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Archive for the 'Textos polémicos' Category

Meterse en una novela es ir a trabajar; la poesía es estar de vacaciones

Marzal:«Meterse en una novela es ir a trabajar; la poesía es estar de vacaciones»

Su acogida en el reino de la crítica ha sido excelente. «Creo que han visto que hay una apuesta literaria y un intento de hacer, sobre todo, estilo», reconoce.

¿Cómo será recibido el poeta en el reino de los novelistas? «Aún no lo sé, pero siempre con un poco de recelo», sospecha

A. ASTORGA

MADRID. Carlos Marzal no publica por azar «Los reinos de la casualidad» (Tusquets). Ya barbilampiño trató de escribir narrativa. Le aburrían mucho las clases de la Universidad de Valencia -salvo contadísimas excepciones de excelentes profesores- y no le quedó más remedio que refugiarse en su casa para leer y crear. Pero no pudo terminar nunca sus novelas porque la poesía se le cruzó en el camino. Hace siete años comenzó esta extensa novela y en ese largo recorrido ha recibido el Nacional de poesía por «Metales pesados», obra de la que se dijo que abría nuevas vías a la llamada «poesía de la experiencia». «Mi experiencia con respecto al mundo de las sectas es que quienes más hablan de las sectas son los sectarios. No tengo ni la impresión de pertenecer a ninguna ni la intención de promoverlas», aclara uno de los poetas más serios de su generación. ¿Hay sectarios en la novela? «En todos los sectores, entre médicos, políticos, cocineros y escritores». Marzal es matinal y metódico, nada maniático, aunque necesita silencio.

Si la crítica le ha recibido con los brazos abiertos, ¿cómo será acogido el poeta en el reino de los novelistas? «Aún no lo sé, pero siempre creo que con un poco de recelo», sospecha. ¿De qué recelan los novelistas? «Muchas veces se piensa que un poeta viene a hacer una novela de poeta, prosa lírica la llaman, y eso en mi caso no responde en absoluto a la realidad. No soy restrictivo ni purista. Me parece que tiene que haber literatura de consumo, de mercado, de calidad… todo tipo de libros».

Asegura Marzal que el poema requiere un esfuerzo intensivo y manejable y la novela un afán prolongado. «La novela es la única forma de sentirse escritor. El poeta pocas veces tiene la sensación de ser un escritor y el prosista la tiene siempre. Meterse en la novela es ir a trabajar y la poesía es más bien estar de vacaciones y de vez en cuando hacer algo», describe.

En «Los reinos de la casualidad» cinco personajes, que viven y respiran literatura, cartografían sus mundos. «Todos los lectores, tarde o temprano, terminamos por teñir de literatura todo lo que nos rodea. La literatura termina por ser un filtro para la realidad. El arte me interesa porque intensifica la vida y hace que las cosas que vemos a nuestro alrededor tengan más atractivo. Los personajes de la novela filtran el mundo a través de la literatura para vivirla con fuerza».

Devoto lector de la novela nabokoviana, -«don Vladimir es uno de los grandes genios de la literatura del siglo XX»-, Marzal no hace ninguna diferencia entre vida y arte o entre realidad y literatura: «Una cosa tiñe la esencia de la otra y viceversa». ¿Puede reducirse, entonces, la vida a un aforismo? «No, ni la vida ni una novela. Un instante de percepción es más complejo que todas las páginas que se han escrito. Pero necesitamos todas esas páginas para tratar de explicarnos ese minúsculo destello de la conciencia».

¿El mundo es un fabulario?: «El mundo está repleto de historias sin argumento único. La vida no tiene una única historia que contar, sino que es un conglomerado de pequeñas y grandes tramas, de miserias y actos gloriosos. La Historia, con mayúsculas, no nos cuenta nada en concreto; es un fabulario, como se dice en la novela». ¿Qué opina de los premios novelísticos un poeta premiado? «La mayor parte de ellos -concluye- no deberían llamarse así; son más bien becas editoriales, para vender, lo cual es muy loable».

Joan Margarit: \"La poesía es ante todo economía\"

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

DIARIO CÓRDOBA, 25 de marzo de 2006

CICLO POETICO DEL PALACIO DE ORIVE

Joan Margarit: "La poesía es ante todo economía"

Presentó su antología ‘Amor y tiempo’ y ofreció una lectura. El escritor catalán aboga por el rigor y la austeridad retórica.

JULIA ZAFRA (25/03/2006) (25/03/2006) El poeta catalán Joan Margarit presentó ayer su poemario antológico Amor y tiempo y procedió a una lectura de poemas del mismo en el Palacio de Orive, dentro del ciclo del Aula de Poesía.

En el acto, presentado por el autor de la introducción de su libro, el también poeta, Antonio Jiménez Millán, Margarit se convirtió en el referente de una poesía contemporánea realista y urbana, testigo escrito de los sentimientos de transeúntes anónimos de diversas ciudades.

La "lucidez" es su herramienta de trabajo "para atravesar las capas de falsedad y engaños del mundo hasta llegar a estas personas", indica.

LUCIDEZ Y AUSTERIDAD

El autor de Luz de lluvia y Joana , indaga en el amor y la muerte "porque están indisolublemente unidos", y añade que esta dicotomía encarna el "contraste más maravilloso ya que sin la muerte, la vida no sería tan preciada".

Su obra se caracteriza por la austeridad y el rigor retórico y en su defensa afirma que "la poesía es ante todo economía, porque más es menos, de ahí que la poesía sea la faceta más exacta de las letras como las matemáticas son las más exactas de las ciencias", señala.

Joan Margarit, para quien la poesía supone "uno de los pocos instrumentos de consolidación y de poner orden en nuestro interior", considera el nacimiento de una nueva generación poética en España.

Actualmente, acaba de publicar Cálculo de estructuras , un homenaje al "oficio" de arquitecto que desempeña en Barcelona, y que compagina "muy bien" con la poesía, su "forma de vida", explica.

Krauss cree que el poder de la literatura es la imaginación

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

EL PAÍS, 3 de abril de 2006

Krauss cree que el poder de la literatura es la imaginación 

\’La historia del amor\’, su segundo libro, parece marcado por la nostalgia del pasado

BÁRBARA CELIS  -  Nueva York

La escritora Nicole Krauss

La imaginación puede ser la única medicina para un pasado amargo que amenaza con destruir el futuro. Los habitantes de La historia del amor (Salamandra), el segundo libro de la estadounidense Nicole Krauss (Nueva York, 1974), abrazan vidas y mundos ficticios para huir de la sombra de sus propios recuerdos, porque "nuestro pasado construye nuestro presente, y siempre me ha fascinado cómo puede marcarnos".

Krauss, menuda, de aspecto frágil y mirada segura, creció en las afueras de Nueva York en el seno de una familia adinerada. Sus cuatro abuelos, polacos de origen judío, nunca regresaron a sus pueblos porque la guerra y los nazis los destruyeron. "La historia de mi vida empieza en cuatro sitios que ya no existen. Ese sentimiento de pérdida estaba presente en mi casa. Quizás por eso, el peso de la memoria sea tan importante en mis novelas. O quizás sea algo innato en mí, ya que siempre he sido una persona nostálgica", explica en un café en Nueva York.

El aroma de esa nostalgia marca La historia del amor. En el libro, alabado por J.M. Coetzee, sus dos protagonistas, la adolescente Alma Singer y el anciano Leo Gurnsky, necesitan olvidar para sentirse libres, así que reinventan sus recuerdos. "Todos lo hacemos. Recordamos sólo aquello que decidimos recordar y apartamos cosas que nos han hecho sufrir. Nuestras memorias se tejen con un hilo narrativo que, en cierto modo, es puramente ficcional", afirma Krauss.

En su primer libro, Man walks into a room, la pérdida se analizaba desde otro punto de vista. El protagonista de aquella novela sufría de amnesia. "No puedes ser nostálgico si tu pasado se ha borrado. Pero en ese caso el dolor viene de la necesidad de buscar lo perdido".

El denso tejido de los recuerdos también es parte de la temática narrativa en los libros de su marido, el escritor Jonathan Safran Foer, otra joven revelación de la literatura estadounidense. "Supongo que venimos de familias con experiencias similares y eso ha influido en nuestra manera de mirar hacia el pasado", explica Krauss, quien confiesa sentirse "frustrada" por los ataques que un sector de la prensa especializada ha lanzado contra ambos, a quienes se ha acusado de escribir libros demasiado similares. "Si no hubiéramos estado casados, se hablaría de \’las nuevas tendencias\’ de la literatura joven", se defiende la escritora, a quien toda la experiencia le ha dejado un cierto sabor amargo. "Una vez comencé a leer una biografía de Borges y la abandoné enseguida. Descubrí que su vida no era tan genial como su obra y no quise que arruinara el poder de sus libros. La biografía no debería importar más que la obra. El poder de la literatura está en la imaginación", dice.

Es inevitable preguntarle por la polémica que ha convulsionado el mundo editorial estadounidense tras descubrirse que las memorias de James Frey en realidad son ficción y que JT Leroy, un autor que se ocultaba tras una peluca y unas gafas de sol, es un personaje inventado por una mujer que firmaba bajo ese nombre. "El caso de JT Leroy es muy significativo porque demuestra que el mundo editorial también es víctima de la devoción hacia las celebridades. Nuestra cultura está contaminada por esta obsesión y estamos perdiendo la perspectiva de las cosas", afirma Krauss. Respecto a Frey, afirma que "le ha faltado honestidad".

Para esta autora, que comenzó su carrera entregada a la poesía, "un género muy preciso que tiene el potencial de la perfección", los escritores no son importantes: "Son los libros lo que importa, no pueden frenar guerras pero pueden mejorar nuestra calidad humana". En La historia del amor, que será adaptada al cine por Alfonso Cuarón, uno de los personajes escribe un libro titulado Palabras para todo. ¿Considera que existen palabras para todo? "No, la literatura es la búsqueda de la expresión de sentimientos y hechos para los que no tenemos palabras. Si hubiera palabras para todo, la vida sería menos interesante".


Stevenson, Dumas y Dostoievski inmortalizaron la crueldad

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

LA JORNADA, 11 de abril de 2006

Exploran la veta en Doctor Jekyll y Mr. Hyde, El conde de Montecristo y Crimen y castigo

Stevenson, Dumas y Dostoievski inmortalizaron la crueldad

En días de guardar se pueden leer esas obras o asistir al estreno del montaje Poe y Baudelaire

ANA MONICA RODRIGUEZ

Francisco José de Goya y Lucientes en la obra El dos de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol (1814), presenta a los madrileños con ojos desorbitados por la rabia, la ira y la indignación, que acuchillan con sus armas blancas a jinetes y caballos, mientras los franceses rechazan el ataque e intentan huir.

El apacible Doctor Jekyll se transforma en el colérico Mr. Hyde. Un ilusionado Edmundo Dantés se convierte en el vengativo Conde de Montecristo. Y el joven Raskolnikov asesina a una usurera, cobijado en un ambiguo e inentendible perfil sicológico.

Robert Louis Stevenson, Alejandro Dumas y Fedor Dostoievski inmortalizaron así en la literatura al sexto pecado capital, la ira, veta en la que coincidieron los tres célebres escritores para re-crear en sus obras Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El conde de Montecristo y Crimen y castigo, de manera respectiva, las acciones humanas bajo diversas circunstancias.

Appetitus inordinatus vindictae, es decir, un \’\'apetito desordenado de venganza. Que se excita -continúa la definición latina- en nosotros por alguna ofensa real o supuesta. Para que la ira sea pecado, se requiere que el apetito de venganza sea desordenado, es decir, contrario a la razón\’\’.

, es decir, un \’\'apetito desordenado de venganza. Que se excita -continúa la definición latina- en nosotros por alguna ofensa real o supuesta. Para que la ira sea pecado, se requiere que el apetito de venganza sea desordenado, es decir, contrario a la razón\’\’.

Hay también pecado en la aplicación de la venganza, aunque esta sea legítima, cuando uno se deja dominar por movimientos inmoderados de la pasión. La ira se convierte en pecado gravísimo porque vulnera la caridad y la justicia. De este pecado se desprenden: el maquiavelismo, el clamor, la indignación, la contumelia, la blasfemia y la riña.

Mutación en vindicta

Injusticia, como el encarcelamiento de Edmundo Dantés, quien mediante una conjura es preso en el lúgubre castillo de If, donde padece el aislamiento y, de ser un ingenuo marinero, se convierte en un hombre culto bajo la guía y cobijo del abate Faria, su mentor y protector hasta el momento de su muerte.

La ira se muta en venganza y convierte a Dantés en el Conde de Montecristo, individuo mundano, adinerado y dispuesto a someter a todos aquellos que se confabularon en su contra.

La novela, concluida en 1844, versa sobre la aventura de Dantés después de la ira en torno de la búsqueda de justicia, amor, venganza, compasión y perdón.

\’\'La ira se convierte en pecado gravísimo cuando nuestro instinto de destrucción sobrepasa toda moderación racional y, desbordando todo límite dictado por una justa sentencia, se desea sólo la inexistencia del prójimo" y llega a la memoria la obra magistral de Dostoievski, cuando Raskolnikov, protagonista de Crimen y castigo, exhibe una extraña personalidad.

Su ira contra el entorno social se manifiesta en el homicidio de la avara y cruel prestamista.

Introvertido, antisocial y extravagante, el personaje planea el asesinato de la usurera, pero comete graves errores.

Repugnancia y maldad

Quizá donde la ira halla el mejor ejemplo es en la transformación del prestigiado Doctor Henry Jekyll en el aborrecible Mr. Hyde.

La búsqueda del Doctor Jekyll en separar las dos naturalezas del hombre mediante la ciencia, le permite crear una porción que separa el bien y el mal.

De su oscura doble personalidad emerge un semihombre con características que, según Stevenson, rayan en la repugnancia, la maldad y la ira que posee Mr. Hyde contra todo lo que le rodea.

La pócima para transformarse, por cierto, surge debido a un error en las sustancias de las cuales se provee sin saberlo Jekyll. Tras innumerables cambios de personalidad, el apacible doctor sucumbe ante su lado negativo. El investigador sabe que no existe una cura que revierta los efectos y se suicida antes de que Hyde adopte completamente su personalidad.

Al margen de esos escritores, los accesos de ira también se ocultan detrás de una supuesta víctima, que no lo es ni lo será, pues sus objetivos están delimitados en demérito o no de sus valores.

La más sensible e inofensiva persona, se ejemplifica en la literatura clásica, deviene poderoso destructor si no controla los accesos a los que conlleva el sexto pecado capital, que \’\'es el sentido emocional de desagrado y, generalmente, antagónico, suscitado por un daño real o aparente. La ira puede llegar a ser pasional cuando las emociones se excitan fuertemente".

Para abundar sobre el sexto pecado capital sugerimos leer o releer Crimen y castigo, Editorial Epoca, cuesta 77 pesos; El conde de Montecristo, Editorial Porrúa, 120 pesos y Dr. Jekyll y Mr. Hyde, del sello Tique, cuesta 37 pesos.

Asimismo, acudir al estreno de la obra Poe y Baudelaire o los limbos del mal, de Miguel Angel de Bernardi, a las 20:30 horas en el Foro Shakespeare (Zamora 7, colonia Condesa).

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Lorca no sería nada sin Antonio Machado

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

DIARIO DE BURGOS, 7 de abril de 2006

Ian Gibson:«Lorca no sería nada sin Antonio Machado»
El hispanista inglés subraya en su última obra la relación de confianza que imperó entre Machado y Lorca

EFE / FUENTE VAQUEROS

Sin Antonio Machado, Federico García Lorca no sería el artista que hoy conocemos, según el hispanista Ian Gibson, quien presentó ayer en Fuente Vaqueros, pueblo natal del autor granadino, Antonio Machado, ligero de equipaje, una biografía del escritor sevillano.

Gibson recordó que «el primer encuentro entre Machado y Lorca tuvo lugar en Baeza, cuando Federico era pianista y no había dado aún el salto hacia la poesía».

Para entonces, el granadino conocía ya la obra del sevillano, ya que en 1917 había sido publicada una recopilación de los poemas de Machado por la Residencia de Estudiantes, en la que Federico era inquilino, y «yo creo que el encuentro con don Antonio fue importante» para que Lorca diera definitivamente ese salto, apuntó.

Sin embargo, el influjo fue mutuo, ya que, según relata el hispanista, Machado, aunque no pudo asistir al estreno de Bodas de sangre, sí acudió a su cuarto día de representación y salió de la obra «profundamente conmovido». Tanto que le envió a Lorca una carta en la que le describía el efecto que tuvo en él y le conminaba a «seguir escribiendo obras así».

Según Gibson, esta demostración de afecto es algo inusual en Machado, «un hombre tímido, retraído, que no tenía mucha relación con los poetas de la generación de Lorca, y que sin embargo le escribió esa misiva».

Para el hispanista, el origen de dicha reacción cordial está, seguramente, en que «Machado es un hombre que tuvo una vida amorosa muy difícil. En aquel momento está relacionado con Pilar de Valderrama, una relación imposible, casi trágica, de la cual hablo mucho en el libro, y cuando ve la obra de Federico y ve que esa relación tampoco puede ser, creo que se sintió identificado, y salió de la obra conmovido».

La biografía incluye algunos capítulos desconocidos hasta ahora de la vida de Machado, como el que revela el trauma que el escritor sevillano experimentó al perder a una «gran compañera», al tener que abandonar, con cuatro años, el Palacio de las Dueñas, «su paraíso perdido».

Aunque la identidad de esta compañera no ha trascendido, este capítulo de la infancia de Machado es fundamental para comprender «cómo revivió ese trauma posteriormente, con la pérdida de su joven esposa Leonor».

La presentación de la obra sobre Machado tuvo lugar en el marco de la inauguración, en la Casa Natal de Lorca en Fuente Vaqueros, de la exposición Federico García Lorca 1936: Documentos para la memoria, promovida por la Diputación de Granada, que incluye una selección de documentos, en buena parte del Archivo Ian Gibson, que sirvieron al hispanista para realizar su biografía sobre el poeta granadino, alguno de los cuales nunca se han exhibido.

Entre ellos, figuran la respuesta a una carta de Ian Gibson del poeta Jorge Guillén, donde éste recuerda la última vez que vio a Lorca, durante la lectura de La casa de Bernarda Alba, en 1936, u otra misiva de José Bergamín sobre el día en que Federico le fue a entregar Poeta en Nueva York, para su publicación en Cruz y Raya, que el poeta dio «en víspera de marcharse desgraciadamente a Granada».

Para Gibson, este «va a ser un magnífico año» ya que, con motivo del 70 aniversario de su caída, «va a haber mucho debate sobre la II República, espero que pacífico, que nos va a ayudar a conocerla mucho mejor», y en el que «habrá muchos descubrimientos de documentación desconocida».

El autor de La noche en que mataron a Calvo Sotelo confió en que se produzcan avances sobre las fosas comunes de la Guerra Civil, y recordó que «el Gobierno lo ha prometido».

Huxley y Orwell: las antiutopías y un antídoto

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

FORUM LIBERTAS, 7 de abril de 2006

Huxley y Orwell: las antiutopías y un antídoto

Siguen vivos y terribles Un Mundo Feliz y 1984, y también la propuesta de Chesterton para combatir el desasosiego vital.

Sigue de rabiosa actualidad la lectura de dos joyas literarias del siglo XX: Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley, y 1984 (1949), de George Orwell. Y siguen siendo apetitoso pasto de nuestros pensamientos porque exploran las consecuencias de uno de los pilares de la modernidad y de la postmodernidad: la muerte de Dios.

A finales del siglo XIX, Nietzsche, en su fragmento del "hombre loco", nos dice: "¿Que dónde está Dios? [...] Os lo voy a decir: lo hemos matado; ¡vosotros y yo! Todos somos asesinos de Él. [...] Aquel que era el más Santo y Poderoso, Aquel que poseía todo el Universo, yace ahora desangrado por nuestras cuchilladas; y ¿quién podrá dejarnos limpios de su sangre?".

En 1984 ya no hay Dios; pero, eso sí, el Gran Hermano te vigila

La de Nietzsche es simplemente una constatación sociológica. Las antiutopías antes mencionadas no son más que desarrollos narrativos de la cuestión, paralelos a la sucesión de acontecimientos históricos que demostrarán que el hombre sigue manchado por ese asesinato.

Vigencia relativa de las antiutopías

En Un mundo feliz, escrito entre las dos guerras, se empiezan a proyectar imaginativamente los resultados de este sangriento giro copernicano. Huxley lleva a las últimas consecuencias la substitución de Dios por el Estado. La historia se desarrolla seiscientos años después de Ford (también llamado Freud).

Dios ha desaparecido del mapa, los hombres son creados por ingeniería genética, condicionados desde su origen en sus capacidades y gustos, predestinados en sus vidas por un estado planificador que les garantiza una pseudo felicidad fácil basada en la periódica ingesta de "soma" -una droga sin contraindicaciones-, el consumo, el sexo sistemático e infértil, la práctica de una suerte de religión místico-materialista y demás recursos hedonistas que permiten el olvido, incluso el olvido del olvido.

En 1984, escrito tras la segunda guerra mundial, se hace la misma proyección, pero con un mayor grado de conciencia histórica. Tras la morbosa exhibición bélica, Orwell piensa un Estado que ya no aplica la violencia al hombre con el fin de procurarle un paraíso en la tierra, un mundo de bienestar y felicidad material, sino que "El Gran Hermano", el mismísimo poder, el ojo que todo lo ve, tiene como único fin su perpetuación en el propio poder.

Para ello, falsifica sistemática e higiénicamente la historia y la información mediática, somete a férrea vigilancia a los ciudadanos y no se conforma con coartarlos en su actuación, sino que no ceja hasta poseerlos espiritualmente, porque, como dice O\’Brien, el torturador del Partido: "Controlamos la materia porque controlamos la mente. La realidad está dentro del cráneo. [...] Somos nosotros quienes dictamos las leyes de la naturaleza".

Ambas antiutopías son, en cierta medida, aún vigentes, aunque en parte hayan sido superadas por los hechos. El Estado, desde el mayo del 68 y, sobre todo, tras la caída del muro de Berlín, parece que se bate en retirada ante el crecimiento de otras estructuras que lo substituyen progresivamente.

Aquel que en la modernidad se erigía en Dios Todopoderoso se revela ahora como un mero instrumento de la razón pura que hay que reajustar. El poder se revela como algo que no necesita del Estado para ejercer su violencia sobre el individuo, sino que se metamorfosea fácilmente, convirtiéndose ora en los grandes fraudes bursátiles, ora en la acción de determinados grupúsculos mínimamente organizados que son capaces de cometer atentados como el de las Torres Gemelas.


Chesterton, la esperanza

La solución parece lejana para un mundo como el nuestro, con el que las antiutopías guardan un parecido desasosegante. Y aquí es donde El Napoleón de Notting Hill, de G. K. Chesterton, una obra escrita mucho antes que las otras dos, en 1904, puede arrojar alguna luz decisiva a la hora de encontrar un antídoto contra ese nihilismo que parece invadirlo todo. Su acción está ambientada en el Londres de 1984, en un mundo dominado por las grandes potencias y gobernado por absurdas burocracias económicas. Inglaterra se parece mucho a la Inglaterra de 1904, pero su afán democrático ha hecho que el rey se escoja ahora a suertes entre los funcionarios.

Como nos dice el narrador: "La democracia había muerto porque nadie tenía interés en que la clase gobernante gobernase. Inglaterra se convirtió prácticamente en un despotismo, pero no hereditario. Algún miembro de la clase funcionarial era nombrado rey. A nadie le importaba cómo, a nadie le importaba quién fuera. No era más que un secretario universal".

Muerto el rey, se proclama uno nuevo, Auberon Quinn, un personaje dislocado, un romántico vencido por la locura que va a fracturar con sus inesperadas leyes la preciada normalidad de los londinenses. El resultado es lo que tanto le gustó a Chesterton, poner el mundo al revés y, entre paradojas, saltos y volatines, hacer confesar a sus personajes los secretos de la modernidad. Como dice el desnortado soberano: "Paseando por una calle con el mejor puro del cosmos en la boca y más borgoña en mi interior que el que hayas podido tomar en toda tu vida, he deseado ver convertirse una farola en un elefante para salvarme así del infierno de una existencia vacía. Hazme caso, mi evolucionista Bowler: no des crédito a quien te diga que la gente buscaba una señal y que creía en los milagros porque era ignorante. No, creía en ellos porque era sabia, cochina y vilmente sabia, demasiado sabia para tener la paciencia de comer, dormir o calzarse las botas. Tengo la deliciosa sensación de hallarme ante una nueva teoría del origen de la Cristiandad, de suyo no poco absurda. Anda, toma un poco más de vino".

Amistad versus antiutopía

Chesterton huye de la antiutopía porque sabe que es una hija de la utopía que ha perdido la esperanza de conseguir la felicidad humana, por la que él siente devoción. Por eso, parece decirles a Huxley y a Orwell: "Si, como dicen vuestros pudientes amigos, no hay dioses y vivimos bajo cielos oscuros, ¿por qué iba a pelear un hombre sino por el lugar donde conoció el Edén de la infancia y la brevedad celestial del primer amor? Si no hay templos ni escrituras sagradas, ¿puede haber algo sagrado aparte de la juventud del hombre?". Así, recuperamos la esperanza con Chesterton cuando, al final de la novela, dice: "No, no puede durar. Algo ha de acabar con esta incomprensible indolencia, con este incomprensible egoísmo ensoñador, con esta incomprensible soledad de millones de individuos. Algo tiene que cambiarnos. ¿Por qué no damos usted y yo el primer paso?".

Es decir, que no se crea una realidad nueva pronunciando discursos y organizando proyectos alternativos, sino viviendo una amistad verdadera entre hombres que buscan la felicidad. Se trata de un antídoto sencillo, de un antídoto que viene de antiguo y que no parte de la muerte de Dios, sino de su resurrección.

Jorge Martínez Lucena es profesor de la Universidad Abat Oliba

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Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Turismo rural más allá de lo que conoces. Otra cosa.

EL JAGUEY DE LA VIRGINIDAD (Joce G. Daniels G.)

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:
Relato
El jagüey de la virginidad

En Pueblo Bonito[1], un caserío abandonado  por Dios y por el Gobierno, ubicado a orillas de Yuma, el río del país amigo como  llamaban los valientes y heroicos chimilas al majestuoso Río Grande de la Magdalena, se encuentra el Jagüey de la Virginidad, que según cuentan sus habitantes y dan testimonios muchas féminas, a pesar de la incredulidad de la gente, tiene la particularidad de devolver la virginidad todas las veces que una mujer quiera recuperarla.
La leyenda del Jagüey de la Virginidad se remonta a principios del siglo anterior, cuando Pura Virginia,  una joven campesina que se encontraba caminando por el bosque, buscando mariposas azules, de esas que llenan los jardines de melodías y trinares, fue  desflorada por un grupo de maleantes citadinos  que desde hacía rato la atisbaban. Después de semejante desgracia que le truncó su entrada triunfal al mundo de las primaveras, deambuló durante varios días caminando, soportando su dolor y teniendo como únicos testigos de su desventura a los animales salvajes que trataban de consolarla con su gruñidos y canturreos. Fue el  anciano Josenel, shamán sobreviviente de los antiguos malibúes, que andaba con una cornamusa encantada llenando la naturaleza de melodías, quien le contó sobre las bondades y virtudes  curativas de la charca. Debía hacerlo en noche de plenilunio después de la Danza Lunar.
-Después de la Danza de la Luna, siguiendo los ritmos y melodías de mi caña de millo te sumerges en sus aguas cuando esté la noche  en el plenilunio, y así según la leyenda de mis ancestros, recuperarás la honradez y la lozanía, le dijo.
Desde esos tiempos hasta nuestros días, son muchas las historias que se han tejido en torno al Jagüey de la Virginidad, unas son desfavorables, pero la gran mayoría es favorable a los privilegios de sus frescas aguas, que nunca se secan y además tiene otras virtudes, tales como mantener lozanos y pródigos a los animales que abrevan en sus aguas  en las horas de más calor.
Cuando estaba pequeño, escuché la historia o la fábula en las conversaciones de Dona con Evangelina, la culona. En las mañanas  ella llegaba a  la casa, a contar los chismes de la noche anterior y los que iban a suceder y a beber café tinto soportando la seria mirada que mi papá le lanzaba desde el chinchorro acostado con las piernas cruzadas y tratando de leer el periódico de ayer.
Años después, cuando estudiaba en el Colegio Pinillos de Mompox, alguno de mis compañeros, natural  de un pueblo de aquellos que circuyen la férula de la histórica ciudad, contaba en el aula de clases sobre las bondades del “jagüey de la virginidad”. Fue la segunda vez que escuché algo referente a dicha charca lo que me obligó a investigar en muchos lugares del mágico Caribe y en casi todo el territorio colombiano si realmente existía un pozo de aguas encantadas que tenían la extraña virtud de reagrupar las piezas del himeneo, sea cual fuere la edad de la mujer que se sumergiera en sus aguas, después de danzar al compás de las notas de una cornamusa en una noche de plenilunio.
En mis investigaciones, me tope con muchas sorpresas y más de un centenar de mujeres ancianas me confirmaron la existencia del prodigioso cuerpo de aguas cuya gran virtud, según ellas no solo es la devolver intacta la virginidad, sino que mantiene fresco y alegre el espíritu. “Imagínate Amaranto, me dijo la señora Inocencia Dulce, cuando yo supe que Flavio volvería y se casaría conmigo después de tantos años   en que él me había conocido señorita y toda curiosita, debido a que en la Universidad había tenido amantes y novios y no quedaban vestigios del himeneo, me propuse buscar una manera de esconder mis desgracias. Fue entonces cuando alguien me contó que en algún lugar de este hermoso y bello país, donde la gente a pesar de las guerras y las muertes sigue añorando una segunda oportunidad, existe un aljibe de aguas encantadas que devuelve la virginidad”.
Inocencia Dulce,  que había agotado todas las formas para que su próximo esposo no se fuera  en blanco y hasta el fondo  en el tálamo nupcial y la echara como lo que era, una vil ramera universitaria que se acostaba por un tabaco o una gaseosa, hizo lo que nunca pensó hacer. Salió de su ciudad y comenzó a buscar las señales e indicios para encontrar el virtuoso pozo de agua que podría darle la tan esperada felicidad. “Y fue así, me dijo. Recuerdo que esa tarde en aquel pueblo había un tropel de meretrices jóvenes, unas de los lupanares de  Magangué y otras de los lujosos cabaret de Pereira y de Medellín. Habían llegado en una excursión y todas tenían el mismo objetivo: recuperar la virginidad  porque muchas de ellas se iban a casar”.
Lo cierto fue que la señora Inocencia Dulce, una llanera de racamandaca no solo se casó con aquel militar que le echó el ojo cuando a la edad de diez años la vio por primera vez asomada en la ventana del colegio de las monjas, sino que ella también se sintió atraída cuando él le dijo que era natural de un pueblo del remoto y mágico caribe. El día en que se casaron, ella tenía la raja tan cerrada por el hechizo de las aguas del jagüey que fue tanta la fuerza que hizo su marido por destaparle el coño que la cabeza de la pinga se le desgañitó.  En todo caso Flavio siempre estuvo feliz y orgulloso de la virginidad de su esposa, porque a pesar de los años que habían pasado desde la última vez que se vieron y de todo lo que decían de las universitarias, su esposa Inocencia Dulce la noche del himeneo seguía siendo una mujer pura y virgencita como la selva de su San Vicente del Caguán.
 Vine a saber que el encantado y virtuoso jagüey  de la virginidad quedaba en Pueblo Bonito, a orillas de Yuma, en las estribaciones de la Serranía de San Lucas, una noche en que me encontraba en uno de los puteaderos de mala muerte de El Banco y una anciana meretriz que tenía el cuello  como  un acordeón, pero que se sabía todas las artimañas del amor, después de prodigarme toda clase de atenciones dijo:
-“El polvo le vale cinco pesos, porque soy virgen”.
Fue ella quien me contó detalle a detalle todo sobre el enigmático pozo y la manera de llegar a aquel pueblo refundido entre bosques y cantos de pájaros, cuyos habitantes no querían que se supiera donde quedaba porque temían la llegada de los comerciantes, inversionistas y naturalmente turistas.
Hoy, después de tantos años quiero hacer esta infidencia, pues creo que es un deber mío pregonar a los cinco vientos, a las montañas y a los valles, antes de irme a las fauces del Averno, la existencia en Pueblo Bonito del Jagüey de la Virginidad, el mítico lugar vigilado por Josenel, el shamán, que toca una cornamusa, mientras las mujeres en el plenilunio de la madrugada se lanzan a las cristalinas aguas para recuperar la virginidad perdida. Ojalá vayan, porque es un lugar apacible e idílico tal como en alguna época lo describió Pura Inocencia, la joven que a principios del siglo pasado tuvo el privilegio de ser la primera mujer en probar el virtuosismo de las aguas y naturalmente recuperar la lozanía y virginidad.

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[1] El relato fue publicado en el suplemento virtual Caribanía No. 2, que dirige el escrito Guillermo Tedio.

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El problema es cuando la novela histórica trae una tesis ideológica

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

DIARIO DE JEREZ, 22 de octubre de 2004

vi congreso de la fundación caballero bonald

"El problema es cuando la novela histórica trae una tesis ideológica"

El escritor Luis Landero utilizó su primera obra, \’Juegos de la edad tardía\’, para explicar el trasfondo histórico "que siempre subyace en toda novela aunque el autor no lo busque"

PILAR NIETO

jerez. El escritor Luis Landero fue ayer uno de los \’platos fuertes\’ de la segunda jornada del congreso sobre literatura e historia organizado por la Fundación José Manuel Caballero Bonald. Para su charla, titulada \’Novela y memoria histórica\’, landero se basó fundamentalmente en su primera obra, \’Juegos de la edad tardía\’ "como ejemplo de cómo la ficción y la memoria, lo que uno ha vivido objetivamente, para explicar un poco el trasfondo histórico que hay detrás de la novela y que tampoco lo he buscado, sino que se trasluce sin que uno lo busque".

Landero reconoció que "algo fundamental en mi generación es el haber vivido dos vidas, el haber vivido en un pueblo, en un ambiente rural y campesino, y haber pasado luego a una mentalidad urbana e industrial. Los que vivimos esa época, los años sesenta, en la época del boom económico, de los emigrantes y demás, tuvimos un poco la suerte de vivir como un siglo en miniatura, pasamos del siglo XIX al siglo XX, de una mentalidad rural urbana e industrial, y eso es una cosa que le pasa a José María Merino, a Luis Mateo, incluso a Muñoz Molina y tantos otros, que hemos vivido como en dos mundos, y de algún modo damos testimonio de esa experiencia tan singular".

En su opinión, al autor de una novela histórica "no se le debe exigir objetividad. Sólo que no traicione la verdad histórica, porque además sería incurrir en la inverosimilitud, pero evidentemente, un novelista que aborda un asunto histórico, lo que tiene que hacer es utilizar la Historia como cimiento objetivo, como telón de fondo, y sobre eso crear personajes, tramas y conflictos. Las mejores novelas históricas son aquellas donde lo objetivo y lo ficticio se mezclan de un modo armónico. Más que la objetividad, a lo que debe aspirar una novela es a una recreación artística y ficticia de la época, con un fondo real pero nada más. No puede ser otra cosa que ficción".

Landero reconoció que "evidentemente, hay quien hace novelas históricas donde hay una tesis ideológica, tener una ideología que puede contagiar e impregnar al lector, pero bueno, se supone que el lector es lo suficientemente lúcido".

El autor advirtió no obstante que este sustrato ideológico en una novela "sí se puede evitar. La ideología no tiene por qué aparecer, al menos en la voz del autor, pero sí en la de los personajes, y en una novela puede haber personajes de distinto signo político, con lo cual ese conflicto de ideologías está muy bien. El problema es cuando la novela histórica es una tesis ideológica, y de hecho hay novelas históricas de la guerra civil española de derechas y otras de izquierdas. Te lo cuentan pero desde una óptica ideológica. \’Madrid de Corte a Checa\’ por ejemplo, de Agustín de Foxá, es una novela de derechas".

EL IDIOMA MATERNO DE EUROPA

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:
 

–¿Para qué quieres la gramática letona de Bielenstein? En los Balcanes no tendrás que hablar en letón con nadie.

Mi hermano concluyó tranquilamente de hacer el trato con el propietario del puesto ambulante de libros y después me dijo sonriendo:

–No es más que un recuerdo del Japón. Llevaba allí cuatro semanas cuando un colega japonés me presentó en la Universidad una nota con un par de palabras garrapateadas en letón y me pidió que las tradujese. Los dos nos quedamos no poco sorprendidos. Yo estaba contratado como profesor de alemán y dominaba acaso el francés y el inglés, en la forma que se aprende en nuestras escuelas. Ahora me exigían letón. El colega japonés, por su parte, no podía comprender que yo encontrase dificultades en un idioma europeo, pues todos ellos le parecían muy semejantes en léxico y construcción. Cuando menos él aprendió inglés con sorprendente rapidez tan pronto como consiguió dominar el alemán. ¿Y no es el letón también un idioma indoeuropeo? En resumen, tuve que sentarme y estudiar la nota. Cuando caí en la cuenta de que el «meitu gegheris» equivalía al holandés «meisjesjager» o al «Mädchenjäger», que en español quiere decir «tenorio», había ganado la mitad de la batalla. Todavía pude traducir «¡Ojalá me hubiera ahogado mi madre de pequeño!» Mi amigo japonés supo todo lo que deseaba. Pero yo aprendía en Kochi, en el Japón, lo que hubiera podido aprender mucho más fácilmente en Europa, es decir, a no sentir temor ante ningún idioma europeo, pues todos los indoeuropeos, están emparentados entre sí.

Indoeuropeo-indogermano

El japonés llamaba indoeuropea a esa familia de idiomas. La ciencia alemana, primera que descubrió esta conexión, ha conservado el antiguo nombre de «indogermánico». Ambas denominaciones significan lo mismo; es decir, que desde Calcuta y Madrás en la India; desde Teherán, en Persia, y Eriván, en Armenia, pasando por Roma, Atenas y Bucarest, Sofia y Belgrado, Moscú y Riga, hasta Berlín, Londres, París, Madrid y Lisboa, y, más al Norte, hasta Islandia, a través de Copenhague, Estocolmo y Oslo, todos los idiomas tienen la misma fuente y se asemejan en riqueza de palabras como en la construcción y, según veremos, en la concepción del medio ambiente.

Naturalmente que no se piense al decir esto en el enjambre de palabras que siguen a la civilización por todo el mundo como pajes de cola, como hotel, estación, capital, social y moderno. Cada año surgen nuevas palabras semejantes a éstas. En lo esencial proceden del latín, que se ha afirmado en nuestro tiempo como idioma internacional religioso, oficial y erudito. El griego y las lenguas vivas contienden con él en este aspecto. Ni Cicerón ni Horacio han conocido un «restaurant» pero ambos podrían reconocer rápidamente el significado de tal inscripción sobre la puerta de un establecimiento si volviesen a la tierra; es un neologismo erudito francés tomado del latín. También puede ser que aquí una y allá otra de estas palabras reciban la misma acepción: en los países alemanes, escandinavos y eslavos, el enfermo puede enviar a la «Apotheke»; en Roma y París se llama «farmacia» y «pharmacie». Ambas palabras son de origen griego: «Apotheke» es el almacén o depósito de mercancías; «pharmacie» es la colección de medios terapéuticos.

Se empieza con el yo y el tú

Pero no hablamos aquí de estas palabras de la civilización. No, los términos que cada idioma considera propios desde un principio, pueden se comprendidos sin necesidad de aclaración por todos los habituados a este idioma, porque presienten sus «raíces», portadoras del verdadero sentido; estas palabras aparentemente las más peculiares de cada uno son comunes a la mayor parte de los idiomas europeos.

Se comienza con el yo y el tú. Ambas palabras no son en general las primeras que pronuncia un niño. Ya es un progreso importante en el conocimiento que un pequeño ser diga por primera vez «yo» y se separe así del resto del mundo. Importa mucho más que el niño entre en seguida en buena relación con el «tú», es decir, con el resto del mundo, con lo que el yo y el tú quedan bien definidos para toda la vida. El filósofo griego Platón decía «ego», lo mismo el emperador Augusto, un pequeño romano de hoy dice «io», el portugués «eu», el holandés «ik», el danés y el noruego «jeg», el francés «je» o «moi», el iglés «I». Los griegos decían «ü» a la segunda persona; los latinos «tu», como lo hacen hoy los portugueses y los españoles, como también los letones y lituanos; «ti» los serbocroatas, «Thou», el inglés cuando se refiere a Dios. El holandés cortés no tutea a la gente, sino que le dice de «gij» (usted). ¿Y en indio? Seguramente han oído ustedes hablar ya de la gran enseñanza del budismo: «Tat tvam asi», «también tú eres esto». «Tvam» contiene la raíz idiomática de nuestro «tú».

Al principio pertenecemos a nuestra familia. Los nombres de parentesco –padre, madre, hermano, hermana– constituyen un ejemplo especialmente hermoso de nuestro caudal y recorren, modificados poco en su fonética desde Calcuta hasta Islandia. Quizá diga un francés «Pero mis père», «mère» y «frère» suenan de manera completamente diferente que los «Vater», «Mutter» y «Bruder» alemanes o que los ingleses «father», «mother» y «brother». Sólo necesitamos recordar que Napoleón I prohibió la «recherche de la paternité» o que la revolución francesa transformó en consigna la «ègalité, liberté, fraternité» y tenemos ya dos términos –«paternité» y «fraternité»– en su forma completa. Por lo demás, también el sueco acostumbra a contraer sus «fader» y «moder» en «far» y «mor».

También puede ocurrir que un idioma utilice un término propio para expresar una de tales palabras. El «Bruder» alemán es en español «hermano» y en portugués «irmâo». Pero el portugués llama al hermano religioso «freire», y en Sevilla la cofradía –«Bruderschaft» en alemán– recorre las calles en procesión. También el griego pide la palabra: hermano es para él «adelphos», palabra que nos es conocida de Filadelfia, la ciudad del amor fraternal. Podemos objetar a los griegos que, además de «adelphos», sus antepasados conocían la palabra «phrator».

¿Hace falta continuar con los apelativos de parentesco? Los antiguos prusianos, los actuales lituanos y letones, los rusos, servios y búlgaros llaman «mati» a la madre. Las palabras padre, madre, hermano y hermana se repiten hasta la India. También en la denominación de los restantes parentescos existen amplias coincidencias en la familia idiomática indoeuropea. Los filólogos comprueban que en el parentesco es mayor la atención hacia la familia del hombre que hacia la de la mujer. ¡Decide el derecho paterno, no el materno!

Buenas noches a través de toda Europa

¡Pero dejemos a los parientes! Les deseamos buenas noches a todos y continuamos. Aquí tenemos ya otra palabra común. «Gute Nacht» dice el alemán, «god nat» el danés, «god natt» dice el noruego, «good night» quien habla inglés, «buona notte» el italiano, «bonne nuit» el francés, «boa noîte» el portugués y «buenas noches» el español cortés. Es siempre la misma palabra en latín «nox noctis», en griego «nüx, nüktos». También el serbocroata desea «laku noc». Y así sucesivamente, hasta Teherán y Madrás. Al contrario de la noche, el día, «Tag» en alemán, se le llama «dag» en Amsterdam, «Dag» en Copenhague, «dag» en Estocolmo y Oslo, «day» en Londres y en Lisboa «dia», mientras Roma yParís parecen hacer excepciones con «giorno» y «jour»; pero ambas palabras proceden del adjetivo «diurnus», diario, más cómodo en boca de los latinos que «dies», el verdadero sustantivo. La tarde, «Abend» en alemán es «avond» en holandés, «aften» en danés, «afton» en sueco, «evening» en inglés. El sueco tiene aún otra palabra, «kväll». Los filólogos enseñan que el mozo hace un «Kiltgang» en los Alpes alemanes cuando visita de noche a su novia y que este «kilt» y el «kväll» sueco son una y la misma raíz, que ha perdurado en las montañas escandinavas y en los Alpes alemanes.

Todas las cosas buenas son tres

Hemos reunido ya tres grupos de palabras: los calificativos de las personas, del parentesco y de las horas del día. En ruso podemos hablar de una «troika», o triga. «Todas las cosas buenas son tres (drei)», dice el alemán. Quizá opinen ustedes que la propia Trinidad se ha preocupado de que recorra todo el mundo la designación del tres sagrado. Pero, para hablar de otro idioma, en Budapest se dice «három». El húngaro, el estonio, el turco y el finlandés no pertenecen ya al grupo lingüístico indoeuropeo. Naturalmente, no es sólo el tres común a los indoeuropeos, sino también las demás cifras: «octo» en latín, «otto» en italiano, «ocho» en español, «huit» en francés, «eight» en inglés, «okto» en griego, «acht» en alemán, «otte» en danés, «åtte» en noruego, «åtte» en sueco.

Tres árboles y tres animales

En alemán hay tres nombre de árboles: «Birke» (el abedul), «Buche» (el haya) y «Eiche» (el roble) y tres de animales: «Bär» (el oso), «Wolf» (el lobo), y «Schaf» (la oveja). «Birke» es en holandés «berken»; para el danés «birk»; «breza» para el serbocroata; «bereza» para el pequeño ruso. «Buche» es «bukva» para los eslavos, mientras el sueco tiene en sus bosques «bok», «björk» y «ek». Al pronto, el latino «fagus» o el italiano «faggio», como el portugués «faia», parecen extraños a «Buche» y «buk», pero los sonidos «f» y «g», se modifican en la boca, el uno más suave y el otro más ásperamente. Sin embargo el «fagus» latino nos permite explicar el significado del nombre «Buche»: encontramos la raíz «fag» en la palabra «anthropophage» (comedor de carne humana). El «fagus» o el «Buche» era el árbol de los frutos comestibles.

«Bär» (el oso) ha recibido su nombre del color. Es maese «Braun» (marrón). Lo propio ocurre con gran parte de las lenguas indogermanas. También la raíz «Wolf» (el lobo) experimenta las más peculiares variaciones de sonido cuando pasa de un idoma a otro: «lükos» en griego, «lupus» en latín, «lôbo» en portugués, «visk» en antiguo eslavo, «Wolf» en alemán y «ulo» en danés.

El antiguo nombre alemán «Egenolf» significa lobo agudo. «Ege», «Ecke», «eckig» es la modificación fonética del «acus» latino (aguja), en italiano «ago», en rumano «ac» y «acies» (agudeza, frente de batalla). Ya conocen ustedes la palabra «akut» (agudo)

Dejemos a un lado el refrán alemán: «Zum Wolf gehört das Schaf» (la oveja acompaña al lobo), a pesar de que podría encontrarse también en otros idiomas y tomemos la palabra «Aue», del dialecto de la Baja Sajonia. En holandés existen dos semejantes, «schap» y «ooi». Desde «Aue» o «ooi» la distancia es relativamente reducida hasta el inglés «ewe», el griego «ois», el rumano «oaie», el latino «ovis», el eslavo «obtsa» o el antiguo indio «avi». Ustedes saben que la oveja era el animal sagrado. El Indra védico, es decir, casi la más antigua divinidad india, se representa como un carnero. El Zeus griego tenía ante su rostro una máscara de carnero, para no perjudicar a Hércules con su mirada. El dios germánico Donar fue arrastrado al cielo por dos carneros y diseminó belemnitas por los campos. Antiquísimas pinturas rupestres del Sahara representan carneros sagrados; son las pinturas más antiguas de la humanidad.

Los idiomas escandinavos parecen dejarnos en mal lugar con la palabra «Schaf», para la que tienen «Faar», o «får». Son conocidas las islas danesas Feroe o de las ovejas. Los filólogos nos enseñan que «faraz» es una deformación fonética de la raíz del «pecus» latino, en alemán «Vieh» (ganado). También los italianos llaman con frecuencia a las ovejas «pecore», el ganado. En el «pecus» latino se basa también una expresión rumana para pastor, «pacurar». Otra vez nos encontramos ante un término indoeuropeo que, por lo demás, todos conocen. En la Edad Antigua, como todavía hoy en muchas partes de África, se pagaba todo con ganado, que era la moneda y por tanto el capital. Así, los latinos llaman al dinero «pecunia», el hato o tropel. Quien se hallaba en dificultades «pecuniarias», carecía de dinero con que poder pagar.

Aunque somos pobres, nos resta la participación en los elementos de vida generales. Tomemos de ellos el agua, «Wasser» en alemán. El antiguo romano decía «aqua» mientras el de hoy dice «acqua». En francés, la raíz se transformó en «eau» y en plural «eaux», al que corresponde el término más antiguo de «aix», como en Aix-les-Bains, el magnífico balneario saboyano al que el Emperador Graciano dotó de grandes termas. También del agua ha tomado su nombre la ciudad imperial alemana de Aachen (Aquisgrán), cuyos baños fueron un regocijo para Carlomagno. Los bávaros llaman «Ache» a un torrente, el Achensee y el Salzach, cerca de Salzburg han dado a conocer la palabra. Más al Norte, sólo queda la «a» de «aqua». Fulda y Werra se llaman los dos ríos alemanes que forman al unirse el Weser.

Otra denominación del elemento líquido de la tierra es «Wasser» en alemán; «water» en holandés e inglés; «vatten», en sueco; «woda», en serbocroata y ruso. Cuando usted bebe wodka, toma una «agüita». «Woda» está emparentado con el latín «umides», húmedo, o «unda», la ola, y el griego «hydor», o con el antiguo indio «ud», lo que hoy significa todavía «húmedo» en rumano. También podríamos mencionar, el persia o el armenio.

A propósito de la taza

Usted prefiere mejor que agua una taza de café. «Taza» es un extranjerismo de origen árabe y no nos concierne en nada. Pero los ingleses toman «a cup», los holandeses un «kopje» y también el alemán habla de un «Tassenkopf». La palabra significa vasija y cabeza. Entre latinos e italianos se ha conservado el término «cupa», «cuppa», «coppa», vasija y vaso. La cabeza es la vasija, el revestimiento del encéfalo. En el litoral alemán se bebe una «cáscara de café». La filología relaciona etimológicamente esta crátera con la palabra «Schädel». Por lo demás, el romano tenía todavía una palabra para vasija, «testa». Significaba primitivamente cacharro o tarro y con el bajo latín adoptó el significado de cabeza. El monte Testaccio, en Roma, fue durante mucho tiempo el barrio pobre de la ciudad. «Testa» engendró «tète» en francés que extremece quizá a propios y extraños por su cercano parentesco con «Gefäss» y «Kopf». Nos acude a la memoria que con el cráneo del enemigo vencido se fabricaba antiguamente la crátera del vencedor. El rey lombardo Alboin obligó a su esposa Rosamunda a beber en el cráneo de su padre, a quien había vencido y matado en la lucha. Tuvo que expiarlo con la muerte. Pero así nos conducen súbitamente a tiempos remotos dos palabras que usamos inocentemente en gran parte de Europa y también de Asia.

La pregunta es natural: ¿Cómo llegan a tener los pueblos el mismo acervo de palabras? ¿Se emplean quizá confundidas? Los filólogos nos previenen contra la deducción de consanguinidades a partir de los idiomas. Un pueblo imperante puede haber impuesto su lengua a otro sometido, para lo que la coacción no necesitaba ser cruel. Pero, ¡cuántos pueblos han sido romanizados por los romanos y hablan hoy un idioma romano, una lengua hija del latín y no necesitan para ello ser todos latinos! No obstante tal cautela, los filólogos están convencidos de que una vez existió un pueblo aborigen –el «indoeuropeo» o «indogermánico»– del que procede no sólo el idioma sino también la sangre de los pueblos indoeuropeos. ¿Cuándo y dónde ha vivido este pueblo?

¿Dónde estuvo la residencia primitiva de los indoeuropeos?

Es el sino de la ciencia tener que convencerse a veces –constantemente dicen los sabios– de que su ciencia era errónea. Así, se ha supuesto que la residencia primitiva de los países indoeuropeos radicaba en los países más diversos, hasta que llegó a probarse que se encontraba en un país nórdico. «Birke», «Buche», «Eiche», «Wolf» y «Bär» no pueden sustituirse por palmera y caña de azucar, león y tigre. La ciencia busca todavía hoy, en general, palabras indoeuropeas para todo lo que caracteriza a la zona tórrida, a pesar de que gran parte de los indoeuropeos viven en la misma. En cambio, «Schnee» (nieve) se llama en latín «nix, nivis», «neve» en italiano y portugués, «neige» en francés, «sneuw» en holandés, «snö» en sueco, «sniegas» en lituano, «sniegs» en servocroata y «nipha» en griego. La raíz llega hasta la India, en tanto que Hungría, por ejemplo, le llama «hò». Los idiomas eslavos parecen tener su propia raíz –«led»– para «eis» (hielo).

Falta un término común para el mar, de manera que la residencia primitiva no se encontró junto a él, pues de otra manera no hubiera sido olvidado. Los indogermanos no tenían buques, sino carruajes (Wagen). Esta palabra, que indica el vehículo de cuatro ruedas, no prevalece, pero el «Karren» tiene sus equivalentes en el «currus» romano, el sueco «kärra», el noruego «kjerre» y los españoles «carro» y «carreta». La carreta tenía dos ruedas. Por consiguiente, el carruaje automóvil lleva impropiamente su nombre: le corresponde como máximo al remolque de dos ruedas. También el carro del triunfador romano era de dos ruedas, como el griego de carreras de Delfos o el de guerra de Aquiles.

Sabemos ya que los indogermanos primitivos sabían hilar y tejer y que cultivaban avena cuando labraban el campo, pero que eran principalmente pastores nómadas. En el cuadro del linaje común indoeuropeo trabajan hoy la filología comparada –el estímulo más poderoso en este aspecto se produjo en 1808 con la obra del romántico alemán Friedrich Schlegel «Uber Sprache und Weisheit der alten Inder» (Sobre idioma y ciencia de los antiguos hindús); le habían precedido el danés Raske y el inglés Jones– y la investigación prehistórica. En la vida diaria nos recuerdan las numerosas palabras y grupos de palabras que aprendimos. Las palabras son formas acuñadas del espíritu. La belleza adquiere también una forma que no puede desaparecer una vez que surgió en el mundo. Cuando menos comprendemos claramente que la ciencia puede determinar con certeza la forma indogermana de una palabra, a pesar de no haberse conservado ninguna tradición escrita de este pueblo, sólo filológicamente investigado. Pero cuando tenemos ante nosotros la historia de tales palabras y actúa sobre nosotros, ya no parece imposible considerar como un conjunto a los idiomas europeos. La demanda del japonés tenía cierta justificación. Sólo que el uso diario ha desgastado de tal manera las palabras, y en cada pueblo de distinto modo, que en general ya no las comprendemos. Johann Peter Hebel cuenta la historia de un centinela francés de la época revolucionaria que gritó a la guardia alemana, a través del Rin: «¡Filou!» (granuja). El suabio entendió: «Wieviel Uhr?» (¿qué hora es?») y contestó inocentemente: «¡Las cuatro y media!». No todos los malentendidos se desarrollan así. Haríamos bien en recordar en Europa cuán emparentados estamos.

REVISTA SIGNAL, MINISTERIO ALEMÁN DE INFORMACIÓN Y PROPAGANDA, AGOSTO 1941

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Donde la lengua vive, cruje y se hace futuro

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

LA NACIÓN, 11 de octubre de 2004


En la Real Academia Española

Donde la lengua vive, cruje y se hace futuro  

Los desafíos de una joven institución de 300 años

MADRID.– Los académicos saben bien lo que de ellos siempre se ha dicho. Que no ocupan asientos, que ocupan nichos y todas esas cosas por el estilo, de las cuales las gentes y, sobre todo los colegas, se han servido para arremeter contra las debilidades de la vejez y del hábito de aferrarse a normas y estilos que algún día terminarán de caer por el vendaval de los nuevos tiempos, hasta que éstos dejen de ser nuevos y vengan otros vientos y después otros más y así sin cesar en la sucesión de cambios, que son la vida misma.

Pero hay académicos que han resuelto ponerse al día. Un ejemplo elocuente de ello es la transformación operada en una de las instituciones en verdad antiguas y de mayores tradiciones, la Real Academia Española, que en 2013 cumplirá 300 años de existencia. Ha tomado un impulso renovador, primero con la presidencia de Fernando Lázaro Carreter y ahora con la de Víctor García de la Concha, que irá con miembros de la realeza española a Rosario para participar del III Congreso de la Lengua, por realizarse entre el 17 y el 20 de noviembre.

Ha quedado en el pasado, apenas como memoria, la Academia que se atenía, a puertas cerradas, a "limpiar, fijar y dar esplendor" a la lengua española con escasa preocupación por lo que pensaran los maestros de América. Hoy confraterniza con las otras 21 instituciones homólogas que procuran, igual que ella, la unidad y lozanía del idioma común.

En los últimos años han entrado en la Academia hombres jóvenes.

Tan pronto se ingresa aquí se le asigna a uno el último lugar disponible en el último de cuatro grandes percheros para dejar allí el sombrero, el paraguas, lo que fuere. El primer lugar, el de la precedencia -como la que corresponde a un nuncio, en un cuerpo diplomático- es reservado al director de la Academia. Los siguientes sitios son por orden cronológico de incorporación.

Francisco Ayala, muy lúcido con sus casi 98 años a cuestas, ocupa uno de los lugares de preferencia, como es natural. Algunos, por razones de salud, como el caso de Miguel Delibes, han dejado de concurrir a las sesiones, que se realizan todos los jueves.

Los anuarios de la Academia dedican un capítulo al escalafón de asistencias: al cierre de 2003, Alonso Zamora Vicente, uno de los más veteranos, vencía por amplia diferencia al segundo, Julián Marías, con 2283 comparecencias contra 1953 de este último.

Me ha recibido en la Academia, para explicarme cómo funciona y mostrarme las bibliotecas de ejemplares innúmeros y rarísimos -la de Dámaso Alonso, la de Rodríguez Moñino, bibliófilo excepcional-, José Antonio Pascual.

Pascual lleva dos años como académico. En este bienio ha avanzado varias posiciones en cuanto al sitio asignado a él respecto de los percheros de la entrada y ese dato, aparentemente menor, lo ha llevado a reflexionar sobre lo rápido que va la vida.

A mí no me ha sorprendido menos y, sin duda, más gratamente escucharle decir que él es el filólogo que desde la edición de 1980 se ha sumado al nombre de Corominas en la famosa obra que desde ese año se conoce como de "Corominas-Pascual".

En la Real Academia Española no se respira un aire asfixiante por lo conservador. Menos aún un aire asfixiante por lo franquista. José María Pemán, del riñón del régimen triunfante en la guerra de 1936-1939, era, sí, un hombre de Franco. Pero contra lo que solía suponerse entre figuras de la cultura argentina, la Real Academia no siente que deba explicaciones por aquellos años.

Estuvo, en primer lugar, a lo largo de ese período, la influencia decisiva de don Ramón Menéndez Pidal, en modo alguno vinculado con el bando nacionalista. ¿Fue sólo por eso que el retrato de Franco nunca pendió de las paredes de la Real Academia Española, a tal punto que esto parecía un hecho irreal en un país donde los ojos del Caudillo, como los ojos del amo, vigilaban a todos en todos lados?

Hubo en la institución gente cómoda con el régimen, pero allí entró Buero Vallejo, que había estado condenado a muerte junto con Miguel Hernández, el gran poeta. Y también se incorporó de forma pública al final, en un ingreso pendiente por largo tiempo de esa solemnidad a raíz del exilio en Gran Bretaña, Salvador de Madariaga, acaso la más elevada expresión de la España republicana y liberal.

La Real Academia Española es una corporación más interesante y compleja que una congregación ceñida a filólogos, gramáticos, semiólogos y a cuanto especialista esté concentrado en la pura evolución y los albures de la lengua. Es mucho más que eso.

¿Qué podrían saber los lingüistas sobre los requerimientos del lenguaje en la ciencia sin una bióloga como Margarita Salas o de las necesidades del periodismo sin que estuvieran asesorados por Luis Anson o por Juan Luis Cebrián?

Allí están, entre los 43 miembros actuales -quedan apenas tres sitiales libres-, José Luis Pinillos, psicólogo; Emilio Lledó, filósofo; Carmen Iglesias, historiadora; Fernando Fernán Gómez, actor, escritor y director teatral y cinematográfico; Valentín García Yebra, uno de los más grandes helenistas de Europa; Antonio Mingote, dibujante y humorista, y, por si fuera poco, un psiquiatra: Carlos Castilla del Pino, y un economista: Luis Angel Rojo.

Desde luego que también hay escritores: Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez Reverte y Antonio Muñoz Molina, entre otros.

Con ese caudal de conocimientos diversos amasados por expertos en tantas disciplinas, es difícil que la Academia pueda quedar de espaldas a lo que sucede en España y el mundo. Tal vez alguien note la ausencia del deporte, generador incesante de novedades lingüísticas que este fin de semana mismo que pasó estuvieron en discusión a propósito del proyecto de diccionario panhispánico de dudas, que las 22 academias de la lengua aprobarán pasado mañana, en San Millán de la Cogolla.

¿Qué haremos con "trekking"? ¿Vamos a españolizarlo como "senderismo", según han propuesto las academias? Difícil que sea así en todas partes, porque en el debate se alzó una especialista ecuatoriana para advertir: "Cuidado, que senderismo en los Andes es lo mismo que Sendero Luminoso"

¿O al "rafting pretenderemos transmutarlo al español por "balcismo", como algunos sugieren?

El deporte puede dar lugar a riñas, que son más propicias para los estadios. Pero el gran hueco del español, el punto más débil en toda su cadena, está en las ciencias.

Los herederos de Shakespeare -precursor, sin duda, de Freud, por su extraordinario conocimiento de la psicología humana- no han podido con el español, salvo en aquel punto.

El problema, dice Margarita Salas a este cronista, es que el inglés se ha convertido en el idioma de la ciencia. Hoy no se puede ser un buen científico si no se habla y se lee en inglés. "Nadie es nadie si no publica en inglés. En cambio, el español va a marcha forzada", se lamenta.

Por ahora, dice la prestigiosa bióloga y académica, debemos procurar traducir bien del inglés. Hay una riqueza enorme de novedades derivadas de la biología molecular, de la física cuántica, de la electrónica, de la genética. "Vea -insiste-, fíjese en la genética. Hay mutantes «leaky», esto es, que no son totalmente mutantes. Pero no tenemos todavía una traducción apropiada. Yo no la tengo. En cuanto al DNA, hay secuencias de nucleótidos que se llaman secuencias «upstream», y que se han traducido como «corriente arriba». No me gusta: prefiero «por encima» o, «por debajo», si son «downstream»."

Después de todo lo que he visto y oído, creo que los hispanohablantes debemos bregar por que se conforme una masa de recursos suficientes para hacer posible una, al menos una publicación científica en español de tal calidad que resulte envidiable en el mundo escribir en nuestra lengua.

En cuanto a lo demás, la complejidad del español es tan vasta, tan endemoniada, que por momentos uno quiere sumarse a quienes en medio de las discusiones sobre el diccionario de dudas han coincidido con aquel cineasta español que cuando le preguntaron si estaba seguro de lo que hacía, contestó: "De lo único que en realidad estoy seguro es de que, cuando me baño, la cortina debe caer por dentro de la bañera y no por fuera".

Por José Claudio Escribano

Enviado especial

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