Posts RSS Comments RSS 874 Entradas and 11 Comentarios till now

Archive for diciembre, 2008

Mary Wollstoncraft Shelley

Ficha de historia o anecdotario:
Mary Wollstoncraft Shelley, creadora de uno de los mitos del terror
JAVIER MEMBA

Sabido es que los hijos o cónyuges de una gran personalidad creadora, inevitablemente se ven condicionados, cuando no eclipsados, por ésta. Mary Wollstoncraft Shelley, hija de Mary Wollstoncraft -una de las primeras impulsoras del pensamiento feminista- y de William Godwin -el primer filósofo anarquista- y casada Percy Bysshe Shelley -el gran romántico inglés-, fue una de las pocas excepciones a dicha regla. He ahí la prueba irrefutable del valor de su obra.

Ya desde su nacimiento, la vida de la creadora de uno de los grandes mitos de la terna que preside la literatura de terror estuvo marcada por la fatalidad. Su madre, autora de "Reivindicación de los derechos de la mujer" (1792), murió al alumbrar a Mary. La futura escritora vino al mundo el 30 de agosto de 1797. Casado Godwin posteriormente con una viuda que ya tenía dos hijas con la que el filósofo alumbraría un nuevo vástago, huelga decir lo agitada que fue la infancia de nuestra autora.

Toda clase de desórdenes

Perdidamente enamorada de Percy B. Shelley desde la primera vez que lo vio, Godwin -autor, por cierto "Las aventuras de Caleb Williams" (1794), novela próxima a los presupuestos góticos- en consecuencia a sus teorías, no puso ningún reparo en que corriera tras él. No fue ese el caso de la esposa del poeta quien, humillada, ofendida y embaraza siguió a la feliz pareja hasta La Spezia, localidad de la costa italiana en que se establecieron. A los desarreglos deducibles de semejante situación no tardó en sumarse el mismísimo Byron, siempre afecto a toda clase de desórdenes. John Clute, en su interesante "Enciclopedia de la Ciencia Ficción", no duda en afirmar que una hermana de Mary, a la sazón también alojada en La Spezia, frecuentaba la cama del lord. En cualquier caso, la comunidad se deshace con los suicidios de una segunda hermana de Mary y de la esposa de Shelley.

El siguiente episodio en la vida de nuestra escritora nos la sitúa en Villa Diodati, inmersa en aquellas jornadas junto a su ya marido Percy, Byron y el médico de éste último, el tan injusta como frecuentemente menospreciado John Polidori. Durante aquellas veladas en que el mal tiempo fue combatido con desafíos literarios, Mary Shelley, con tan sólo 20 años, alumbra, como tanto acierto reza el subtítulo de la obra, al moderno Prometeo. La electricidad galvanizada que da la vida a un cuerpo formado con restos de varios cadáveres y demás pasajes de la novela están tan enraizados en la memoria colectiva que sobre comentarlos. Cabe, no obstante, una pequeña puntualización: lejos de la imagen que tan frecuentemente nos ha dado de él el cine -y eso que la creación de Víctor Frankenstein es uno de los personajes literarios que ha conocido más versiones cinematográficas-, el monstruo de Mary Shelley es más víctima que verdugo.

La educación de su hijo

La aparición de "Frankenstein o el moderno Prometeo" (1818) consagra a su autora como la gran escritora que fue. Ello no le libra de la muerte de su hijo William en 1819, a consecuencia de la cual sufre su primera crisis de melancolía. Tres años después es su marido quien se ahoga mientras navega en la bahía de la Spezia. La melancolía, ya de un modo patológico, vuelve a apoderarse de Mary. En 1823 aparece su segunda novela, en esta ocasión de transfondo histórico "Valperga". Pero el verdadero interés de Mary radica en la educación de su segundo hijo, Percy, y en la edición de las obras de su esposo. Ello no quita para que se gane la vida escribiendo artículos, novelas y biografías. De su producción de entonces destaca un relato posholocausto, "El último hombre" (1926), ambientado en 2090 en un mundo como el nuestro pero sin humanidad. Sólo aquel al que alude el título ha conseguido escapar a la plaga que ha borrado al género humano de la faz de la tierra.

Desgraciadamente, cuando el acaudalado abuelo de su hijo decide pasarle una asignación mensual, Mary Shelley deja de escribir. Moriría en 1851, tras tres décadas de viudedad seguía amando al poeta de quien se enamoró cuando contaba 16 años. Su legado, por encima de géneros, fue una de las grandes obras de la historia de la literatura.

Charles Robert Maturin, el último y más grande de los góticos

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

JAVIER MEMBA

Es a Charles Robert Maturin a quien corresponde la cumbre de la novela gótica en los mismos días en que aun se conservaba un recuero nítido de las obras de Ann Radcliffe, Matthew G.  Lewis, William Beckford y -aunque esto último obra en su favor- de ese desatino alumbrado por Horace Walpole en 1764 bajo el título de "El castillo de Otranto".

De él, de Maturin, dejó dicho Lovecraft con el acierto que caracteriza casi todos los juicios de cuantos le precedieron en el cultivo de la literatura alucinada "fue el último y más grande de los góticos".  Tras Maturin, el género no hizo sino iniciar un vertiginoso descenso que sólo remontaría con Poe, "deidad y referencia de toda ficción diabólica" (Lovecraft).  Admirado igualmente por los grandes románticos ingleses -Walter Scott y Byron fueron sus padrinos-, el gran Maturin murió pobre y arruinado.  Aumentado así, si cabe, su grandeza.

Elogios de Walter Scott

Nacido en Dublín, el 30 de octubre de 1782, fue el padre del futuro escritor un funcionario estatal cuya familia, de origen francés como su propio apellido indica, halló refugio en la capital irlandesa después de que el Edicto de Nantes desatara en Francia las persecuciones contra los hugonotes.  Educado en el Trinity College de su ciudad natal, cuyas aulas, cincuenta años después, acogerían a Bram Stoker, Maturin obtuvo el título de bachiller en artes en 1800.

Casado con Henriette Kingsbury en 1802, el matrimonio le impidió continuar los estudios, yéndose a ordenar sacerdote en 1803.  Su primer destino fue el de coadjutor en Longhrea, cargo que con posterioridad desempeñaría en la iglesia de St. Peter de Dublín.  Aquellos primeros años de matrimonio, habrían de ser los últimos que disfrutara de cierta estabilidad económica.  Mucho fue el tiempo libre de que disponía y lo emplea en la que, junto con las mujeres, habría de ser su gran afición: la lectura.

Fruto de aquella pasión por las literaturas clásicas, sus favoritas según se desprende de la relación de títulos que nos propone uno de los personajes de "The Wilde Irish Boy" (1808), nace su primera novela, "La venganza fatal o la familia de Montorio", que da a la estampa en 1807 con el seudónimo de Dennis Jasper Murphy.  El mismísimo Walter Scott no escatimará elogios al texto en la reseña que le dedica en la "Quaterly Review".  Tanto es el entusiasmo que Maturin despierta en el autor de "Ivanhoe" que viene a demostrar una cosa: el ideal de la narrativa romántica es gótico por excelencia.

Ascenso y caída en el teatro

Tras la muerte de su padre en 1809, perdida con su progenitor la renta que le dispensa, Maturin sabrá de las estrecheces económicas.  Ante este panorama se empleará como profesor particular.  Pero las lecciones que imparte a domicilio a sus pupilos no tardarán en dar paso a una dedicación plena a la literatura.  Tras una nueva novela aparecida con su seudónimo habitual, "The Milesian Chief" (1811), decide renunciar al nombre de pluma.  Escribe a Scott para ponerle al corriente de su verdadera identidad.

Entre los dos escritores no tardará en surgir una amistad que se mantendrá hasta la muerte del que nos ocupa.  Por mediación directa de Scott y con el asesoramiento de Byron, en 1816 Maturin estrena en 1816 en el New Theatre Royal de Londres su drama "Bertram o el castillo de San Aldobrand".  Pero el aplauso que nuestro escritor recibe como autor dramático será breve.  Sus siguientes piezas para la escena -"Manuel" (1817) y "Fredolfo" (1819)-, al igual que una nueva novela -"Women" (1818)- constituirán sonados fracasos.

Obra maestra

Cuando todo el mundo parecía dar por terminada la carrera literaria del disoluto y extravagante clérigo que Maturin fuera durante toda su vida, el escritor da a la estampa su obra maestra, "Melmoth el errabundo".  En sus páginas se nos refiere el dilatado periplo de John Melmoth a lo largo de dos siglos de inmortalidad.  El clásico tema del pacto diabólico alcanza aquí una de sus cotas más altas.

Melmoth -para Balzac a la altura del "Fausto" de Goethe- en el terreno sobrenatural es una síntesis de Mefistófeles y el vampiro.  En lo que a sus formas terrenas y a su libertinaje se refiere, se encuentra próximo al dandi byroniano.  Aburrido por la vida eterna, que elimina el azar, de los siniestros manicomios ingleses viaja a la España de la Inquisición sin otro deseo que traspasar su triste destino a otro desdichado tan ambicioso como lo fuera él antaño.

Además de Balzac, quien retomó la figura de Melmoth en "Piel de zapa", también fueron admiradores confesos de Maturin Thackeray, Rossetti, Baudelaire y Poe.  Ahora bien, ninguno de ellos llegó tan lejos como Oscar Wilde, quien, en su exilio parisino tras su experiencia carcelaria en Inglaterra, se hacía llamar Sebastian Melmoth en homenaje a Maturin.  El clérigo que habría de legarnos algunos de los más bellos horrores que ha dado la literatura universal murió en la pobreza.  Era el 30 de octubre de 1824.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Sheridan Le Fanu, un escalofriante heredero de la tradición gótica

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

Merecedor de una simple referencia en "El horror en la literatura", que viene a ser algo así como el canon del género según Howard Phillips, Joseph Sheridan Le Fanu es, no obstante, uno de sus principales maestros.

Considerado por muchos como el precursor de la actual "ghost story" fue un genuino heredero de la tradición de la novela gótica, a cuyos escalofríos consiguió insuflar una nueva turbación: la aportada por la verosimilitud de una sus mejores propuestas.  Nace en ella el terror no de planteamientos sobrenaturales, si no de la más estricta exposición de unas atrocidades que podían haber sido tan ciertas como los enterramientos prematuros que gravitan en "La habitación de el Dragón Volador", el título en cuestión.

Es ésta una novela corta en la que un viajero inglés por la Francia posterior a Napoleón se ve envuelto en la trama de unos estafadores.  Éstos, valiéndose de los encantos de una bella actriz, quien se hace pasar por una aristócrata brutalizada por su marido, y de un doctor, que les hace ingerir una droga que les provoca un coma semejante a la muerte, roban y hacen sepultar vivos a cuantos incautos caen en sus manos.  Para desvalijamiento se valen de las súplicas de la actriz, que dice necesitar mucho dinero para huir de su brutal esposo; para sus siniestras inhumaciones, del mejunje del doctor.  Una vez bajo tierra, los desdichados son dados por desaparecidos sin que haya ninguna prueba de la terrible celada de la que han sido objeto.  Como se ve, la angustia que aquí se palpa no nace de los fantasmas, aunque en lo que a la literatura de espectros se refiere, Sheridan Le Fanu también es digno del más encendido aplauso.

Irlandés y editor

Irlandés como Charles Maturin y Bram Stoker, Joseph Sheridan Le Fanu nació en Dublín en 1818.  Fue la suya una familia hugonote emigrada a la ciudad que viera nacer al futuro escritor en 1730.  Entre sus parientes maternos se encontraba un dramaturgo, Richard Birnsley Sheridan, muy apreciado en su tiempo, según parece.  Tras graduarse en el Trinity College de Dublín, el futuro escritor ejerció durante algún tiempo como abogado, pero sería su actividad editorial la que le ocuparía la mayor parte de su vida.  Propietario del rotativo dublinés "Evening Mail", de las revistas por él puestas en marcha cumple destacar la "Dublin University Magazine", ganadora en su momento de prestigio internacional.

Tan reacio a los viajes como lo fuera Baudelaire, parece ser que Sheridan Le Fanu nunca abandonó su Dublín natal.  Es más, en su "Antología de cuentos de terror", Rafael Llopis apunta que el escritor era conocido como "El príncipe invisible" merced a su inveterada misantropía.  Ninguna visita le era más grata que el estudio de las doctrinas de Swedenborg y la producción literaria.  Como escritor se dio a conocer copilando baladas y leyendas irlandesas, cultivando igualmente la novela histórica en la estela de Walter Scott en títulos como "Guy Deverell" (1865).

Vampiras

Pero el Sheridan Le Fanu que se aplaude hoy en día es el de ficciones como "The house by Churchyard" (1863), "Wylder’s Hand" y "El tío Silas" (ambas de 1864).  Ahora bien, dentro de esa constante por la que el género alcanza su mejores cotas en el relato breve, nuestro escritor da lo mejor de su producción en la colección "Las criaturas del espejo" (1872).  Entre las piezas allí reunidas destaca "Carmilla", acaso el primer cuento de vampiras, inspirador a su vez de cuantos súcubos se han visto en la pantalla.  Se impone igualmente la referencia a "Schalken el pintor".  Gótica pura, en sus párrafos se mezcla el tema del alma en pena con algo tan terreno como los amores perdidos a consecuencia de una palabra mal dicha en un momento dado.

"La obra de Sheridan Le Fanu -escribe Roberto Cueto- marca la transición de la corriente clásica de los Radcliffe y Maturin a la llamada novela sensacionalista de la era victoriana (…). Esa tensión entre el pasado terrorífico y el presente cotidiano será una de las claves para entender gran parte del fantástico posterior".

Sin embargo, ese punto de inflexión que supone al género no fue suficiente para librar al escritor del olvido en que cayó su obra tras su muerte, acaecida en 1873.  Habría de ser uno de sus discípulos, el también aplaudido autor de terrores M.  R.  James, quien, reivindicándolo como una de sus principales influencias, recuperara al gran Sheridan Le Fanu para el público lector.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Maurice Sachs, el más abominable colaborador francés de los nazis

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

El encanto de Maurice Sachs, el más abominable de cuantos autores incluye el paquete de escritores franceses que colaboraron con los alemanes cuando los nazis invadieron su país, no es otro que el de la abyección.  Céline, Pierre Drieu La Rochelle, Lucien Rebatet y Robert Brasillach, el resto de los colaboracionistas, pueden tener mayor o menor justificación según sea la admiración que despierten en el lector.  Pero Sachs, el más miserable de todos ellos, habida cuenta de que su condición de judío no le impidió convertirse en delator de los nazis, no tiene más atractivo que su mezquindad.  Para el lector de hoy del año 2002, incluso para el que apoya esa Francia de Vichy que hoy vuelve a despuntar, Sachs se presenta como un Ed Wood de la maldad.También a diferencia de Céline y La Rochelle, Sachs no es un héroe de la Primera Guerra Mundial.

Nacido en París (1906), en el seno de una rica familia hebrea de origen alsaciano, Maurice Ettingshausen -verdadero nombre del escritor- atendiendo a una primera vocación, ingresó en un seminario del que no tardaría en salir para pasar a formar parte de los ambientes literarios del París de su tiempo.  Una vez instalado como diletante en la bohemia intelectual de la capital, sus simpatías comunistas habrían de ser tan breves como sus inquietudes religiosas.

La maldad

A Sachs -y eso es lo único que hace dudar de la autenticidad de su abyección- lo que en verdad le interesaba era la maldad.  Fuera como fuese, de sus escándalos entre la intelectualidad, su amistad con Jean Cocteau y André Gide -de quienes probablemente sería amante-, habría de dar prueba El aquelarre (1942), la única de sus publicaciones que apareció en vida del escritor.  Entre sus páginas se refiere a "su pereza, falta de equilibrio, pasión, curiosidad, amor por las letras, frivolidad, un cierto buen gusto y una extraña forma de egoísmo, la más dura, que es una especie de indiferencia fundamental".

Alcohólico, aventurero y estafador, como le definen las escasas notas biográficas suyas que han llegado hasta nosotros, cuando la bandera con la cruz gamada ondea en su ciudad, la bohemia da paso a la delación.  Para la Gestapo, a quienes denunciaba a cuantos se negaban a ser sus amantes, era un agente poco fiable que respondía a la sigla G 177.  Los invasores de su país saben que Sachs trafica con drogas, "trapichea" en el mercado negro, tiene una red de prostitución masculina y compra oro robado.

"Trabajador voluntario"

Ese desconfianza que los nazis siempre tuvieron en él fue la que en 1944 debió mandarle a Hamburgo como "trabajador voluntario".  En efecto, aunque su destino acabó siendo el mismo que el de muchos a los que él acusara, sus amos aún tienen cierta consideración con el escritor.  En pago a ello, Sachs sigue delatando a "comunistas" y "no airos", como él mismo.  Según escribe, lo hace "por el puro placer de urgar en las existencias ajenas y cambiar el destino de una persona, tirando de un hilo, como si fuese una marioneta".  Al margen de sus maldades, entre los recuerdos que le acompañan en el confinamiento, destaca el de Marcel Proust.

En agosto de ese mismo año 44, durante un traslado de prisioneros, acaso por primera vez en su vida, Maurice Sachs se siente un hombre digno y se niega a moverse cuando el miebro de las SS que le custodia se lo ordena.  El nazi no se lo piensa dos veces, olvidándose de las contemplaciones que sus compañeros tienen con el antiguo delator, le descerraja un par de tiros que acaban con la vida del escritor.  Si bien no faltan autores que prefieren apuntar que murió durante un bombardeo aliado.

Con posterioridad a su fallecimiento aparecerán "Recuerdos de una juventud tumultuosa" (1946) y "Cuadro de costumbres de este tiempo" (1953).  Sus apuntes sobre algunos de los protagonistas de la cultura gala son tan lúcidos que consiguen que el lector se olvide de que Sachs colaboró con el invasor.

¿Le apetece un recorrido pro la publicidad antigua? Pinche aquí.

William Hope Hodgson, maestro del terror materialista

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

Aunque John Cluter se refiere vagamente a él en su \’Enciclopedia de la Ciencia Ficción\’ y William Hope Hodgson cultivó en efecto dicho género en \’The Nigh Land\’ (1912) -antiutopía en la que nos acercaba a una sociedad futura, condenada a vivir en una pirámide puesto que el sol ha dejado de alumbrar, en debate constante con las fuerzas de la oscuridad-, el género al que verdaderamente pertenece este gran escritor inglés no es otro que el terror.

Considerado por muchos de sus compatriotas como el mejor autor de cuentos de fantasmas, a la postre han sido sus admiradores norteamericanos -encabezados por el mismísimo Howard P.  Lovecraft- quienes elevaron a Hodgson al pedestal que tan merecidamente ocupa ahora.  No siempre fue así.

Caído en el olvido

Francisco Torres Oliver, uno de los grandes traductores españoles de la literatura de miedo anglosajona, recuerda que tras su muerte -acaecida en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial-, Hodgson cayó en el olvido.  Bien es verdad que fue por un corto espacio de tiempo.

Nacido en Lancashire en 1875, era su padre un clérigo del condado de Essex.  Al igual que tantos otros autores, el nuestro fue marinero antes de coger la pluma.  Habiendo servido durante ocho años en la marina mercante británica, en los cuales dio tres vueltas al mundo y destacó por su heroísmo ante el peligro, decidió probar fortuna en algunos negocios que se ventilaban en tierra firme.

Pero el destino del joven Hodgson, aunque de vocación tardía, estaba en las letras.  Basándose en sus recuerdos de su experiencia marinera, publica su primera novela -\’The Boats of the Glen Carring\’- en 1907.  Lo contado en ella es la experiencia de unos náufragos en el Mar de los Sargazos.  Aquellas aguas del Atlántico, con la infinidad de posibilidades que su gran profusión de algas ofrecen a las amenazas veladas y abominables, se convertirían en un escenario habitual en su bibliografía.

Entre Cthulhu y 2001

Ya en 1908, Hodgson publica \’La casa en el confín de la Tierra\’, su primera obra maestra.  A grandes rasgos, lo expuesto en ella son los padecimientos de un hombre que habita en un lugar perdido en un recóndito lugar de Irlanda, cuyo hogar comienza a ser asaltado por unos siniestros hombres/cerdo.  Creados estos seres a semejanza de una divinidad capaz de hacer que una terrible putrefacción vaya consumiendo a quienes toca, nuestro protagonista asistirá con posterioridad a una experiencia espacio/temporal que le llevará hasta la consunción de los siglos.

Cualquier lector atento de Lovecraft descubre en estas páginas la fascinación que ejercieron sobre el "outsider" de Providence.  El mismo Howard Phillips apunta sobre la obra de maestro inglés: "está dotada de una fuerza a veces tremenda en sus evocaciones de mundos y seres ocultos tras la superficie ordinaria de la vida".

Si bien no cabe la más mínima duda de la influencia que \’La casa del confín de la Tierra\’ ejerció en todo el terror cósmico de Lovecraft -Torres Oliver estima que Hodgson fue tan determinante en la obra del autor de los mitos de Cthulhu como Poe, Machen o Dunsany-, sí conviene resaltar cuanto recuerda el viaje hasta el final del tiempo del astronauta de Arthur C.  Clarke y Stanley Kubrick en "2001, una odisea del espacio".

Muerte en la Gran Guerra

Una nueva novela, \’Los piratas fantasmas\’, volviendo al apunte biográfico de Hodgson, aparece en 1909.  Por esas mismas fechas, el escritor concibe a Carnacki, un investigador de lo sobrenatural cuyas primeros casos aparecen reunidos en 1910 en \’Carnacki, The Ghost Finder\’.

La respuesta de crítica y público es favorable, entregado por completo a su carrera literaria, Hodgson se instala en el sur de Francia y desde allí sigue dando a la estampa relatos del calibre de \’La nave abandonada\’.  Baste un esbozo rápido de su argumento para dar cuenta de su maestría: un grupo de marinos, que suben a un misterioso barco con el que se cruzan en alta mar, descubren que la embarcación en cuestión está poseída por una suerte de moho viscoso capaz de darle vida".

Apenas estalla la Primera Guerra Mundial, Hodgson vuelve a Inglaterra para alistarse.  Ya en los últimos cañonazos del conflicto, el 17 de abril de 1918, una granada desintegra al maestro del terror materialista.  En los tres años siguientes su obra estuvo a punto de correr la misma suerte.  Fue un admirador norteamericano, Herman C.  Koenig, el primero en reeditar \’La casa en el confín de la tierra\’ (1922).  Más tarde, los discípulos de Lovecraft como August Derleth, la recuperaron en Arkham House, la editorial creada para publicar a Howard Phillips debidamente.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Jaime Gil de Biedma, el gran poeta de la experiencia (XLX)

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

Sorprenderá a muchos lectores que en una galería que se pretende de malditos, heterodoxos y alucinados se incluya a uno de los poetas españoles más celebrados del siglo XX.  Sin embargo, no fue la de Jaime Gil de Biedma una de esas obras dignas de los más bellos juegos florales, como suele serlo la poesía que se celebra.  A poco que se adentre el lector en ella, descubre versos como aquellos que rezan "te acompañan las barras de los bares/ últimos de la noche, los chulos, las floristas,/ las calles muertas de la madrugada/ y los ascensores de luz amarilla/ cuando llegas, borracho,/ y te paras a verte en el espejo/ la cara destruida,/ con ojos todavía violentos..". Precisamente es ése el autorretrato que el poeta nos propone en "Contra Jaime Gil de Biedma".  Más aún, habida cuenta de que el mismo quiso dejar clara su opción sexual en "Retrato del artista en 1956", cabe apuntar que quienes le conocieron le recuerdan como "muy homosexual y muy borracho".  Las dos son razones más que sobradas para incluirle en cualquier nómina sobre heterodoxia.

En su sonado apunte biográfico, incluido en "Colección particular" (1969), leemos: "Nací en Barcelona en 1929 y aquí he residido casi siempre.  Pasé los tres años de la Guerra Civil en Nava de la Asunción, un pueblo de la provincia de Segovia en donde mi familia posee una casa a la que siempre acabo por volver.  (…) La alternancia entre la vida burguesa y la "vie de chateau" ha sido un factor importante en mi mitología personal (…). Mi empleo me ha llevado a vivir largas temporadas en Manila, ciudad que adoro y que me resulta bastante menos exótica que Sevilla (…). He sido de izquierdas y es muy probable que lo siga siendo, pero ya no ejerzo".

Precisamente es la perspectiva del izquierdista la que inspira "Compañeros de viaje" (1959), su primer libro de versos.  Anclado todavía en la poesía social que impera a la sazón, sus poemas claman contra la injusticia.  Pero el verdadero registro del poeta, se aparta de las cuestiones sociales.  Será cuando abandone el ejercicio de la izquierda cuando el gran poeta de la experiencia se ponga en marcha.  Así, en "Moralidades" (1966) se mezclan poemas alusivos a la huelga que mantuvieron los mineros asturianos en 1962 con poemas tan personales como "Pandémica y celeste", una de sus grandes piezas en la que escribe "Para saber de amor, para aprenderle,/ haber estado solo es necesario.  Y es necesario en cuatrocientas noches -con cuatrocientos cuerpos diferentes-/ haber hecho el amor.  Que sus misterios/ como dijo el poeta son del alma,/ pero un cuerpo es el libro en que se leen".

Un amante constantemente derrotado

Escritor lento, según gustaba declarar, sólo daría a la estampa una nueva colección de versos reunidos bajo el título de "Poemas póstumos" (1969).  Desde entonces hasta nuestros días, el prestigio de Jaime Gil de Biedma fue aumentando hasta convertirle en el gran poeta de la experiencia.  Dicen los expertos que toda la poesía nace de la experiencia.  En el caso de Gil de Biedma, dicha experiencia es la de un amante constantemente derrotado, la de un noctámbulo empedernido que llega a la "oficina con sueño que vencer" tras "una de esas noches memorables de rara comunión con la botella".

"¿Por qué escribí?", se preguntaba en la edición definitiva de su obra poética -"Las personas del verbo" (Seix Barral, 1982)-.  Yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema".  De su vasta experiencia como lector, nació una obra no menos interesante que sus versos de crítica literaria, reunida toda ella en 1980 en "El pie de la letra" (Crítica, 1980).  Sin embargo, son mucho más conocidos sus diarios de 1956, concebidos para ejercitarse en la escritura en prosa.  El primero de ellos "Diario del artista seriamente enfermo" apareció en 1974.  Como su propio título indica, en sus páginas daba cuenta de una convalecencia por una afección tuberculosa.  El segundo "Retrato del artista en 1956" apareció en 1991.  Una año después de la muerte del escritor tal y como él dejó dispuesto.  Este último se trataba de una crónica de su experiencia erótica sin concesiones a la galería.

En su últimos años, el gran poeta de la experiencia recitó sus versos en los más variados foros.  Acabados los actos bebía hasta el hartazgo.  En Madrid se le recuerda en Oliver, cubriéndose la calva con su gorro ruso -"Me quedé calvo en 1962.  La pérdida me fastidia pero no me obsesiona"-.  Murió en Barcelona, en 1990.  La suya fue una de las primeras vidas que el sida se cobró en este país.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Hunter Stockton Thompson, el creador del periodismo \"gonzo\"

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

De actualidad estos días por la edición española de su primera novela "El diario del ron" (Anagrama), Hunter Stockton Thompson es a la prensa lo que Bukowski a la novela.  Licor y estupefacientes fueron su "combustibles" reconocidos para un vertiginoso viaje por la locura que encierran algunas formas del sueño norteamericano.  Sin embargo, cuando se le pregunta a este respecto, suele contestar: "Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia.  Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada".

Creador del llamado periodismo "gonzo" -aquel en el que cronista se convierte en protagonista de su crónica, promoviendo su acción y sufriendo sus consecuencias-, él siempre ha hablado de aquello como de un hallazgo casual.  Enviado por una revista a realizar un reportaje sobre una importante carrera de caballos, Thompson y su fotógrafo estaban dando cuenta de un canuto cuando la ceniza de éste se les cayó sobre el traje de un importante político.  Mientras la ropas de aquél comenzaron a quemarse, los dos periodistas decidieron poner tierra de por medio.  "Pasada una semana vino el editor, a quien le habíamos prometido el artículo, a recogerlo.  Yo no lo tenía escrito: cuando más consultaba mi bloc de notas, mi mente se quedaba más en blanco.  Total, que tuve miedo de que nos quedáramos sin cobrar y le di mis apuntes.  Cuando salieron publicados, empecé a hacer las maletas para cambiarme de ciudad, pero todo el mundo empezó a llamarme para decirme que aquello era maravilloso".  En cuanto a "gonzo", la palabra en cuestión, Thompson explica: "La utilizaba un amigo mío de Oakland, siempre pasadísimo, para referirse a esas personas que tienen la mente peor que los locos".

"Un delincuente juvenil"

Hunter S. Thompson, como firma sus crónicas -incluso las que tienen más de 200 páginas y reciben el nombre de novelas- nació en Louisville (Kentucky) en 1939.  Preguntado por su infancia en una entrevista publicada por la revista "Star" en abril de 1979, Thompson responde: "He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba wambas blancas, camiseta de la Universidad de Oxford y tejanos.  Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más".  Inquirido con posterioridad sobre sus condenas contesta: "Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país.  De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles.  Fue precisamente en prisión donde me inicié con la heroína".

Finalizada su experiencia reclusa, Thompson es corresponsal del "New York Herald Tribune" en el Caribe.  De su estancia en Puerto Rico viene a dar cuenta la ya aludida "El diario del ron", en cuyas páginas -autobiográficas como todas las a él debidas- se nos presenta bajo el nombre de Kemp, un joven trotamundos que acaba de abandonar el Village para emplearse en una redacción portorriqueña.  Serán sus compañeros de esos días misántropos, escépticos, perdedores y ambiciosos que lo disimulan bajo un falso interés por la redención de los pobres.  Ni que decir tiene que estos últimos serán los que inspiran a Kemp el mayor de sus desprecios.  Sin que ello signifique, claro está, que muestra la más mínima solidaridad con los descreídos.  Los verdaderos intereses de nuestro corresponsal están en el ron que bebe sin cesar y en las orgías a las que se entrega.

Referencia contracultural

Tras una nueva experiencia como corresponsal para "National Observer" que le mantiene en Sudamérica hasta 1963, Thompson regresa a Nueva York y comienza colaborar en publicaciones como "Esquire", el magazine del "New York Times", "Nation", "Reporter" y "Harper’s".  Publica su primera novela -"El diario del ron" es la primera que escribe, pero su publicación es más reciente- en 1966, "Los Ángeles del infierno" es su título.  La crónica sobre los movimientos de droga que llevan a cabo estos conocidos motoristas norteamericanos le convierte en el "enfant terrible" de la literatura estadounidense.  Su estela transciende incluso a círculos tan poco afectos a la prensa como los contraculturales, en los que Thompson es una referencia obligada desde entonces.  Por dilucidar aún si la paternidad del nuevo periodismo pertenece a él o a Thomas Wolfe, lo cierto es que, como novelista, Thompson se da a conocer antes.  "The Electric Kool-Aid Acid Test", el primer libro de Wolfe, data de 1968.

Redactor jefe de la sección nacional de la prestigiosa revista "Rolling Stone" entre 1969 y 1974, de uno de los reportajes realizados por aquel tiempo acerca de la campaña presidencial de 1972 nace su novela más celebrada: "Miedo y asco en Las Vegas".  En su páginas, el eterno periodista, álter ego del autor en todas sus novelas, acompañado en esta ocasión por un abogado, se lanza con su Chevrolet descapotable a la conquista de Las Vegas.  Las drogas más variadas suceden al alcohol en alternancia constante a lo largo de todo el recorrido de estos dos pícaros de nuestro tiempo.

"Mis obras más importantes están aún por escribir", anunciaría ante el aplauso cosechado entonces.  "Fear and Loathing on the Campaign Trail’77" (1973), "La gran caza del tiburón" (1979) y "The Curse of Lono" (1983) sólo son algunas de las que ha dado a la estampa hasta la fecha.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Flannery O\'Connor, el tremendismo de la enfermedad

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

Las tres grandes autoras, que más o menos a la sombra de William Faulkner diera el pasado siglo el Sur estadounidense -Carson McCullers, Eudora Welty y Flannery O’Connor – fueron igual de fatalistas.  Pero la experiencia de esta última fue la más desdichada de todas.  Marcada indeleblemente por la enfermedad, la existencia de "miss" Flannery, tanto o más que el tremendismo inherente a lo que José María Valverde fue a llamar el "Dixie limited", es la explicación al tremendismo que gravita en todas sus páginas, protagonizadas siempre por sujetos a caballo entre la perversidad y la locura.

Hija única de una acomodada familia ascendencia irlandesa afincada en Georgia, Flannery O’Connor vino al mundo el 25 de marzo de 1925 en Savannah.  Su acomodada cuna habría de ser una de las pocas gracias que le concediera la suerte.  Siendo la futura escritora aún una niña, los O’Connor se trasladarían a Milledgeville, donde la madre poseía una casa y una granja.  Allí transcurriría la mayor parte de la breve existencia de Flannery.  Licenciada en Ciencias Sociales por el State College for Women de Georgia, obtendría una beca para proseguir estudios en la Universidad de Iowa, donde seguiría un curso de creación literaria.

Padecimientos físicos

Sus primeras publicaciones datan de 1947, pero el reconocimiento de crítica y público no le llegará hasta 1952, con la aparición de \’Sangre sabia\’.  Lo que acontece en su páginas es la historia de un predicador desquiciado "de la Iglesia sin Cristo" que perderá la vista y será asesinado en una suerte de fantochada.

Además del aplauso del la crítica especializada, \’Sangre sabia\’ también suscitará el escándalo.  Huelga decir que la propuesta argumental de nuestra escritora provocará las protestas de los sectores más carcas de la siempre puritana sociedad estadounidense.  Aún así el fanatismo religioso, será un tema recurrente en toda la bibliografía del autora.

Pero la experiencia personal de Flannery O’Connor no guarda correspondencia con el éxito de su carrera literaria.  Un año antes de la publicación de \’Sangre sabia\’ una grave enfermedad se ha manifestado en la sangre de la escritora.  Muy probablemente, el título de la novela venga a hacer alusión a los padecimientos de su autora.  De lo que no hay duda es de que su dolencia, que le afectaba principalmente a los huesos de las piernas, le condenó a moverse con muletas hasta el final de sus días.

El Sur religioso

De regreso a la granja de Milledgeville en que creciera, O’Connor simultanea la redacción de relatos cortos -el genero por antonomasia de la narrativa estadounidense, del que ella llegaría a ser una consumada maestra- con la cría de pavos reales.  La primera colección de piezas breves aparece en 1955 bajo el título de \’Es difícil encontrar a un hombre bueno\’.

El asunto de las narraciones vuelve a ser el mismo y la crítica vuelve a descubrirse ante la joven autora.  En esta ocasión, el primitivismo religioso del Sur bíblico y protestante -ella era católica, debemos recordar- se nos presenta bajo los esquemas familiares de las tragedias griegas.  Redención y condena son conceptos que gravitan sobre personajes "locales" e "históricos" según la propia definición de la escritora.

Una nueva novela aparece en 1960 con el título de \’El cielo es de los violentos\’.  Su protagonista vuelve a ser otro falso Mesías que busca la gracia a fuerza de golpes, inmerso en toda una galería de personajes que van de la comicidad a la extravagancia.  \’Todo lo que crece tiene que converger\’ (1965), la última colección de relatos de O’Connor, llegará a las librerías meses después de que su autora haya muerto del mismo mal que la dejó lisiada.  El óbito se produjo el 3 de agosto de 1964.  Sus piezas breves serán reunidas siete años después en \’Todos los relatos de F.O.\’.

Anaïs Nin, el erotismo como la exaltación de la libertad

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

Entre las muchas sangres que corrieron por las venas de la norteamericana Anaïs Nin, la española ocupó un papel fundamental.  Sin embargo, aquí en España la conocimos tarde, estando ya ella a punto de morir.  Llegó al final de los años 70, dentro del "boom" de la literatura erótica al que asistimos durante la transición.  Sí señor, la leímos con el mismo gozo que descubrimos que el sexo es un placer y no un pecado venial.  Pero sería injusto apuntar que fue la sicalipsis que rezuman sus páginas lo que nos hizo dar cuenta de ellas con tantísima avidez que, en apenas cuatro años, los que se fueron entre 1978 y 1982, se agotaron tres ediciones de su "Delta de Venus".  En Nin, como en todos los grandes que nos llegaron con el "boom" de la novela erótica, la exaltación de la carne fue la exaltación de la libertad.  Mas habría de ser su experiencia cotidiana -y eso no hay que olvidarlo en ningún momento-, más o menos ajena a los misterios del sexo, la que inspiró su obra maestra: más de 15.000 páginas reunidas en sus singulares "Diarios".  En opinión de Henry Miller, una obra llamada a ocupar "un lugar al lado de las revelaciones de San Agustín , Petronio, Abelardo Rousseau y Proust".

Hija del pianista y compositor español Joaquín Nin, Anaïs nació en París en 21 de febrero de 1903.  Aunque su padre era a su vez descendiente de franceses, daneses y cubanos, sería la nacionalidad de la madre -norteamericana- la que le sería impuesta la futura escritora.  Fue un hecho dramático, la separación de sus padres cuando ella apenas contaba diez años, lo que llevó a la pequeña Anaïs a coger la pluma.  Trasladada junto a su madre y sus hermanos a Nueva York, el desarraigo también sería determinante en su vocación.

El sentimiento antiburgués

Casada en 1923 vuelve a su París natal.  En su regreso a la capital francesa, los surrealistas acaban de darse a conocer bajo los auspicios de André Breton.  Anaïs entra en contacto con ellos algunos años después, con motivo de la publicación de su ensayo "D.  H.  Lawrence: An Unprofesional Study" (1932).  Serán los surrealistas quienes inculcarán en Anaïs el sentimiento antiburgués y antifilesteo que la caracterizará más tarde.  De todo el grupo surrealista, será con uno de sus primeros disidentes, Antonin Artaud, con quien tenga un mayor trato nuestra escritora.  Asimismo, sus biógrafos se refieren al psicoanalista Otto Rank como a otra de sus grandes referencias.  Ahora bien, quien ejerció una mayor influencia sobre la obra de Anaïs Nin fue su compatriota Henry Miller.  Además de literaria, llegaría a unirla con él una relación sentimental.

No obstante, ciertos sectores de la crítica, no carentes de razón, tienden a asociar a Anaïs Nin con otra pluma totalmente ajena a esa efervescencia cultural del París de entreguerras: Colette.

En efecto, las dos autoras son pioneras en la literatura femenina sin inhibiciones y en toda la literatura erótica que va desde el lesbianismo hasta el adulterio.  Pero hay algo que nos lleva a pensar que, de haber sido elegida, Anaïs nunca hubiera acabado sus días siendo académica, tal fue el caso de Colette, perteneciente en su otoño a la Goncourt y a la Real de Bélgica.

La obsesión por su padre

Ya desde el título de su primera novela, "La casa del incesto" (1936) es evidente la obsesión de la escritora por su padre.  La misma pasión viene a ratificarse en las páginas de "Invierno de artificio" (1939).  De nuevo en Estado Unidos, la autobiografía, más o menos marcada por la figura paterna es el principal argumento de novelas como "Bajo la campana de cristal" (1944), "Hijos del albatros" (1947), "Una espía en la casa del amor" (1954) -primer texto abiertamente erótico-, "Ciudades de interior" (1959) -relatos- y "Collage" (1964).

Pero serán sus "Diarios", los que la proporcionen el reconocimiento internacional.  El primero de ellos, concerniente al período comprendido entre 1931 y 1934, aparece en 1936.  Concebidos a la manera de la búsqueda de Proust, la propia autora define su obra maestra con las siguientes palabras: "Este diario es mi kif, mi haschish, mi opio (…). En lugar de escribir una novela, me tiendo con una pluma, este cuaderno y sueño (…). El sueño es mi verdadera vida.  Veo en él los ecos que me devuelven las únicas transfiguraciones que conservan lo maravilloso en toda su pureza.  Fuera, toda la magia se pierde.  Fuera, la vida revela sus imperfecciones".

Muerta Anaïs en Los Ángeles, el 15 de enero de 1977, las últimas entregas de sus "Diarios" verán la luz con posterioridad.  Póstuma también será la publicación de su colecciones de relatos eróticos escritos en los años 40 "Delta de Venus" -encargo de un excéntrico multimillonario que le pagaba a dólar la página- y "Pájaros de fuego" (1978).  Aquí en España leímos todos estos títulos en las impagables ediciones que Bruguera incluía en su colección Libro Amigo durante la Transición.

Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

Chester Himes, el más grande de los escritores negros

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA

Tal vez sea ahora, cuando ese boom de la novela negra al que hemos venido asistiendo durante los últimos veinte años comienza a remitir –afortunadamente-, el mejor momento para evocar la figura de uno de los más genuinos representantes de un género que, pese a anunciarse como uno de los más auténticos retratos de lo peor de la sociedad, suele ser bastante más ficticio que el común de las utopías.

A diferencia de los grandes del relato criminal más excelso –Chandler, Hammet, Highsmith- que, sin que ello signifique en modo alguno menoscabar su obra, fabularon en pos de una visión tremendista del hampa de su tiempo, Chester Himes, delincuente antes que escritor, se limitó a reproducir una realidad que conocía perfectamente.  Considerando que el trabajo de los detectives privados, tanto aquí como en EE.  UU., tanto ahora como en los años 40, se ha limitado siempre a asuntos de espionaje comercial y adulterios, podemos concluir, sin entrar en otras consideraciones, que Phillip Marlowe y Sam Spade son personajes tan ficticios como Sherlok Holmes o toda la galería de vampiresas y mujeres fatales que pueblan la novela negra.

Sangre y miseria

Ahora bien, de Ataúd Johnson y Sepulturero Jones, los dos policías de Harlem que nos presenta Himes, no podemos decir lo mismo.  Así, hemos de convenir con Juan Carlos Martini, autor de aquellas introducciones a las primeras ediciones de Himes que publicó Bruguera a finales de los años 70, que la obra de nuestro escritor se aleja deliberadamente del falso mundo retratado por la novela negra tradicional para situarse en un gueto donde las cuchilladas, antes de con la carne, topan con los papeles que el desdichado que las recibe se ha colocado bajo la ropa para evitar el frío de la noche neoyorquina, pasada a la intemperie.

La sangre, tan falsamente dramática en otras narraciones, sucede a la constatación de la misera.  “Uno de los fundamentos de la originalidad, de la potencia y de la corrosiva belleza de la obra de Himes radica, precisamente, en el cambio de escenarios”, afirmaba Martini.

Lejos del victimismo afroamericano

Mucho más curioso aún es que el autor, a diferencia del resto de los escritores negros, no reivindique ninguna raíz africana.  Tampoco se explaya en el victimismo ni aboga por la grey negra.  En efecto, Chester Himes fue negro pero su postura no guarda ninguna relación con la del negro concienciado, que tanto satisface a la progresía blanca.  Tampoco con el folclor, la inquietud étnica, el realismo mágico ni ningún otro de los estereotipos a los que suelen adscribirse los literatos de su color.

“América me hizo mucho daño.  Cuando luché por medio de la literatura decidieron destruirme; nunca sabré si a causa de ser yo un degenerado ex presidiario que rehusaba llevar el hábito de penitencia, o un negro que no aceptaba el problema de los suyos como propio”, apunta en el primer tomo de su autobiografía, La cualidad del sufrimiento (Ediciones Júcar, 1988).

En la cárcel

Nacido en Jefferson City (Missouri) en 1909, comenzó sus estudios en la Universidad de Cleveland en 1926.  Pero el destino del joven Himes no estaba en las aulas.  Tras emplearse como camarero y mozo de hotel, el futuro escritor decide que lo suyo no es el trabajo asalariado.  Es entonces cuando se le condena a 20 años de reclusión, por atraco a mano armada, de los que sólo cumplirá 7.

“Comencé a escribir en prisión.  Eso me protegió de los convictos y de los carceleros Los convictos negros tenían un respeto instintitvo, e incluso miedo, por alguien que podía sentarse a escribir a máquina y cuyo nombre aparecía en periódicos y revistas.  Los carceleros no podían tocar a quien pensaban era una figura pública”.  De aquellas primeras líneas darán cuentan los relatos que, a partir de 1934, publica regularmente en la revista Esquaire

Harlem, la inspiración

Habiendo redactado un primer borrador de su experiencia penitenciaria, que con posterioridad dará lugar a una de sus obras más escalofriantes, la autobiográfica \’Por el pasado, llorarás\’ (Muchnik Editores, 1998), Himes se instala en California.  Corre por aquellos días el año 1941 y nuestro autor se emplea en fábricas de armamento de Los Angeles y San Francisco.

En 1945, con la aparición de su primera novela –\’If He Hollers let Him Go\’-, se traslada a Harlem.  Será el gueto neoyorquino el que inspirará las páginas que le procurarán la celebridad, pero lo hará en la distancia y a partir de 1953, ya con Himes instalado en París.  Al igual que tantos músicos de jazz, el escritor descubre que, en la capital francesa, su raza no le criminaliza inexorablemente, tal sucede en su país.  La publicación francesa, convenientemente aligerada de los fragmentos más violentos –“escabrosos” para la crítica de la época- de \’Por el pasado llorarás\’ llama la atención del mundillo editorial galo sobre Himes.

París y la libertad

Es entonces cuando Marcel Duhamel le encarga su primera novela negra –\’Le Reine des Pommes\’-, que aparece en la colección dedicada a este género por la prestigiosa editorial Gallimard en 1957.  A partir de ese momento, los títulos protagonizados por Ataúd Johnson y Sepulturero Jones se suceden: \’El gran sueño del oro\’ y \’Todos muertos\’ aparecerán en 1960.  A éstas le seguirán \’Por amor a Imabelle\’ (1965), \’Un ciego con una pistola\’ (1969) y un largo etcétera de un autor que escribe para vivir y vende millares de ejemplares.

Paralelamente a sus relatos criminales, Himes va produciendo novelas de corte social –\’Mamie Manson\’ (1963), \’La tercera generación\’ (1967)…- .  Es en ellas donde nos propone su visión del racismo estadounidense –a su juicio fundamentado principalmente en el miedo del norteamericano blanco a las relaciones carnales entre blancas y negros-.

Brutalidad sin redenciones

Himes, a diferencia de James Baldwing y el resto de los autores afroamericanos ni muestra ninguna simpatía por los otros negros ni propone solución alguna al problema.  Nuestro hombre se limita a dar cuenta de la brutalidad de cuanto le rodea, sin abogar por rendenciones.  Tal vez por eso nunca volvió a residir en los Estados Unidos.  Instalado definitivamente en Europa, viajó por el Viejo Continente en compañía de su esposa inglesa hasta instalarse, mediados los años 60, en Alicante.  Fue allí donde en 1984 murió el más grande de los escritores negros y más auténtico de esa gran mentira que es la novela negra en general.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

Hostales, pensiones, casas rurales baratas. Con precio. Eche un ojo.

« Prev - Next »