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Archive for the 'RAREZAS Y CURIOSIDADES DE LAS LETRAS' Category

Jan Potocki

Ficha de historia o anecdotario:

Jan Potocki, el erudito que se encontró en Zaragoza
JAVIER MEMBA
De actualidad estos días con motivo de la adaptación de su única ficción, \’El manuscrito encontrado en Zaragoza\’, el resto de su producción de Jan Potocki se reduce a textos eruditos, dedicados a las más diversas materias.  Sin embargo, \’El manuscrito\’ es suficiente para que este autor polaco figure en el parnaso de la novela fantástica, junto a Maturin, Sheridan Le Fanu y el resto los grandes maestros de la edad de oro del género.
Tanta es la excelencia de \’El Manuscrito…\’ que David Coward no duda en calificarla como “una obra de mágica complicidad que transporta la llama de la literatura fantástica hasta nuestro propio siglo.  El perplejo Alfonso van Worden [ el protagonista] es un precursor del héroe de Kafka”.
Paraísos lejanos
Si no fuera porque el conde Jan Potocki decidió poner fin a sus días deprimido y neurasténico el 2 de diciembre de 1815, no habría nada en su biografía que permitiera intuir en él tanto tino para la fantasía.  Nacido en Pikow (Ucrania) en 1761, fue educado en Polonia, Ginebra y Lausana.  Su sólida formación intelectual no tardaría en verse ensanchada con su basta experiencia de viajero por Italia, Malta, Túnez, Turquía y Egipto.
De lo que vio en estos dos últimos países, dio puntual información en su primera publicación “Viaje a Turquía y a Egipto hecho en el año 1784″, dado a la estampa en París en 1789.  Ese mismo año, se querella contra los Estados de Polonia para que le dejen instalar una imprenta en su casa.  En ella vera la luz su “Ensayo sobre la historia universal” e indagaciones sobre Sarmacia.  Pero el escritor alcanzará la celebridad merced a una ascensión en globo aerostático junto a François Blanchard.
Tras un viaje por Inglaterra, España y Marruecos realizado en 1792 es llamado a filas en su país para participar en una campaña militar como capitán de ingenieros.  Pero lo suyo son las letras, que no la milicia.  Los títulos, muy apreciados por los estudiosos, se van sucediendo en su bibliografía: “Viaje por algunas partes de la Baja Sajonia para la busca de Antigüedades o wendas” (1794), “Memoria sobre un nuevo periplo del Ponto Euxino, así como sobre la más antigua historia de los pueblos del Taunus, del Cáucaso y de Escitia” (1796) y “Fragmentos históricos y geográficos sobre Escitia, Sarmacia y los eslavos (también de 1796) le convierten en un erudito en lo que arqueología y etnología se refiere.  Tanto es así que el zar Alejandro I -a la sazón Polonia pertenecía al imperio ruso, le nombra su consejero privado.  Como tal, el escritor se verá obligado a viajar al Cáucaso en 1798.
“Porno” goyesco
De las siguientes publicaciones de Potocki, la que cuenta para nosotros, “El manuscrito encontrado en Zaragoza” -a buen seguro resultado de su viaje por nuestro país en 1792- ve la luz en el San Petesburgo de 1804.  Tanta es la carga erótica que rezuman sus páginas que un buen número de ellas han de distribuirse en la clandestinidad.
Pero lo que verdaderamente se trata allí son las fantásticas aventuras de un gentilhombre español, de ascendencia morisca.  Entre espectros y odaliscas enmarcadas en un ambiente goyesco, el autor nos propone un texto atractivo como pocos.  Quién sabe lo que hubiera podido legarnos de haber proseguido con su producción fantástica si en 1812 no hubiera decidido poner fin a su vida.

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Aphra Behn, primera escritora profesional de la literatura inglesa

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Antes de convertirse en la primera escritora profesional de la literatura inglesa, cuenta su leyenda que Aphra Behn se entregó a toda suerte de disipaciones, fue espía en Holanda, amante de varios prohombres de la Restauración, incluido el rey Carlos II, abanderada de la inmoralidad y autora de una veintena de comedias cuya influencia fue determinante en el naturalismo de Jean Jacques Rousseau.

Nacida en Wye (Kent) en 1640, fue su padre un humilde barbero.  Por dilucidar aún si la futura escritora abandonó Inglaterra junto a él o si lo hizo sola, lo cierto es que Aphra, adolescente aún, parte para la Guayana holandesa.  Allí, en la plácida y afortunada Surinam, transcurrió su adolescencia.  Regresó a Europa en 1658 para contraer matrimonio con un comerciante holandés, un tal Behn, con cuyo nombre pasaría a la historia de la literatura.  Su apellido de soltera, como tantas otras cosas referentes a ella, no es desconocido.  De lo que no ha duda es de que fue su marido quien la introdujo en la licenciosa sociedad de la Restauración.  El ingenio de la muchacha, que pasaba de cama en cama sin ningún rubor, no tardaría en llamar la atención.  Así, tras la misteriosa muerte del esposo, Aphra llega a ser una de las mujeres más admiradas en los salones de postín.

Pobreza y libertad

Pero la viudedad, además de la libertad precisa para sus licencias, también habría de acarrearle la pobreza.  Corría el año 1670 cuando, sumida en la miseria, se vio impelida a ganarse la vida.  Fue entonces cuando empezó a escribir.

Ni que decir tiene que sus licencias y excesos fueron su principal materia literaria.  De ellas comienza a dar buena cuenta en comedias como "The Forc’d Marriage" (1670) y las dos entregas de "The Rover", fechadas en 1677 y 1681 respectivamente.  El público dedica el mismo aplauso a todas ellas.  Su autora se nos muestra cínica y apasionada, refinada y popular.  Es la primera que acomete la cuestión sexual y exalta la pasión y el placer.

La primera novela antiesclavista

Pero la Aphra Behn que habría de pasar a la posteridad era la narradora, que no la autora dramática.  "Oroonoko o el esclavo real", la novela que habría de procurarle la gloria literaria, es una historia tan avanzada a su tiempo como insólita en su propuesta.  Publicada en 1678 y protagonizada por el príncipe heredero de un supuesto reino africano -Coramantien- es considerada la primera novela antiesclavista.  Idealizando al salvaje como nadie lo había hecho hasta entonces, la escritora nos cuenta cómo Oroonoko, tras casarse con la bella Imoindia, es vendido junto a su esposa como esclavo.  Separados por sus amos, el matrimonio volverá a unirse con posterioridad.  Oroonoko capitaneará entonces una revuelta de esclavos.  Capturado por sus enemigos, morirá entre terribles torturas.

El realismo que impregnaba aquellas páginas, primeras en las que se hablaba de una negra guapa, es un claro precedente del de Daniel Defoe.  Pero Aphra Behn nunca llegó a tener noticia de su insigne discípulo: murió en Londres en 1689, quince años antes de que Defoe empezara a publicar sus primeros artículos en "The Review".

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Guillaume Apollinaire, el abanderado de los poetas modernos

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Guillaume Apollinaire, el abanderado de los poetas modernos -como con tanto acierto se le ha llegado a llamar- fue también uno de los grandes provocadores de un tiempo -añorado más tarde por Breton- en el que la burguesía aún se escandalizaba.  Probablemente fue ésa, y no ninguna otra, la razón de sus textos libertinos, para muchos más fuertes que los de Sade.  De vida breve y agitada, ello no le impidió participar en todas las polémicas artísticas que desataron las vanguardias y dejar escrita una bibliografía de referencia obligada tanto para el estudio de las vanguardias como para el de las letras francesas.

Wilhelm Apollinaris de Kostrwitzky, verdadero nombre del artista, nació el 26 de agosto de 1880 en Roma.  Fue su madre una aristócrata polaca que, además de darle el apellido que su padre -probablemente Francesco Flugi d’Aspermont, un oficial italiano- le negó, fue una amiga más que una madre para él.  Con ella, ludópata empedernida, viajó por Italia y la Costa Azul francesa.  Todos los lugares donde hubiera un casino donde perder algo de dinero les servían como residencia ocasional.

Algunos amigos

Las dificultades económicas y los desórdenes de su educación hicieron que la musa despertara en el pequeño Guillaume.  Empleado como preceptor de acaudaladas familias centroeuropeas, compone sus primeros poemas mientras viaja con ellas.  De esta manera, cuando sus primeros versos aparecen publicados en la parisina "Revue Blanche", Apollinaire vive en Renania.  Corre el año 1902.

Alfred Jarry y Félix Fénéon serán los primeros valedores del nuevo poeta, quien no tardará en regresar a la capital francesa.  Ya en 1903 pone en marcha la revista "Le festin d’Esope".  El periodismo, bien como colaborador en publicaciones ajenas, bien como editor, le permite abandonar el modesto puesto que ha ocupado en un banco recién instalado en París.  Por aquellos años conoce a dos de sus grandes amigos: Max Jacob y Picasso, juntos a ellos, el poeta descubrirá que también hay en él un crítico de arte.  No es que Apollinaire aborrezca la tradición, lo que le ocurre es que busca nuevas formas de expresión para sus sentimientos.

Mientras en su obra crítica defiende incansablemente a los artistas más variados: Picasso, Matisse, Picabia, De Chirico… reúne sus relatos en "L’Hérésiarque et Compagnie" (1910) y se convierte en uno de los grandes de Montmatre.  También es entonces cuando Apollinaire escribe esas dos obras sobre las que sus biógrafos suelen pasar calificándolas, no carentes de rubor, de "textos libertinos".  Se trata de "Las once mil vergas" y "Las hazañas de un joven don Juan".  Al igual que una buena parte de la producción de su autor, permanecerán inéditas hasta los años 30.

Palabras como pinturas

Será su primer volumen de versos, Alcoholes\’ (1913), donde recoge quince años de producción poética, el que le catapulte al parnaso de la poesía francesa.  Los asuntos de sus composiciones son viejos: amores fracasados, paso del tiempo, miedo al futuro, pero en opinión de la crítica, el talento de Apollinaire "los rejuvenece y los vuelve más conmovedores".  Hay en el poeta algo que le hace pasar de "las violencias fáciles al penoso abandono de una repentina imagen amorosa", escribe Giannessi.

Apenas se declara la guerra del 14, Guillaume Apollinaire se alista voluntario.  El mismo año que en la retaguardia aparece su novela "El poeta asesinado" (1916) es herido en la cabeza.  Habrán de trepanarle el cráneo para curarlo.  En 1917, mientras el poeta puede volver a escribir, aparece su farsa de tintes surrealista "Los senos de Tiresias".  En 1918 da la estampa su obra maestra, "Caligramas".  Se trata de una colección de poemas inspirados por la guerra que asola el Viejo Continente y escritos en la trinchera.  Destacan entre todos estos cantos de batalla los caligramas propiamente dichos.  Son composiciones ordenadas en caprichosos arabescos para formar así dibujos que representan una mandolina, un caballo, la lluvia, una flor…

Desgraciadamente, la epidemia de gripe que ese mismo año 18 se declara en París se lleva a Guillaume Apollinaire, cuya salud ha quedado seriamente dañada a consecuencia de las heridas sufridas en combate.

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Paul Bowles, un precursor de la generación \'beat\'

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Aunque entre los méritos de Paul Bowles incluidos en las solapas de sus traducciones españolas destacan las bandas sonoras que compusiera para una treintena de producciones cinematográficas y teatrales, el hecho es que Bowles entró en el parnaso fílmico de la mano de Bernardo Bertolucci.

Más aún, gracias a la celebrada adaptación de "El cielo protector" dirigida por el realizador italiano en 1990, la bibliografía de Bowles, ya en el otoño de sus días, fue descubierta con interés por el común de los lectores.  Sin embargo, entre esas minorías que le veneraron desde sus primeras publicaciones, se encontraba la plana mayor de la generación "beat", que fue a reconocer en él a uno de sus precursores.

Nacido en Long Island (Nueva York) el 10 de diciembre de 1910, ya en sus primeras creaciones musicales y literarias, Bowles mostró un inequívoco interés por la experimentación.  Instalado en París, publica sus primeros textos en la revista "Transition" a finales de los años 30.  A comienzos de la siguiente década, compone "The Wind Remains", pieza musical basada en un texto de Federico García Lorca.  Pero sus ambiciones experimentales siguen sin encontrar satisfacción.  Al igual que les ocurriera a los surrealistas con anterioridad, es la cultura occidental en sí lo que agobia a nuestro autor.  Consciente de ello, inicia un exilio voluntario que le llevará a los rincones más distantes de la tradición cultural que le es propia.

Marruecos será el primer lugar que le ofrezca el primitivismo y la naturalidad que busca.  Al país norteafricano dedicará las novelas y relatos que le procuraran el prestigio entre toda la heterodoxia cultural occidental.  La ya citada "El cielo protector", donde da cuenta de la experiencia en el Sahara de unos viajeros norteamericanos, que de alguna manera le tocan muy de cerca, aparece en 1949.  A ésta le seguirá "The Delicate Prey" (1950) su primera colección de cuentos.  En toda su producción de inspiración africana, la experimentación lleva a Bowles de las formas policiacas a la existencialistas.  Sus personajes suelen ser viajeros sin posibilidad de regreso que se pierden en laberintos que representan su obsesiones.

Favorito de William Burroughs, el autor de "Yonqui" se instala en Tánger -además de por las posibilidades que tiene allí para fumar hachís- porque Bowles -también fumador empedernido de dicha sustancia- reside en la ciudad marroquí.  Será Burroughs quien presente a Bowles a Peter Orlovsky, Allen Ginsberg, Alan Ansen e Ian Summerville.  Todos ellos rinden tributo a Bowles en Villa Mouneira, residencia en Tánger de Burroughs.  Una de las imágenes más difundidas de la generación "beat" es la que les muestra junto a Bowles en el jardín de aquella casa.

Mientras sus rendidos acólitos se convierten en los autores favoritos de la juventud rebelde, Bowles alcanza una de sus cotas más altas en "Cabezas verdes, manos azules", diario publicado en 1963.  Por esas mismas fechas recoge los cuentos populares marroquíes que le refiere Mohammed Mrabet en Hundred Camels in the Courtyard (1963).  Ya en 1964, publica "A Life Full of Holes", escrita en colaboración con otro autor magrebí, Driss Ben Hamed Charhadi.  En opinión de la crítica especializada, el interés de Bowles por África se ha convertido en "una investigación antropológica de las raíces y la cultura del desierto".  No obstante lo cual, la siguiente novela del escritor -"Up Above the World" (1967)- está ambientada en Latinoamérica.

Tras una nueva recopilación de cuentos africanos, "M’Hashish" (1969), Paul Bowles da a la estampa su autobiografía en 1972 con el título de "Déjala que caiga".  Entre sus últimas publicaciones destacan los relatos reunidos en "El tiempo de la amistad" (1979).  La muerte le sorprendió en 1999 en el Tánger que tanto amó.

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Dylan Thomas, bohemio y borracho irredento

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
De Dylan Thomas bien puede decirse que su precocidad fue directamente proporcional a su prematura muerte.  Bohemio y borracho irredento, alcanzó la genialidad a través del caos, dejando tras de si una obra en la que se registran las resonancias más diversas: desde los metafísicos del siglo XVIII hasta los surrealistas.  En palabras de William York Tindall, se valió de Freud para dar "una nueva dimensión a la "Biblia".

El hombre que habría de inspirar su nombre artístico a Bob Dylan nació en Swansea (Gales) el 27 de octubre de 1927.  Fue su padre un profesor de la misma escuela en la que el futuro poeta se formaría, si bien la piedra angular de su obra sería la tradición celta.  Apenas contaba doce años cuando causan sensación sus primeros versos, pero su primer libro -"18 poemas"- no aparece hasta 1934.  A diferencia del resto de los poetas de su tiempo, preocupados por las cuestiones sociales, los versos de Thomas llaman la atención de la crítica por cuanto de mágico y oscuro hay en ellos A la sazón, el joven escritor ya es un veterano reportero del "South Wales Evening Post".

Una referencia obligada

En 1936, el mismo año que contrae matrimonio con Gaitlin MacNamara y aparece su segundo libro -"Veinticinco poemas"-, Thomas es una referencia obligada en la nueva poesía inglesa.  Esto no le salva de una precaria situación económica.  Ya borracho empedernido, encuentra la lucidez en el alcohol.  El licor sería su camino hasta la tumba.  Tan buen rapsoda como poeta -todos sus biógrafos señalan que para él la comunicación poética debía de ser oralidad-, en 1939 da a la estampa "El mundo que respiro" y "Mapa de amor".  Declarado no apto para el servicio cuando estalla la guerra, el escritor demuestra ser un excelente guionista y comentarista radiofónico.  Tanto es así que no tardará en comenzar a escribir los comentarios de algunos documentales cinematográficos.

La que para muchos es su obra maestra -"Defunciones y nacimientos"- aparece en 1946.  Finalizada la guerra, viaja en varias ocasiones a Estados Unidos, donde su prestigio es tan grande como en Italia y escribe un guión cinematográfico -"El doctor y los demonios" (1953)- que nunca se llega a realizar.  En uno de sus viajes a la otra orilla del Atlántico, cuando se dispone a redactar el libreto de una ópera de Igor Stravinski, sufre un hemorragia cerebral a consecuencia de su alcoholismo y fallece el 9 de noviembre de 1953.

Estrecheces económicas

Son por lo tanto póstumas publicaciones como "El bosque lácteo" (1954), drama que concibe para una emisión radiofónica, la novela incompleta "Adventures in the Skin-Trade" (1955) y las compilaciones de ensayos, narraciones y textos radiofónicos reunidos bajo los títulos "Quite Early One Morning" (1954) y "A prospect of the Sea" (1955).  Once años después aparece una selección de su correspondencia, en la que se da fe de cómo toda su vida fue un continuo debate contra las estrecheces económicas.  A la sazón, la crítica especializada ya ve en Thomas a un poeta cuya influencia en la lírica inglesa del pasado siglo sólo es comparable a la de Auden.

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André Breton, defensor de la ortodoxia surrealista

Ficha de historia o anecdotario:
André Breton, defensor de la ortodoxia surrealista
JAVIER MEMBA

Decía Luis Buñuel que el surrealismo fue un movimiento "poético, revolucionario y moral". Todas esas cosas fue su principal artífice, André Breton. Acaso más considerado como el defensor de la ortodoxia surrealista que como escritor, aunque Breton sólo hubiera sido el guardián de aquella pureza hubiera bastado para que mereciese la admiración de cualquier amante de la literatura heterodoxa, pues el surrealismo, además de poesía, revolución y ética, también fue una de las grandes subversiones culturales -si no la más- que conociera el siglo XX.

Nacido en Tinchebray (Orne) en 1896, acaso ya intuyendo que la verdad del hombre se encuentra en su subconsciente, que habría de ser la principal regla de su postulado, Breton se trasladó a París para estudiar psiquiatría. Movilizado en 1915, un año después conoce a Freud a través de sus obras y a Apollinaire a través de una sincera amistad que le unirá a él hasta la prematura muerte del poeta. Finalizada la Gran Guerra Europea, Breton regresa a París contagiado por la fiebre de las vanguardias: se adhiere al movimiento dadaista.

La escritura automática

Junto a dos compañeros de entonces -Louis Aragon y Philipe Soupault- fundará la revista "Littérature", en cuyas páginas comienza a gestarse el surrealismo como una escisión del dadaismo. Allí empieza a referirse Breton a la escritura automática -la que brota del pensamiento sin ningún control de la razón ni de la moral- y allí publicó, en colaboración con Soupault, "Los campos magnéticos" (1920), que pasa por ser el primer texto de la corriente.

La ruptura con la negación absoluta de los dadaistas se impone. Así, en 1924 Breton publica "Manifiesto del surrealismo", al que no tardan en unirse Antonin Artaud, Paul Éluard y el resto de la plana mayor del movimiento. La nueva revista que impulsa Breton es "La revolución surrealista". La vida de la publicación se prolongará durante cinco años en los que tienen tiempo de arremeter contra toda la cultura oficial, además, claro está, de contra el sistema.

Como no podía ser de otra manera, Breton no tarda en pasar de las formulaciones estéticas a las políticas. Al igual que algunos de sus compañeros surrealistas, ingresa en el Partido Comunista en 1927, seis años después será expulsado. Entre tanto, ha tenido tiempo de publicar dos de sus textos más importantes: "El surrealismo al servicio de la revolución" y "El surrealismo y la pintura", ambos datan de 1928. Fue aquel un año de gran actividad, pues también es entonces cuando Breton escribe "Nadja", su obra maestra. Viene a ser esta novela el retrato de una mujer mediante distintos fragmentos e impresiones que combinan lo mágico con lo cotidiano.

Inquietudes revolucionarias

El "Segundo manifiesto del surrealismo", que data de 1929, no aporta nada nuevo. Los años que siguen, Breton preside las exposiciones surrealistas que se inauguran en distintas ciudades. El haberse convertido en una suerte de comisario de la pureza del movimiento no le impide publicar textos del interés de "La inmaculada concepción" (1929), un intento de acercamiento a las patologías del lenguaje, "Los vasos comunicantes" (1932) o "El amor loco" (1937). Este último es una interpretación de las teorías de Freud basándose en un sueño propio. Ya en 1938 viaja a México, donde conoce a Trotsky y Diego Rivera. El patriarca de los surrealistas, todavía alberga algunas inquietudes revolucionarias. Ni que decir tiene que cuando aparece su "Antología del humor negro" (1940) es prohibida por la censura.

Breton vivió la guerra en los Estados Unidos, exiliado en compañía de algunos artistas surrealistas como Marcel Duchamp y Max Ernst. De regreso a Francia se interesa por el ocultismo. De ello viene a dar prueba su "Arcano 17" (1945). Tres años después, todos sus versos aparecen recopilados en "Poemas". Hasta el final de sus idas, el patriarca de los surrealistas siguió publicando con regularidad artículos y ensayos. Pero, como el mismo recordaría con tristeza y asombro a Buñuel en el umbral de la muerte, ya no había nada capaz de escandalizar a la burguesía. André Breton, uno de los principales impulsores de la nueva literatura en las vanguardias, murió en París, el 28 de septiembre de 1966.

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Thomas de Quincey

Ficha de historia o anecdotario:
Thomas de Quincey, más interesado por la erudición que por la creación

JAVIER MEMBA

Si contar entre los favoritos de Baudelaire es uno de los grandes méritos literarios, podemos incluir a Thomas de Quincey en el parnaso de la literatura decimonónica. El poeta francés, reconocido admirador de su colega británico, dedicó a "Las confesiones de un comedor de opio inglés" uno de los más celebrados capítulos de "Los paraísos artificiales". Sorprende ante tanta excelencia que de Quincey no fuera un escritor vocacional. Si bien sus biógrafos no se ponen de acuerdo en el sentido de sus apuntes sobre el opio -para unos es apología en tanto que otros lo definen como condena- todos coinciden en señalar que el principal interés de nuestro autor radicó en el estudio y la erudición, que no en la creación literaria. Si cogió la pluma fue para mantener a su numerosa familia merced a una incesante actividad periodística.

Thomas de Quincey nació en Manchester, el 15 de agosto de 1785. Huérfano de padre recibió sus primeras enseñanzas en un colegio de Gales. Según se desprende de sus "Confesiones…", en las que -dicho sea de paso- la autobiografía ocupa un mayor número de páginas que la toxicomanía, abandonó aquella triste institución cuando contaba 17 años se hizo con un dinero dirigido a otra persona -lo que le crearía un cargo de conciencia- y pedir prestadas algunas guineas a una aristócrata con la que compartía aficiones literarias.

Una sincera amistad

Algunas de las páginas más conmovedoras de toda su bibliografía son las dedicadas a su encuentro con una joven enferma y asustadiza, acaso sirvienta o hija natural de su anfitrión, en las habitaciones del bufete del mezquino negociante que dio albergue al escritor, recién llegado éste a Londres. En un ambiente digno del mejor Dickens, los dos jóvenes dormirán abrazados para combatir el frío sin más lecho que viejos documentos ni más abrigo que una vieja manta. No obstante, pese a la sincera amistad que le uniera a aquella pobre desdichada, el amor del joven Thomas en aquellos días -amor platónico, por supuesto- será Ann, una muchacha de la calle, a la que nunca más habría de volver a ver, que se convertiría en una de las visiones más frecuentes en sus delirios de opiómano.

Ya estudiante de Griego en Oxford, de Quincey tiene su primer contacto con la droga en 1804. Parece ser que en un principio recurrió a ella para paliar un fuerte dolor de muelas complicado con un "reuma a la cabeza". Consumió intermitentemente la adormidera -a la sazón de uso legal en toda Europa- hasta 1813, año en que él mismo se confiesa opiómano. Entre tanto ha tenido tiempo de conocer a los poetas Samuel Taylor Coleridge, también un inveterado opiómano, y William Wordsworth, el gran maestro de nuestro escritor.

Mantener a su familia

En 1809, de Quincey se traslada a Townend (Grasmere) en busca de intimidad. Allí contraerá matrimonio en 1816 con Margaret Simpson. A partir de entonces, Thomas de Quincey se verá obligado a escribir para mantener a su familia, esa -y no la toxicomanía- fue su gran maldición.

Aunque nunca llegó a concluir la obra de Spinoza "De Emendiatione Humani Intellectus" como tanto anheló, ni a dar a la estampa su "Historia de Inglaterra", magna obra en doce volúmenes que constituyó su sueño imposible. Sin embargo, el opiómano escribió mucho. Quizá por ello con inspiración y calidad diversas. Siendo el periodismo la forma más rápida de conseguir dinero por medio de la literatura, la gran mayoría de las páginas de nuestro escritor son artículos de prensa.

Celebrada sátira

Si bien, entre su producción no faltan tratados sobre la narrativa y la filosofía alemanas e incluso estudios de economía -el interés por esta última disciplina hizo en más de una ocasión que superara ocasionalmente su adicción-, los textos de Thomas de Quincey que han llegado hasta nosotros aparecieron publicados por entregas en revistas. Así, la primera parte de "El asesinato considerado como una de las bellas artes", resultado de su trabajo como director de la Westmorland Gazette, aparece en 1827. Esta celebrada sátira sobre tan triste crimen conocerá dos nuevas partes en 1839 y 1854.

En cuanto a "Las confesiones…" sus dos primeras partes parecen en 1822. La tercera -"Los tormentos del opio"- verá la luz en 1856. En ellas, tras descubrirnos las cualidades analgésicas del estupefaciente, da cuenta de los placeres que produce su consumo, llegando incluso a afirmar que no crea dependencia. Bien distinta es su opinión en el último capítulo. Es allí, después de 18 años de adicción a los opiáceos, cuando el escritor alude a la dificultad de abandonar el hábito, a la anulación de la voluntad producida por la toxicomanía y al terrible cariz que a veces adoptan las alucinaciones. No en vano, como apuntó Jean Cocteau, "tras cada opiómano se esconde un problema". Thomas de Quincey acabó con todos los suyos el 8 de diciembre de 1859, cuando murió en Edimburgo agobiado por la pobreza.

William Gibson, el creador del \"ciberpunk\"

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

No se le conocen toxicomanías ni desequilibrios y en las solapas de todas sus novelas reza que está felizmente casado y que es padre de dos hijos. Salvo su huida a Canadá, para evitar así ser movilizado y enviado a combatir a Vietnam, no hay en la biografía de William Gibson ninguno de los datos que cabría esperar en un autor que está considerado el creador del "ciberpunk". Sin embargo, este apacible ciudadano de Vancouver, que no luce crestas en su cabeza ni se tiñe el pelo de caprichosos colores, fue uno de los más grandes visionarios que diera la literatura de ciencia ficción en el último tramo del siglo XX. Gibson, en palabras de John Clute "influyente, respetado, listo, astuto, rico y (quizá un poco inesperadamente) sabio", acuñó el término ciberespacio e imaginó Internet y la realidad virtual antes de que se convirtieran en el fenómenos de masas que son actualmente.

Nacido en Carolina del Sur en 1948, el primer apunte de su siempre parca biografía lo sitúa en una escuela de Arizona. Ya en Canadá, país al que huyera en 1971, mientras estudia literatura en la universidad de Columbia Británica publica su primer cuento en 1981. "El continuo de Gernsback" es su título e irrumpe con él en un género que no tardará en revolucionar con la introducción de nuevos elementos referidos al mundo de la informática.

Microprocesadores y megacorporaciones económicas

Su primera novela, "Neuromante" -la más influyente de cuantas alumbrará la ciencia ficción en los años 80- llega a las librerías en 1984. En ella imagina un futuro lleno de microprocesadores y megacorporaciones económicas donde la información es lo que fuera el fuego a los héroes de Joseph-Henry Rosny. Las aventuras de Case, -protagonista de Gibson- donde las nuevas y sofisticadas tecnologías, entendidas siempre desde un punto de vista negativo, sirven de marco a tramas próximas al thriller. Esto dará lugar a un termino que, meses después, será popularizado por la prensa: el "ciberpunk". Distinguida con los premios Hugo, Philip K. Dick y Nebula, con "Neuromante" comienza el ciclo de Sprawl, que se prolongará en "Conde Cero" (1986), "Mona Lisa acelerada" (1988), "Idoru" (1996) y los relatos reunidos en "Quemando cromo" (1986).

Verse convertido en unos de los autores más influyentes e imitados de nuestro tiempo no le vuelve un escritor prolífico. Así, mientras los estudiosos del género buscan los orígenes del "ciberpunk" en las ciudades descritas por Sue, Dickens o Dostoievski, y en las decenas de ensayos que Neuromante suscita, Gibson -que nunca ha reclamado la paternidad del término- colabora con Hollywood y escribe una novela al margen del ciclo de Sprawl, "Luz virtual" (1993). Situada en un futuro no muy lejano, en el que los coches han desaparecido y la bahía del puente de Oakland es el hábitat de un extraño grupo de nómadas humanos.

Aún siendo "Luz virtual" una obra de indudable interés, el Gibson que cuenta es el de las antiutopias o distopías -como el lector prefierea- ciberpunks. Una de ellas, la aún inédita en España "The Difference Engine" (1990), la escribe en colaboración con Burce Sterling. Se trata en realidad de una distopía en la que se nos propone una historia en base a un hipotético éxito del ordenador creado 1820 por Charles Babbage. Treinta años después, aquel rudimentario ingenio de la informática ya ha sido capaz de poner en marcha una siniestra sociedad. "Todas las fiestas del mañana" (1999), es la última novela publicada hasta la fecha por William Gibson.

Charles Bukowski, licor sexo y submundos

Ficha de historia o anecdotario:
Charles Bukowski, licor sexo y submundos
JAVIER MEMBA

Tras la noticia de la muerte de Charles Bukowski, acaecida el 9 de marzo de 1994, todos los autores de cuantas notas necrológicas dieron cuenta ella fueron a señalar que el óbito no se produjo a causa de la inveterada costumbre del escritor a la botella. El licor, junto con el sexo y el retrato de los submundos en los que transcurrió su vida -bares sórdidos, oficinas de desempleo, patios traseros-, constituyeron el único argumento de su obra. Pocos autores tan autobiográficos como él y pocos tan aplaudidos y acertados puestos a cultivar eso que ya empieza a ser una suerte de género dentro de la cultura estadounidense: la crítica del célebre sueño americano. No en vano, en uno de sus versos, Bukowski dejó escrito: "Estas y otras cosas demuestran que la vida gira sobre un eje podrido".

Nacido en Andernach (Alemania) el 16 de agosto de 1920, el futuro escritor habría de tener en su padre a su primer enemigo y en Los Ángeles, ciudad a la que emigró su familia cuando el pequeño Charles sólo contaba dos años, el principal escenario de toda su vida. Una de las primeras veces que se pegó con su progenitor -hombre amargado que hacía creer a sus vecinos que era ingeniero cuando en realidad no era más que un lechero que maltrataba a su mujer tanto como a su hijo-, fue porque éste, una noche que Charles, adolescente aún, llegó a casa borracho y vomitó en una alfombra, quiso meterle la cara en el vómito, como se hace con los perros cuando se orinan donde no deben. Por lo que respecta a los otros muchachos, la relación del joven Bukowski con ellos no fue mejor. Acomplejado por una enfermedad en la piel que hacía que le brotaran erupciones constantemente y habría de marcarle el rostro de por vida, fue un tímido empedernido que nunca se atrevía a confesar sus deseos a las chicas que le inspiraban. Todo ello con la Gran Depresión, primero, y la Segunda Guerra Mundial, después, como telón de fondo.

Alcohol y deseos reprimidos

Fue entonces, con los complejos de sus primeros años, cuando se formaron las obsesiones que con el tiempo habrían de ser su materia literaria. A buen seguro, el alcoholismo fue resultado de unos primeros tragos bebidos para superar la timidez, en tanto que el frenesí sexual debió de ser consecuencia de los deseos reprimidos. Su vida será idéntica a la de tantos perdedores de Los Ángeles, excepto en una cosa: Bukowski es un lector empedernido.

En cualquier caso, sin haber llegado a terminar ningún estudio, el futuro escritor comienza a desempeñar los más variados empleos: lavaplatos, aparcacoches, mozo de almacén… Entre medias tiene tiempo para convertirse en un vagabundo borracho y para ir a la cárcel con consecuencia de no haberse presentado en la Junta de Reclutamiento a la que pertenece. Su primera publicación, un relato humorístico titulado "Aftermath of a Length Rejection Slip", aparece en la primavera de 1944 dentro de las páginas de la revista "Story". Pero aún habrá de
pasar mucho tiempo antes de que Bukowski alcance la gloria literaria.

Prosa espontánea

Empleado durante las siguientes décadas en una oficina de correos, primero como cartero y después como clasificador de la correspondencia, en sus horas libres escribe poemas y relatos protagonizados por sus compañeros de borracheras y demás desdichas. Pero hasta 1969, cuando cuenta 49 años de edad, no se decidirá a dedicarse exclusivamente a la literatura. El éxito no se hará esperar, pero será a este lado del Atlántico donde la crítica verá en Bukowski a un nuevo exponente de la contracultura californiana, heredero de Henry Miller y de Jack Kerouac. De aquél se le hace epígono merced a su obsesión por el sexo; de éste, por su prosa espontánea. Si bien, lo que en Kerouac es misticismo, en Bukowski se vuelve cinismo. Pero, de alguna manera, bien puede considerarse a Bukowski un "beat" tardío.

Mientras en Estados Unidos apenas se le aprecia como narrador, únicamente son sus versos los que merecen una relativa atención por parte de la crítica, quedando el resto de su obra relegada a los circuitos "underground", en Europa se suceden las ediciones de sus narraciones. Textos como "Escritos de un viejo indecente" (1969), "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones" (1972) o "Factotum" (1975), escritos todos ellos con un lenguaje fonetizado y agresivo, catapultan al autor al parnaso de la contracultura. Una vez allí, su vida inspira películas como "Ordinaria locura" (1981), de Marco Ferreri, y "El borracho" (1987), de Barbet Schroeder. Como no podía de ser otra manera, por aquellos mismos años, Bukowski colaboró con frecuencia con Robert Crumb,
uno de los principales representantes del comix "underground".

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Francis Scott Fitzgerald

Ficha de historia o anecdotario:
Francis Scott Fitzgerald, el autor más típico de la Generación Perdida

JAVIER MEMBA

No pocos lectores de esta serie de artículos se sorprenderán por la inclusión en ella de Francis Scott Fitzgerald. Integrante junto con Faulkner y Hemingway de la terna que preside la novelística estadounidense del siglo XX, tal vez fuera Scott Fitzgerald el autor más típico de la Generación Perdida. De hecho, fue él quien la definió como aquella que había encontrado "todos los dioses muertos, las guerras combatidas y la fe en el hombre destruida". Parafraseando a Wilde, podríamos decir que los felices años 20, la edad del jazz, fue un invento de Scott Fitzgerald.

Conocedor del aplauso a temprana edad, admirado por quienes despachan los laureles literarios como pocos, todo en él hacía augurar una larga y feliz existencia, como es habitual entre los escritores benditos. Así habría sido si un enemigo invencible no se hubiera cruzado en el camino de Scott Fitzgerald desde sus primeros pasos. Tan atroz adversario no otro que él mismo.

Una existencia fallida

Si decimos que una obra fallida es aquella que no responde a las esperanzas que ella misma despierta, de una existencia también podemos decir lo mismo. A la postre, la de Francis Scott Fitzgerald resultó ser una existencia fallida, aunque alumbrará en ella algunas de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Dio comienzo el 24 de septiembre de 1896 en St. Paul (Minnesota). Si bien el que proponemos es un autor en el que vida y obra obedecen a vínculos más estrechos que los registrados en otros escritores, es en la lectura de sus biógrafos más preocupados por el personaje que por el creador donde descubrimos al Scott Fitzgerald inequívocamente maldito. Ellos nos dicen que el origen de su inseguridad, la que le haría beber y buscar el éxito con el mismo ahínco, se remonta a la infancia del escritor. Fue su padre un caballero del Sur arruinado y su madre una católica descendiente de una acaudalada familia de origen irlandés. Matriculado en Princeton, abandonó su estudios universitarios (1917) para buscar la gloria en el ejército expedicionario estadounidense, que a la sazón combatía en la Gran Guerra Europea.

De nuevo en su país conoce en Alabama a Zelda Sayre. Ya casados, se inspirará para dar vida a todas "las muchachas doradas" que pueblan sus novelas. La primera de ellas, "A este lado del paraíso" aparece en 1920. El éxito no se hace esperar, ricos y famosos, el matrimonio se entrega a todos los excesos y disipaciones que el autor retrata en su páginas más intensas. De Nueva York a la Costa Azul francesa, pasando por París -Scott Fitzgerald es uno de los escritores más citados por Hemingway en "París era una fiesta"-, todo es la euforia y al falsa alegría que les proporciona el licor. Pero el desastre se cierne sobre ellos. En 1921, tras el nacimiento de su hija, Zelda manifiesta los primeros síntomas de la locura que acabará por llevarla a la reclusión -moriría en 1948, durante el incendio de la clínica donde estaba confinada-, en tanto que él vuelve a ser presa de sus inseguridades. Es también entonces cuando el dinero -verdadera obsesión del escritor- comienza a faltar.

Exito de crítica y de público

Su siguiente novela, "Los hermosos y malditos" (1922), de título tan elocuente para nuestra serie, es el retrato de una pareja, que bien podía ser el matrimonio Fitzgerald, en la que al sueño le sucede el desencanto. Igualmente amarga se antoja "El gran Gatsby" (1925), todo un clásico de las letras norteamericanas. Pese a que todas estas obras, al igual que los relatos reunidos en "Historias de la era del jazz" (1922), son un éxito de crítica y de público, nada ni nadie puede salvar a su autor del infierno que le aguarda. No en vano, su maldición es él mismo. Así, mientras Zelda va perdiendo la cabeza progresivamente, él se va alcoholizando.

Felicidad, despilfarro, fascinación y dinero confluyen en las páginas de "Suave es la noche" (1934), la última novela que publicará en vida. Se dice que bebe al día más de 200 cervezas. Cuando llega a Hollywood contratado como guionista ya es la sombra de quien fue. Todo su interés radica en recuperar su talento de antaño, extinguido con los felices años 20. El 21 de diciembre de 1940, alcoholizado y exhausto, muere frente a la máquina de escribir. Meses después aparece "El último magnate". Muchos de sus biógrafos quieren ver en esta novela inacabada su testamento, pues lo que en ella nos cuenta es la derrota, en el mismo Hollywood en el que Scott Fitzgerald intentara reverdecer sus laureles, de un hombre genial. En definitiva, una existencia fallida. Como a la postre acabó por serlo la de nuestro autor.

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