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Archive for the 'GRANDES AUTORES DANDO CONSEJOS' Category

La marca de la gran literatura es la experimentación

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

ABC, 26 de enero de 2007

Vila-Matas: «La marca de la gran literatura es la experimentación»

MANUEL DE LA FUENTE

MADRID. La Docta Casa se vistió ayer de gala (aunque la tarde más que de gala estaba de trenka y bufanda) para celebrar el «Día de la Fundación pro Real Academia Española», fundación que, como es sabido, tiene como fin primordial canalizar la ayuda de la sociedad a la Academia. Y la celebración se sustentó sobre dos columnas de enjundia: la entrega a Enrique Vila-Matas del premio que ostenta el propio nombre de la Española, y un nuevo homenaje a ese siglo (y unos meses) de Francisco Ayala, al que glosó el catedrático Gonzalo Sobejano, uno de los grandes especialistas en la obra del centenario escritor, y un reconocido experto en narrativa española contemporánea.

Tras la apertura del acto por parte del director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, y el gobernador del Banco de España y a la sazón presidente de la ya mencionada Fundación, Miguel Fernández Ordóñez, el propio De la Concha entregó el galardón a Vila-Matas, alguien que, como él mismo reconocía, se vanagloriaba hace sólo seis años de ser «el único escritor español sin premios».

El novelista barcelonés vertebró su discurso en torno a «El hechizado», un cuento del propio Ayala. El autor de «Doctor Pasavento» (la novela premiada) defendió la voz y la palabra del «escritor de verdad, ése que es independiente del poder y que asume su oficio como un trabajo moral, porque escribir bien es una manera de ser moral con uno mismo. Es hoy, además, una actitud moral, porque se ve obligada a estar en oposición a la corrupción reinante entre los emisarios de la nada que habitan en los centros de todos los imperios». Destacó igualmente el premiado, quien asume que practica una «literatura de investigación», el valor de la experimentación, «que es la marca de la gran literatura».

Para concluir su discurso, Vilas-Matas tiró de orgullo, que para el verdadero escritor de hoy «debe consistir en enfrentarse a esos emisarios de la nada y combatirlos para no dejar a la Humanidad en manos de la muerte. Porque digan lo que digan, la escritura puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible». El solemne acto terminó con el discurso de Francisco Ayala, «ese hombre repleto de lucidez mental, compasión cordial y llaneza coloquial», como subrayó Sobejano. Cien años de Ayala, todo un siglo de las luces.

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Tres generaciones literarias analizan la estela de Fetasa

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

DIARIO DE AVISOS, 20 de mayo de 2006
Tres generaciones literarias analizan la estela de Fetasa

Mª L. P. Santa Cruz

Santa Cruz

El ciclo Fetasianos, organizado alrededor del grupo literario Fetasa, fundado en Tenerife en la década de los 50, recibió el jueves a tres escritores de tres generaciones para hablar de la influencia del movimiento sobre la literatura canaria posterior.

Juan Manuel García Ramos, último Premio Canarias de Literatura por la generación de los 70, Sabas Martín en representación de los escritores de la década de los 80 y Víctor Álamo de la Rosa, de los 90, intervinieron en la cuarta de las cinco conferencias de este ciclo organizado por CajaCanarias bajo la dirección del escritor Juan J. Delgado, que se celebra en el Espacio cultural de la entidad financiera en Santa Cruz.

Juan Manuel García Ramos, autor de El inglés y Bumerán comenzó su intervención aclarando qué es generación literaria a partir de las dos definiciones que dan de ella Julián Marías y Ortega. El primero habla de que una generación es "la suma de hombres que actúan en Occidente en un tercio de siglo", mientras que Ortega, "más ortodoxo" se refiere a "los coetáneos no los contemporáneos".

De seguir la primera definición, "incluiríamos dentro de la Generación de los 70 a Alfonso García Ramos, Sánchez Ortiz e incluso a los fetasianos (Isaac de Vega y Rafael Arozarena).

Sin embargo, García Ramos apuntó que dentro de ese variado y numeroso grupo se daban "comunidades espirituales muy evidentes". Los nacidos en la década de los 40 "hicimos una lectura muy atenta de la literatura hispanoamericana, fuimos hijos ideológicos del mayo francés y tuvimos una complicidad silenciosa en la lucha contra el franquismo".

Para quienes comenzaron a escribir en la década de los 70, dijo García Ramos, se dio una suerte de "influencias y confluencias" que provocaron como resultado que los más jóvenes (él mismo, Juan Cruz, Armas Marcelo) fueran de una "literatura más experimental a una más tradicional", contrariamente a lo hecho por los fetasianos en sus obras Fetasa (Isaac de Vega) y Cerveza de grano rojo (Rafael Arozarena).

García Ramos destacó la "generosidad" de los fetasianos, su "robinsonismo" y su "ausencia de vedetismo intelectual". El Premio Canarias reveló que en aquellos años percibió "cierta falta de respeto" de los surrealistas (Westerdahl y Pérez Minik bajo la influencia del "capo francés" André Breton) hacia los fetasianos. "Una mirada por encima del hombro parecida a la que mantuvieron hacia los regionalistas. Los acusaban de cierta condescendencia con lo local y de defender metafísicas vacías".

"Los surrealistas eran mucho más guerreros y provocadores que los fetasianos, más discretos y metidos en sí", pero los primeros fueron "dogmáticos e intransigentes".

Sabas Martín dijo que tanto Isaac de Vega como Rafael Arozarena son "autores fundacionales y de referencia" en la literatura canaria. En su conferencia, titulada Fetasa en el espejo. El espejo de Fetasa, el autor de obras como Nacaria y Mar de fondo afirmó sin embargo que las obras de la generación de los 80, a la que pertenece, no es en absoluto fetasiana. "Escritores como Antolín Dávila y Domingo Luis Hernández escriben desde el guiño fácil al lector" y Roberto Cabrera y Agustín Díaz Pacheco guardan alguna similitud pero no tan clara como para hablar de influencias claras.

"Rafael Arozarena e Isaac de Vega son un género literario en sí mismo", dijo Sabas Martín.

El joven Víctor Álamo de la Rosa sí se declaro abiertamente seguidor del fetasianismo. "Para los escritores más jóvenes, Isaac de Vega y Rafael Arozarena son auténticos retos inspiradores. Para ese escritor balbuceante es indispensable sentirse parte de una tradición literaria". El autor de El año de la seca se refirió a Isaac de Vega "con una obra alejada de modas, larga y contundente" como "un oasis en el gran desierto narrativo de Canarias".

Sobre Arozarena dijo que su obra poética sirvió de puente entre los surrealistas y las jóvenes generaciones y subrayó la presencia en su obra por primera vez de lo que denominó "conciencia del sur".

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Existen pocas certezas cuando se escribe poesía

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

EL COMERCIO de Gijón, 2 de enero de 2007

JOSÉ MARÍA CASTRILLÓN. POETA

"Existen pocas certezas cuando se escribe poesía"

«En cada libro, uno intenta alcanzar el límite de su sensibilidad y hurgar en esa herida que es el roce con la vida»

FERNANDO DEL BUSTO/AVILÉS

Libro a libro, José María Castrillón (Avilés, 1966) ha pulido su voz literaria, próxima a la poética del silencio, pero de una gran personalidad marcada por su intensidad. \’El círculo y la piedra\’ (Trea) es su nueva entrega de poesía que sorprende y permanece. Uno de los textos más interesantes del pasado año en Asturias y que acaba de llegar a las librerías.

-¿Cómo llega a Trea?

-De la manera más inocente: enviando un original. Ni el editor ni yo nos conocíamos, aunque si sabía de la colección de poesía y había advertido de su interés. En mi opinión, Trea es la editorial asturiana que cuenta con un mejor catálogo de poesía.

-¿Alcanza con \’El círculo y la piedra\’ una cima en su escritura?

-Sin duda, supone un adentramiento en posturas anteriores. Quizá es el libro más seguro dentro de la poca certeza que se tiene cuando se escribe poesía. Es mi libro más homogéneo y decidido en cuanto su estilo. Supone una evolución en lo que he escrito. Por definición, los que escribimos poesía debemos buscar siempre nuestras perspectivas, intentar no repetir lo que ya hemos dicho. Aunque es posible que permanezcan elementos en mi escritura: la intensidad, la sencillez… Quizá es algo que no pierda.

-¿Nos encontramos ante su libro más personal?

-Resulta muy difícil decidir sobre este tema. En cada libro, uno intenta alcanzar el límite de su sensibilidad y hurgar en esa herida que es el roce con la vida. Puede haber secciones con una mayor implicación con mi vida, aunque en mi libro anterior \’La vieja munición\’ también había elementos de mi vida. Este asunto fue algo que me preocupó. No quería que el libro quedase en un ejercicio metapoético y no hubiera existencia en el poema. Espero que ese temblor humano se vea reflejado.

-¿Cómo escribe: destila el poema después de una primera escritura o parte desde una idea?

-En general, parto de múltiples sensaciones y promuevo un proceso de decantación. Limo más que sumo, recorto más que añado. En este sentido, estoy muy de acuerdo con los postulados de la poética del silencio. El poema debe estar siempre como a punto de cesar, no puede haber ganga. Debe tener mucha intensidad.

-Se aprecia una presencia de otras tradiciones poéticas, como los haikus japoneses. ¿Cómo le ha influido?

-Sí, existe esa influencia. Pero llegué a esa tradición, que conozco y he leído, a través de la tradición occidental. En concreto de la poesía italiana y de autores como Salvatore Quasimodo o Giuseppe Ungaretti. Ahí aprendí el gusto por lo menudo, la preparación de la escena donde entra un elemento más o menos sorprendente.

-En \’Conversaciones\’, una de las secciones del libro, el poeta dialoga con su entorno de una manera novedosa. ¿Cómo surgió?

-Son poemas encabezados por un una frase o comentario que recordaba haber escuchado en algún momento, incluso en situaciones totalmente anecdóticas, insustanciales. Lo que me pareció muy interesante, y surgió de manera espontánea, fue crear un fruto poético a partir de ese material. Muchas veces, incluso para contradecir esa primera frase. Me resultó sorprendente. Fue la sección que más me preocupó, la más arriesgada.

-¿Y cómo han respondido los lectores?

-Hasta el momento sólo tengo la opinión, muy positiva, de los amigos que lo han leído. Son poemas muy exigentes.

-Al concluir el libro, el lector tiene la sensación de llegar a un abismo, de que tardará en volver a brotar la poesía. ¿La comparte?

-Cuando terminé de escribir, sentí que había terminado un discurso, cerrado un círculo. Sí sentí esa sensación de abismo, de que tardaría en volver a escribir, tenía esa sensación de vacío, de haber llegado a un borde. Pero eso fue en 2003 y ahora tiendo a una escritura que puede renovar parte de la visión de este libro.

-¿En esta nueva etapa sigue mirando hacia dentro o dialoga más con el exterior?

-No, sigo en la línea de interiorización. Lo que ocurre es que ahora la palabra no es el horizonte que manejo, como en \’El círculo y la piedra\’, sino otros elementos que tienen que ver con la enfermedad, la muerte, la miseria física del cuerpo. Sin embargo, presiento ya que voy a tener que romper ya ese nuevo círculo. Me entusiasma la idea de escribir una poesía abierta a las cosas, por decirlo metafóricamente de los puertos, de las gentes, de las distintas culturas. Sin embargo, aún no sé como entrar en ese nuevo mundo.

La literatura actual es como la sociedad actual, superficial

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

EL MUNDO, 22 de noviembre de 2006

ENTREVISTA

JOSÉ MARÍA MERINO/Ganador del Premio Torrente Ballester de Novela

«La literatura actual es como la sociedad actual, superficial»

FULGENCIO FERNÁNDEZ

LEÓN.— Hacía treinta años que José María Merino no se presentaba aun premio. Hace unos meses le entregó a su agente su última novela, \’El lugar sin culpa\’ y éste le hizo una propuesta: «La presentamos al premio Torrente Ballester». Y la presentaron. Y lo ganó.

P.—¿Por qué ha vuelto a concurrir a un premio?

¿Por qué ha vuelto a concurrir a un premio?

R.— Me parecía muy serio el jurado, y me gustaba el nombre, Torrente Ballester, por quien yo tuve admiración. Creo que \’La saga/fuga de JB\’ era una espléndida novela. Por otra parte, casi como anécdota pensé que habiendo ganado el Delibes y el Ramón Gómez de la Serna era un capricho de coleccionista unir el nombre de Torrente.

Me parecía muy serio el jurado, y me gustaba el nombre, Torrente Ballester, por quien yo tuve admiración. Creo que \’La saga/fuga de JB\’ era una espléndida novela. Por otra parte, casi como anécdota pensé que habiendo ganado el Delibes y el Ramón Gómez de la Serna era un capricho de coleccionista unir el nombre de Torrente.

P.— ¿También hay un guiño a su nacimiento, accidental pero real, en La Coruña?

¿También hay un guiño a su nacimiento, accidental pero real, en La Coruña?

R.— Sí, claro. Yo soy coruñés de nacimiento aunque sea leonés de sentimiento. Mantengo una cierta relación con la ciudad, voy por allí y visito la iglesia donde me bautizaron, San Nicolás. Una día fui con Luis Mateo y nada más verla comentó: \’Menuda pila bautismal, Merino\’.

Sí, claro. Yo soy coruñés de nacimiento aunque sea leonés de sentimiento. Mantengo una cierta relación con la ciudad, voy por allí y visito la iglesia donde me bautizaron, San Nicolás. Una día fui con Luis Mateo y nada más verla comentó: \’Menuda pila bautismal, Merino\’.

P.— La novela cuenta 48 horas en la vida de una mujer ¿Dan para tanto dos días?

La novela cuenta 48 horas en la vida de una mujer ¿Dan para tanto dos días?

R.— La novela no es larga, pero es muy intensa, he prescindido de todo lo superfluo, he ido al grano dramático, al meollo de la cuestión.

La novela no es larga, pero es muy intensa, he prescindido de todo lo superfluo, he ido al grano dramático, al meollo de la cuestión.

P.— Y, además, en una isla.

Y, además, en una isla.

R.— Sí, no aparece el nombre pero son las Baleares, un espacio natural, donde hay un pequeño grupo de biólogos y esta mujer, una bióloga, que se ha ido allí huyendo de su drama personal. Es una madre anciana que tiene una hija que se ha ido de casa. Es una mujer que quiere convertirse en naturaleza.

Sí, no aparece el nombre pero son las Baleares, un espacio natural, donde hay un pequeño grupo de biólogos y esta mujer, una bióloga, que se ha ido allí huyendo de su drama personal. Es una madre anciana que tiene una hija que se ha ido de casa. Es una mujer que quiere convertirse en naturaleza.

P.— ¿Una mirada hacia la naturaleza?

Una mirada hacia la naturaleza?

R.— De alguna manera sí, aunque no es una novela conservacionista. De hecho tengo la intención de escribir otra en otros espacios naturales, en la montaña, seguramente en la leonesa, aunque tampoco aparezca el nombre.

De alguna manera sí, aunque no es una novela conservacionista. De hecho tengo la intención de escribir otra en otros espacios naturales, en la montaña, seguramente en la leonesa, aunque tampoco aparezca el nombre.

P.— Merino pesca por libre pero ¿cómo ve el panorama literario?

R.— Con cierto desconcierto. No se si me he hecho mayor. Por ejemplo, ayer estaba presentando un libro de Manuel Longares —\’La novela del corsé\’— que es de hace 25 años y comentábamos que no sabíamos si esa literatura difícil tiene ahora seguidores.

Con cierto desconcierto. No se si me he hecho mayor. Por ejemplo, ayer estaba presentando un libro de Manuel Longares —\’La novela del corsé\’— que es de hace 25 años y comentábamos que no sabíamos si esa literatura difícil tiene ahora seguidores.

P.— Ahora se lee más.

Ahora se lee más.

R.— Eso es evidente, pero no se si les interesa la literatura u otro tipo de cosa contada con palabras.

Eso es evidente, pero no se si les interesa la literatura u otro tipo de cosa contada con palabras.

P.— Si la sociedad actual es superficial, su literatura deberá ser también superficial.

Si la sociedad actual es superficial, su literatura deberá ser también superficial.

R.— Sin ningún género de duda. Te lo voy a explicar con un ejemplo muy evidente: hace treinta años se publicó un best-seller que era \’El nombre de la rosa\’ y el best-seller actual del mismo género es \’El código Da Vinci\’, que no es más que el bisnieto tonto de \’El nombre de la rosa\’. Vamos para atrás.

Sin ningún género de duda. Te lo voy a explicar con un ejemplo muy evidente: hace treinta años se publicó un best-seller que era \’El nombre de la rosa\’ y el best-seller actual del mismo género es \’El código Da Vinci\’, que no es más que el bisnieto tonto de \’El nombre de la rosa\’. Vamos para atrás.

P.— Si ves a Belén Esteban no vas a leer a Umberto Eco.

Si ves a Belén Esteban no vas a leer a Umberto Eco.

R.— Ahí está. Sin embargo, tu entras en Internet y ves que es un foro permanente de discusión, de comentarios. Algo que antes no existía. Creo que estamos en una época que es el final de una etapa y el principio de otra absolutamente diferente, que los medios técnicos que tenemos no los estamos sabiendo usar, los utilizamos para la banalización.

Ahí está. Sin embargo, tu entras en Internet y ves que es un foro permanente de discusión, de comentarios. Algo que antes no existía. Creo que estamos en una época que es el final de una etapa y el principio de otra absolutamente diferente, que los medios técnicos que tenemos no los estamos sabiendo usar, los utilizamos para la banalización.

P.— ¿Nos falta compromiso? Vemos en directo la llegada de las pateras, los asesinatos en Irak, pero no sentimos nada.

R.— Seguramente el desbordamiento de información nos hace insensibles. Cuando yo era niño veíamos una película que nos entusiasmaba y la veíamos todo el año, ahora nada dura en cartel más de quince días y pasa al olvido. Estamos embotados por un exceso de información indiscriminada y acabamos por no saber si las pateras tienen la misma importancia que el dinero negro de Marbella o los devaneos de esos personajes que no sabemos quienes son, ni que hacen.

Seguramente el desbordamiento de información nos hace insensibles. Cuando yo era niño veíamos una película que nos entusiasmaba y la veíamos todo el año, ahora nada dura en cartel más de quince días y pasa al olvido. Estamos embotados por un exceso de información indiscriminada y acabamos por no saber si las pateras tienen la misma importancia que el dinero negro de Marbella o los devaneos de esos personajes que no sabemos quienes son, ni que hacen.

La poesía está en su sitio; los que no lo están son los poe

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

EL NORTE DE CASTILLA, 24 de octubre de 2006

TEÓFILO GAGO, COMPONENTE DEL GRUPO POÉTICO ARCADIA

«La poesía está en su sitio; los que no lo están son los poetas»

JESÚS PASTOR/VALLADOLID

Decir Teófilo Gago es viajar a Tierra de Campos. A esa comarca a caballo entre León y Castilla, para Gago «tierra noble, auténtica, hospitalaria, y a la vez comprometida con el progreso, pero siempre sobre los cimientos de la justicia y la solidaridad, a flor de piel y en la punta de la palabra». Teófilo reside en Valladolid, aunque en su libro de bitácora vital, Monasterio de Vega ha sido su cuna y, como él mismo desea, «Monasterio también será su tumba».

-¿En qué se concentrarán sus próximos compromisos?

-Harold Pinter, Nobel de Literatura en el año 2005, con su poesía cortante y candente, nos ha espoleado, y todos los componentes del Grupo Poético Arcadia, de Valladolid, al que pertenezco, haremos y leeremos, donde nos llamen, poesía de un claro y tajante compromiso social.

-¿Cómo se encuentra la poesía actual?

-En un estado inmejorable. Los que no se encuentran en su sitio son los poetas. Unos acomodados y apoltronados. Otros, en busca de un trono, si es posible, perfumado con la corona del laurel de los premios. Y otros, como es mi caso, en las barricadas del día a día.

-¿Dónde empezó su afición al verso?

-Siguiendo la llamada y la mirada de un bella moza terracampina. Cuando eres mozo solo tienes ojos y latidos para las mujeres.

-¿Y Tierra de Campos tantas veces protagonista en sus creaciones?

-A continuación de las mujeres, ese fue mi caso, sentí la llamada de la tierra, y ahí están mis poemas en revistas como Aires de Melgar de Abajo, Torozos, Amanecer alrededor de Valdunquillo y artículos de opinión en los medios de comunicación. Si tuviera que dar un mensaje para Tierra de Campos escribiría: «Si luchamos, podemos perder. Si no luchamos estamos perdidos». Si se me permite, prefiero finalizar con este poema: «La belleza la tiene la mar/ a Tierra de Campos vino a por ella./Soy de una tierra tan bella/ que en la noche castellana/, se oye llorar la mar/ que con ímpetu y con saña/ se muere por regresar/ y no le deja la montaña».

www.premiosliterarios.com

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El valor del arte reside en su inutilidad

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

IDEAL, 20 de octubre de 2006

«El valor del arte reside en su inutilidad», asume Paul Auster

El escritor estadounidense, la voz de los galardonados en la ceremonia, emocionó con un bello e intenso discurso

ROBERT BASIC/OVIEDO

Paul Auster lleva muchos años intentando descifrar uno de los misterios que rigen su vida: la necesidad de escribir y expresarse a través de las novelas, «unos relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos el mundo real», una forma universal de comunicación que le ha conectado con millones de personas. Ayer, en Oviedo, el escritor estadounidense recogió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. En su alocución, \’justificó\’ su amor por la escritura con una regresión al pasado: «No sé por qué me dedico a esto. Lo único que puedo decir es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia».

El autor de \’Leviatán\’, que hilvanó un bello discurso cargado de razones que sólo entiende el corazón, radiografió el papel del arte en la sociedad actual. Así habló de la escritura: «Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida, encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe… ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así?» Él mismo dio la respuesta: «Porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa».

Auster habló de la creación en clave de necesidad -«es un impulso humano fundamental»- y precisó que, en el terreno de lo práctico, «el arte es inútil, al menos comparado con el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista». Pero precisamente en esa supuesta \’inutilidad\’ halló la razón de ser de los libros, cuadros, músicas… «El valor del arte reside en su misma inutilidad; la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos».

El escritor estadounidense dedicó el final de su discurso a la novela. Dijo que se trata de una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y que «constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad». Y lanzó una emotiva promesa: «Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento…»

Para quién escribo

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

SIGLO XXI, 15 de octubre de 2006 

Para quién escribo, la duda de siempre

El ganador del premio Nobel reflexionó recientemente en The New York Times

  Orhan Pamuk, Tomado de GDA, La Nación

Nueva York. Durante los últimos 30 años –desde que me convertí en escritor–, la pregunta que me han planteado con mayor frecuencia, tanto lectores como periodistas, es ésta: "¿Para quién escribe usted?" Sus motivos dependen de la época y el lugar, pero todos emplean el mismo tono de voz, suspicaz y desdeñoso.

A mediados de la década de 1970, cuando decidí convertirme en novelista, la pregunta reflejaba la difundida idea filistea de que el arte y la literatura eran lujos en un país no occidental pobre, aquejado por problemas premodernos. También incluía la insinuación de que alguien "tan educado y cultivado como usted" podría ser más útil a la nación como médico dedicado a combatir las epidemias o como ingeniero abocado a la construcción de puentes.

En años posteriores, los que me preguntaban: "¿Para quién escribe usted?" estaban más interesados por descubrir qué parte de la sociedad era la que yo esperaba que leyera y disfrutara de mi trabajo. Sabía que esa pregunta era una trampa, porque si no contestaba: "Escribo para los miembros más pobres y oprimidos de la sociedad", me acusarían de proteger los intereses de los terratenientes turcos y de la burguesía. Y esto, a pesar del hecho de que cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para afirmar que escribía para los obreros y los campesinos recibía rápidamente la respuesta de que era muy poco probable que sus libros fueran leídos por personas apenas alfabetizadas.

Treinta años más tarde, escucho más que nunca esa misma pregunta. Pero ahora tiene más que ver con el hecho de que mis novelas se traducen a más de 40 idiomas.
Durante los últimos 10 años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que yo pueda malentender la pregunta, de manera que suelen agregar: "Usted escribe en turco. Entonces, ¿escribe para los turcos, o ahora también piensa en el público más amplio al que llega gracias a las traducciones?" Y la pregunta siempre está acompañada por la misma sonrisa suspicaz y desdeñosa, que me lleva a la conclusión de que, si quiero garantizar la autenticidad de mi obra, debo contestar: "Sólo escribo para los turcos".

Antes de ocuparnos de la pregunta en sí misma, debemos recordar que la aparición de la novela como forma de arte coincidió con la emergencia del Estado-nación. Cuando se escribían las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribían para las clases medias emergentes de sus naciones, que podían abrir los libros y reconocer cada ciudad, cada calle, cada casa, cada habitación y cada silla; podían compartir los mismos gustos y discutir las mismas ideas.

En el siglo XIX, las novelas de esos grandes autores aparecían primero en los suplementos culturales de los periódicos nacionales, pues los autores le estaban hablando a la nación. Para fines del siglo XIX, leer y escribir novelas era participar en una discusión nacional cerrada al exterior.

Pero hoy la escritura de novelas conlleva un significado diferente, al igual que la lectura de novelas literarias. Hoy, los lectores esperan un nuevo libro de García Márquez, Coetzee o Paul Auster, de la misma manera que sus predecesores esperaban la nueva novela de Dickens… como si fueran las últimas noticias. El público lector de novelistas como éstos, a nivel mundial es mucho más grande que el público al que llegan sus libros en sus países de origen.

Los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que los escritores literarios de hoy también escriben para los que los leen. De modo que las preguntas incisivas y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores reflejan cierta inquietud sobre este nuevo orden cultural que ha logrado existencia durante los pasados 30 años.

La gente a la que este orden le resulta más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales atormentados por las crisis, angustiados por su identidad nacional -y reticentes a enfrentar las zonas negras de su historia- se muestran suspicaces con los novelistas creativos que enfocan la historia y el nacionalismo desde una perspectiva no nacional. Según estos críticos, los novelistas que no escriben para su público nacional están exotizando su país para "consumo externo" e inventando problemas que no tienen una base en la realidad.

Existe una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben seguir siendo locales, puras y fieles a sus raíces nacionales. Su secreto temor es que un escritor que se dirige a un público internacional y que hace uso de tradiciones externas a su propia cultura, termine por perder su autenticidad.

Y porque todos los escritores sienten un profundo deseo de ser auténticos es que todavía me gusta que me pregunten para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor depende de su capacidad de abrir su corazón al mundo en el que vive, también depende de su capacidad de entender su propia posición cambiante dentro de ese mundo.

Vargas Llosa: Literatura llena vacío entre lo vivido y lo soñado

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

AGENCIA EFE, 5 de agosto de 2006

Vargas Llosa: Literatura llena vacío entre lo vivido y lo soñado

EFE –

El escritor peruano Mario Vargas Llosa revela, en una entrevista a Efe, que emplea "la literatura como creación para llenar ese vacío que existe entre lo vivido y lo soñado".

Vargas Llosa asegura que se siente "muy cerca" del personaje de Odiseo (Ulises), que interpreta estos días en el Festival de Teatro Clásico de la ciudad de Mérida (suroeste de España), en la obra "Odiseo y Penélope", una adaptación propia de "La Odisea" de Homero.

Odiseo, indica, posee un espíritu intrépido y aventurero que se refleja en el carácter de "fantaseador" que define al literato, a quien le gusta "la vida vivida, desde luego, pero también la vida soñada, al igual que a Odiseo, por eso ese personaje me resulta tan seductor".

Considera a Odiseo "un héroe de acción e imaginación que refleja el personaje intrépido que todos tenemos guardado dentro, alguien que sueña con aventuras extraordinarias, con conocerlo todo, todos los lugares, todos los paisajes, vivir todas las experiencias, poseer una vida más rica".

Para Vargas Llosa, su debut como actor "ha sido un sueño hecho realidad, ya que la ficción ha sido mi vida y hacer teatro significa vivir la ficción, vivir el sueño".

"Para mí es una tremenda novedad convertirme en un personaje de cuento o novela. Es un sueño hecho realidad que coincide con la propia definición del teatro, concebida como un sueño que se encarna y se vuelve realidad en un espacio y durante un tiempo determinados, pero cuando finaliza ese tiempo y se abandona ese espacio vuelve a ser sueño", manifiesta.

Vargas Llosa ha elegido al personaje con más tradición de la historia de la literatura, "el personaje de personajes", para enfrentarse a la interpretación.

El autor está "fascinado" por lo hechicero de las verdades que describe "La Odisea" de Homero y por la actualidad que hay impregnada en ella y la destreza con que está construida la historia, por "cómo los distintos puntos de vista van creando ambigüedad, misterios, suspense".

"Uno de los principales encantos del poema es que realmente no se sabe cuánto hay de cierto en lo que él cuenta, hasta qué punto la fantasía llegó a desnaturalizar las experiencias vividas o si simplemente coloreó de imaginación un fragmento de la realidad. Es realmente fascinante", afirma.

Sobre "La Odisea", cree que "un Homero del siglo XXI no lo haría igual, pese a que no le faltarían aventuras igualmente horribles y hermosas, porque se trata de un poema que recoge muchísimos mitos e historias que vagabundeaban por las orillas y las islas del Mediterráneo trescientos años antes de su creación".

Cristaliza, añade, una tradición muy rica de poesía oral y escrita, que desde su nacimiento se ha adoptado como la seña de identidad de la cultura occidental, de la que han bebido todos los escritores de la historia e, "incluso, aquellos que no han leído ningunos de sus poemas son deudores de Homero".

El arte de la novela (Henry james)

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

      No habría puesto yo un título tan amplio a estas pocas observaciones, que por fuerza están faltas de perfección, sobre una materia cuyo estudio pleno nos llevaría tan lejos, de no haber creído descubrir un pretexto para mi temeridad en el interesante folleto últimamente publicado con el mismo título por el señor Walter Besant. La forma original de este folleto fué la conferencia dada por el señor Besant en la Royal Institution. Parece indicar que hay muchas personas interesadas en el arte de la novela que no son indiferentes a esta clase de observaciones, que quienes lo practican pueden sentirse tentados a hacer. Tengo, por consiguiente, interés en no perder el beneficio de tan favorable asociación, y para meter baza con unas pocas palabras, al amparo de la atención que con seguridad ha despertado el señor Besant. Hay algo de muy animador en que este señor haya dado forma a algunas de sus ideas referentes al misterio de contar una historia.
       Es una prueba de vida y de curiosidad; de curiosidad por la parte del gremio de novelistas tanto como por la de sus lectores. Hasta hace muy poco tiempo, habría podido suponerse que la novela inglesa no era lo que los franceses llaman discutable. No parecía encerrar tras ella una teoría, un convencimiento, una conciencia de sí misma, de ser la expresión de una fe artística, el resultado de la selección y de la comparación. Yo no afirmo que estuviese por esa razón peor, forzosamente; requería un valor mucho mayor que el mío para dar a entender que la novela, tal como Dickens y Thackeray, por ejemplo, la veían, podía tacharse de incompleta. Era, sin embargo, naïf (si puedo servirme de otro vocablo francés); y, evidentemente, si estaba destinada a sufrir en forma alguna por haber perdido su naiveté, ahora tiene la idea de asegurarse las ventajas correspondientes.
      Durante el período al que me he referido, había en el extranjero una sensación, cómoda y alegre, de que una novela es una novela, tal como un budín es un budín, y que lo único que teníamos que hacer con ella era tragárnosla. Pero ha habido en el espacio de uno o dos años, por la razón que fuese, señales de que vuelve la animación, y se diría que la era de la discusión ha sido hasta cierto punto abierta. El arte vive de la discusión, del experimentar, de la curiosidad, de la variedad de intentos, del intercambio de criterios y de la comparación de puntos de vista; y existe la presunción de que las épocas en que nadie tiene nada de particular que decir acerca del mismo, y en que nadie tiene que dar una razón para explicar la práctica o la preferencia, no son épocas de desarrollo, aunque quizá sean épocas de honor; que son épocas, posiblemente, de un poco de pereza. La práctica con éxito de cualquier arte es un espectáculo delicioso, pero también la teoría es interesante; y aunque hay mucha de esta última sin la primera, yo sospecho que no ha existido jamás un éxito auténtico sin una pepita latente de convencimiento. La discusión, la sugerencia, la formulación, son cosas fertilizantes si son francas y sinceras.
      El señor Besant ha dado un ejemplo excelente diciéndonos lo que él piensa, por su parte, sobre el modo como debiera escribirse la novela, así como también sobre el modo como debiera publicarse; porque su visión del “arte” abarca esto también, en un apéndice. Sin duda que otros trabajadores en el mismo campo tomarán sin duda el argumento, le darán la luz de su experiencia, y el efecto será, sin duda, el hacer nuestro interés en la novela un poco mayor de lo que durante algún tiempo amenazó con dejar de ser: un interés serio, activo, investigador, bajo cuya protección este delicioso estudio podría, en momentos de confianza, arriesgarse a decir un poco más de lo que piensa de sí mismo.
      Debe tomarse seriamente, si quiere que el público lo tome en serio. En Inglaterra ha muerto sin duda la vieja superstición de que las novelas eran “pecado”; pero el espíritu de la misma subsiste, en cierta mirada oblicua dirigida hacia cualquier clase de historia que no reconoce, más o plenos, que es tan sólo una broma. Hasta la novela más jocosa siente en cierto grado el peso de la proscripción que antiguamente fué dirigida contra la ligereza literaria: la jocosidad no logra siempre pasar por ortodoxia. Espérase todavía, aunque la gente se avergüence de decirlo, que una producción que, después de todo, sólo es un artificio, de mentirijillas (porque ¿qué otra cosa es una novela?), será hasta cierto punto apologética; que renunciará a la pretensión de tratar verdaderamente de representar la vida.

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Bonald: \"la frontera de los géneros literarios es una trampa para q

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

PERIODISTA DIGITAL, 26 de junio de 2006

Bonald: "la frontera de los géneros literarios es una trampa para que los ineptos caigan en ella"

Europa Press

El escritor y premio Nacional de las Letras José Manuel Caballero Bonald dijo que él tiende a "eliminar las fronteras" entre los géneros literarios, ya que la novela siempre puede tener algo de poesía o de ensayo, al igual que la poesía puede ser narrativa o filosófica, y que "la frontera de los géneros es una trampa para que los ineptos caigan en ella". Asimismo, explicó, antes de inaugurar la XIX edición de los cursos de verano de El Escorial, organizados por la Universidad Complutense, que ha renunciado a escribir el libro que tenía pensado sobre la Guerra Civil "por la invasión temática que existe" en el panorama literario actual. Su intención era tratar la transición española, un tema que le preocupa mucho, pues no está de acuerdo con "decretar la historia sin culpables". "No hubo un tribunal que juzgara los crímenes del franquismo, y eso me parecía necesario. Y los crímenes del franquismo están aún por juzgar", sentenció el escritor. Además, incidió que los mestizajes culturales enriquecen en el resultado final de la propia cultura y de las lenguas, y agregó que le "da igual" que se escriba en el español de Cuba, de Chile, o en el de Andalucía o Castilla, ya que "todas las literaturas escritas en lengua española son la misma cosa". De sí mismo afirmó que se considera "tan integrado en la tradición literaria hispanoamericana como en la española". "Soy tan hijo de Juan Ramón Jiménez o de Valle-Inclán como de César Vallejo o de Rubén Darío", comentó Bonald. Con respecto a la literatura latinoamericana aseveró que ésta "ha buscado siempre exponer su propia personalidad", pero que ha habido siempre un aislamiento entre los países de latinoamérica ya que por ejemplo, "en Bolivia no saben lo que ocurre literariamente en Venezuela, y los de Cuba lo mismo con Argentina". Finalmente, suscribió las palabras del profesor José Manuel Blequa publicadas hoy en un medio de comunicación, en donde decía que "la variedad de la lengua en América es lo más importante que ha ocurrido en el español". "Me fascina recorrer desde el sur de Chile al norte de México y comprobar que existe una variedad de acordes del español fascinantes", concluyó Bonald.

www.premiosliterarios.com

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