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Archive for septiembre, 2010

El gris, una novela donde nada es blanco o negro

Los que hemos seguido al autor dabemos que EL GRIS es una novela que ha recoirrido un largo cxamino antes de llegar a las librerías, ypasando por premios, menciones de finalista y unos cuantos escritorios de importantes editoriales donde unas veces no se decidieron a publicarla por ser demasiado literaria y otras por consideraciones de distinta índole.

Sin embargo, ahora que hemos tenido la ocasión de leerla, sabemos que EL GRIS es una novela que no deja indiferente, aunque sólo sea por el punto de partida: un hombre que no puede dormir porque teme que si se duerme no despertarña nunca necesita fa,miliarizarse con la muerte y para ello empieza a matar.

En las primera pásginas nos duicen ya quien es el asesino, y luego, durante el resto de la novela, el autor nos enfrenta al terrible dolor del asesino y a la tenacidad despiadada del comisario que lo persigue, haciéndonos dudar sobre a cual de los dos entendemos mejor.

En el gris nadie es bueno o malo desde un principio y hasta le final. No podemos conocer la moralidad de un personaje sólo por su papel, proque todos son humanos. Puede haber delincuentes piadosos, y delincuentes desalmados. Poliías bonadososo y policías terribles. Puede haber incluso nazis buenos y nazis malos, en aquellos años veinte donde cada cual luchaba férreamente por su vida y su supervivencia.

Se trata sin duda de una de las mejores novelas negras que he leído en los últimos años, con una trama policiaca vibrante y sin los trucos típicos de la novela con adivinanza dond eel lector debe averiguar quién es el asesino. Aquí, ya lo sabemos. El problema es saber de parte de quién estamos.

Julia Manso

“ MADRASAS AFRICANAS “

Este proyecto nace con el final de la guerra civil de 1998-99 en Guinea Bissau, y proyecta mi visión personal del complejo mundo de las escuelas coránicas (madrasas)  africanas más remotas y olvidadas.

            En aquellos años, estando en la zona fronteriza de Guinea Bissau y Guinea Conakry, concretamente en Gabú, una imagen se grababa en mis ojos, la de un niño portando una tabla gastada y rasgada con escritura árabe que regresaba a casa después de asistir a la madrasa. Era la primera vez que veía ese objeto y la  comparación que vino a mi mente fue con una obra de Tápies. Aquella tabla gastada sobre la que los niños memorizaban  el Corán en árabe representaba para mí un fragmento de un cuadro de Tápies, o un cuadro de Tápies una tabla sobredimensionada. A mi regreso a España, en 1999, me sorprende que Tápies acabara de publicar un libro titulado “El arte y sus lugares”. En él se realiza un acercamiento al patrimonio cultural de las tradiciones no europeas desde un punto de vista poco ortodoxo, donde no trata de buscar las afinidades formales, sino los rasgos más interiores y complejos, matizando la importante deuda que el artista de hoy ha contraído con ese patrimonio cultural.

            Teniendo como motivación principal las tablas coránicas,  durante los últimos nueve años recorrí en solitario, y paralelamente a otros proyectos artísticos y testimoniales,  diferentes  países africanos de influencia islámica. Desde Guinea Bissau hasta Somalia, pasando por el Magreb, Mauritania, Senegal, Malí, Guinea o Etiopia  trataba de captar el alma y la mirada de las escuelas coránicas donde se sigue utilizando la tabla coránica como elemento de aprendizaje y memorización del Islam. Madrasas que poco a poco están desapareciendo y las tablas son sustituidas por otros materiales.

           Fue un proceso lento y paciente, y en algunos casos no exentos de riesgo, por el hermetismo de las propias escuelas coránicas (madrasas) y de algunos lideres religiosos. En general, existe una gran dificultad para acceder al interior de las madrasas y aún más para hacer fotografías. Se precisa ganar la confianza del líder religioso o del marabout, y aún así no siempre te permite el acceso a la madrasa.

 Desde el punto de vista artístico el trabajo se hizo muy complejo y con un escaso tiempo de creación, ya que si lograbas acceder a la escuela coránica, no te autorizaban la permanencia en su interior por mucho tiempo, principalmente por el hermetismo islámico hacia la fotografía. Eso implicaba que tenía que aprovechar al máximo cada segundo, y que mis ojos tenían que seleccionar con rapidez aquellos instantes robados al tiempo. Mi objetivo era que arte y testimonio se fundieran para captar una imagen que me saciase como artista, al mismo tiempo que dignificaba  estos lugares y su gente, sin perturbar la atmósfera, esencia y sentimiento de los mismos.

            En muchas fotografías he mantenido un lenguaje artístico de luces y sombras, el cual no solo obedece a mi interés artístico por la composición, el color y el tono, sino que también simboliza mi reflexión sobre lo que representan las religiones en general, y que no es otra que dar una explicación a dos polos opuestos que luchan entre sí, “la luz y la sombra”, el bien y el mal, la vida y la muerte, la verdad y la mentira, …

            Ese lenguaje artístico de “luz y sombra” que retrata estos lugares y sus diferentes personajes,  también retrata mi visión personal de lo que son las madrasas africanas, y que no es otro que  “luces y sombras” en el más amplio sentido de las palabras.

Luís López “Gabú”