, y por cierto no únicamente en  su edición de Carnaval.  La revista ha sido incluso ensalzada con las mayores bendiciones en un discurso de presentación de la ministra de cultura Christina Weiss, y  en consecuencia – por lo que parece-  tomada en serio.

ZEIT: ¿Qué es lo que se expresa en ella?

Lachenmann: La típica ignorancia “ingeniosa” en los asuntos relacionados con el arte. Y ello en una situación, en la que la nueva música es considerada por los responsables de la cultura simplemente como un mensaje sectario y cargante para elegidos. El arte debe limitarse en general a la función de entretener de forma agradable y dejar,  por lo tanto, de seguir incordiando: Música clásica como servicio para la recreación del espíritu cuando éste lo desee. Llegamos así a un punto en el que una vez más hemos de hablar con todo rigor sobre qué es arte y qué no lo es. La confusión es aquí enorme.

ZEIT: ¿Qué es, pues, arte?

Lachenmann: ¡Ay de nosotros si lográsemos definir el concepto esclerotizándolo y echándolo a perder así del todo!  El arte se reconoce allá donde a través de la experiencia estética  recordamos nuestras posibilidades como criaturas dotadas de espíritu. El arte tiene que ver con la necesidad de transitar nuestros límites. A los hombres se les exige una cierta inquietud por contemplar,  justamente, más allá de su horizonte.

ZEIT: ¿Le pone nervioso el tener que  referirse a ello en profundidad?

Lachenmann: ¿No es doloroso que tras siglos de profundas experiencias artísticas, tengamos que defender desesperadamente una vez más este concepto, simplemente para contestar a un tal Señor Bohlen o para reaccionar ante la indiferencia de determinados responsables de la cultura?

ZEIT: ¿Y cómo le explica Ud. a los fans de Diether Bohlen que su música no tiene nada que ver con el arte?

Lachenmann: Ellos mismo deben preguntarse en qué medida están condicionados por los medios. En mi opinión, ser sólo un animal de rebaño, es algo que nadie desea. La mercancía de la que aquí hablamos se llama “magia”,  ya sea puesta en escena de forma pretenciosa o  barata. El arte, sin embargo, entendido desde nuestra tradición europea, no es solamente magia conjurada, sino además magia rota. Ella remite al espíritu creativo, que ha tomado todo esto bajo sí y lo domina soberanamente. Desde sus orígenes la tradición musical occidental tiene el sello del  momento de “ruptura”. En ninguna otra cultura musical tengo conocimiento del concepto de disonancia, con su juego dialéctico. Ninguna se ha desarrollado tan vertiginosamente y ha producido una riqueza tal de estilos y formas de expresión. Desde el gregoriano, como muy tardíamente, la transformación del individuo con sus continuas y rebeldes  transgresiones mentales ha calado encarnándose en el arte. Bien sea como alma, como conciencia responsable de sí misma, como yo ilustrado, idealista,…  siempre se ha liberado de tutelas. Sea como sea la manera en que ha descubierto su fantasía, su libertad, a veces también su carencia de la misma, su capacidad de impulso, su “Ello” –su “estructura”, como dice el Wozzeck de Büchner-, el caso es que el concepto europeo de música  ha ido transformándose, abriéndose a nuevas posibilidades. No me pida, se lo ruego, que profundice en ello. A no ser que desee que terminemos por convertir la experiencia de lo trascendente en un simple aperitivo.

ZEIT: El Canciller alemán ha nombrado un comisario de la música pop. Ello puede considerarse como un acto simbólico. ¿Se convertirá el más ínfimo común denominador de nuestra democracia en la medida de todas las cosas que afectan al arte?

 Lachenmann: La democracia precisa de una sensibilidad contra el peligro del terror de la mayoría. Debe sentir este peligro. Si deja de sentirlo, entonces está despreciando a los hombres. Es no obstante altamente problemático, cuando nuestra sociedad es sometida a una tendencia política que considera,  que tan sólo se le puede servir  una comida rápidamente digerible. Se afirma con satisfacción, que el pop es la verdadera expresión de nuestro tiempo y su sentimiento vital. Ello puede ser cierto en los casos en los que la sociedad ha optado por hacerse oídos sordos. Pero el arte no es expresión de nuestro sentimiento vital, sino más bien aquello que precisamente falta en nuestro sentimiento vital. La música de Bach y Beethoven tampoco fue expresión de su tiempo. Más bien, fue extraña al mismo.

ZEIT: El que la música contemporánea esté fuera de juego respecto a los fenómenos de masas no es en principio nada nuevo. Los compositores del siglo 20 han tenido que luchar desde sus inicios contra una fuerte resistencia social.  ¿Qué hay cualitativamente de nuevo en el momento actual?

Lachenmann: La vanguardia se benefició tras la guerra de las ventajas de las innovaciones en general. Bien sabe Dios, que no lo tuvo fácil. Sin embargo, lo estético ha tenido que pagar un crédito. No quiero decir, que entre tanto este crédito se haya agotado definitivamente. Pero tal vez ya no deberíamos seguir concediéndoselo sin más.  Ni a la experimentación, ni tampoco a los intentos malogrados. No quiero en absoluto deducir de esto, que hubo compositores que coqueteasen con el fracaso. La desorientación y la confusión son de un modo u otro inevitables al penetrar en lo ignoto. El pensamiento serial, por ejemplo, a pesar de sus fracasos, no ha dejado indiferente a ninguno de nosotros, sin olvidar que es a él a quien  debemos obras maestras tan fascinantes y sobrecogedoras como Gruppen de Stockhausen, Il Canto Sospeso de Nono o la música en torno a Mallarmé de Boulez. Ahora nos hallamos en una fase en la que los políticos dicen que debemos poner prioridades y preguntarnos: ¿por qué hemos de seguir financiando este entretenimiento narcisista? Y el hastío, que a veces puede sentirse en los cursos estivales de Darmstadt y en festivales como Donaueschingen, parece darles la razón. La búsqueda por lo nuevo degenera a veces en una especie de competición de talento para epígonos. “¿A ver quien provoca de forma más estridente?”

ZEIT: Apunta Ud. un aspecto importante que nada tiene que ver con la hegemonía del pop. ¿No se ha desorientado la modernidad musical debido a su propia insistencia en la innovación? Ya no es tan sencillo alcanzar lo nuevo. ¿No le parece?

Lachenmann: En el fondo nunca lo fue. Como fin en sí mismo es por principio algo ya caduco. En la cartografía de los sonidos no existen regiones inexploradas. El valor de novedad de determinados descubrimientos sonoros está agotado. El concepto de lo nuevo debe determinarse en sí mismo nuevamente  desde otro lugar, esto es: en referencia a la realidad, a la cual reacciona la actividad compositiva.

ZEIT: Ha hablado Ud. de la ruptura, que tan decisiva fue para el progreso en el arte. ¿No hemos alcanzado un punto en el desarrollo de la modernidad, en el que lo nuevo en general ya no puede madurar un nuevo nivel de conciencia o un nuevo standard? ¿Cómo puede fracturarse algo, si  ya nada es capaz de alcanzar una solidez?

Lachenmann: Ud. quiere decir, que el medio de ruptura [Brechungsmittel] se convierte en un vomitivo [Brechmittel]  (risas). Las cosas no suceden de tal modo, que yo me siente en mi escritorio y me diga a mi mismo: “vamos a destruir  una vez más”. Cuando esto se intenta, nunca funciona. Por cierto, que continuamente estamos descubriendo parálisis de la escucha. Componer significa, seguir los sueños propios y exponerlos indefensos a la sociedad. El concepto de lo  “indefenso” precisamente en conexión con la idea de lo nuevo, ha llegado a ser para mí importante. La indefensión es la única forma de provocación, que no me es sospechosa. Las obras de Schönberg, Webern, Nono: es a través de la indefensión como han provocado esa radicalidad, con la que han fracturado el concepto de música tonal. Indefenso puede, no obstante, ser también un retorno a algo aparentemente superado, si puede ser iluminado una vez más desde una nueva luz.

ZEIT:  ¿No significa esto una nueva orientación importante para su creación?

Lachenmann: Tal vez, sí. Yo habría podido seguir comportándome como un botánico de los sonidos y obteniendo en mi música cada vez con mayor efectividad  los ruidos más diversos. En el mundo de los sonidos rascados y estridentes me manejaba mejor que otros. Pero puesto que no se trata de crear continuamente objetos sonoros, sino de la renovación de la escucha, ésta ha de preservarse, y muy en especial de lo aparentemente ya conocido y habitual. Yo me siento en disposición de no difamar siempre por principio la mirada hacia atrás como un paso atrás. Por eso no es de extrañar, que en mi último cuarteto emplee de nuevo una triada en do mayor – que en la Creación de Haydn suena igual y, sin embargo, diferente que en la obertura de los maestros cantores de Wagner- sacada,  por así decirlo, estilísticamente fuera de contexto. Algo así es a lo que yo llamo relación dialéctica con el pasado, con lo desgastado: de repente se muestra una vez más intacto. Y es precisamente en la búsqueda en torno a lo aparentemente conocido donde quiero encontrar lo que desconozco.  Quiero salir de mi yo, del trastero opaco de mis ideas pregrabadas. A veces se me pregunta: “¿Ha escuchado Ud. interiormente lo que ha compuesto?” Y entonces digo: no, todavía no, pero me gustaría escucharlo por fin. Y por eso lo he escrito.  O también: “¿Sabe Ud. lo que quiere?” Un compositor que sabe lo que quiere, tan sólo quiere lo que sabe. Y esta es la razón de algunas de mis ocasionales críticas a determinados compositores.

ZEIT: ¿Cuáles críticas?

Lachenmann: A lo largo del tiempo han ido apareciendo toda una serie de compositores, que se ha apuntado al carro de la música avanzada, han encontrado su receta y se han relajado de acuerdo al lema: “el diseño va bien con la sociedad, así que ya podemos lanzarlo”. El peligro de tal tentación es grande.

ZEIT: ¿Insiste Ud. por lo tanto, en que existe aún un avance en el arte? ¿La modernidad progresiva no se tornado problemática?

Lachenmann: Siempre fue un problema.

ZEIT: ¿No más que antes?

Lachemann: No.

ZEIT: Que hay un problema puede, sin embargo, verse por ejemplo en lo difícil que es confrontarse en la actualidad con el concepto de “vanguardia”, el cual ciertamente hace referencia a “avanzar”. Ud. mismo ha escrito recientemente, que los héroes vanguardistas de hoy le recuerdan a soldados japoneses diseminados esperando, enojados,  refuerzos en una isla solitaria, y que aún no se han enterado de que la guerra mundial ya ha pasado y las batallas han cambiado de lugar.

Lachenmann: La vanguardia sigue siendo en la actualidad una etiqueta manierista, que se emplea con frecuencia por su brevedad. Hans Werner Henze ya hizo hace bastantes años la pregunta: “¿dónde está realmente el frente?” En tanto que la vanguardia siempre marcha valientemente  en una dirección determinada, corre el peligro de descomponerse heroicamente en un brazo muerto del río de la historia. El avance debe ser reflejado de nuevo en cada situación.

ZEIT: Ud. ha escrito, que las batallas se han desplazado. ¿Hacia donde?

Lachenmann: A ningún otro lugar, sino la propia interioridad del compositor cuando busca una escucha libre en una sociedad sin perspectivas. En cualquier caso, lejos de la vieja definición académica del concepto de material con sus pedantes “parámetros”. Precisamente debido a que aspecto del material es tan decisivo, carece de sentido dejarse hipnotizar por momias.

ZEIT: Con ese tipo de discurso, ¿no podría decirse que los postmodernos, contra los que Ud. ha polemizado siempre fuertemente, han triunfado: “por fin, lo ha entendido Lachenmann”?

Lachenmann: No. Los postmodernos han considerado lo convencional del mismo modo que siempre se ha hecho. Han paseado por el supermercado de la tradición con sus estanterías  y se han surtido sin complejos. A la pregunta: “¿por qué?”, la respuesta era: “¿por qué no?”

ZEIT: ¿Cómo describiría la  evolución de su actitud ante la  composición?

Lachenmann: Me he vuelto increíblemente tolerante conmigo mismo (risas).

ZEIT: ¿Fue alguna vez más estricto consigo mismo?

Lachenmann: Aún sigo siendo muy estricto y la vez soy absolutamente abierto. Pero este es otro tema. Al componer siempre deseo llegar a donde nunca estuve antes.  De lo contrario tengo una sensación como de no haberme limpiado los dientes.

ZEIT: Permítame que retomemos de nuevo la situación políticocultural.  En otra ocasión Ud. nos ha advertido del peligro de lamentarse de las precariedades. Ello es sencillamente “Música comercial [U-Musik] en los oídos de los irresponsables”.  ¿Por qué es tan difícil criticar aquello que amenaza a los compositores?

Lachenmann: Porque entonces nos situaríamos en un idílico valle de las lamentaciones, como pudimos leer recientemente en un malicioso editorial del Süddeutsche Zeitung. Nos volvemos ridículos cuando nos indignamos. Y quien posee ironía, no tiene que preocuparse por las pérdidas.

ZEIT: ¿Ello significa, que el nuevo gusto por la superficialidad es incontestable? ¿Que posee una estructura de teflón, en la que todo resbala, inmune a todo?

Lachenmann: Ciertamente. 

ZEIT: Los compositores no son precisamente un grupo de presión fuerte en lo que atañe a sus propios asuntos. Ellos están políticamente, si se me permite decirlo así, bastante aletargados. 

Lachenmann: Una cierta distancia del mundo no puedo en principio tomárselo a mal. En muchos de ellos se debe obviamente a la déformation professionelle. A un escalador que pende de una pared no le resulta fácil dar a la vez una conferencia sobre las virtudes del alpinismo. Debe simplemente seguir escalando.

La entrevista ha sido realizada por Claus Spahn 

DIE ZEIT 20.04.2

Traducción de Fº. Javier González-Velandia.

Revisado y corregido por José Luís Torá.

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[*] Nota: debo agradecer la colaboración inestimable de José Luís Torá -conocedor de primera mano del gran compositor- en la difícil tarea de verter al castellano el rico, peculiar –y yo diría que hasta musical- alemán de Helmut Lachenmann. Igualmente quiero dar las gracias a Carlos Bermejo –compositor también ligado directamente a Helmut- por sus observaciones y correcciones. 
 

Turismo rural y actividades literarias.

La traducción de la A a la Z (Vicente Fernández González)

Ficha de análisis o teoría académica:

La traducción de la A a la Z.

Vicente Fernández González

Editorial Berenice, 2008

De vez en cuando le entra a uno curiosidad por regresara los textos académicos, pero no tanta como para acercarse a los viejos mamotretos de prosa polvorienta y pedagogía nula en los que el fin último parecía ser la creación de una jerga que mantuviese fuera a de la disciplina a los no iniciados.

Por eso es un placer, y un alivio, encontrar libros como el de Vicente Fernández, en el que entre el ejemplo, la anécdota y la lección magistral, se detallan los problemas a los que debe enfrentarse el traductor a la hora de verter un texto a una lengua distinta de la que fue concebido.

Compuesto con estructura de diccionario, la inicial por la que empieza cada capítulo supone únicamente un atajo mental que nos lleva a los ejemplos, abundantes en toda la obra, o a dilemas de índole semántica, política o hasta ética con que se encuentra el traductor, pues mientras lo escrito, sobre todo lo antiguo, permanece inalterable, no sucede así con las sociedades ni tampoco en el significado de las palabras.

La traducción, para Vicente Fernández, es un poco como el análisis de un virus que muta en cada generación, pero al que es forzoso encontrarle un patrón para no perderle el rastro y que se vuelva incontrolable. Los ejemplos, algunos jurídicos e incluso más cercanos a la picaresca que a la literatura, avalan esta tesis. El traductor ya no es el traidor del aserto clásico, sino un analista que debe buscar la esencia de lo que el autor pretendía transmitir, y para ello debe especializarse en toda clase de serpentines y alambiques.

Este libro demuestra que, cuando hay voluntad para ello, se puede ser riguroso y ameno a la vez. Se puede, al mismo tiempo, satisfacer las expectativas del que busca un texto especializado y del lector curioso que sólo trata de acercarse a una especialidad siempre atractiva, poblada de laberintos y celadas, como una buena partida de ajedrez.

¿Le apetece un recorrido pro la publicidad antigua? Pinche aquí.

El hombre que rompió las reglas

Ficha de análisis o teoría académica:

EL PERIÓDICO DE CATALUÑA, 12 de abril de 2006

El hombre que rompió las reglas

El centenario de Beckett permite redescubrir a un escritor secreto.

ELENA HEVIA
BARCELONA

Anna Lizaran y Eduard Fernández en Tot esperant Godot, en 1999.

Foto: ARCHIVO / ELISENDA PONS

Samuel Beckett, como les suele ocurrir a los buenos escritores del Reino Unido, era irlandés. Pero como también es habitual entre sus compatriotas tuvo que desterrarse para ser reconocido. Parisino de adopción –llegó a esa ciudad en 1927 para dar clases de lengua y literatura inglesa– escribió en francés las que son sin duda sus mejores obras "porque en francés es más fácil escribir sin estilo".

Fue novelista secreto, poeta ultrasecreto y el autor teatral que rompió las reglas de la dramaturgia para someterlas al vacío existencial del conflictivo siglo XX. La intelectualidad lo descubrió con Esperando a Godot, su primera obra de teatro, en 1952 y el gran mundo con el Nobel de Literatura en 1969, que consideró "una desgracia" y no se dignó recoger. Leer a Beckett requiere esfuerzo y dedicación. Entre sus grandes novelas se cuentan Murphy, Mercier y Camier, Molloy, Malone Muere y El innombrable. Su teatro pone en relación palabras sencillas con una forma compleja. Y ahí están Final de partida, Días felices y La última cinta.

Beckett es a la escena lo que Joyce a la narrativa. Los dos grandes escritores irlandeses tienen muchas cosas en común: fueron amigos –un joven Beckett trabajó como ayudante del autor del Ulises– y llegaron al mismo lugar por caminos distintos a base de experimentar con el lenguaje: Joyce, a través de la exuberancia, y Beckett, con la esencialidad minimalista que con los años se convertiría en puro balbuceo y culminaría en un silencioso sinsentido.

Beckett se pasó la vida eludiendo las interpretaciones que los críticos y la prensa le requerían. Godot, ese ser que cuatro personajes esperan infructuosamente en medio de ninguna parte, podía ser Dios o la muerte, pero él jamás lo desveló. Apenas concedía entrevistas y sus larguísimos silencios despertaban el terror de los esforzados periodistas que accedían a él.

Pese a esa lucha contra el significado, sus biógrafos destacan dos momentos realmente beckettianos de su existencia. El primero fue la visita que en 1935 el autor hizo en Londres a las conferencias de Carl Jung. El psiquiatra expuso el caso de una joven "que no vivía; existía pero realmente no vivía", un modelo que él trasladaría a sus ficciones. Tres años más tarde, Beckett salvó la vida de milagro en un misterioso incidente. Fue apuñalado por la calle por un desconocido, quien más tarde fue incapaz de explicar por qué lo había hecho. El "no lo sé, señor" –la respuesta del frustrado asesino– será una de las repetidas frases del mensajero de Godot.

Para conocer al introvertido Beckett es imperativo leer la biografía que su amigo James Knowlson le dedicó hace 10 años, todavía inédita en castellano y catalán. Allí habla de su vinculación a la resistencia durante la ocupación nazi, su amor por el cine y la televisión — hizo el guión de Film una película con Buster Keaton y escribió obras expresamente para la BBC– y sus amores –Peggy Guggenheim fue uno de ellos–, su dilatado y su estable matrimonio con la exquisita Suzanne Dechevaux-Dumesnil, que le precedió cinco meses en la muerte en 1989.

Borja Delclaux, un escritor que hizo del humor su arma expresiva

Ficha de análisis o teoría académica:

EL CORREO, 12 de abril de 2006

Borja Delclaux, un escritor que hizo del humor su arma expresiva

I. ESTEBAN Cuando en 1995 se publicó la primera obra de Borja Delclaux, \’Picatostes y otros testos: El sacrificio de la lechuza\’, los críticos coincidieron en señalar la audacia del autor, sus juegos con el lenguaje y su sentido del humor. Esa capacidad lúdica y humorística fue el rasgo más visible de Delclaux, nacido en Bilbao en 1958 y que murió el pasado sábado en Madrid.

«Era básicamente un humanista obsesionado con la escritura y la lectura», recordaba ayer su hermano Carlos. Entre sus autores favoritos se encontraban Emile Cioran, Samuel Beckett, Robert Walser, Josep Pla y Claudio Magris. El director de la editorial Lengua de Trapo, Pote Huerta, que publicaba los libros de Delclaux, declaraba ayer: «He conocido -pese a mi oficio- a pocos lectores tan finos, inteligentes y voraces como lo era Borja. Nunca se dio ínfulas de intelectual y sí sintió en cambio una pasión amable por los autores afines, a quienes consideraba sus amigos aunque hubieran vivido en otros siglos».

Carlos Delclaux explica que su hermano trabajó como lector para la editorial Alfaguara, y que sus grandes pasiones fueron «leer, escribir y el Athletic». El escritor acababa de publicar la novela \’El hijo de Gutenberg\’, una historia de amistad entre dos personajes que un día descubren su costumbre de ir con los calcetines desparejados. «Borja ha realizado una literatura clara, entrañable y que, contra las modas, nos hace llegar una visión muy positiva de la vida. A la hora de su pérdida en uno se mezclan la tristeza y el orgullo por haberle conocido», dijo ayer su editor.

El papel del blog

Ficha de análisis o teoría académica:

PÁGINA 12 (Suplemento RADAR), 9 de abril de 2006

TENDENCIAS > BLOGS DE PAPEL

El papel del blog

Ahora los blogs pueden convertirse en libros, que se llaman blooks, y hasta aspirar a ganar premios literarios. ¿Perderán así su esencia virtual o se abren nuevas fronteras en papel?

Final del formulario

Blook, fusión fraterna de book y blog, es el nombre con que se ha dado en llamar la versión en papel de un blog. El término, acuñado por el periodista norteamericano Jeff Jarvis, alimentó un debate que se está desarrollando en torno de las nuevas tecnologías de escritura. Es que los blogs generaron nuevos hábitos de lectura a partir de la actualización permanente y la escritura fragmentada que, por momentos, parece constituir un intermezzo entre el periodismo y la literatura. Los ejemplos abundan: el primero fue Tony Pierce que publicó una compilación de sus mejores post titulada, precisamente, Blook. Después aparecieron el compendio teórico de David Weinberger "Pequeños trozos unidos vagamente" y las memorias "Tan sólo un cretino" de Wil Wheaton. Están también los escandalosos blooks de mujeres desinhibidas, como "The Washingtonienne" de Jessica Cutler, la joven asistente del senador DeWine expulsada del Senado de Washington por utilizar horas de trabajo publicando en la web picantes anécdotas de su prolífera vida sexual y "Belle de Jour: Las aventuras íntimas de una prostituta londinense"; el cual fue nominado para el Blooker Prize, el primer galardón abocado exclusivamente a premiar blooks.

Lanzado en octubre de 2005 (fecha que coincidió, según la gacetilla "con el aniversario 450 de la invención por parte de Gutenberg de la tipografía movible"), el premio puede verse como un intento de legitimación de los blogs, ya que tiene todo el aspecto de un concurso de libros corrientes.

En el mismo sentido, hubo otro empujoncito de la comunidad blogger por captar más lugar: el sitio Baghdad Burning, perteneciente a una joven iraquí cuyo seudónimo es Riverbend, tiene el privilegio de ser el primer blook en la historia en aspirar al premio Samuel Johnson de no ficción que concede la BBC. En Baghdad Burning, desde el 2003, una iraquí de 24 años que completa su perfil diciendo que "sobreviví a la guerra, y eso es todo lo que importa ahora" viene denunciando a partir de crónicas sobre la vida cotidiana la difícil situación de su país. El blog Baghdad Burning, seguido por miles de internautas en todo el mundo, competirá por el Samuel Johnson, gracias a que tiene su versión publicada, con libros hechos y derechos como Untold Stories (Historias sin contar) de Jerry Brotton, The Cold War (La Guerra Fría) de John Lewis Gaddis y Ancient americans de Charles Mc Cann. El próximo 14 de junio se sabrá si un blog (eso sí, necesariamente devenido libro) es capaz de hacerse de un premio importante al que son habitués los libros de papel. Lo que está en cuestión por parte de los bloggers es que solamente los blogs publicados en papel, es decir, los blooks pueden participar de los concursos, con lo cual el blog propiamente dicho queda afuera.

Por supuesto, el fenómeno del blog tiene su contraparte en este lado del océano (o, mejor dicho, de la red). Pionera en el arte del Blogolibro fue probablemente "Ojo, ver desde Irak", de la periodista argentina Carolina Podestá el más exitoso. Mientras que la "blogonovela" del también argentino Hernán Casciari "Blog de una mujer gorda", obtuvo el premio al mejor blog 2005 de la Deutsche Welle.

El libro, como se ve, aún no ha muerto. Y, paradójicamente, el blog en cierta forma, quiere parecerse al libro, conseguir su legitimidad. Aunque el blog ofrezca mayores posibilidades interactivas, y uno rinde culto a lo efímero mientras que el otro mendiga eternidad, aun así la reducción a celulosa sigue manteniendo su prestigio. ¿Fetichismo del papel? ¿Sumisión ante la industria editorial? Tal vez nada de eso, sino sencillamente un indicio de que ambos formatos son distintos pero compatibles, que uno no ha venido a reemplazar al otro sino que se completan y se enriquecen, de abajo hacia arriba y viceversa.

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Museo de la soledad, de Carlos Castán

Ficha de análisis o teoría académica:
Museo de la soledad, de Carlos Castán

Tropo Editores, 2007

ISBN: 978-84-935344-9-3

 

De vez en cuando, a alguien se le ocurre anticipar desde ya mismo la futura tarea de bucear entre las miríadas de libros que se publican, y revivir una obra que a pesar de su calidad pasó fugazmente por las siempre atestadas librerías. Esa es la intención de Segundo Asalto, la colección con que Tropo editores, una editorial modesta, devuelve a la actualidad algunos libros demasiado fugaces.

El Museo de la soledad de Carlos Castán es una colección de relatos donde, como en un catálogo, se muestran y casi se ofrecen las distintas clases de abandono. Los relatos de Castán pueden parecer más o menos acertados, más o menos oportunos para el estado de ánimo del momento, pero es imposible que dejen indiferente. Por su lenguaje, por la elección de la palabra y la construcción que mejor colaboren a lograr su identidad, ese ritmo lírico y áspero a la voz, como de saxofón narrativo con sordina de lluvia.

Los personajes que se acomodan en los rincones de este libro son tan reales que a menudo desaparecen bajo el peso de esa realidad excesiva, casi siempre hiriente y sin concesiones, dando lugar a soledades encarnadas, transfiguradas en fatalidad. Porque la soledad de Castán siempre es soledad, pero nunca olvido.

Ni el autor ni la obra son nuevos, pero a muchos se lo parecerán. También la búsqueda de lo nuevo en lo que pasó arrastrando demasiado silencio es el tema de este libro.

No se lo pierdan.

 

Javier Pérez

www.javierperez.net

Turismo rural más allá de lo que conoces. Otra cosa.

RESEÑA DEL LIBRO: NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA

Ficha de análisis o teoría académica:
RESEÑA DEL LIBRO: NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, vigésima  edición, lo podéis pedir por correo en  www.edicioneslorbyron.blogspot.com

Poeta  eres del mundo. Vives como cualquier mortal. pasas por la vida y nada mas. Un poeta.  Los poetas vivimos siempre desde los primeros tiempos del hombre. El precio que pagamos en el paso por la vida, es muy caro.  Los poetas no nos damos cuenta de la muerte. Este libro que os presento: huelen a tierras lejanas, a versos, a veces escritos con sangre, a  hojas del árbol  centenario. Los poetas no deberíamos habitar en la tierra. Nuestra sensibilidad es  mortificación, la cruz. Poetas  en la tierra. Solo queremos la paz, el respeto, a todos los seres del planeta. Poetas perdidos en un mundo que no entendemos.

 

Este libro lleno de magia: NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, vigésima  edición, lo podéis pedir por correo en  www.edicioneslorbyron.blogspot.com

The day after tomorrow
La   mañana
 quería ser

alondra.

 Y la  tarde

quería ser

ser gorrión.

 Yo   digo

océanos

de tonterías.

Y, de todos modos

los días se suceden

unos tras otros…

Martes
miércoles
 Y,   viernes.
 
In the morning
the day after tomorrow
tomorrow morning.

Poema editado en el libro, NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, vigésima  edición, www.edicioneslorbyron.blogspot.com

©Carmen María Camacho Adarve 

 LUNA ROJA
Los ritmos
 De la luna
 Tejen:
  Armonías,
 Simetrías,
 Analogías
 Y participaciones
 Que componen
 Un tejido
 Sin fin,
 Una red
De hebras
 Invisibles
 Que atan
 A la humanidad,
 La lluvia,
 La vegetación,
 Fertilidad,
 Salud,
 Animales,
 Muerte,
 Regeneración,
 Vida después
 De la muerte,
 Y más.
  La luna
 Una divinidad,
 Y actúa
A veces
 A través
 De un animal,
 Lunar,
 Tejiendo
 Un velo cósmico,
 O, los destinos
De aquel primer
 Hombre y ser. 
                              
Poema editado en el libro, NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, vigésima  edición, www.edicioneslorbyron.blogspot.com

©Carmen María Camacho Adarve

LUNA ROJA

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