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Archive for the 'COLUMNAS Y PRENSA LITERARIA' Category

¿De qué mueren los periódicos?

Otros tiempos

Acabo de leer un artículo, este concretamente, en el que se habla de la oficialitis como principal mal que aqueja al periodismo.  Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice pero, sin embargo, creo que la oficialitis no es más un efecto o síntoma secundario de otra enfermedad o mal principal, lo mismo que un fallo renal puede ser consecuencia de una insuficiencia cardiaca y la cantidad de medicamentos que se tuvieron que tomar para corregirlo.

Lamentablemente, tengo mucha experiencia en el asunto y les aseguro que el tema no va a de eso solamente. Y digo lamentablemente, porque tener experiencia en estas cosas te convierte en un descreído que se retrae a la hora de poner en marcha ideas alternativas, sobre todo esa clase de ideas que algunos pregonan hoy en día con todo entusiasmo sabiendo de antemano que no funcionarán.

Pero vayamos al tema: ¿de qué mueren los periódicos?

Pues de falta de lectores y de irrelevancia. La consecuencia de esto es el servilismo a los anunciantes y  las instituciones. La consecuencia, que no la causa.

Cunado un periódico de tirada nacional vende trescientos mil ejemplares diarios, significa que tiene aproximadamente un millón de lectores (ya lo explico otro día) y no depende del anuncio de El Corte Inglés, el Banco de Santander o la Dirección General de Tráfico para cuadrar sus cuentas. En esa situación, la publicidad se cotiza alto por su alta difusión, y el periódico tiene dinero para investigar e independencia para publicar sus resultados. Cuando un periódico vende trescientos mil ejemplares, es el político el que se pliega a sus preguntas en las ruedas de prensa y no aplica la pantomima burlesca de las ruedas de prensa sin preguntas, porque de lo contrario se encuentra al día siguiente con el titular que yo mismo escribí en los años noventa: “Don Fulano de Tal dio una rueda de prensa, no respondió a nuestras preguntas y no tomamos nota de lo que dijo, por lo que no podemos informarles”.

¿Qué os creéis, que como director hice eso por chulo o por torero? No. Lo hice porque podía. Lo hice porque al día siguiente tuve a Don Fulano de Tal explicando lo divino y lo humano a página completa, con dos fotos. Lo hice porque tenía el suficiente número de lectores para que a Don Fulano de Tal le preocupase la imagen que daba en mi medio.

Cuando los periódicos dejan de vender ejemplares porque los lectores se pasan al gratis de internet, los políticos y los anunciantes ven llegada la hora de imponer sus condiciones. Seguimos teniendo lectores, puede que más aún, pero ya no tenemos un duro, por lo que empezamos a necesitar sus campañas y sus anuncios institucionales para sobrevivir. Y entonces pueden permitirse imponer la agenda, hacer ruedas de prensa sin preguntas y dictar los contenidos. Tener más lectores pero no tener ingresos acaba con la investigación, con la independencia y con cualquier atisbo de capacidad de presión. Y ahñí es donde la sociedad deja de estar informada y la democracia se corrompe completamente, falta del contrapeso de una prensa libre.

Los que dicen que se pueden mantener perfectamente informados a través de los blogs y los foros puede que tengan razón, pero se olvidan de una diferencia:  una investigación seria cuesta mucho dinero. Tener a un periodista cubriendo las reuniones municipales, cuesta dinero. Y si se sustituye a ese periodista, con veinte años de experiencia y de contactos, por un becario o un bloguero, informará igual de lo que ve en la superficie, pero será incapaz de profundizar en los entresijos de los asuntos, no le contarán nada, no sabrá nada que no quieran que sepa y acabará escribiendo artículos llenos de frases oficiales, tópicos, obviedades y alabanzas al poder, incluso aunque no quiera.

A menudo se dice que los medios de comunicación deben buscarse un modelo alternativo de negocio, una vez que las nuevas tecnologías han agotado los anteriores. Es cierto. Y lo han hecho: como la prensa seria no da dinero, el nuevo modelo de negocio es alabar a los que tienen el dinero, callar cuando te mandan callar, repetir como loros lo que dicen los políticos y esperar subvenciones y campañas institucionales. Ese es el nuevo modelo de negocio, y los que se quejan de él deben comprender que si leen el periódico gratis en internet, a veces incluso bloqueando la publicidad, lo único que pueden obtener es publicidad.

Porque en prensa es ley: por los contenidos, pagas. Y si no pagas, lees publicidad. Aunque sea publicidad sobre tu ciudad, sobre tu ayuntamiento, sobre tus representantes, o sobre los sucesos callejeros, pero publicidad al fin y al cabo. La información gratis no es posible: o pagas por ella, o te comes el anuncio que ponga el que paga.  Y los anuncios que ponen los políticos y los grandes empresarios no siempre lo parecen así que, de veras, era mejor pagar un euro por el periódico con anuncios de bragas que consumir gratis un periódico en el que todas las páginas son publireportajes de modos de ver la vida, motos políticas y verdades a medias.

PROGRAMA XXIV EDICION DE LA SEMANA NEGRA

Semana negra 2011

Viernes

, 22 julio

Salida del Tren negro de Madrid, mesa redonda y conferencias a bordo.

Recepción a los participantes de la Semana Negra en Mieres

Llegada del Tren Negro a Gijón

17:00 Apertura del recinto de la SN. Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

22:30 Concierto en el Escenario Central: Javi y Los Paramétricos

Sábado, 23 julio

11:30 Fallo del jurado II Poesía serie B (Hotel Don Manuel)

17:00 Apertura del recinto de la SN. Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

17:00 Tertulia: “De la fantasía al terror” con la participación de Elia Barceló, Juan Miguel Aguilera, Rafael Marín, Susana Vallejo,  Rodolfo Martínez, José Luis Zárate, Alberto López Aroca, Carlos Sisi, Javier Márquez, José Antonio Cotrina, modera Jorge Iván Argiz (Carpa del Encuentro)

18:00 Charlando con Laura Gallego con Jorge Iván Argiz (Carpa del Encuentro)

18:00 Charlando con Rafael Marín con Rafa González (Carpa AQ)

18:30 Charlando con  Rodolfo Martínez con Paco Ignacio Taibo II (Carpa AQ)

19:00 Presentación de “La hora del recreo” con Carlos Spottorno, Rosa Regás, Fernando Marías y Ricardo Menéndez Salmón (Carpa del Encuentro).

19:00 Presentación de “Necrópolis” de Carlos Sisi con Germán Menéndez (Carpa AQ)

20:00 “Quién mató al ayatola Kanuni” de Naïri Nahapétian con Martin Roberts (Carpa del encuentro)

19:30 Presentación de “Los pingüinos también se ahogan” de Steve Redwood con Elia Barceló (Carpa AQ)

20:00 Presentación de “¿Qué me pasa Ntumba, cuentos sobre enfermedades olvidadas” de Feli Ibáñez con Laura Castañón (en Colaboración con Médicos sin Fronteras) (Carpa AQ)

20:30 Presentación Anticipada. “Cabaret Pompeya” de Andreu Martín con Paco Ignacio Taibo II (Carpa AQ)

21:15 presentación  de “El verano de los juguetes muertos” de Toni Hill con Paco Camarasa (Carpa AQ)

21: 00 Presentación Carmen Posadas “Invitación a un asesinato” con Fernando Marías (Carpa del Encuentro)

21:45 Presentación de “Diástole” de Emilio Bueso con Cristina Macia. (Carpa AQ)

21:45  Charlando con Hiber Conteris con Germán Menéndez y Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Ecuentro)

22:30 Concierto en el Escenario Central: Nixon

00:00 En colaboración con Laboral Centro de Arte: “Black Wedding”  con Annie Sprinkle y Beth Stephens (Carpa del Encuentro)

Domingo, 24 julio

17:00 Apertura del recinto de la SN. Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

17:00 Tertulia: “De la fantasía al terror” con la participación de Elia Barceló, Juan Miguel Aguilera, Rafa Marín, Susana Vallejo, Sergi Viciana, Rodolfo Martínez, José Luis Zárate, Javier Márquez, José Antonio Cotrina, López Aroca (Modera Jorge Iván Argiz)

18:00 Charlando con José Luis Zárate con Rodolfo Martínez (Carpa del Encuentro)

18:00 Presentación cruzada Javier Márquez y Susana Vallejo con Cristina Macía (Carpa AQ)

18:45 En torno a “Valentina en blanco y negro” de Guido Crepax con Caterina Crepax y Ángel de la Calle, con regalo del Catálogo (Carpa del Encuentro)

19:00 Presentación de “Los zombis de Camford” de Alberto López Aroca con Cristina Macia (Carpa AQ)

19:30 Charlando con Ramsey Campbell con Jorge Iván Argiz (Carpa del Encuentro)

19:30 Presentación de “12 balas de cañón” de Rafael Martínez Simancas con PIT II (Carpa AQ)

20:30 Presentación del Premio Minotauro “Ciudad sin Estrellas” de Montse de Paz (Jorge Iván Argiz) (Carpa del Encuentro)

20:15 Presentación de “Tijuana crimen y olvido” de Luis Humberto Crosthwaite con Fritz Glockner (Carpa AQ)

21:00 Presentación “Dicen que estás muerta” de María Zaragoza con Nacho Guirado (Carpa AQ)

21:15 Presentación de “Dime algo sucio” de Diego Ameixeiras con Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Encuentro)

22:30 Concierto en el Escenario Central: La Tarrancha

Lunes, 25 julio

11:00 Inauguración de los Talleres Literarios de la Semana Negra.

17:00 Apertura del recinto de la SN. Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

17:00 Tertulia: “Hacia una nueva novela de aventuras” con Alfonso Mateo Sagasta, Juan Esteban Constaín, Rafael Marín, Juan Miguel Aguilera, Héctor de Mauleón, Elia Barceló, Javier Márquez Sánchez, Fernando Marías, Jesús del Campo, Kike Ferrari, modera Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Encuentro)

18:00 Charlando con Melinda Gebbie, con Cristina Macía. (Carpa del Encuentro)

18:00 Presentación de “El retorno de los Tigres de la Malasia” de Paco Ignacio Taibo II, con Ricardo Menéndez Salmón. (Carpa AQ)

19:00 Presentación cruzada, La novela de aventuras. Angus Donald: Robin Hood” y Mark Keating: “Devlin, el pirata” (Carpa del Encuentro)

19:00 Presentación El juego de los niños, de Juan José Plans con Jesús Palacios (Carpa AQ)

19:30 *** (AQ)

20:00 Presentación de “Marca de sangre” de Héctor de Mauleón con Paco Ignacio Taibo II  (Carpa del Encuentro)

20:00 Presentación “El silencio se mueve” de Fernando Marías, con Fernando Marías (Carpa AQ)

20:30 Presentación “Caminarás con el sol”, de Alfonso Mateo Sagasta con Paco Ignacio Taibo II ( Carpa del Encuentro)

21:00 Charlando con Juan de Dios Garduño y Miguel Ángel Vivás  modera Jorge Iván Argiz (Carpa AQ)

21:30  Presentación “¡Calcio!” de Juan Esteban Constaín, con Paco Ignacio Taibo II. (Carpa del Encuentro).

22:30 Concierto en el Escenario Central: Pauline en la Playa.

Martes, 26 julio

17:00Apertura del recinto de la SN. Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

17:00 Tertulia: “Hacia una nueva novela de aventuras” con Mateo Sagasta, Rafael Marín, Elia Barceló, Javier Márquez Sánchez, Elia Barceló, Luis Humberto Constaín, Héctor de Mauleón, Kike Ferrari, Jesús del Campo, Eduardo Monteverde, modera Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Encuentro)

18:00 Presentación “Mucha Muerte (Max Aub)” de Pedro Tejada con Alejandro Gallo (Carpa AQ)

18:00 Charlando con Eduardo Monteverde: “Una historia épica de la medicina” con Ángel de la Calle y Miguel Barrero (Carpa del Encuentro).

18:24 “Lecura en imágenes de Federico Sánchez se despide de ustedes” de Germán Menéndez. (Carpa AQ)

18:30 II Premio Poesía Serie B. (Carpa AQ)

19:00 “24 años después, un homenaje a nuestros fundadores” con Juan Cueto y Tini Alvarez Areces. Modera Alejandro Ortea (Carpa del Encuentro)

20:00 Charlando con Jason Goodwin, con Alfonso Mateo-Sagasta (Carpa del Encuentro)

20:00 Presentación de “Operación Drácula” de Pilar Sánchez Vicente con Alejandro Gallo (Carpa AQ)

20:30 Charla “Darwin regresa” con David López, José Fonollosa con Jorge Iván Argiz (Carpa AQ)

21:00 Presentación de “Viejos Amores” y “Brigada Central” de Juan Madrid con Paco Ignacio Taibo II y Paco Camarasa (Carpa del Encuentro)

21:00 Presentación de “El primer viaje del Che al exterior” de Omar Fernández Cañizares con Jesús Montes, con la colaboración de Izquierda Unida de Gijón (carpa AQ)

22: 00 ***(Carpa AQ)

22:30 Concierto en el Escenario Central: Xera

Miércoles, 27 julio

14: 00 Espicha para los invitados a la XXIV Semana negra en el Merendero Cortina.

17:00 Apertura del recinto de la SN. Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

17:00 Tertulia: “Hacia una nueva novela de aventuras” con Fermín Goñi, Jesús Martín del Campo, Elia Barceló, Mateo Sagasta, Luis Humberto Constaín, Héctor de Mauleón, Kike Ferrari, Eduardo Monteverde, Rafael Marín, modera Paco Ignacio Taibo II con el regalo de la anticipación de la próxima novela de Fermín Goñi (Carpa del encuentro).

18:00 Presentación de “Mitología de Nueva York” de Vanessa Monfort con Jorge Iván Argiz (Carpa del Encuentro)

18:00 Charlando con Fernando Iwasaki con Patricia Esteban Erlés (Carpa AQ)

18:30 Presentación de “Confesiones de un gangster” con Daniel Rojo. Presenta Carlos Quilez (Carpa del Encuentro)

18;45 Presentación de “El alcalde del crimen” de Francisco Balbuena con Alfonso Mateo-Sagasta. (Carpa AQ)

19:15 Presentación adelantada con Gisbert Haefs, con Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Encuentro)

19:30 Presentación de “Un mal paso”, de Alejandro Pedregosa con Jesús Lens (Carpa AQ)

20:00 Presentación. “El armario de los monstruos: otro panorama del terror en España” con Ángel Luis Sucasas, Miguel Aguerralde, Darío Vilas, Pedro Escudero, Juan de Dios Garduño, modera Cristina Macia (Carpa del Encuentro)

20:00 Presentación de “El manuscrito de nieve” de Luis García Jambrina con Alfonso Mateo Sagasta (Carpa AQ)

20:45 Presentación de “La luz es más antigua que el amor” de Ricardo Menéndez Salmón, con Ángel de la Calle (Carpa) AQ

21:00 Charlando con Dennis Lehane, con Paco Camarasa (Carpa del Encuentro)

22:00 Fuego de Campamento: Contando historias de terror. Con Patricia Erlés, Fernando Iwasaki, José Luis Zárate, Elia Barceló (Carpa del Encuentro)

22:30 Concierto en el Escenario Central: Los Berrones

Jueves 28, de julio

13:00 Aperitivo para los autores participantes, con la colaboración de las Bodegas Urabaín

17:00 Apertura del recinto de la SN – Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

17:00 Tertulia. “La cruda realidad” con Jon Arretxe, Sebastián Rutés, Juan Ramón Biedma, Juan Bolea, Goran Tocilovac, Hiber Conteris, Cristina Fallarás, Fernando Martínez Laínez, Manu Manzano, José Javier Abásolo, Noemí Sabugal, Ignacio del Valle, Nacho Guirado, Antonio Jiménez Barca, Javier Calvo, Alejandro Gallo, Luis Humberto Crosthwaite, Marcelo Luján, Pablo Sebastiá, Miguel Ábgel Molfino, Cruz Morcillo, Pablo Muñoz, moderan Raúl Argemí y  Cristina Macia (Carpa del Encuentro)

18:00 Presentación “Sueños de Tánger” de Jon Arretxe con Miguel Barrero (Carpa AQ).          

18:50 Premio Novelpol (Carpa del Encuentro)

18:00 Mesa Redonda “La Mafia rusa en España” con Carlos Quílez, Rogelio Grajal, Cruz Morcillo y Pablo Muñoz (Carpa de Encuentro)

18:30 Charlando con Kike Ferrari con Paco Ignacio Taibo II (Carpa AQ)

19:00 Presentación de “Fácil de matar”, de Maruja Torres con Cristina Macia (Carpa del  Encuentro)

19:00 Presentación de “Mafia Export” de Francesco Forgione con Carlos Quílez (Carpa AQ)

19:45 Mesa Redonda. “Hijos de Mary Shelley” con Fernando Marías, Félix J. Palma, Patricia Esteban Erlés, José Carlos Somoza (Carpa del Encuentro)                     

20:00 Presentación de “Los horrores del escalpelo” de Daniel Mares con Cristina Macia (Carpa AQ)

20:30 Presentación de “El Chef ha muerto de Yanet Acosta con Martin Roberts y Marcos Morán (Carpa AQ)

20:45 Presentación de “Monstruos perfectos” de Miguel Ángel Molfino con Raúl Argemí (Carpa del Encuentro)

21:00 Presentación de “Secreto de estado” de Pablo Sebastiá con Nacho del Valle (Carpa AQ)

21:30 Presentación de “Los libros de plomo” de Fernando Martínez Lainez, con Noemí Sabugal (Carpa AQ)

21:30 Presentación de “El blanco círculo del miedo” de Rafael Escuredo, con J. R. Biedma (Carpa del Encuentro)

22:00 Presentación cruzada: “La melancolía de los Hombres pájaros” de Juan Bolea y “Los escarpines de Cristina de Noruega” de Cristina Sánchez Andrade (Carpa AQ)

22:00 Presentación de “La botella del náufrago” de Antonio Jiménez Barca con Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Encuentro)

22:30 FyP Conferencia (Carpa AQ)

22:45 Presentación de “El Valle de las sombras” de JerónimoTristante con Juan Ramón Biedma, Carlos Sálem y Pedro de Paz (Carpa del Encuentro)

22:30 Concierto en el Escenario Central: Capitán Cavernícola Blues Band (Concierto Pepsi)

Viernes, 29 julio

11:00 Fallo de los premios literarios de la Semana Negra (Hotel Don Manuel)

17:00 Apertura del recinto de la SN – Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.                   

17:00 Tertulia. “La cruda realidad, del policiaco a la no-ficción”. Con  Hiber Conteris, Manu Manzano, Sebastián Rutés, Juan Ramón Biedma, José Carlos Somoza, Juan Bolea , Miguel Ángel Molfino, Cristina Fallarás, Fernando Martínez Laínez, Noemí Sabugal, Luis Humberto Crosthwaite, Ignacio del Valle, Nacho Guirado, Benjamín Prado, Marcelo Luján, Javier Calvo, moderan Raúl Argemí y Cristina Macia (Carpa del Encuentro),

18:00 Charlando con Almudena Grandes, con Miguel Barrero (Carpa del Encuentro)

18:00 Presentación de “La voz de los muertos”, de Julián Sánchez con Paco Camarasa (Carpa AQ)

18:30 Presentación de “Corona de Flores” de Javier Calvo con Raúl Argemí  (Carpa AQ)

18:45 Presentación de “Aquelarre”. Juan José Plans, José Carlos Somoza, J.R. Biedma, Ismael Martínez Biurrún con Cristina Macia y Jorge Iván. (Carpa del Encuentro)

19:00 Presentación de “Putas de Babilonia” de Ian Watson, con José Carlos Somoza (Carpa del Encuentro) (Carpa AQ)

19:30 Presentación de “Simpatía por el relato”. Del rock a la literatura, con Pablo Tamargo, Agnes, Felipe Zapico, Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez (Carpa del Encuentro)

19:30 Presentación de “Los que hemos amado” de Willy Uribe por Cristina Macía (Carpa AQ)

20:00  Presentación de “Frío de muerte” de Manuel Nonídez con José Manuel Estébanez (Carpa AQ)

20:15 Presentación cruzada Esteban Gutiérrez+ Patxi Irurzun con Cristina Macia (Carpa del Encuentro)

20:30 FyP Conferencia  (Carpa AQ)

20:45 Presentación de “Lágrimas en la lluvia” de Rosa Montero con Fernando Marías y Laura Castañón (Carpa del Encuentro)

21:15 FyP Conferencia (Carpa AQ)

21:30 Presentación de “El torturador arrepentido” de Carlos Salem, con Cristina Macia (Carpa del Encuentro)

22:00  Presentación cruzada Martínez Biurrún/”Mujer abrazada a un cuervo” / Jorge Carrión/ “Los muertos” con Cristina Macia (Carpa del Encuentro) (Carpa AQ)

22:00 Presentación de “Operación Gladio” de Benjamín Prado con Alejandro Gallo (Carpa del Encuentro)

22:30 FyP Mesa Redonda (Carpa del Encuentro)

22:30 Concierto en el Escenario Central Simpatía por el relato. Black Horde y Lilith

23:30 FyP Audiovisual (Carpa del Encuentro)

00:30 Velada Poética. Con Luis García Montero, Joaquín Sabina, Benjamín Prado (Carpa del Encuentro)

Sábado, 30 de julio

16:30 Apertura del recinto de la SN – Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

16:30 Tertulia. “Y el cómic va” Marta Cano, Jesús Alonso Iglesias, Enrique Corominas, Toledano y Robledo, Ana Merino, Quim Pérez, Martín Pardo, Miguelanxo Prado, Pepe Gálvez, Norman Fernández, Jorge Iván Argiz, Joan Mundet, Jesús Moreno, Kiko Da Silva, Ricardo Esteban, Troubs, Enrique Vegas, Pere Joan modera Ángel de la Calle.

17:30 Presentación de “La mancha negra” de Manuel Sánchez Dalama con Paco Camarasa (Carpa del Encuentro)18:00 Presentación. J.M. Mulet: “Alimentos naturales ¡Vaya timo!” con Mauricio Schwarz. (Carpa AQ)

18:00 Presentación. “Nocilla dream”de Pere Joan con Ángel de la Calle (Carpa del Encuentro)

18:30 Presentación. “Viva la vida” de Baudoin y Troubs presentan Ángel de la Calle y Paco Ignacio Taibo II (Carpa del Encuentro)

19:00 Los Salvajes. Presentación Cruzada Cristina Fallarás /”Las niñas desaparecidas” – Juan Ramón Biedma/”Antiresurrección”, modera Cristina Macía (Carpa del Encuentro)

19:00 Presentación “Miguel B. Núñez” de Pepe Gálvez, Alfons López y Joan Mundet presenta Norman Fernández (Carpa AQ)

19:30 Presentación de “Ken games” de Toledano y Robledo y “Silhouette” de Jesús Alonso Iglesias con Jorge Iván Argiz (Carpa de AQ)

19:45 Presentación de “La vida y las muertes de Ethel Jurado” de Gregorio Casamayor con Ángel de la Calle y Miguel Barrero (Carpa del Encuentro).

20:00 Presentación de “Thorr”, “Capitán Cabezón” y “Leinad” de Enrique Vegas presenta José Manuel Estébanez (Carpa AQ)

20:15 Presentación de “Todo es silencio” de Manuel Rivas, con Laura Castañón (Carpa del Encuentro)

20:30 Presentación de “La solidaridad con el juez Garzón” con José Antonio Martín Pallín, Jaime Ruiz Reig, Francisco Prado Alberdi y Alejandro Gallo  (Con la colaboración de la Fundación Muñiz Zapico) (Carpa AQ)

21:00 Presentación de “Punto de Fisión” de David Torres con Cristina Macia (carpa del Encuentro)

21:10 Presentación de “El sueño de los dioses” y “El corazón de Dramorea” de Javier Negrete con Juan Miguel Aguilera y Jorge Iván Argiz (Carpa AQ)

21:30 Presentación y regalo del libro Pepsi, La Frontera (Carpa del Encuentro) con Ian Watson, Milo Krmpotic, Miguel Barrero, Juan Miguel Aguilera, Melinda Gebbie, Jesús Alonso Iglesias, Enrique Corominas, Vanessa Montfort, Pedro de Paz, Kiko Da Silva, Juan Esteban Constaín, Kike Ferrari, Manuel Robledo y Marcial Toledano, Enrique Vegas, Marta Cano, Baoudoin y Troubs, Gregorio Casamayor, Ismael Martínez Biurrún, José Luis Zárate, Willy Uribe, Félix de la Concha, Ana Merino, Pere Joan, Kim Pérez, Pepe Gálvez, Joan Mundet. Carlos Salem, Raúl Argemí, Ángel de la Calle, Paco Ignacio Taibo II

22:00 FyP Mesa Redonda (Carpa del Encuentro)

23:00 FyP Audiovisuales (Carpa del Encuentro)

22:00 Firma libro Pepsi (Carpa AQ)

22:30 Concierto en el Escenario Central Stormy Mondays(Concierto Mahou)

Domingo, 31 julio

12:00 Ceremonia de Clausura de la XXIV edición de la Semana Negra (Carpa del Encuentro)

17:00 Apertura del recinto de la SN – Feria del libro, exposiciones, atracciones de feria, terrazas, música en el recinto, mercadillo interétnico.

Visita guiada expo “Noches eléctricas”.

Más información en http://www.semananegra.org/

Contacto Semana Negra: 985160934.

El periodismo se perdió el respeto a sí mismo.

David Simon (Washington DC, EEUU, 1960) habla sobre periodismo con el cariño, la vehemencia y la claridad de quien ama profundamente esta profesión. De quien nunca ha dejado de sentirse como aquel reportero que durante años pateó las comisarías de Baltimore (Maryland, EEUU) en busca de historias que alguien siempre prefería mantener ocultas.

Curiosamente, su relato más famoso de la realidad lo hizo desde la ficción, años después de dejar el diario The Baltimore Sun. La serie de televisión The Wire (HBO), de la que es creador, guionista y productor, alcanzó el reconocimiento mundial por contar una historia local de corrupción, drogas y periodismo en la que subyacen elementos tan intemporales como universales.

Pero su paso por la televisión no le ha hecho olvidar la prensa. En su artículo Construyan el muro,  Simon hace un llamamiento desesperado a los principales editores de Estados Unidos para que empiecen a cobrar por sus periódicos en la red, como único medio de salvar las redacciones. Y habla sobre la industria de la información sin sentimentalismos, sin concesiones al drama y sin miedo, como quien escribe una buena crónica de sucesos en la que la víctima no son los periodistas sino el periodismo.

A usted le gusta decir que ‘The Wire’ se parece a una tragedia griega. ¿A qué se parece la crisis de los periódicos?

[Risas] La idea de tragedia griega podría extenderse también a los periódicos. Los dioses malévolos podrían ser Wall Street o los inversores de capital. En mi país, y creo que es así en todo el mundo, los periódicos empezaron a destriparse mucho antes de que apareciera Internet. Yo dejé The Baltimore Sun con otros reporteros en la tercera ronda de recortes de este periódico, en 1995, antes de que la Red supusiera una amenaza. A alguien en Wall Street se le ocurrió que podía hacerse más dinero publicando periódicos malos que publicando periódicos buenos, así que recortaron costes, redujeron la redacción y cubrieron menos asuntos para tener más beneficios. E hicieron esto en casi todos los periódicos del país, salvo tal vez en The New York Times y en The Washington Post. Cuando llegó la Red, los periódicos estaban tan destripados que no pudieron ni protestar y empezaron a regalar su producto, lo que supuso un error terrible. En una tragedia griega, el fallo suele residir en el protagonista, quien acarrea un defecto inherente exacerbado por los sucesos o por los dioses. Creo que esto bien vale para los periódicos y no es una mala analogía la que usted sugiere.

¿Por qué cree que su artículo ‘Build the wall’ levantó tantas críticas en Internet?

Porque muchos viven en la falsa ilusión de que pueden reemplazar el periodismo. Y es muy arriesgado creerse que el periodismo amateur es mejor que el que hacen los profesionales. Creo que están muy involucrados emocionalmente en la idea de hacer el trabajo de los periodistas. Y es gracioso, porque cuando expresan su enfado suelen acabar con un “Usted no sabe de Internet”. Y mi respuesta suele ser: “Usted no sabe de periodismo”. El periodismo, cuando se practica adecuadamente, es un acto increiblemente delicado, ético y exigente de tiempo que requiere conocer un asunto, mantener las fuentes, saber qué usar y qué no usar de estas fuentes, volver cada día para saber qué es nuevo y relevante en la institución que estás cubriendo y escribir de un modo sofisticado que a la larga desvele cosas complicadas sobre esa institución. Es algo que no puede hacerse desde el cuarto de estar, sino desde la calle y con llamadas telefónicas. La mejor gente que he conocido lo hacía, y cubría las instituciones durante ocho, nueve o diez años. En los periódicos de hoy en día, los reporteros con 10, 15 o 20 años de experiencia se han ido y no confío en que vayamos a descubrir lo que deberíamos descubrir en el ayuntamiento, en el departamento de policía o en el sistema escolar porque el reportero de 24 años que lo cubre lleva sólo seis meses.

La industria de los periódicos se ha despreciado a sí misma y a su producto, e Internet ha reconocido ese desprecio y lo ha duplicado. De vez en cuando, alguien con un interés especial en un determinado asunto destaca algo que llama la atención de los medios que lo cubren. Pero la idea de que un puñado de blogueros independientes pueda preocupar a un alcalde, a un comisario de policía o al administrador de una escuela… Mire, los periódicos eran poderosos porque llegaban a un cuarto de millón de puertas al día de siguiente, y esto importaba mucho a la gente que cubrían. Era algo por lo que había que sentir miedo, y no pena, pero ya no es así. ¿Qué jefe de policía se va a preocupar de lo que diga un bloguero?

Estoy muy contento con la democratización que ha traido Internet. Y por la opinión que ha traido, pues la Red es magnífica para la opinión. Pero para el periodismo de primera línea es una broma.

Pero ¿por qué un lector entiende el valor de una llamada de teléfono y no de un artículo? ¿De quién es el fallo: de los periodistas, de los lectores…?

El fallo está en todos, pero yo culpo especialmente a los capitanes de la industria de los periódicos. Cuando llegó el momento crítico, confundieron Internet con un soporte publicitario más, cuando de hecho era el sistema de distribución del futuro. Siempre se ha pagado por el periódico. A veces estaba subsidiado por la publicidad, que aportaba la principal fuente de ingresos, pero ¿quién recibía gratuitamente un periódico en la puerta de su casa? Todo el mundo pagaba por él. En Baltimore se paga 15 dólares a la semana y 4 más por la edición del domingo. ¿Qué loco, aparte de los editores de prensa, pensó que podía regalar su producto en Internet y la gente seguiría comprando el periódico? Es tan cósmicamente estúpido que sólo inspiró a los que pensaban así. Todos los periódicos de Estados Unidos se apuntaron a esta cabalgada y abrieron la puerta de la cuadra al caballo. Ahora se necesitaría un acto singular de coraje para meterlo de vuelta en la cuadra y decir “No, cuesta dinero mandar periodistas a Faluya, Berlín, Londres, Washington y Madrid. Cuesta dinero cubrir el mundo, y necesitamos una fuente de ingresos, necesitamos cobrar por ello”.

Otro asunto es que su visión de la industria de los periódicos parece paralizada por su pasado. En los últimos 40 ó 50 años, nadie hizo dinero con la distribución. Cuesta demasiado hacer llegar el periódico hasta la puerta de casa: cortar el árbol, imprimir las noticias, pagar las imprentas, pagar a los impresores, pagar los camiones, pagar la gasolina…Perdían dinero distribuyendo el periódico. Así que durante mucho tiempo nadie consideró la distribución como una fuente de ingresos posible para el periodismo, y sólo se preocuparon de la publicidad. Pero Internet es muy distinta, no tiene costes de distribución y si consiguieras que alguien te pagara sólo la mitad de lo que cuesta hacer llegar el periódico a la puerta de casa, todo eso sería puro beneficio. Pero estos chicos no pudieron verlo porque desde hace medio siglo la distribución no ha sido otra cosa que un coste. Estaban tan concentrados en la publicidad que no pudieron ver el futuro.

Los periódicos pueden resolver esto. Nuevos sitios web que surjan en las ciudades para cubrir lo que hasta ahora no se ha cubierto, de manera modesta, y también grandes periódicos. Digamos que si quieres saber lo sucede en Baltimore, Filadelfia o San Luis, puedes pagar unos dólares al mes y eso sufragará la plantilla de reporteros y camarógrafos. Está empezando, será muy lento y el principal daño es que han perdido la oportunidad cuando estaban mejor preparados para hacerlo.

¿Cómo puede un periódico nuevo sobrevivir en este escenario de pago?, ¿puede cobrar por sus noticias?

No estoy familiarizado con la dinámica de España, así que usted deberá hacer la analogía adecuada, pero en mi país, The Washington Post y The New York Times son las empresas informativas predominantes. Les siguen Los Angeles Times y The Wall Street Journal, a pocos pasos. En esos cuatro periódicos está casi toda la cobertura nacional e internacional.

Si todos ellos, sobre todo los dos primeros, decidieran que a partir del 1 de septiembre cobrarían por la edición digital y dijeran: “Puedes tener el periódico en casa o puedes tenerlo en la red por la mitad de precio, pero si no pagas por ello, no lo tendrás gratis. Y tampoco lo tendrá AP ni Reuters ni ninguna otra agencia” eso cambiaría las cosas. “El periodismo de The New York Times es esencial todavía y no puede ser replicado por internet, así que vamos a cobrar por él”. Si el Times y el Post lo hicieran, eso salvaría el periodismo. Si además el Baltimore Sun perteneciera la cadena de periódicos de The New York Times, podría decir: “Vamos a dar toda la cobertura local, de negocios, de deportes… y además, como miembros del consorcio, la cobertura nacional e internacional”, podrían cobrar también y esto salvaría la industria. Pero esto requeriría una postura de fuerza por parte del Times y el Post.

Algunos modelos apuntan a un periodismo financiado por la filantropía o incluso por el dinero público. ¿Qué piensa de ellos?

Me encantaría verlo, pues creo en el periodismo sin ánimo de lucro. Hay muchos sitios web que cubren zonas regionales y contratan periodistas profesionales, mesas de redacción, editores… pero a mí no me importa conservar los periódicos per se. Veo la imprenta como un anacronismo y llevar el periódico a las puertas de las casas debería formar parte del pasado. Internet es el sistema de distribución del futuro.

En lo que yo creo es en la redacción. Los blogs no tienen redacción, sino individuos. A veces intentan ser muy rigurosos con la información que publican, pero no están en una habitación con otras personas que evalúan su trabajo. Las mejores decisiones que yo he visto en el periodismo tenían que ver con las historias que alguien decidió no publicar, porque estaban mal fundamentadas o mal cubiertas. La redacción no sólo promueve el buen periodismo, por medio de editores experimentados que pueden enfocar tu trabajo mejor de lo que lo haría un solo individuo, sino también impide que alguien publique algo estúpido o malo. Es algo que sucede todos los días en las redacciones en las que yo crecí, y que no sucede en Internet.

Creo en la conservación de las redacciones y creo que la filantropía podría mantenerlas, pues lo único que debería financiarse es la plantilla. Ya no hay que pagar por las rotativas, los camiones o la gasolina, sólo hay que pagar a los reporteros y editores que trabajan en una habitación para cubrir una ciudad. Será más difícil conseguirlo mientras los dinosaurios, los periódicos medio vacíos, todavía existan, pero creo en ello.

Creo en ello, igual que no creo en Wall Street ni en que hayan aprendido una sola lección sobre lo que han hecho no sólo a los periódicos sino a un montón de industrias en aras de la consecución de un beneficio a corto plazo a costa de la salud a largo plazo. Las estructuras financieras de mi país han destruido cualquier cosa a cambio de un buen beneficio trimestral. Y lo han hecho una y otra vez, vendiendo mierda a la que llamaban oro. Este vender mierda por oro ha arruinado la industria de la automoción, la industria de los periódicos… si pueden conseguir un dólar haciendo el producto peor o incluso destruyéndolo, lo conseguirán.

Si algún modelo con ánimo de lucro se las arregla para conseguir nuevas fuentes de ingresos en Internet, si consiguen cobrar por su producto en mi país, creo que los dueños de periódicos irían a Wall Street, donde algún analista les diría “Bien, volvéis a hacer dinero: ahora cortad aquí y allá…”, pero no les diría que reinvirtieran ese dinero en hacer su producto mejor: contratar más reporteros, mejores editores, pagarles mejor, repartir beneficios, volver a hacer una carrera del periodismo, establecer un grado de profesionalización del periodismo que les inspire… Wall Street sólo mirará los ingresos y les dirá “¡Reduce costes y coge los beneficios. ¡Coge los beneficios!”.

Volviendo a la idea de la tragedia griega, el pecado original de casi todos los protagonistas de esta historia es que sus compañías salieron a Bolsa. Ya no son propiedad de familias, ya no reportan ningún beneficio a la comunidad y sólo cambiarán por lo que diga un analista de Wall Street.

¿Qué tipo de periodistas necesitarán las redacciones de esta nueva era: más periodistas como ‘Gus’ Haynes, más cazadores de noticias, más profesionales…?

Yo sólo creo en los profesionales y en el periodismo como carrera. Mis primeros años cubriendo la policía fueron primitivos: creí que bastaba con tener una idea y cubrirla. Pero entender el crimen, la guerra de la droga, el departamento de policía o cómo las estadísticas pueden ser fabricadas para mentir me costó años. Me costó años trabajando con gente mejor que yo, más experimentada y que habían visto mucho antes lo que yo entonces veía. Y tenía que estar en la redacción con ellos. La memoria institucional es uno de los bienes más valiosos de un periódico. Y eso es precisamente lo que te ofrece una redacción: memoria institucional.

Estaba rodeado por gente más inteligente que podía advertirme de cosas que seguir, y eso es tan valioso. Era un reportero de calle y aunque no me hice rico pude formar una familia, criar un par de chicos, tener una hipoteca , vivir bien y sentir que hacía algo con sentido en mi vida.

Creo en el periodismo como profesión. Los amateurs pueden opinar sobre el trabajo de los profesionales, y de vez en cuando aprender algo y levantar una historia, lo cual está muy bien. Cuanto más, mejor. Pero no puedes depender de aficionados para cubrir la actualidad todos los días. Ni para cubrir lo que es un rollo. Porque la mayor parte de las cosas importantes de nuestra sociedad suelen ser aburridas y necesitamos que alguien las cubra. Como la junta de urbanismo de una ciudad americana. Allí se dice dónde irá el dinero, cómo se gastará y cómo será la ciudad dentro de unos años, pero no ves a blogueros cubriéndolo de forma sistemática, y deberían estar allí los periódicos. Y nadie los echará en falta hasta que un día nos levantemos y veamos un bar de estriptís al lado de una escuela. [Risas]. Entonces sabremos que alguien no estaba cubriendo la junta de urbanismo.

Estuve en una mesa redonda con Arianna Huffington, de The Huffington Post, y la escuché contar orgullosa cómo había contratado a ocho reporteros para cubrir Washington. Tiene más gente que trabaja gratis, pero ella pagaba a a ocho reporteros para cubrir una ciudad que es el culmen, en un momento en que todo el mundo quiere leer sobre Obama. Pero los periódicos, cuando están inspirados, cubren el mundo. El día en que les importa The Huffington Post o Arianna Huffington es el día en que hay 20 reporteros de este periódico cubriendo la ciudad. Que son la mitad de los que una vez tuvo el Baltimore Sun para cubrir la ciudad, e incluso llegó a tener 60 reporteros. Así que veo esto y pienso que está interpretando el papel de diletante en el periodismo. Has contratado ocho personas para cubrir a Obama y los Republicanos. Bien, pero ¿quién cubre el mundo? Cada vez menos gente.

Usted dijo en una entrevista que escribía sus series de televisión bajo la premisa de “Que se joda el espectador medio”, como alguien que sólo es visto como un perfil de mercado: padre de ‘2,algo’ niños, con ‘1,algo’ coches… ¿Deberíamos los periodistas escribir bajo la premisa de “que se joda el lector medio”?

La televisión generalista depende fundamentalmente de la publicidad, del número de globos oculares que ven los programas. Así que no puedes ofender a nadie ni hacer nada demasiado complicado, pues debes mantener a todo el mundo mirando, incluso a la gente que está habitualmente distraida, aburrida o que es simplemente estúpida. La necesitas, porque la publicidad necesita a 10 ó 20 millones de personas viendo el programa y los 30 segundos de anuncio. Esta era la estructura económica de la televisión hasta que llegó el cable. Y sólo entonces pudimos saltarnos estas normas al escribir. “Mire, no me importa si confundo a algunos espectadores. Si no pueden seguirlo, que se jodan”. Tú puedes decir eso ahora, contar una historia con sentido y sobrevivir.

Y esto es análogo a lo que sucede en los periódicos, aunque ellos hicieron el camino contrario. Mucho antes de Internet, empezaron a recortar su producto, a hacerlo más magro, más simple y con menos matices. Se deshicieron de los reporteros experimentados y contrataron chavales que no tenían experiencia en la ciudad. Y ahora están desesperados y no se atreven a cobrar por lo que ofrecen.

La televisión hizo lo contrario. Antes había cuatro canales y nadie pagaba por ellos, así que una vez que comprabas el televisor, toda la programación era gratis. Ahora, millones de estadounidenses pagan 40, 50, 70 ó 100 dólares al mes para tener 120 canales o más. La televisión extendió su oferta: canales completos dedicados a deportes, al tiempo, a la mujer, a las series. Ofreció más y cobró más, pasando de ser un servicio gratuito a ser un servicio de pago.

La gente me dice “Nadie nunca pagará por los periódicos, cuando puede conseguirlos gratis”. Pero es que nadie pagaría por la mierda de ahora. ¿Qué habría pasado si en lugar de que los periódicos hubieran sido vendidos y recortados, se hubieran hecho más esenciales, más viables, más sutiles? ¿Que habría pasado si no pudieras entender tu ciudad, o el mundo, sin leer el periódico por la mañana? Hicieron lo contrario. La transición de la televisión al cable es análoga a lo que podría haber pasado con los periódicos en el viaje a Internet.

El de periodista es el trabajo que usted siempre quiso hacer. ¿Tiene previsto volver al periodismo en un futuro cercano?

No hay periodismo al que volver. Supongo que en algún momento me cansaré de hacer televisión, y parece que será pronto. HBO me ha permitido hacer lo que quería y seguro que seguiré haciéndolo por un tiempo. Pero si volviera al periodismo sería a un sitio web, en un nuevo periodismo emergente que pague a los profesionales por su trabajo. Creo que me corté un brazo después de los recortes de 1995 y el Baltimore Sun nunca será lo que ayudé a que fuera. En aquel momento no pensé que fuera a derrumbarse tan rápido. Creía que esta gente estaba recortando lo que no debía, pero nunca  pensé que llegaría a recortar dos terceras partes de la redacción.

Cuando empezó Internet, recuerdo que uno podía leer 175 artículos completos sin pagar nada. Y paso 2000, y pasó 2001…y seguía igual. Y es insostenible. Si no tienes un producto por el que puedas cobrar, no tienes un producto, es algo que sabe cualquier universitario. Pero los periódicos creyeron que éste era el modelo que funcionaba. Hay que buscar mucho en la historia de la industria para encontrar este nivel de mala gestión de un producto.

¿Ha pensado en hacer una serie como ‘The Wire’ dedicada exclusivamente al periodismo, o en la quinta temporada de esta serie explicó todo lo que quería explicar sobre este asunto?

La quinta temporada explicaba básicamente todo lo que quería explicar, que era que la gente que lleva los periódicos ya no respeta su propio producto ni las comunidades que supuestamente debe cubrir. Ellos han venido a valorar su propia importancia sobre el trabajo, a dominar la cultura del precio, así que son cada vez menos esenciales para sus ciudades. Queríamos dar a entender que el periódico se perdió todas las historias importantes: el alcalde que hace trampas con el presupuesto, con las pruebas escolares, que manipula las cifras de delitos, que oculta las guerras de la droga…. ¿Ha visto usted las cuatro temporadas previas de ‘The Wire’?

Sí.

Pues todas y cada una de las historias importantes que aparecen en la serie no fueron apenas cubiertas por los periódicos, porque eran demasiado débiles para hacerlo adecuadamente. Si alguien que viera la serie creyera que eso no puede suceder porque el perro guardian habría ladrado, que sepa que el perro guardían ya no tiene dientes. Y esto es lo que queríamos explicar en The Wire.

Si Internet hubiera estado más extendida cuando hicimos la serie, habría hecho los recortes más dramáticos en el primer episodio. Y si la hubiera hecho ahora, habría añadido otra ronda de recortes al final de la serie [risas].

Lo cierto es que la cuestión de espectador medio y de los recortes se la tomaron muy mal los periodistas de Estados Unidos. Porque se ven a sí mismos como víctimas de un asesinato, como gente que hacía su trabajo, que cubría el mundo y… “la tecnología cambió. No fue nuestro fallo, la tecnología cambió y es algo que no podemos controlar”. Gilipolleces. Esta no es la historia del que construía carrozas hasta que apareció el automóvil. No es la analogía más honesta. La verdad  es que se supone que debes elaborar información precisa y de calidad sobre el mundo. Y llega Internet. El sistema de distribución cambia pero tu producto sigue siendo el mismo. Si te hubieras dedicado a hacer tu producto mejor, podrías cobrar por él en el nuevo sistema de distribución, que podría ser el centro de una fuente de ingresos. Pero en los diez años previos, destripaste tu producto porque no lo respetabas, siguiendo los consejos de Wall Street. Esto es algo que los periodistas no queremos escuchar. Preferimos pensar que fuimos asesinados, antes que complices de nuestro propio fracaso.

Por cierto, ¿de verdad escuchó a un editor hablar de “periodismo dickensiano”?

Sí, mi editor me dijo que quería que hiciera “periodismo dickensiano”. Se llamaba John Carroll y cuando llegó al periódico lo respetaba mucho pues había escuchado muy buenas cosas sobre él. Todos estabamos muy emocionados en su llegada a The Baltimore Sun. Cuando me fui del periódico, estaba completamente desilusionado, porque él no valoraba ninguna de las cosas que yo valoraba en el periodismo. Y acabamos en muy malos términos. Una vez vino y me dijo que quería “historias dickensianas” de la ciudad. Se refería a pilluelos de la calle que no hubieran cometido un pecado todavía. Que no tuvieran lápices ni libros de texto y vivieran en la pobreza. “Traeme una foto de pobres chicos tristes que no hayan sido tratados justamente, porque yo puedo vender eso”. Era un hombre que se levantaba todos los días preguntándose cómo llegar al premio Pultizer. Como se medía a sí mismo era como medía al periódico. Y al final tuvo que retractarse porque le pillaron tres veces inventándose historias. Tres veces. No me refiero a correcciones, sino a tres invenciones seguidas. Y cada vez John las tapó. Y al final, cuando ya no estaba en el periódico lo dije bien alto, y no hemos vuelto a hablar desde entonces. Pero sí, la cita dickensiana era suya.

Me molestó porque para mí la historia más interesante  no es la del pilluelo de la calle que tiene ocho años, que es totalmente comprensible que pueda dar para más de una historia y hacer sentir culpable a la gente. La historia más interesante es la del chaval de 16 años que está en una esquina vendiendo droga porque ahí es donde están las otras opciones de la sociedad y la economía americana. Desafortunadamente, tiene 16 años, así que no es tan mono, tiene una pistola escondida en los pantalones y es capaz de provocar mucha más violencia. Es una visión mucho más ambivalente del problema y requiere que los espectadores piensen con la cabeza y no sólo con el corazón. Y a John no le interesaba esto. Era muy complicado para él y no veía que fuera a obtener un premio.

Soy reacio al desprecio hacia él, porque al principio pensé que era un tipo con buena reputación y que el periódico mejoraría con él. Pero estaba mal informado.

¿Cree que tendremos mejor información en el futuro, que el buen periodismo prevalecerá?

Sí, pero sólo cuando el periodismo resuelva el problema de sus fuentes de ingresos. Internet fue hecho para pagar y financiará el periodismo profesional. No me refiero a blogueros, sino a reporteros y editores profesionales. Y será financiado, tal vez por instituciones sin ánimo de lucro, que sería lo más recomendable, tal vez por compañías que inviertan el dinero en la calidad antes de coger los beneficios. En cualquier caso, cuando los dinosaurios de la industria dejen camino, las cosas cambiarán.

Internet es más rápido, más limpio y más barato y cuando se use adecuadamente permitirá el renacimiento del periodismo. Pero tenemos que pagar por él. No mucho, sólo un poco cada mes, igual que pagamos la factura del cable o del teléfono móvil. Alguien llegará y dirá: “¿Sabe qué? Si podemos contar a la gente lo que sucede en Baltimore, en San Luis, en San José o en cualquier otro lugar del mundo donde la gente quiera saber qué está pasando en su comunidad, en su ayuntamiento o en el cuartel de la policía, deberíamos hacerlo. Tal vez no sean el cuarto de millón o el medio millón que leen los periódicos, sino sólo 80.000 personas. Pero si estás 80.000 personas pagan 10 dólares al mes, es suficiente para mantener una redacción completa”. Es más que el presupuesto de la redacción del Baltimore Sun. Alguien se dará cuenta de cómo hacerlo y eso será el principio, el renacimiento del periodismo.

Pero cuando suceda no será amateur. No séra un bloguero pensando si llama a alguien de la comisaría o decidiendo si comenta la noticia de un periódico. Será un tipo que vaya todos los días a cubrir una institución, mantenga fuentes y averigüe quién roba y quién no roba, quién es honesto y quién no lo es, y lo cuente como un profesional. Porque ese producto todavía tiene sentido, es viable y en algún momento alguien lo necesitará, pero los periódicos lo han olvidado.

¿CUALQUIERA PUEDE ESCRIBIR NARRATIVA?

Entre mis planes estaba que mi segundo artículo fuese una conversación sobre mi obra literaria, de tal manera que pudiese explicarles a mis (posibles) lectores cómo he concebido cada una de mis novelas, los materiales que he usado para ello, cómo emplee la técnica literaria en cada una, y una serie de detalles que pudieran resultar de interés. Sin embargo, las preguntas que me han formulado varios lectores luego de haber publicado una convocatoria en la dirección URL

http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php,

convocatoria mediante la cual invito a escribir junto conmigo una novela a 200 manos, me obligaron a posponer aquella intención para abordar este asunto de hoy que podría resultar polémico.

Digo para empezar, que describir por escrito un hecho del que se ha sido testigo o ha sido contado por otro, pudiera realizarlo cualquier persona medianamente instruida que domine las reglas fundamentales de redacción, algo de estilística y tenga una adecuada ortografía, técnicas todas que pueden aprenderse en un aula o con auxilio de un manual o un profesor. Incluso, esa persona podría describir adecuadamente lo que ha visto o está mirando, luego revisarlo y con algunos retoques formales lograr un texto comprensible para el lector.

Ahora bien, yo no hablo acerca de describir hechos de lo que llamamos la realidad real, sino de escribir narrativa, entendiendo como tal los géneros cuento y novela, los que caen dentro del campo de la realidad literaria, y que por lo tanto no se ocupan de una historia verídica sino que relatan una trama, o lo que sería igual, un texto o discurso narrativo que a pesar de parecer la realidad misma del mundo que nos rodea, pertenece al mundo de la ficción. Téngase en cuenta que ficción no es sinónimo de mentira. Ficción quiere decir crear una nueva realidad ideada por un escritor partiendo de la ya existente y conocida por todos.

Y ya que decido meterme en esta especie de jardín, trataré de no dañar las flores, aunque me propongo llegar hasta el final del mismo.

En primer lugar, digo que el acto de escribir narrativa requiere de que la persona que va a realizarlo en primer lugar tenga el talento para ello, que no es la simple imaginación, ni el saber describir de manera ramplona lo que está mirando, ni siquiera redactar adecuadamente un texto de varias páginas: hay que haber nacido con ese talento. Según unos, lo da Dios; según otros, es un resultado de lo genético lindando con lo hereditario; pero con independencia de la explicación que se acepte para eso que llamamos talento para…, lo que sí considero que no sea discutible es que cada persona de manera individual nace más apta para determinados oficios que para otros. Hay quienes suelen ser digamos unos excelentes choferes, sin embargo, son incapaces de manejar un arma con puntería. Lo que quiero decir con este ejemplo ilustrativo es que quien haya nacido para periodista no quiera convertirse en ingeniero porque va a fracasar; el que está dotado con grandes iniciativas como comerciante de implementos deportivos, casi de seguro que si se pone a vender alimentos fracasaría. ¿Pueden ser todos boxeadores, o todos médicos, o todos constructores de casas, o todos artistas plásticos, o todos actores? Considero que no: cada cual está constituido desde su nacimiento para determinados oficios (por no encerrarlo a uno solo) y el acto de escribir narrativa desde este punto de vista es un oficio más.

¿Todos los que nacen con talento para ser escritores de narrativa llegan a serlo? La respuesta mía es no, porque no todos comprenden que una vez que descubrimos nuestro talento, si pretendemos desarrollarlo estamos obligados al duro ejercicio del aprendizaje de la técnica del oficio. Y es ahí cuando fracasan muchos: cuando no quieren comprender que existe una técnica narrativa que se ha ido sedimentando durante años por la historia, que cada escritor que ha sentido la necesidad de un nuevo procedimiento técnico ha tenido que inventarlo (comparo este fenómeno con la invención del primer martillo por parte del carpintero, o del primer cuchillo por parte del carnicero, o de la primera planilla por el burócrata prehistórico) y los investigadores o críticos literarios han ido sistematizando tales descubrimientos en lo que se ha llamado la Teoría Literaria.

Entonces, ¿cualquiera puede escribir narrativa? Mi respuesta: no. Sólo pueden escribir narrativa quienes hayan nacido con el talento para hacerlo. ¿Todos los que tienen talento para escribir narrativa lograrán hacerlo? Mi respuesta: no. Sólo llegan a escribir narrativa entre los que nacieron con el talento para hacerlo, aquellos que comprenden que este es un oficio con sus reglas, y que deben aprenderse antes de intentar escribir palabras que a la larga formarán oraciones, y oraciones que formarán párrafos y párrafos que llenarán páginas.

Prometo hablar en otro artículo acerca de algunos elementos técnicos de la narrativa contemporánea, para aquellos que están interesados en conocer ciertos secretos del oficio.

Publicado el 20 de Agosto de 2010 por Andrés Casanova en http://blogs.monografias.com/andres-casanova/2010/08/20/%c2%bfcualquiera-puede-escribir-narrativa/

XXIII Semana Negra de Gijón

 

Primeras claves de la SN 2010

 

 

De nuevo a las andadas.

 

En tiempos de crisis, hemos intentado que ésta no incida en la oferta de la Semana Negra, creemos que la cultura debe ser en momentos como estos el gran balón de oxígeno de la sociedad. Hemos enfrentado problemas y recortes con imaginación y solidaridad de decenas de colegas. Por lo tanto, hemos intentado que la 23ª edición de nuestro festival esté a la altura de las anteriores.

 

La ciencia ficción y la fantasía tienen este año nombres de lujo: Larry Niven, Joe Haldeman, Ian Watson y la gran revelación de la literatura de zombis, David Wellington, a los que acompañarán los mejores narradores del género en español.

 

Haremos un singular homenaje a Chopin en el 200 aniversario de su nacimiento.

 

Estará con nosotros el general cubano Fabián Escalante, el hombre clave de la guerra entre la isla y la CIA, autor de tres libros que narran historias al borde de lo increíble; y la colombiana Patricia Lara, quien descubrió las claves del paramilitarismo en su país y fue candidata de la izquierda en pasadas elecciones; ahora llega a Gijón con una novela negra.

 

En el terreno de la novela policíaca habrá que destacar la presencia del novelista griego Petros Markaris, sobradamente conocido en España, de la rusa Iulia Latinina, de la británica Sophie Hannah, del argentino Guillermo Orsi, de los españoles González Ledesma, Julián Ibáñez y Juan Madrid (cuyo personaje Toni Romano cumplirá 30 años de vida en Gijón justificando el homenaje)

 

Junto a ellos una nueva generación de narradores de habla española, francamente brillantes, en la que destacan los jóvenes argentinos y españoles (Zanón, Casamayor, Luengo, Márquez Sánchez, Luján, Jurado, Néspolo, Cabezón, Álvarez, Balanzá…) y dos nombres de mujer: Cristina Fallarás y Mercedes Castro.

 

Como en anteriores ocasiones, la SN es el marco en el que se celebran dos festivales hermanos: la Asturcón, dedicada a la ciencia ficción y la fantasía, y el Encuentro Internacional de Fotoperiodismo. Los programas de ambos se darán a conocer muy pronto.

 

Además, en colaboración con LABoral Centro de Arte y Creación Industrial y El Gaviero Ediciones, se convoca por primera vez el concurso de Poesía Serie B (poesía de género), cuyas bases se pueden consultar en nuestra página web.

 

Tres exposiciones este año: Vuelven los soldaditos de plomo del Museo de Valencia con una muestra de la Guerra de los Bóxers; tendremos una gran exposición de reproducciones del Museo Nacional de Antropología de México con muestras de piezas prehispánicas, a la que acompañarán  debates y lecturas sobre la conquista de México, como la de Laura Esquivel, autora de Malinche. Una tercera exposición, 100 balas, con regalo de catálogo incluido el día de la presentación, será la que muestre la obra de dos grandes del cómic, el norteamericano Brian Azzarello y el argentino Eduardo Risso.

 

Tocaremos temas como la literatura y el ciclismo, el crimen de guante blanco y la corrupción (en una mesa redonda en la que participará el director de análisis de la oficina antifraude y contra la corrupción de Cataluña), la mentira en la narrativa, los monstruos descafeinados, las princesas del narco mexicano, la revisión de La venganza de Don Mendo, el western, el genocidio de un guardia civil en Guinea, la verdadera historia de Jesús de Nazaret, variaciones del rosa al negro, la novela policíaca en la guerra civil.  

 

En los territorios de la novela histórica tendremos con nosotros a Valerio Manfredi, Gisbert Haefs, y Angus Donald (que aporta una versión radical de Robin Hood que ha causado furor en Inglaterra), a los que suman los experimentos de Hotel Postmoderno y la presencia de autores ya conocidos en la Semana Negra como Julio Murillo, Fermín Goñi y León Arsenal.

 

Y la lista aún no está completa, habrá nuevas incorporaciones en los próximos días.

 

Y todo esto en el centro de una fiesta popular casi interminable, donde la música, los mercadillos interétnicos, los chiringuitos, la oferta gastronómica o la feria se combinan en el espacio con la Literatura.

 

 

Más información en línea con ampliación de invitados, convocatorias y temas en http://www.semananegra.org/

En la Biblioteca de Babel lo valioso son los ojos que te miran.

Cuando los libros sobran lo que falta son mentes que los lean y entiendan. Cuando la información intoxica por exceso lo escaso es una mente que la mire y comprenda. Lo escaso es valioso. Luego la moneda del futuro es la atención.

Tanto tienes, tanto vales; el proverbio siempre se ha cumplido con certidumbre. Hoy la atención manda. Seas periódico internacional o weblog, nodo corporativo o diario íntimo, cibertienda o publicidad, el principal problema de cualquier presencia en Internet es conseguir atraer unas migajas de atención.

Hagamos un cálculo absurdo; 600 millones de navegantes que usan la web media hora al día (generoso); 5.000 millones de páginas web en la Red (probablemente conservador; la cifra puede ser 100 veces mayor), una rápida división… cada página web publicada hoy en el planeta toca a 3,6 minutos de ojo humano al día. 216 segundos de mirada.

Es cierto que el número de navegantes crece, si bien no al ritmo que antaño se creyó. Y también es cierto que el uso de la Red crece, sobre todo debido al avance de las conexiones de banda ancha (con auténtica tarifa plana).

Pero hay un límite absoluto al número de tiempo de ojo disponible para repartir. Cuando todos los seres humanos naveguemos 24 horas al día, se habrá alcanzado el máximo absoluto de atención disponible; el crecimiento será demográfico y marginal. La navegación que hagan robots y mecanismos automáticos es irrelevante en este mercado, ya que en última instancia el valor se genera cuando un humano mira. Googlebot es un visitante habitual de cualquier web; pero nadie te paga por las visitas de un robot.

Las páginas disponibles en la Red jamás dejarán de multiplicarse. Luego la atención disponible por página tenderá a disminuir, de forma irreversible. El ojo humano será un recurso cada vez más escaso, hasta que Internet se parezca a la Biblioteca de Babel: vastos pasillos repletos de libros y completamente vacíos de gente. Billones de páginas web clamando en soledad, gritando ‘Que alguien me lea’. Por tanto el poderoso será quien sea capaz de atraer atención. El valor lo tendrá quien pueda conseguir más que su cuota mensual de ojo humano, quien atraiga público a su página por encima de la media. Con toda la humanidad convertida en medios de comunicación, con cada empresa y marca comercial transformada en una imagen en una infinita estantería de imágenes semejantes cualquiera que supere su media de visibilidad será rico.

En estas condiciones el concepto de copyright es una forma de suicidio económico, ya que por definición intenta reducir (controlar) el número de copias de un trabajo disponibles, limitando por tanto su capacidad de atraer atención.

El ‘copyright’ es en esencia el control de la duplicación de un material. Se prohibe hacer una copia de la expresión material de una idea, al objeto de controlar la difusión de esta idea. Al principio, con fines directamente de censura; luego, como mecanismo de obtención de compensación económica. Como las ideas son volátiles es imposible cobrarlas; pero sí que se puede vender la materialización de una idea. Siempre que se prohiba su duplicación incontrolada.

El mecanismo ha funcionado razonablemente bien. Las tecnologías de copia disponibles han permitido que el nivel de copia ilegal se mantuviese bajo control. El hecho de que se trataba de expresiones materiales de ideas permitía en la práctica un grado de cumplimiento de las normas dentro del cual se estableció un equilibrio económico. El progresivo reforzamiento de
las leyes que controlaban el ‘copyright’ permitió levantar imperios empresariales basados en el concepto.

Y entonces llegó la digitalización y la Red, y las ideas se liberaron de su prisión de materia. Desde el momento en que una idea carece de expresión material sólo es controlable mediante leyes, no físicamente. La copia se convierte en algo prácticamente imposible de controlar sin un grado de control de la actividad humana habitual inaceptable. El coste de copia, en términos económicos, de calidad y de riesgo, disminuye de forma drástica hasta aproximarse a cero. El autor/editor carece de mecanismos que lo impidan. El ‘copyright’ se hace impráctico.

Pero lo peor que puede decirse de este mecanismo no es que sea irrealizable; es que es contraproducente para los autores y editores. Está en contra de sus intereses en la nueva ecología de la información, en la cual la principal divisa es la atención. Intentando reducir el número de copias en circulación de sus trabajos lo único que consiguen es perder cotización en el mercado de la atención. Y con ello dinero.

El nuevo mercado de la atención es como un ecosistema: el objetivo es que los memes se reproduzcan cuanto más mejor, de manera que ocupen un nicho ecológico razonable y consigan suficiente atención como para alimentarse. Cualquier forma de restricción es autodestructiva, pues va en contra del interés fundamental del creador de los memes en cuestión: acaparar tanta atención como sea capaz.

El ‘copyleft’ no es más que un mecanismo para aumentar el valor de la información permitiendo hacer copias de la misma; animando, incluso, a hacerlo. La única condición es mantener el reconocimiento de autoría; la marca que permite al autor recibir por vía indirecta la recompensa por su trabajo, es decir, la atención que merece.

Así dos conceptos que han estado entreverados hasta la confusión en la historia económica se separan nítidamente; por una parte el derecho de Autor y por otra el derecho de copia. La expresión material de las ideas que era la única manera de diseminarlas obligó a mezclarlos, puesto que la única forma que tenía el autor para recibir una recompensa por su trabajo era mediante un impuesto a la copia.

Hoy limitar, vía cobro, el número de copias de una información sólo daña al autor, que pierde una vía fundamental de generar la única divisa de libre circulación en la Red: Atención.

En otras palabras: el copyleft no es generoso. Es una cuestión de supervivencia, de adaptación. Hemos pasado de una ecología de la información escasa a una de la información sobreabundante, y las reglas cambian. No se puede mantener la economía de la información en el nuevo ecosistema con las viejas reglas. Hay que encontrar nuevas vías. Y cualquier cosa que ayude a superar los 216 segundos de ojo humano, incluyendo la multidifusión de millones de copias, te hará rico.

Por qué no se debe leer el Quijote

Voy a ser sincero contigo. Esta vez procuraré hablarte muy claro. En realidad no sólo te escribo para tratar de convencerte de que no leas el Quijote, sino para que, con un poco de suerte, no vuelvas a leer nada, absolutamente nada que esté impreso en una hoja de papel. Como ya sabrás, el Quijote es importante, por supuesto, pero también uno de los libros más nocivos y peligrosos que se han escrito nunca. Pocas veces te harán una advertencia tan útil. Si, a pesar de todo -o precisamente por ello-, haces caso omiso, sabe que ya nada te salvará. Sabe que, a partir de ahora, estarás perdido para siempre.

Primero prescindiré de la obra en sí y trataré de dar respuesta a la cuestión más simple de todas: ¿por qué no debemos leer? Por último, intentaré aclarar, a la luz de la primera pregunta, los motivos principales por los que es necesario cerrar definitivamente el Quijote y hacer un buen fuego con él.

Cuentan que durante la más temprana Edad Media, en los primeros monasterios y congregaciones religiosas, los compañeros de San Ambrosio -uno de ellos es Agustín de Hipona, que relata esta anécdota en sus Confesiones- quedaban asombrados cada vez que éste cogía entre sus manos un libro. ¿Qué hace?, se preguntaban los unos a los otros, ¿acaso no sabe leer? Lo que motivaba tanta expectación no era más que el hecho de que, a diferencia de los demás monjes, él leía en silencio, para sí, sin ni siquiera mover los labios. Hasta la fecha, era costumbre verbalizar las palabras. No se concebía otra cosa que no fuese la lectura para el otro, que bien podía ser un feligrés, un monje o el mismísimo Dios. San Agustín, que pensaba que Dios estaba en uno mismo, tampoco creyó necesario esa comunicación exterior y, a veces, tan expresa. A partir de entonces, la lectura pasó a ser un proceso que acarreaba una mecánica íntima y secreta, dependiente tan sólo de aquel que la ponía en práctica. Todos la hemos experimentado alguna vez. Se trata de integrar la voz narrativa que nos está contando la historia en nuestra propia voz, de tal manera que llega un momento en que somos nosotros los que nos contamos dicha historia, en un proceso que se asemeja al efectuado mediante la reflexión. Es decir, cuando leemos, pensamos, hablamos con nosotros mismos y, por ende, tratamos de conocernos y de conocer también el mundo. Por ello la lectura y los libros llegan a ser tan importantes en nuestra vida. Y por ello he comenzado hablando de este tema, intentado así mostrarte hasta qué punto nos condiciona a la hora de ponernos a escribir o a pensar. Todos somos Ulises y Homero, todos somos Don Quijote y Cervantes, todos somos Jim Hawkins y Stevenson. Todos somos personajes y autores de nosotros mismos cuando leemos.

Sin embargo, a estas alturas de la historia, está ocurriendo algo inesperado: rescatamos, sin darnos cuenta, el primitivo proceso de lectura que se abandonó comenzado ya el periodo de la Edad Media. El hecho que nos lo prueba es la renuncia al silencio, su olvido como elemento fundamental en la lectura y en la reflexión. Observa que ahora todos sienten la necesidad de hablar con todos. Observa que, por mucho que cierres las ventanas de casa, por mucho que trates de aislarte, siempre habrá una llamada de teléfono, una motocicleta que pasa, el camión de la basura, tu hermano pequeño con el televisor a toda pastilla. Ni siquiera las bibliotecas, santuarios del silencio, cumplen este requisito, ni los templos, si lo que se pretende es rezar. Todo es ruido. Y la lectura ha regresado a la verbalización, a la excesiva sonoridad. Cada vez nos cuesta más hacerla nuestra porque hace tiempo que tememos el silencio de las cosas. Desconfiamos de una calle silenciosa. De un paisaje en calma. Desconfiamos, sobre todo, del taciturno, del introvertido. Su mutismo parece amenazarnos. Algo oscuro ha de ocultar, pensamos. Algo sucio. El silencio se ha convertido en una acepción más de la enfermedad. Si no quieres ser marcado tan pronto, es necesario que tires todos tus libros a la basura. La lectura te hará fuerte, bien es cierto, pero al mismo tiempo te convertirá en un apestado. Decir a un adolescente que lea -y no me refiero a toda esa basura que los departamentos de Lengua suelen sugerir-, esto es, que no se integre, que prescinda de sus semejantes y se encierre en las enfermizas sensaciones que la soledad de los libros procura, es condenarlo a una muerte lenta y dolorosa.

En este sentido, el Quijote es toda una lección para la vida. La apuesta de Cervantes, su, por decirlo de alguna manera, genio creador, es aplicable por entero a la tesitura en la que te acabo de situar. El Quijote posee la virtud -que es la virtud de cualquier obra maestra- de ser poliédrico. Se puede abordar su lectura, y también su estudio, desde multitud de enfoques y apriorismos, pero nunca daremos con la clave -si es que la tiene- que permite que sobreviva al vaivén de los siglos. Al hilo del discurso iniciado, dos temas me interesan de su lectura, pues los considero apropiados a tu edad y a la época que te ha tocado vivir. Ambos habrán de revelarte la respuesta a la pregunta de por qué no debes leerlo.

El primero es el de la melancolía. La palabra melancolía viene del griego y quiere decir literalmente bilis negra. Durante los siglos XVI y XVII -y, sobre todo, tras la publicación del Examen de ingenios para las ciencias, de Juan Huarte de San Juan, en 1575, libro de gran fama en el que se pretendía un análisis riguroso de la inteligencia con vistas a la disposición natural de cada hombre para los oficios- se creía que todo ser humano poseía un temperamento estructurado en cuatro cualidades primarias: frialdad, sequedad, humedad y calor. Estas cualidades y la preponderancia en el carácter de unas sobre otras daban como resultado cuatro tipos psicológicos claros: el colérico -calor-, el sanguíneo (es decir, el optimista, el impetuoso) -humedad-, el flemático (el impasible, el perezoso, el lento) -frialdad- y el melancólico -sequedad-. Cervantes conocía muy bien estas teorías cuando otorga a su caballero el sobrenombre de el de la Triste Figura, entendiendo, por triste, melancólico. El estado melancólico era propio, además, de los poetas y de los artistas, ¿y no es acaso un auténtico creador Don Quijote al tratar de escribir o, en este caso, escrivivir, sus propias hazañas? La melancolía de entonces podría muy bien emparentarse con el típico estado de depresión actual; y es una idea muy extendida que el acto de crear -como el de dar a luz- es doloroso, convirtiendo así al artista en un maníaco depresivo, en un eterno sufridor. Pero lo que hace a Don Quijote vivir en un continuo estado melancólico es la añoranza, que, si nos fijamos bien, es la añoranza del propio Cervantes.

Innumerables veces se ha dicho que Cervantes es un hombre que pertenece al Renacimiento, que es una especie de desterrado en el tiempo -prueba de ello es su continua reivindicación, sobre todo para defenderse de sus enemigos, de la gloriosa batalla de Lepanto y de su participación en ella; pero también es sintomático que fracasara en su auténtica vocación de dramaturgo intentando rivalizar con todo un Lope-. Imagínatelo regresando de su cautiverio en Argel y creyendo que el mundo se ha detenido durante esos cinco años que ha permanecido ausente. La realidad, enseguida, le quita la venda de los ojos. Todo ha continuado su curso sin contar con él. Ésta es la sensación que nos sorprende en cada recoveco de su obra. El famoso discurso de la Edad de Oro así lo constata. Allí justifica la labor para la que ha sido elegido. La restauración de la orden de caballería supone un intento más de reivindicar el pasado histórico, de engañar a la memoria. Tal vez lo que nos estén mostrando Don Quijote y Cervantes con tanta derrota sea la materialización de esa añoranza. Pero para que exista añoranza, además de su objeto, debe existir también esa arma de doble filo que es la esperanza, aunque se conozca de antemano el fracaso que acarrea. En el capítulo XVII de la Segunda Parte, Don Quijote justifica la esperanza con la siguiente exclamación: Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible. Aquí se resume todo el contenido de la palabra melancolía. El melancólico, el auténtico melancólico, es aquel que es capaz de descubrir felicidad, motivos para vivir, en el barro de la tristeza. Muy pocos melancólicos acaban suicidándose porque encuentran un sentido en ese continuo estado de depresión, que es, no lo olvidemos, el propio del artista, del genio, del creador, del estudioso. Por ello Don Quijote, tras este lance con los leones, se hará llamar El Caballero de los Leones y desterrará para siempre el adjetivo triste.

De la melancolía se deduce el segundo tema que me parece interesante tratar aquí: la locura. La locura de Don Quijote tiene dos facetas que ponen de relieve dos maneras de entender la melancolía. Por un lado, Don Quijote es, en la Primera Parte, el típico loco que sufre alucinaciones, que transforma la realidad viendo cosas que no existen. Su tristeza viene del choque con esa misma realidad y le empuja a añorar aquel pasado donde sí tenían cabida todas esas cosas que él imagina que existen. Su locura es un puro anacronismo. Pero es que, para hacer más dolorosa la experiencia, a Cervantes se le ocurre que Don Quijote se vuelva loco a raíz de sus lecturas. Por lo tanto, ¿acaso no estaríamos ante la cuestión del principio? Cervantes no cuestiona el acto de leer, por supuesto, pero sí nos sitúa en el camino de la desconfianza hacia todas esas creaciones que nos obligan a enfrentarnos con nosotros mismos en soledad. La advertencia que te hace Cervantes cuando lees el Quijote es ésta: cuidado, pues la lectura te puede apartar del camino que marca la realidad, te puede volver loco; no porque te creas un caballero andante, un detective privado o una gran señora con una fortuna ilimitada, sino porque te situará ante el mundo y te lo mostrará tal como es, sin piedad alguna, tú solo, cara a cara con la evidencia más nefasta de todas: lo maravilloso, lo fantástico, lo mágico es una cuestión de puertas adentro. Sin embargo, esta locura -que, insisto, es la de la Primera Parte- nos deja, al arrojarnos hacia la tristeza, un camino a la esperanza; a saber: por muy hostil que sea la sociedad, siempre nos quedará el refugio de la imaginación. A eso me refería antes cuando señalaba el hecho de que el melancólico verdaderamente melancólico, el artista con todas sus consecuencias, encuentra la salvación en su propia locura.

Si el tal Avellaneda no hubiese escrito esa segunda parte apócrifa del Quijote, Cervantes, sin duda, habría salvado a su personaje. Pero, diez años después, obligado por dicho motivo a volver a retomarlo, decide que muera apaciblemente en su cama, una vez recobrada la cordura. No obstante, Don Quijote no regresa a lo racional al final de su vida, sino que es un hombre completamente cuerdo durante toda la Segunda Parte. Es esta cordura la que cerrará cualquier vía de escape, la que echará por tierra cualquier posibilidad de salvación. Como diría Unamuno, Cervantes condena a su personaje a la razón al despojarle de esa capacidad que poseía en la Primera Parte de confundir la realidad con los frutos de su imaginación. Ahora serán los demás personajes, lectores todos ellos de la Primera Parte, quienes construyan las fantasías de Don Quijote. Verá a Dulcinea como Aldonza Lorenzo, eso es cierto, pero no estará alucinando cuando se tope con un caballero andante -el bachiller Sansón Carrasco disfrazado- ni cuando se monte en Clavileño -un caballo de madera con la cualidad de volar-. Aquí la cuestión va mucho más allá del escenario que los demás construyen a su alrededor para burlarse de él. Aquí la cuestión es mucho más dolorosa. Cervantes, diez años después de la publicación de la Primera Parte, entona su canto de cisne exponiendo una visión renovada pero también envejecida del mundo. ¿Y qué nos muestra? Pues una realidad donde, no sólo no tiene cabida lo imaginario -Don Quijote ahora sí ve molinos donde hay molinos y gigantes donde hay gigantes-, sino que, a fuerza de real, se convierte en pura ficción. Nos asoma al abismo de ese espejo multiplicado en el espejo del Barroco, por lo que anula cualquier posibilidad de fuga del laberinto infinito de lo cotidiano. Don Quijote, recobrada la cordura, es ahora, no un caballero andante escapado de una novela de caballería, sino un caballero andante huido de una primera parte escrita hace diez años donde se narran las aventuras de un loco que se cree un caballero andante escapado de una novela de caballería. El círculo, como podrás observar, es perfecto y angustioso. Pero aún hay más. Los personajes ahora son lectores del Quijote; así pues, nosotros, lectores del Quijote, ¿por qué no podríamos ser también personajes? Aquí no hay juego de realidad y de ficción, sino pura y dura ficción. Ficción con mayúscula, donde cualquier dato, rasgo, apunte, vuelco, progreso o retroceso forma parte de ella misma. La Segunda Parte del Quijote es la primera teoría de la conspiración que conocemos.

¿Y cómo queda, después de esto, la melancolía? Devastada. Don Quijote se convierte en El Caballero de los Leones porque de repente ha comprendido aquello de: Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible. Esto quiere decir que la esperanza, el afán que lo impelía a ver cosas que en realidad no estaban allí, ha quedado reducido al automatismo, al destino prefijado y apático de la marioneta que sabe que, haga lo que haga, jamás podrá escapar de los hilos que la mueven.

Durante tu larga carrera de estudiante, te has encontrado con tipos como yo que han tratado de responder a la pregunta contraria: ¿por qué debemos leer el Quijote?; y no sólo el Quijote, sino cualquier libro, artículo, fragmento o “textículo” que te han puesto delante de tus narices como una condena. En esas ocasiones, es obvio, se trataba de que leyeras; el qué era lo de menos, pues, por si no lo sabes, desde hace unos años la lectura se ha convertido en un tema recurrente de lo políticamente correcto. Tu instituto está repleto de carteles que te animan a leer, de planes de fomento de la lectura, de horas de clase y de tutoría dedicadas a magnificar sus virtudes, a lavarte el cerebro con aquello de que un libro es un amigo. A veces pienso que si tuviera tu edad no me lo pensaría dos veces: rociaría la biblioteca del centro con gasolina y me encendería tranquilamente un pitillo. Porque una cosa está clara: las aficiones impuestas dejan de ser divertidas, y, si te venden algo como divertido y después resulta que no lo es, ¿cómo esperan que reacciones? Todo el mundo se esmera en que comprendas, en que acates una serie de presupuestos que no estás dispuesto a comprender o a acatar. Y así, poco a poco, tus profesores han terminado considerando un fracaso lo que no es más que un error de planteamiento. No, leer no es divertido. No, leer no es beneficioso para los intereses que lentamente han ido creando en ti. Leer es difícil. Leer cuesta trabajo. Y la mayoría de las veces no es nada gratificante. En ciertas ocasiones es doloroso. Hay momentos en que las palabras impresas parecen clavarse como cuchillos en las pupilas y en el corazón. Pero ellos insisten con la misma cantinela. Lentamente, para que la realidad se adapte a sus pifias, han ido desterrando de tus aulas los libros más peligrosos, aquellos que te pueden quitar el velo de la mirada, y los han sustituido por otros mucho más inocuos, placebos que te sugieren, como los personajes de la Segunda Parte del Quijote, que la imaginación no cabe en este mundo, que la literatura no es más que una colección de consignas a la moda.

Los libros que hoy día te mandan leer en el instituto también están llenos de ruido, anegados por la algarabía de drogas, bulimia, padres separados, garitos que nunca cierran. Las autoridades educativas públicas -las que me pagan el sueldo- y las editoriales que se dedican al negocio de la enseñanza saben lo que se hacen. En realidad es una estrategia que trata de protegerte del silencio. Conocen bien a qué silenciosos territorios conduce la lectura, el mal que ésta te puede causar si te dejas tentar por sus ignotas geografías, por sus heroínas de larga cabellera, por sus argumentos políticamente incorrectos. Ellos buscan tu sociabilización. Por eso llenan el mercado de toda esa ruidosa literatura sociabilizante. Desean convencerte de que leer es divertido, de que ha de serlo por narices. Y, para ello, te ofrecen el burdo realismo de un mundo de paradigma y simulacro adolescente. Creen que esto es lo único que te puede enganchar. Aunque fingen ser los guardianes del canon literario, al final siempre terminan justificando su trabajo de sepultureros con las excusas de siempre. El canon está repleto de libros complicados, aducen, obras que ningún alumno entiende, que están anticuadas.

No obstante el canon les importa poco. No son guardianes de ningún canon. En realidad sólo se preocupan por ti. Saben que el Quijote, como tantos otros que ya han ido desapareciendo de tu instituto, es un libro peligroso que muestra esos dos tipos de horror que suscita toda auténtica lectura. Y jamás estarán dispuestos a revelarte el secreto que yo te estoy descubriendo ahora. No, no desean que sepas que leer te hará conocer el pánico de sentirte fuera del mundo, de ir a contracorriente. Pero, sobre todo, por nada del mundo querrían que alguna vez te situases frente a esa sospecha que trasciende tu pequeño mundo de relaciones sociales más o menos afortunadas, que abarca todo aquello que eres capaz de percibir, que te desarma, que te hiere, que termina aniquilándote inevitablemente cuando tienes una obra como el Quijote entre las manos.

La sospecha de que todo es una gigantesca, inabarcable mentira que nunca podrás desbaratar, porque tu desobediencia siempre formará parte de ella.

 

http://deseducativos.com/2009/12/02/carta-a-un-alumno-de-bachillerato-o-por-que-no-debemos-leer-el-quijote/

La libertad de prensa (George Orwell) Prólogo a Rebelión en la Granja.

 Este libro fue pensado hace bastante tiempo. Su idea central data de 1937, pero su redacción no quedó terminada hasta finales de 1943. En la época en que se escribió, era obvio que encontra¬ría grandes dificultades para editarse (a pesar de que la escasez de libros existentes garantizaba que cualquier volumen impreso se vendería) y, efectivamente, el libro fue rechazado por cuatro editores. Tan sólo uno de ellos lo hizo por moti¬vos ideológicos; otros dos habían publicado li¬bros antirrusos durante años y el cuarto carecía de ideas políticas definidas. Uno de ellos estaba decidido a lanzarlo pero, después de un primer momento de acuerdo, prefirió consultar con el Ministerio de Información que, al parecer, le ha¬bía avisado y hasta advertido severamente sobre su publicación. He aquí un extracto de una carta del editor, en relación con la consulta hecha: «Me refiero a la reacción que he observado en un importante funcionario del Ministerio de Información con respecto a Rebelión en la granja. Tengo que confesar que su opinión me ha dado mucho que pensar… Ahora me doy cuenta de cuán peligroso puede ser el publicarlo en estos momentos porque, si la fábula estuviera dedica¬da a todos los dictadores y a todas las dictaduras en general, su publicación no estaría mal vista, pero la trama sigue tan fielmente el curso histó¬rico de la Rusia de los Soviets y de sus dos dicta¬dores que sólo puede aplicarse a aquel país, con exclusión de cualquier otro régimen dictatorial. Y otra cosa: sería menos ofensiva si la casta do-minante que aparece en la fábula no fuera la de los cerdos.* Creo que la elección de estos anima¬les puede ser ofensiva y de modo especial para quienes sean un poco susceptibles, como es el caso de los rusos. » * No está claro quién ha sugerido esta modificación, si es idea propia del Sr. X… o si proviene del propio Ministerio. Pero parece tener marchamo oficial. (Nota de G. Orwell.) Asuntos de esta clase son siempre un mal sín¬toma. Como es obvio, nada es menos deseable que un departamento ministerial tenga faculta¬des para censurar libros (excepción hecha de aquellos que afecten a la seguridad nacional, cosa que, en tiempo de guerra, no puede merecer objeción alguna) que no estén patrocinados ofi¬cialmente. Pero el mayor peligro para la libertad de expresión y de pensamiento no proviene de la intromisión directa del Ministerio de Informa¬ción o de cualquier organismo oficial. Si los edi¬tores y los directores de los periódicos se esfuer¬zan en eludir ciertos temas no es por miedo a una denuncia: es porque le temen a la opinión pública. En este país, la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente perio¬distas y escritores en general. Es éste un hecho grave que, en mi opinión, no ha sido discutido con la amplitud que merece. Cualquier persona cabal y con experiencia pe¬riodística tendrá que admitir que, durante esta guerra, la censura oficial no ha sido particular¬mente enojosa. No hemos estado sometidos a ningún tipo de «orientación» o «coordinación» de carácter totalitario, cosa que hasta hubiera sido razonable admitir, dadas las circunstan¬cias. Tal vez la prensa tenga algunos motivos de queja justificados pero, en conjunto, la actua-ción del gobierno ha sido correcta y de una clara tolerancia para las opiniones minoritarias. El hecho más lamentable en relación con la censu¬ra literaria en nuestro país ha sido principal¬mente de carácter voluntario. Las ideas impopu¬lares, según se ha visto, pueden ser silenciadas y los hechos desagradables ocultarse sin necesi¬dad de ninguna prohibición oficial. Cualquiera que haya vivido largo tiempo en un país extran¬jero podrá contar casos de noticias sensaciona¬listas que ocupaban titulares y acaparaban espa¬cios incluso excesivos para sus méritos. Pues bien, estas mismas noticias son eludidas por la prensa británica, no porque el gobierno las prohíba, sino porque existe un acuerdo general y tácito sobre ciertos hechos que «no deben» men-cionarse. Esto es fácil de entender mientras la prensa británica siga tal como está: muy centra¬lizada y propiedad, en su mayor parte, de unos pocos hombres adinerados que tienen muchos motivos para no ser demasiado honestos al tra¬tar ciertos temas importantes. Pero esta misma clase de censura velada actúa también sobre los libros y las publicaciones en general, así como sobre el cine, el teatro y la radio. Su origen está claro: en un momento dado se crea una ortodo¬xia, una serie de ideas que son asumidas por las personas bienpensantes y aceptadas sin discu¬sión alguna. No es que se prohíba concretamen¬te decir «esto» o «aquello», es que «no está bien» decir ciertas cosas, del mismo modo que en la época victoriana no se aludía a los pantalones en presencia de una señorita. Y cualquiera que ose desafiar aquella ortodoxia se encontrará silen¬ciado con sorprendente eficacia. De ahí que casi nunca se haga caso a una opinión realmente independiente ni en la prensa popular ni en las pu¬blicaciones minoritarias e intelectuales. En este instante, la ortodoxia dominante exige una admiración hacia Rusia sin asomo de críti¬ca. Todo el mundo está al cabo de la calle de este hecho y, por consiguiente, todo el mundo actúa en consonancia. Cualquier crítica seria al régi¬men soviético, cualquier revelación de hechos que el gobierno ruso prefiera mantener ocultos, no saldrá a la luz. Y lo peor es que esta conspira¬cion nacional para adular a nuestro aliado se produce a pesar de unos probados antecedentes de tolerancia intelectual muy arraigados entre nosotros. Y así vemos, paradójicamente, que no se permite criticar al gobierno soviético, mien¬tras se es libre de hacerlo con el nuestro. Será raro que alguien pueda publicar un ataque con¬tra Stalin, pero es muy socorrido atacar a Chur¬chill desde cualquier clase de libro o periódico. Y en cinco años de guerra -durante dos o tres de los cuales luchamos por nuestra propia supervi¬vencia- se escribieron incontables libros, ar¬tículos y panfletos que abogaban, sin cortapisa alguna, por llegar a una paz de compromiso, y todos ellos aparecieron sin provocar ningún tipo de crítica o censura. Mientras no se tratase de comprometer el prestigio de la Unión Soviética, el principio de libertad de expresión ha podido mantenerse vigorosamente. Es cierto que exis¬ten otros temas proscritos, pero la actitud hacia la URSS es el síntoma más significativo. Y tiene unas características completamente espontá¬neas, libres de la influencia de cualquier grupo de presión. El servilismo con el que la mayor parte de la intelligentsia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa desde 1941 se¬ría sorprendente, si no fuera porque el hecho no es nuevo y ha ocurrido ya en otras ocasiones. Pu¬blicación tras publicación, sin controversia algu¬na, se han ido aceptando y divulgando los pun¬tos de vista soviéticos con un desprecio absoluto hacia la verdad histórica y hacia la seriedad inte¬lectual. Por citar sólo un ejemplo: la BBC celebró el XXV aniversario de la creación del Ejército Rojo sin citar para nada a Trotsky, lo cual fue algo así como conmemorar la batalla de Trafal¬gar sin hablar de Nelson. Y, sin embargo, el he¬cho no provocó la más mínima protesta por par¬te de nuestros intelectuales. En las luchas de la Resistencia de los países ocupados por los ale¬manes, la prensa inglesa tomó siempre partido al lado de los grupos apoyados por Rusia, en tan¬to que las otras facciones eran silenciadas (a ve¬ces con omisión de hechos probados) con vistas a justificar esta postura. Un caso particularmen¬te demostrativo fue el del coronel Mijáilovich, lí¬der de los chetniks yugoslavos. Los rusos tenían su propio protegido en la persona del mariscal Tito y acusaron a Mijáilovich de colaboración con los alemanes. Esta acusación fue inmediata¬mente repetida por la prensa británica. A los partidarios de Mijáilovich no se les dio oportuni¬dad alguna para responder a estas acusaciones e incluso fueron silenciados hechos que las re¬batían, impidiendo su publicación. En julio de 1943 los alemanes ofrecieron una recompensa de 100.000 coronas de oro por la captura de Tito y otra igual por la de Mijáilovich. La prensa in¬glesa resaltó mucho lo ofrecido por Tito, mien¬tras sólo un periódico (y en letra menuda) citaba la ofrecida por Mijáilovich. Y, entre tanto, las acusaciones por colaboracionismo eran ince¬santes… Hechos muy similares ocurrieron en España durante la Guerra Civil. También enton¬ces los grupos republicanos a quienes los rusos habían decidido eliminar fueron acusados entre la indiferencia de nuestra prensa de izquierdas; y cualquier escrito en su defensa, aunque fuera una simple carta al director, vio rechazada su publicación. En aquellos momentos no sólo se consideraba reprobable cualquier tipo de crítica hacia la URSS, sino que incluso se mantenía se¬creta. Por ejemplo: Trotsky había escrito poco antes de morir una biografía de Stalin. Es de su¬poner que, si bien no era una obra totalmente imparcial, debía ser publicable y, en consecuen¬cia, vendible. Un editor americano se había he¬cho cargo de su publicación y el libro estaba ya en prensa. Creo que habían sido ya corregidas las pruebas, cuando la URSS entró en la guerra mundial. El libro fue inmediatamente retirado. Del asunto no se dijo ni una sola palabra en la prensa británica, aunque la misma existencia del libro y su supresión eran hechos dignos de ser noticia. Creo que es importante distinguir entre el tipo de censura que se imponen voluntariamente los intelectuales ingleses y la que proviene de los grupos de presión. Como es obvio, existen cier¬tos temas que no deben ponerse en tela de juicio a causa de los intereses creados que los rodean. Un caso bien conocido es el tocante a los médi¬cos sin escrúpulos. También la Iglesia Católica tiene considerable influencia en la prensa, una influencia capaz de silenciar muchas críticas. Un escándalo en el que se vea mezclado un sacerdote católico es algo a lo que nunca se dará publicidad, mientras que si el mismo caso ocu¬rre con uno anglicano, es muy probable que se publique en primera página, como ocurrió con el caso del rector de Stiffkey. Asimismo, es muy raro que un espectáculo de tendencia anticatóli¬ca aparezca en nuestros escenarios o en nuestras pantallas. Cualquier actor puede atestiguar que una obra de teatro o una película que se burle de la Iglesia Católica se exponen a ser boicoteados desde los periódicos y condenados al fracaso. Pero esta clase de hechos son comprensibles y además inofensivos. Toda gran organización cuida de sus intereses lo mejor que puede y, si ello se hace a través de una propaganda descu¬bierta, nada hay que objetar. Uno no debe espe¬rar que el Daily Worker publique algo desfavo¬rable para la URSS, ni que el Catholic Herald hable mal del Papa. Esto no puede extrañar a na¬die, pero lo que sí es inquietante es que, donde¬quiera que influya la URSS con sus especiales maneras de actuar, sea imposible esperar cual¬quier forma de crítica inteligente ni honesta por parte de escritores de signo liberal inmunes a todo tipo de presión directa que pudiera hacer-les falsear sus opiniones. Stalin es sacrosanto y muchos aspectos de su política están por encima de toda discusión. Es una norma que ha sido mantenida casi universalmente desde 1941 pero que estaba orquestada hasta tal punto, que su origen parecía remontarse a diez años antes. En todo aquel tiempo las críticas hacia el régimen soviético ejercidas desde la izquierda tenían muy escasa audiencia. Había, sí, una gran canti¬dad de literatura antisoviética, pero casi toda procedía de zonas conservadoras y era clara¬mente tendenciosa, fuera de lugar e inspirada por sórdidos motivos. Por el lado contrario hubo una producción igualmente abundante, y casi igualmente tendenciosa, en sentido pro ruso, que comportaba un boicot a todo el que tratara de discutir en profundidad cualquier cuestión importante. Desde luego que era posible publicar libros an¬tirrusos, pero hacerlo equivalía a condenarse a ser ignorado por la mayoría de los periódicos importantes. Tanto pública como privadamente se vivía consciente de que aquello «no debía» ha¬cerse y, aunque se arguyera que lo que se decía era cierto, la respuesta era tildarlo de «inoportu¬no» y «al servicio de» intereses reaccionarios. Esta actitud fue mantenida apoyándose en la si¬tuación internacional y en la urgente necesidad de sostener la alianza anglorrusa; pero estaba claro que se trataba de una pura racionalización. La gran mayoría de los intelectuales británicos había estimulado una lealtad de tipo nacionalis¬ta hacia la Unión Soviética y, llevados por su de¬voción hacia ella, sentían que sembrar la duda sobre la sabiduría de Stalin era casi una blasfe¬mia. Acontecimientos similares ocurridos en Rusia y en otros países se juzgaban según distin¬tos criterios. Las interminables ejecuciones lle¬vadas a cabo durante las purgas de 1936 a 1938 eran aprobadas por hombres que se habían pa¬sado su vida oponiéndose a la pena capital, del mismo modo que, si bien no había reparo algu¬no en hablar del hambre en la India, se silen¬ciaba la que padecía Ucrania. Y si todo esto era evidente antes de la guerra, esta atmósfera inte-lectual no es, ahora, ciertamente mejor. Volviendo a mi libro, estoy seguro de que la reacción que provocará en la mayoría de los in¬telectuales ingleses será muy simple: «No debió ser publicado». Naturalmente, estos críticos, muy expertos en el arte de difamar, no lo ataca¬rán en -el terreno político, sino en el intelectual. Dirán que es un libro estúpido y tonto y que su edición no ha sido más que un despilfarro de pa¬pel. Y yo digo que esto puede ser verdad, pero no «toda la verdad» del asunto. No se puede afirmar que un libro no debe ser editado tan sólo porque sea malo. Después de todo, cada día se imprimen cientos de páginas de basura y nadie le da importancia. La intelligentsia británica, al menos en su mayor parte, criticará este libro porque en él se calumnia a su líder y con ello se perjudica la cau¬sa del progreso. Si se tratara del caso inverso, nada tendrían que decir aunque sus defectos li¬terarios fueran diez veces más patentes. Por ejemplo, el éxito de las ediciones del Left Book Club durante cinco años demuestra cuán tole¬rante se puede llegar a ser en cuanto a la chaba¬canería y a la mala literatura que se edita, siem¬pre y cuando diga lo que ellos quieren oír. El tema que se debate aquí es muy sencillo: ¿Merece ser escuchado todo tipo de opinión, por impopular que sea? Plantead esta pregunta en estos términos y casi todos los ingleses sentirán que su deber es responder: «Sí». Pero dadle una forma concreta y preguntad: ¿Qué os parece si atacamos a Stalin? ¿Tenemos derecho a ser oí¬dos? Y la respuesta más natural será: «No». En este caso, la pregunta representa un desafío a la opinión ortodoxa reinante y, en consecuencia, el principio de libertad de expresión entra en cri¬sis. De todo ello resulta que, cuando en estos mo¬mentos se pide libertad de expresión, de hecho no se pide auténtica libertad. Estoy de acuerdo en que siempre habrá o deberá haber un cierto grado de censura mientras perduren las socie¬dades organizadas. Pero «libertad», como dice Rosa Luxemburg, es «libertad para los demás». Idéntico principio contienen las palabras de Vol¬taire: «Detesto lo que dices, pero defendería has¬ta la muerte tu derecho a decirlo». Si la libertad intelectual ha sido sin duda alguna uno de los principios básicos de la civilización occidental, o no significa nada o significa que cada uno debe tener pleno derecho a decir y a imprimir lo que él cree que es la verdad, siempre que ello no im¬pida que el resto de la comunidad tenga la posi¬bilidad de expresarse por los mismos inequívo¬cos caminos. Tanto la democracia capitalista como las versiones occidentales del socialismo han garantizado hasta hace poco aquellos prin¬cipios. Nuestro gobierno hace grandes demos¬traciones de ello. La gente de la calle -en parte quizá porque no está suficientemente imbuida de estas ideas hasta el punto de hacerse intole¬rante en su defensa- sigue pensando vagamen¬te en aquello de: «Supongo que cada cual tiene derecho a exponer su propia opinión». Por ello incumbe principalmente a la intelectualidad científica y literaria el papel de guardián de esa libertad que está empezando a ser menosprecia¬da en la teoría y en la práctica. Uno de los fenómenos más peculiares de nues¬tro tiempo es el que ofrece el liberal renegado. Los marxistas claman a los cuatro vientos que la «libertad burguesa» es una ilusión, mientras una creencia muy extendida actualmente argumenta diciendo que la única manera de defender la li¬bertad es por medio de métodos totalitarios. Si uno ama la democracia, prosigue esta argumen¬tación, hay que aplastar a los enemigos sin que importen los medios utilizados. ¿Y quiénes son estos enemigos? Parece que no sólo son quienes la atacan abierta y concienzudamente, sino tam¬bién aquellos que «objetivamente» la perjudican propalando doctrinas erróneas. En otras pala¬bras: defendiendo la democracia acarrean la destrucción de todo pensamiento independien¬te. Éste fue el caso de los que pretendieron justi¬ficar las purgas rusas. Hasta el más ardiente ru¬sófilo tuvo dificultades para creer que todas las víctimas fueran culpables de los cargos que se les imputaban. Pero el hecho de haber sostenido opiniones heterodoxas representaba un perjui¬cio para el régimen y, por consiguiente, la masacre fue un hecho tan normal como las falsas acusaciones de que fueron víctimas. Estos mis¬mos argumentos se esgrimieron para justificar las falsedades lanzadas por la prensa de izquier¬das acerca de los trotskistas y otros grupos repu¬blicanos durante la Guerra Civil española. Y la misma historia se repitió para criticar abierta¬mente el hábeas corpus concedido a Mosley cuando fue puesto en libertad en 1943. Todos los que sostienen esta postura no se dan cuenta de que, al apoyar los métodos totalita¬rios, llegará un momento en que estos métodos serán usados «contra» ellos y río «por» ellos. Ha¬ced una costumbre del encarcelamiento de fas¬cistas sin juicio previo y tal vez este proceso no se limite sólo a los fascistas. Poco después de que al Daily Worker le fuera levantada la suspensión, hablé en un College del sur de Londres. El audi¬torio estaba formado por trabajadores y profesionales de la baja clase media, poco más o me¬nos el mismo tipo de público que frecuentaba las reuniones del Left Book Club. Mi conferencia trataba de la libertad de prensa y, al término de la misma y ante mi asombro, se levantaron va¬rios espectadores para preguntarme «si en mi opinión había sido un error levantar la prohibi¬ción que impedía la publicación del Daily Wor-ker». Hube de preguntarles el porqué y todos di¬jeron que «era un periódico de dudosa lealtad y por tanto no debía tolerarse su publicación en tiempo de guerra». El caso es que me encontré defendiendo al periódico que más de una vez se había salido de sus casillas para atacarme. ¿Dón¬de habían aprendido aquellas gentes puntos de vista tan totalitarios? Con toda seguridad debie¬ron aprenderlos de los mismos comunistas. La tolerancia y la honradez intelectual están muy arraigadas en Inglaterra, pero no son indestructibles y si siguen manteniéndose es, en bue¬na parte, con gran esfuerzo. El resultado de predicar doctrinas totalitarias es que lleva a los pueblos libres a confundir lo que es peligroso y lo que no lo es. El caso de Mosley es, a este efec¬to, muy ilustrativo. En 1940 era totalmente lógi¬co internarlo, tanto si era culpable como si no lo era. Estábamos entonces luchando por nuestra propia existencia y no podíamos tolerar que un posible colaboracionista anduviera suelto. En cambio, mantenerlo encarcelado en 1943, sin que mediara proceso alguno, era un verdadero ultraje. La aquiescencia general al aceptar este hecho fue un mal síntoma, aunque es cierto que la agitación contra la liberación de Mosley fue en gran parte ficticia y, en menor parte, manifesta¬ción de otros motivos de descontento. ¡Sin em¬bargo, cuán evidente resulta, en el actual desliza¬miento hacia los sistemas fascistas, la huella de los antifascismos de los últimos diez años y la falta de escrúpulos por ellos acuñada! Es importante constatar que la corriente rusó¬fila es sólo un síntoma del debilitamiento gene¬ral de la tradición liberal. Si el Ministerio de In¬formación hubiera vetado definitivamente la publicación de este libro, la mayoría de los inte¬lectuales no hubiera visto nada inquietante en todo ello. La lealtad exenta de toda crítica ha¬cia la URSS pasa a convertirse en ortodoxia, y, dondequiera que estén en juego los intereses so¬viéticos, están dispuestos no sólo a tolerar la censura sino a falsificar deliberadamente la His¬toria. Por citar sólo un caso. A la muerte de John Reed, el autor de Diez días que conmovieron al mundo -un relato de primera mano de las jor¬nadas claves de la Revolución rusa-, los dere¬chos del libro pasaron a poder del Partido Co-munista británico, a quien el autor, según creo, los había legado. Algunos años más tarde, los co¬munistas ingleses destruyeron en gran parte la edición original, lanzando después una versión amañada en la que omitieron las menciones a Trotsky así como la introducción escrita por el propio Lenin. Si hubiera existido una auténtica intelectualidad liberal en Gran Bretaña, este acto de piratería hubiera sido expuesto y denun¬ciado en todos los periódicos del país. La reali¬dad es que las protestas fueron escasas o nulas. A muchos, aquello les pareció la cosa más natural. Esta tolerancia que llega a lo indecoroso es más significativa aún que la corriente de admiración hacia Rusia que se ha impuesto en estos días. Pero probablemente esta moda no durará. Pre-veo que, cuando este libro se publique, mi visión del régimen soviético será la más comúnmente aceptada. ¿Qué puede esto significar? Cambiar una ortodoxia por otra no supone necesariamen¬te un progreso, porque el verdadero enemigo está en la creación de una mentalidad «gramofónica» repetitiva, tanto si se está como si no de acuerdo con el disco que suena en aquel momento. Conozco todos los argumentos que se esgri¬men contra la libertad de expresión y de pensamiento, argumentos que sostienen que no «de¬be» o que no «puede» existir. Yo, sencillamente, respondo a todos ellos diciéndoles que no me convencen y que nuestra civilización está basada en la coexistencia de criterios opuestos desde hace más de 400 años. Durante una década he creído que el régimen existente en Rusia era una cosa perversa y he reivindicado mi derecho a de¬cirlo, a pesar de que seamos aliados de los rusos en una guerra que deseo ver ganada. Si yo tuvie¬ra que escoger un texto para justificarme a mí mismo elegiría una frase de Milton que dice así: «Por las conocidas normas de la vieja libertad». La palabra vieja subraya el hecho de que la li¬bertad intelectual es una tradición profundamente arraigada sin la cual nuestra cultura occidental dudosamente podría existir. Muchos intelectuales han dado la espalda a esta tradi¬ción, aceptando el principio de que una obra deberá ser publicada o prohibida, loada o con¬denada, no por sus méritos sino según su opor¬tunidad ideológica o política. Y otros, que no comparten este punto de vista, lo aceptan, sin embargo, por cobardía. Un buen ejemplo de esto lo constituye el fracaso de muchos pacifistas in¬capaces de elevar sus voces contra el militarismo ruso. De acuerdo con estos pacifistas, toda vio¬lencia debe ser condenada, y ellos mismos no han vacilado en pedir una paz negociada en los más duros momentos de la guerra. Pero, ¿cuándo han declarado que la guerra también es cen¬surable aunque la haga el Ejército Rojo? Aparen¬temente, los rusos tienen todo su derecho a defenderse, mientras nosotros, si lo hacemos, caemos en pecado mortal. Esta contradicción sólo puede explicarse por la cobardía de una gran parte de los intelectuales ingleses cuyo pa¬triotismo, al parecer, está más orientado hacia la URSS que hacia la Gran Bretaña. Conozco muy bien las razones por las que los intelectuales de nuestro país demuestran su pusilanimidad y su deshonestidad; conozco por ex¬periencia los argumentos con los que pretenden justificarse a sí mismos. Pero, por eso mismo, se¬ría mejor que cesaran en sus desatinos intentan¬do defender la libertad contra el fascismo. Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír. La gente sigue vagamente adscrita a esta doctrina y actúa según ella le dicta. En la actualidad, en nuestro país —y no ha sido así en otros, como en la republicana Francia o en los Estados Unidos de hoy— los li¬berales le tienen miedo a la libertad y los intelec¬tuales no vacilan en mancillar la inteligencia: es para llamar la atención sobre estos hechos por lo que he escrito este prólogo.

Literatura y universidad Pública

Literatura y universidad Pública 

Por Harold Alvarado Tenorio

                

Dos han sido los momentos, en la última centuria, cuando los colombianos y sus gobiernos han tratado de dotar a la nación de centros de estudios donde se pudiesen analizar, críticamente, las condiciones de existencia histórica de la sociedad colombiana.

El primero data de la segunda mitad del siglo pasado, cuando en 1867 un gobierno de ideología liberal creó la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia. Una Universidad estatal, centralizada y orientada por las doctrinas del positivismo y el utilitarismo, a fin de librar la educación de la influencia y la tutela del Vaticano. El experimento duró una década y terminó con la ocupación de los establecimientos universitarios por parte de las fuerzas militares y la destinación de sus presupuestos para la financiación de las guerras contra los levantamientos populares de entonces.

Ese momento se corresponde con la aparición de los primeros intérpretes de la nación colombiana: los hermanos José María y Miguel Samper, Manuel Murillo Toro, Manuel María Madiedo, Aníbal Galindo, Florentino González, Manuel Ancizar, etc. Esfuerzo que se vio interrumpido y destruido de raíz con el Concordato de 1887 que entregó, otra vez al Vaticano, el control ideológico y la conducción de la educación. El resultado fue un retroceso en la investigación social y aplicada y la negación a las nuevas generaciones, de la posibilidad de un libre examen de las realidades históricas del inmediato pasado, sus Guerras Civiles, las luchas por la independencia, o el acceso a las recién creadas nuevas corrientes de pensamiento e investigación. Y de nuevo, la implantación de unos lenguajes que terminaron por hacer imposible toda comunicación y confrontación distinta a la de las armas.

Un segundo momento se produce en 1935 con la restructuración de la Universidad pública durante el gobierno de López Pumarejo. Y aun cuando el líder de la Segunda República Liberal entendiese la Universidad más como una “escuela de trabajo” que “una academia de ciencias”, la posibilidad del libre examen de las ideas, la participación democrática de profesores y estudiantes en su gobernabilidad y el cogobierno la hicieron, al menos en ese momento, el centro intelectual del cambio que requería la nación. Tanto la matrícula de estudiantes, como los aportes del gobierno para su funcionamiento, se triplicaron. Y a pesar del fracaso del gobierno liberal, la Universidad Nacional pudo, en las décadas siguientes, diversificar la enseñanza del derecho y la economía y crear las facultades de antropología y sociología.

La muerte de Gaitán y la Violencia institucional, señalan el fin del experimento del modelo liberal en la Universidad. A partir de esos años y con la implantación del Frente Nacional, la Universidad será convertida, primero, en una oficina de títulos, y luego en “el otro mundo”, un lugar de asilo y refugio de aquellos intelectuales y dirigentes que no podían o no querían hacer parte de la guerra de guerrillas, el terrorismo, o que consideraron que desde allí, desde el campus universitario, podían prestar un mejor apoyo a la insurrección, o lucrarse de ella posando de progresistas. Para el gobierno de Lleras Restrepo la Universidad Nacional ya había perdido el perfil que quisieron darle tanto los gobiernos liberales como los conservadores. Se había convertido en un centro de sobrevivencia de pequeños grupos de alienados de la vida política que hablaban y pensaban apenas como eco de los conflictos de la Guerra Fría y cuyo objetivo final, tanto del profesorado como de los estudiantes, era la toma del poder.

Desde 1958 hasta hoy las mayorías democráticas han estado ausentes del gobierno de la Universidad, haciendo de ella una agencia estatal de castigo y recompensas de dóciles o rebeldes, y las más de las veces, en un coto feudal de los Barones Universitarios, puntuales caciques del autoritarismo, y de sectas ideológicas desarraigadas y disolventes cuyo propósito es la destrucción de las instituciones mediante la ecolalia y el desprecio por todo aquello que represente una identidad nacional o continental.

Los gobiernos del Frente Nacional y las administraciones posteriores fomentaron una burocratización de la Universidad que aniquila de hecho toda transparencia en la toma de decisiones, dando patente de corzo a las manipulaciones de aquellos grupos, que protegiendo sus intereses, ahondan la brecha existente entre los estudiantes y los profesores. Los Profetas de la Posmodernidad ha “reformado” la Universidad para hacer desaparecer todo vestigio de oposición a sus apetitos burocráticos, con la venia de una sociedad cada vez más confundida y sin rostro.

Uno de los sutiles instrumentos en esta abolición de la memoria colectiva ha sido, incluso desde los mismos años de la Segunda República Liberal, la ignorancia de las Literaturas del continente. Hoy es apenas una élite, -ni siquiera una minoría-, la que conserva memoria de lo que fue y quiso ser Colombia durante la centuria de años que van desde la muerte del Libertador hasta los años finales de experimento modernizador de López Pumarejo. Y será apenas, un puñado de ellos, los que entienden y conocen el desarrollo del Continente. Brasilia y New York siguen estando más lejos, para las minorías intelectuales colombianas, que París o Aquisgrán. Sólo en el último lustro, en la Universidad Nacional se han creado la Carrera y el Departamento de Literatura, pero su orientación sigue siendo, en parte sustantiva, de carácter teorético, más que enfocado a satisfacer la necesidades de investigación, conocimiento y diseminación de las Literaturas Nacionales y Continentales.

Puede afirmarse, entonces, que en las últimas décadas, en la Universidad han predominado concepciones que sin producir expertos en exotismos y anacro­nismos y muchísimo menos entreno en la lengua, han impedido la comunicación y discusión de nuestras concepciones del mundo a través de nuestras literaturas. En los últimos tres semestres escolares, para dar un ejemplo, se ha ofrecido, a una población estudiantil de mas o menos 20.000 individuos, “cursos de literatura” a sólo 302 estudiantes- promedio, es decir, a un ínfimo, OI5l% de esa población. Y de literaturas colombianas y América Latina a 100,6 estudiantes promedio, es decir, a un ,0005% (1).

Parece mentira, pero sólo en un país y una universidad como la Nacional de Colombia, luego del fin de la Guerra Fría, el comunismo y la presencia vital de las Aldeas Globales, su departamento de literatura evita la educación literaria -en su propia lengua- de la mayoría de sus estudiantes, y a una irrisoria minoría inculca ideologismos y literaturas que les son ajenas, desdeñando las propias.

La actual estructura académica y burocrática de la Universidad responde así como he historiado, a los intereses centralistas de unas minorías agresivas que han hecho de la ciencia (?), y la tecnología (!), dos fetiches para incrementar y satisfacer sus apetitos de poder.

La Nueva Universidad, que debió surgir del ejercicio de la Nueva Constitución y la formación de un Nuevo Estado, debe poner en pie de igualdad todas las disciplinas que concurren en la Universidad, y no sólo privilegiar aquellas que son fuentes directas de ganancias y poder.

Para que las Literaturas Colombianas y de América Latina puedan ocupar el lu­gar que les corresponde en la formación de un Nuevo País, deben constituirse en varias de las opciones educativas y de formación profesional de todos los estudiantes universitarios en sus diversas especialidades. Y para que ello sea posible es necesario incrementar, de manera inmediata, la investigación y difusión de las literaturas nacionales y continentales, contrarrestando decididamente los intereses de los Barones Universitarios que siguen usando nuestras literaturas como cobayas de Indias para la aplicación de sus modelos teoréticos.

De allí que se imponga la creación de un Instituto para la Investigación de las Literaturas Colombiana y América Latina en la Universidad Nacional de Colombia. Un ente que pueda obrar sin las cortapisas financieras e ideológicas que hoy son impuestas a los Departamentos Universitarios.

 

La Prensa, Bogotá, Marzo 9 de 1989.

EL POEMA EVENTUAL

EL POEMA EVENTUAL O, PARA CITAR LIBREMENTE A PICASSO, AÚN ESTÁ PROHIBIDO HABLAR CON EL PILOTO


EL QUE sólo dispone de pocos minutos para hablar puede generalizar. Por eso empiezo con la siguiente frase: Todo poema bueno es un poema eventual; todo poema malo es un poema eventual; sólo los así llamados poemas de laboratorio se reservan la saludable posición del centro: no son nunca muy buenos ni totalmente malos, pero siempre inteligentes e interesantes.

El que aquí lo dice y afirma se cuenta entre los poetas eventuales, y le disgustan los poetas incapaces de esperar su oportunidad, los caballeros en el laboratorio de los sueños, los caballeros con los amplios compendios de diccionarios, los caballeros —también pueden ser damas— que de la mañana a la noche trabajan con lengua, con el material del idioma, que locuaces residen cerca del silencio, que andan siempre sobre la huella de lo inexpresable, que llaman textos a sus poemas, que no quieren que se les diga poetas sino no sé que, que —digámoslo de una vez— no conocen la oportunidad, la musa.

En tanto que el poeta de laboratorio puede llenar páginas enteras describiendo sus métodos y es a menudo un extraordinario ensayista, dar una explicación seria de su procedimiento resultará difícil al poeta eventual; si yo, como empedernido poeta eventual, dijera: En cuanto tengo la sensación de que un poema está flotando en el aire evito estrictamente comer legumbres secas y con frecuencia ando sin razón, aunque con sentido, en taxi, por caro que me resulte, para que se suelte ese poema que se cierne en el aire, el poeta de laboratorio alzaría burlonamente la ceja y me llamaría un discípulo anticuado, si no es que reaccionario del esoterismo, por creer en la influencia de las legumbres secas y los paseos en taxi y por ende en un individualismo que él, el poeta de laboratorio, ya superó hace mucho tiempo, desde antes que X, Y y Z, mediante consecuentes minúsculas y la meritoria eliminación de todos los sustantivos (su colega sólo erradicó las preposiciones). No obstante, me atrae la idea de revelar algunos trucos del poeta eventual. Puesto que no se trata de secretos de laboratorio, es decir, de algo imitable, puedo permitirme con toda confianza ser expansivo, pues mis oportunidades no son las mismas de otro poeta eventual. Por lo tanto, cuando un poema se anuncia en el aire y presiento que esta vez la musa quiere visitarme con una obra de cinco estrofas y tres líneas, no me ayudan ni la renuncia a las legumbres secas ni el andar sin medida en taxi, sino una sola cosa: comprar arenques frescos, destriparlos, freírlos, escabecharlos, rechazar las invitaciones de personas a las que les gusta hablar sobre música electrónica, asistir, en cambio, a fiestas donde los profesores tejen intrigas, escucharlos, tejer con ellos, pero por lo que más quiera no regresar a casa en taxi, aunque sí dormir consecuentemente sin almohada. Es cierto que este método no ayuda siempre. Una vez, debo admitirlo, la inversión total —compré media cabeza de cerdo, la preparé en gelatina, hablé sobre música electrónica con la gente, evité a los profesores y sus intrigas, atrevidamente regresé a casa en taxi, dormí con dos almohadas— me ayudó a producir un poema de cinco estrofas de tres líneas que entretanto ha pasado a formar parte de la historia de la literatura.

En la esperanza de que hayan podido entender mis explicaciones, en realidad sencillas, descubriré ahora el truco del poema de cuatro líneas. Es el típico poema eventual, su caso original. Al principio está siempre un acontecimiento; no es necesario que sea importante. Fui con el sastre, por ejemplo, para que me tomara las medidas para un traje. El sastre tomó las medidas y preguntó: “¿Lleva usted las cosas en la izquierda o en la derecha?” Mentí y contesté: “En la izquierda.” En cuanto hube dejado la sastrería, contento porque no me descubriera el sastre, me olió a algo y tuve que admitir: un poema flotaba en el aire; si no me engañaba por completo, uno de cuatro líneas. Pasaron casi cuatro semanas antes de que se descargara la nube y naciera el poema. Recogí el traje y he ahí que pese a las indicaciones falsas me quedaba bien, la mentira había perdido su razón de ser, por decirlo de alguna manera; sólo faltaba escribir la acostumbrada postal exhortatoria de cuatro líneas a un amigo que desde hace ocho años me debe 20 marcos, como siempre lo hago poco antes del alumbramiento de un poema de cuatro líneas: y ya estaba echando —aún no se secaba la postal— el título y cuatro líneas sobre el papel preparado de antemano:

La mentira

Tiene más bajo el hombro derecho, dijo mi sastre.

Porque llevé la mochila del lado derecho, contesté sonrojándome.


Debo admitir que no es posible clasificar estas cuatro líneas como un poema moderno. Si bien me he resignado, por ser anticuado y dotado sólo de las dimensiones usuales, a tener que esperar estas oportunidades, siento envidia, especialmente cuando en mis cercanías inmediatas vuelve a cernirse un poema sin disponerse a bajar, del poeta de laboratorio que no tiene que esperar de una oportunidad en otra, que no tiene que recorrer tres veces a la semana el Hohenzollerndamm hasta el amargo final, como yo, con chícharos sin pelar en los zapatos, porque el caminar sobre chícharos sin pelar place a la musa que protege mis oportunidades. No, el poeta de laboratorio permanece sentado en su laboratorio, sin chícharos, calzado con pantuflas en minúsculas, tiene a Max Bense a su espalda, el tarjetero a la mano, y maneja libremente el material siempre dispuesto del idioma, se ríe de las oportunidades, arma y despedaza elementos arbitrarios y botánicos, con seriedad, autocrítica y diligencia, y después de su jornada de ocho horas —en la medida en que sea posible hablarle a este anulador del tiempo de una jornada de ocho horas— sabe qué ha hecho: experimentar, y mañana podrá seguir experimentando.

Con toda mi envidia estoy agradecido —lo reconozco— hacia el poeta de laboratorio. Alivia mi trabajo al realizar experimentos bastante interesantes en áreas que yo también debería cultivar, en las pausas entre oportunidad y oportunidad, pero no tengo que hacerlo porque existe él, el poeta de laboratorio; impertinente y epígono, lo agarro por los resultados y, entendiéndolos mal, aprovecho según la oportunidad, como debe de ser, el fruto de sus experimentos.

Después de estas exposiciones hasta el último de los lectores habrá comprendido que un poeta eventual no carece completamente de ética laboral. También yo sé hablar de oportunidades que no lo fueron; durante meses no hay ningún poema en el aire. Entonces el poeta eventual guarda silencio, lo cual no pretende decir que viva cerca de lo llamado indecible, del silencio.

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