A Quemarropa. La revista negra que renace cada año.
Sombreros, camisetas negras y el periódico A Quemarropa. Estos son los símbolos distintivos más conocidos de la semana negra gijonesa y los que cada cual, cuando puede, se lleva a casa como recuerdo de su paso por esta fiesta a veces cultural, a veces popular, a veces verbenera, pero siempre amable y divertida.
Otro día hablaremos de sombreros y camisetas, o que sean otros los que comenten la moda y sus trapillos, que lo mío es la prensa. Por vocación, por trayectoria, por amor y porque me da la gana.
A Quemarropa es un tabloide generoso impreso en blanco y negro, papel duro y maquetación parroquial. No me cabe la menor duda de que, si quisieran, los responsables de la Semana Negra podrían imprimirlo en papel prensa, a color, y con una maquetación y diseño más modernos, pero lo cierto es que su aspecto cutre, casi fanzinero, le aporta el encanto que echamos a faltar en otras publicaciones que no saben lo que son ni dónde están. Para que el efecto fuese completo echo a faltar la grapa que consolidasel conjunto, y casi estoy por asegurar que alguna vez la tuvo en pasadas ediciones, pero no se puede pedir todo. Llorad conmigo por la grapa ausente.
A Quemarropa se distribuye gratuitamente a diario y desgrana los eventos más reseñables de la jornada.
Precisamente ahí, en sus contenidos, es donde más nos sorprende: sus redactores son capaces de abordar temas muy diferentes con perfecto orden y sin perder el buen humor y el tono festivo que preside todos los actos de la Semana Negra. Se entra en profundidades pero sin pedantería, en detallismos, pero sin minucia, en personalismos, pero sin rencor.
En el número que tengo delante, uno de los cinco o seis publicados ya en esta edición de la Semana Negra, se dedican las páginas centrales a un magnífico estudio sobre la narrativa anglosajona de ciencia ficción. En otro anterior se diserta sobre los mitos y los monstruos en la literatura y la realidad, y en siguiente se ofrece un monográfico sobre la fura del cineasta Guy Debord.
Y lo importante no son los propios artículos, que lo son, sino el modo de encajar la cultura más rigurosa y hasta a veces minoritaria con un evento de masas como la Semana Negra. Esa es para mí la clave de la permanencia y buena salud de un periódico en papel como A Quemarropa.
Tan anacrónico. Tan feo. Tan interesante. Tan imposible de no escuchar como las confesiones de un gangster.
Javier Pérez
Juan sin Letras :: jul.19.2010 :: Uncategorized :: No Comments »
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