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III PREMIO DE RELATO CORTO “VILLA DE MASCARAQUE”

El Ayuntamiento de Mascaraque y la Asociación Cultural “Raíces de Mascaraque” convocan el III Premio de Relato Corto “Villa de Mascaraque” que se regirá por las siguientes BASES:

1ª) Podrán concurrir a este certamen todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, siempre que las obras presentadas sean textos escritos por un único autor/a en lengua castellana, originales, inéditos y que no hayan sido premiados anteriormente en ningún otro concurso ni estén pendientes de resolución en cualquier otro premio ni comprometidos sus derechos de publicación.

2ª) Se establecen dos categorías:

A)   GENERAL (Tema libre)

B)   PREMIO ESPECIAL (Para conmemorar el V Centenario del nacimiento del pintor MASCARAQUEÑO JUAN CORREA DE VIVAR)

3ª) Los relatos cortos en ambas categorías llevarán en la zona superior de su primera página el apartado al que concurre, el título de la obra y un pseudónimo (en ningún caso figurará elemento identificativo alguno del autor/a), adjuntándose un sobre cerrado en cuyo exterior figure la categoría en la que participa, el título de la obra y el pseudónimo del participante; en el interior se incluirá un documento firmado que ratifique las condiciones mencionadas en la base 1ª, junto a una fotocopia del DNI o documento oficial que identifique al concursante y la dirección, teléfono, breve anotación bibliográfica y correo electrónico.

4ª) Las obras que opten a los premios tendrán que ceñirse a las siguientes pautas de presentación:

  • Extensión: Entre 3 y 5 folios, numerados, mecanografiados o impresos a ordenador en papel de tamaño DIN A4 a doble espacio y grapados únicamente por su margen superior izquierdo.
  • Cuerpo de letra: 12 “Times New Roman” por una sola cara (no se aceptarán manuscritos).
  • Diseño de página: Texto justificado, creando una apariencia homogénea en los laterales derecho e izquierdo de la página.
  • Márgenes: Superior e inferior: 2,5 cm   Izquierda y derecha: 3 cm                                                      

5ª) Solamente podrá enviarse una obra por autor en ambas categorías, no pudiendo ganar más de un premio un mismo participante, con la condición añadida e ineludible, en caso de que se opte al apartado B) PREMIO ESPECIAL, de que el relato esté ambientado obligatoriamente en el Siglo XVI en cualquiera de sus manifestaciones tanto socio-políticas como culturales, cumpliendo el formato de presentación especificado en la base 4ª.

6ª) Las obras serán enviadas por quintuplicado a la siguiente dirección:

III Premio de Relato Corto “Villa de Mascaraque”

Excmo. Ayuntamiento de Mascaraque

Plaza de la Constitución, nº1

C.P.: 45430      Mascaraque  (Toledo)

7ª) Premios:

A)   GENERAL (TEMA LIBRE): Ganador:  700  euros.

                                                Finalista:  400  euros.

B)   PREMIO ESPECIAL: Ganador:  400   euros. 

 

El Jurado podrá declarar desierto cualquiera de estos premios y añadir hasta tres accésit en la categoría A) GENERAL (TEMA LIBRE), que recibirán un diploma acreditativo del reconocimiento obtenido. Los premios con cuantía económica estarán sujetos a las retenciones establecidas en la Ley.

8ª) Las obras ganadoras serán editadas por el Excmo. Ayuntamiento de Mascaraque junto al finalista y a los tres accésit (en caso de que los hubiera) y su presentación pública se hará en dicho municipio durante los actos organizados con motivo de la semana del libro en el mes de abril de 2010.

9ª) El Ayuntamiento se reserva la opción de publicación de los originales que, no habiendo alcanzado alguno de los premios, estime de interés, previo acuerdo con los autores.

10ª) El plazo de admisión de originales queda abierto con la publicación de esta convocatoria y será definitivamente cerrado el día 22 de enero de 2010 a las 15:00 h, admitiéndose como válidas las obras que certifiquen con el matasellos que han sido enviadas dentro del plazo establecido.

11ª) El Jurado estará formado por personas designadas por el Excmo. Ayuntamiento de Mascaraque cuya composición se dará a conocer en el momento de la publicación del fallo. Las deliberaciones serán secretas. No se entregarán informes de lectura a los concursantes, ni antes ni después de esa fecha.

12ª) Será imprescindible que los autores premiados recojan personalmente su premio en el acto que se organizará para tal fin el día 24 de abril a las 12:00 h, así como la entrega del relato premiado en formato WORD. En caso de no asistir a la entrega de premios y no enviar el relato premiado, se entiende que renuncian al premio.

13ª) El pago del premio implica el reconocimiento y aceptación del autor/a de la cesión de todos los derechos de explotación (incluidos reproducción, distribución, comunicación pública) del relato corto en exclusiva a la entidad que convoca el premio, y por el límite de tiempo máximo contemplado por la vigente legislación sobre derechos de autor, quedando obligado el autor a mencionar el galardón obtenido en futuras publicaciones que haga del relato premiado.

14ª) No se mantendrá correspondencia con los concursantes no seleccionados ni se devolverán los ejemplares presentados al certamen, que serán destruidos.

15ª) La participación en el Premio implica la aceptación, sin reserva alguna, de las bases y el incumplimiento de alguna de ellas podría incurrir en la descalificación automática de la obra.

 

Mascaraque, noviembre 2009

Literatura y universidad Pública

Literatura y universidad Pública 

Por Harold Alvarado Tenorio

                

Dos han sido los momentos, en la última centuria, cuando los colombianos y sus gobiernos han tratado de dotar a la nación de centros de estudios donde se pudiesen analizar, críticamente, las condiciones de existencia histórica de la sociedad colombiana.

El primero data de la segunda mitad del siglo pasado, cuando en 1867 un gobierno de ideología liberal creó la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia. Una Universidad estatal, centralizada y orientada por las doctrinas del positivismo y el utilitarismo, a fin de librar la educación de la influencia y la tutela del Vaticano. El experimento duró una década y terminó con la ocupación de los establecimientos universitarios por parte de las fuerzas militares y la destinación de sus presupuestos para la financiación de las guerras contra los levantamientos populares de entonces.

Ese momento se corresponde con la aparición de los primeros intérpretes de la nación colombiana: los hermanos José María y Miguel Samper, Manuel Murillo Toro, Manuel María Madiedo, Aníbal Galindo, Florentino González, Manuel Ancizar, etc. Esfuerzo que se vio interrumpido y destruido de raíz con el Concordato de 1887 que entregó, otra vez al Vaticano, el control ideológico y la conducción de la educación. El resultado fue un retroceso en la investigación social y aplicada y la negación a las nuevas generaciones, de la posibilidad de un libre examen de las realidades históricas del inmediato pasado, sus Guerras Civiles, las luchas por la independencia, o el acceso a las recién creadas nuevas corrientes de pensamiento e investigación. Y de nuevo, la implantación de unos lenguajes que terminaron por hacer imposible toda comunicación y confrontación distinta a la de las armas.

Un segundo momento se produce en 1935 con la restructuración de la Universidad pública durante el gobierno de López Pumarejo. Y aun cuando el líder de la Segunda República Liberal entendiese la Universidad más como una “escuela de trabajo” que “una academia de ciencias”, la posibilidad del libre examen de las ideas, la participación democrática de profesores y estudiantes en su gobernabilidad y el cogobierno la hicieron, al menos en ese momento, el centro intelectual del cambio que requería la nación. Tanto la matrícula de estudiantes, como los aportes del gobierno para su funcionamiento, se triplicaron. Y a pesar del fracaso del gobierno liberal, la Universidad Nacional pudo, en las décadas siguientes, diversificar la enseñanza del derecho y la economía y crear las facultades de antropología y sociología.

La muerte de Gaitán y la Violencia institucional, señalan el fin del experimento del modelo liberal en la Universidad. A partir de esos años y con la implantación del Frente Nacional, la Universidad será convertida, primero, en una oficina de títulos, y luego en “el otro mundo”, un lugar de asilo y refugio de aquellos intelectuales y dirigentes que no podían o no querían hacer parte de la guerra de guerrillas, el terrorismo, o que consideraron que desde allí, desde el campus universitario, podían prestar un mejor apoyo a la insurrección, o lucrarse de ella posando de progresistas. Para el gobierno de Lleras Restrepo la Universidad Nacional ya había perdido el perfil que quisieron darle tanto los gobiernos liberales como los conservadores. Se había convertido en un centro de sobrevivencia de pequeños grupos de alienados de la vida política que hablaban y pensaban apenas como eco de los conflictos de la Guerra Fría y cuyo objetivo final, tanto del profesorado como de los estudiantes, era la toma del poder.

Desde 1958 hasta hoy las mayorías democráticas han estado ausentes del gobierno de la Universidad, haciendo de ella una agencia estatal de castigo y recompensas de dóciles o rebeldes, y las más de las veces, en un coto feudal de los Barones Universitarios, puntuales caciques del autoritarismo, y de sectas ideológicas desarraigadas y disolventes cuyo propósito es la destrucción de las instituciones mediante la ecolalia y el desprecio por todo aquello que represente una identidad nacional o continental.

Los gobiernos del Frente Nacional y las administraciones posteriores fomentaron una burocratización de la Universidad que aniquila de hecho toda transparencia en la toma de decisiones, dando patente de corzo a las manipulaciones de aquellos grupos, que protegiendo sus intereses, ahondan la brecha existente entre los estudiantes y los profesores. Los Profetas de la Posmodernidad ha “reformado” la Universidad para hacer desaparecer todo vestigio de oposición a sus apetitos burocráticos, con la venia de una sociedad cada vez más confundida y sin rostro.

Uno de los sutiles instrumentos en esta abolición de la memoria colectiva ha sido, incluso desde los mismos años de la Segunda República Liberal, la ignorancia de las Literaturas del continente. Hoy es apenas una élite, -ni siquiera una minoría-, la que conserva memoria de lo que fue y quiso ser Colombia durante la centuria de años que van desde la muerte del Libertador hasta los años finales de experimento modernizador de López Pumarejo. Y será apenas, un puñado de ellos, los que entienden y conocen el desarrollo del Continente. Brasilia y New York siguen estando más lejos, para las minorías intelectuales colombianas, que París o Aquisgrán. Sólo en el último lustro, en la Universidad Nacional se han creado la Carrera y el Departamento de Literatura, pero su orientación sigue siendo, en parte sustantiva, de carácter teorético, más que enfocado a satisfacer la necesidades de investigación, conocimiento y diseminación de las Literaturas Nacionales y Continentales.

Puede afirmarse, entonces, que en las últimas décadas, en la Universidad han predominado concepciones que sin producir expertos en exotismos y anacro­nismos y muchísimo menos entreno en la lengua, han impedido la comunicación y discusión de nuestras concepciones del mundo a través de nuestras literaturas. En los últimos tres semestres escolares, para dar un ejemplo, se ha ofrecido, a una población estudiantil de mas o menos 20.000 individuos, “cursos de literatura” a sólo 302 estudiantes- promedio, es decir, a un ínfimo, OI5l% de esa población. Y de literaturas colombianas y América Latina a 100,6 estudiantes promedio, es decir, a un ,0005% (1).

Parece mentira, pero sólo en un país y una universidad como la Nacional de Colombia, luego del fin de la Guerra Fría, el comunismo y la presencia vital de las Aldeas Globales, su departamento de literatura evita la educación literaria -en su propia lengua- de la mayoría de sus estudiantes, y a una irrisoria minoría inculca ideologismos y literaturas que les son ajenas, desdeñando las propias.

La actual estructura académica y burocrática de la Universidad responde así como he historiado, a los intereses centralistas de unas minorías agresivas que han hecho de la ciencia (?), y la tecnología (!), dos fetiches para incrementar y satisfacer sus apetitos de poder.

La Nueva Universidad, que debió surgir del ejercicio de la Nueva Constitución y la formación de un Nuevo Estado, debe poner en pie de igualdad todas las disciplinas que concurren en la Universidad, y no sólo privilegiar aquellas que son fuentes directas de ganancias y poder.

Para que las Literaturas Colombianas y de América Latina puedan ocupar el lu­gar que les corresponde en la formación de un Nuevo País, deben constituirse en varias de las opciones educativas y de formación profesional de todos los estudiantes universitarios en sus diversas especialidades. Y para que ello sea posible es necesario incrementar, de manera inmediata, la investigación y difusión de las literaturas nacionales y continentales, contrarrestando decididamente los intereses de los Barones Universitarios que siguen usando nuestras literaturas como cobayas de Indias para la aplicación de sus modelos teoréticos.

De allí que se imponga la creación de un Instituto para la Investigación de las Literaturas Colombiana y América Latina en la Universidad Nacional de Colombia. Un ente que pueda obrar sin las cortapisas financieras e ideológicas que hoy son impuestas a los Departamentos Universitarios.

 

La Prensa, Bogotá, Marzo 9 de 1989.