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Archive for diciembre, 2008

Leo Ferré, el último de los poetas malditos de Francia

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Más conocido como cantante -tal vez fuera la figura más compleja no ya de la canción francesa, sino de la universal- Leo Ferré fue también el último de los poetas malditos que diera la lengua de Baudelaire, además de un estimable novelista en títulos como la autobiográfica \’Benoît Misère\’.  No es en modo alguno baladí que Alain Verjat lo incluyera en el capítulo dedicado a la literatura gala de postguerra de la "Historia universal de la literatura" o que Raymond Queneau escribiera sobre él, y el resto de los cantantes que animaban los establecimientos donde bebían los existencialistas: "La canción no es en absoluto un arte menor.  En pocos años se ha convertido en algo inteligente, divertido, sensible, satírico, en una palabra, interesante".

Nacido en Mónaco, el 24 de agosto de 1916, el origen de su rebeldía se remonta a su estancia en el colegio de Saint-Charles, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en la localidad italiana de Bordighera.  Señala Sergio Laguna, el biógrafo español del gran Ferré, que "las pequeñas injusticias gratuitas, los sórdidos y lamentables sentimientos de egoísmo que le rodearon" le impulsaron a desarrollar el "juicio crítico y a conocer la trama de los escondidos intereses que gobiernan la sociedad".  El mismo Ferré titula "En prisión" el capítulo dedicado a su internado de \’Benoît Misère\’ y apunta en él: "sotanas negras de mi duelo de ocho años, que tenían debajo de los faldones de hombre un sexo de hombre, y una verdadera enfermedad de la soledad.  Gigantescos bolsillos agujereaban la virtud de estos miserables, en los que sus manos removían, pienso hoy día, toda una ciénaga de húmedos deseos".

Estudiante de leyes, Ciencias Políticas y Filosofía en el París de 1935, lo que verdaderamente le interesa a la sazón es la poesía y la música.  Aunque acaba las tres carreras que empieza obedeciendo a los deseos de su familia, nunca llegará a ejercer ninguna de ellas.  Émulo de Thoreau, inicia una experiencia rural en una granja abandonada de Provenza.  Pero a Madelaine, su mujer de entonces le aburre el campo y el poeta ha de regresar a la ciudad.  Tras una experiencia como locutor en Radio Montecarlo, Leo Ferré llega a París en 1946.  Sus canciones de entonces son "Le Scaphandrier", "Les temps de roses rouges", "L’inconnu de Londres" y las interpreta en Le Boeuf sur le Toit, un cabaret frecuentado por Jean Cocteau, René Clair y la crema de la intelectualidad.  El éxito no se hace esperar.  Durante las cinco décadas siguientes compondrá casi 600 piezas, pero jamás llegará a entrar en los cauces al uso por los cantantes convencionales.  Lo suyo "es la locura lúcida", escribe Laguna.

Prologuista de \’Poemas Saturninos\’ en una de las ediciones más logradas del texto de Verlaine, la bibliografía de Ferré incluye ensayos, críticas y monólogos.  Tal vez estos últimos, que el artista recitaba en el escenario con violencia, sean lo más representativo de su personalidad.  Anarquista confeso, sus recitales fueron auténticos mítines libertarios: "Hablo, ladro como un perro.  Soy un perro", repetía en "Le chien".

Autor de óperas como "La canción del mal amado", fruto de su admiración por Apollinaire y "L’ ópera du pauvre", de entre su bibliografía, integrada por 10 títulos, cabe destacar los poemas reunidos en "Paroles el musiques de tout une vie", "Alma Matrix", "Le Methode" o una última novela, "Marie Jeanne".  Inmerso en distintos proyectos, como era su costumbre, Léo Ferré murió en 1993.

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Samuel Butler, de ganadero a mentor de la ciencia-ficción

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Maldito y alucinado, maldito porque siendo inglés osó alzarse contra la sociedad victoriana, alucinado porque para ello concibió una utopía inimaginable para una mente sosegada, Samuel Butler Yeats legó a la posteridad una sátira sobre la aplicación a la gente de la satánica ciencia que habría de convertirle en uno de los primeros clásicos de la ciencia ficción.

Nacido el 4 de diciembre de 1835 en Bingham (Nottingham), el destino de Samuel Butler ya estaba decidido desde entonces por su progenitor.  Siendo éste un eclesiástico, el futuro escritor debiera haberle seguido por la divina senda, pero surgió en él el espíritu de la contestación.  Terminados sus estudios en el St. John’s College de Cambridge, en vez de tomar los hábitos decide emigrar a Nueva Zelanda y dedicarse allí a la cría de ovejas.  Corre el año 1860 y el aún joven Butler se dedica a su cabaña bovina hasta 1864.

De nuevo en Londres, cultiva la música y la pintura.  No será hasta 1872 cuando su amiga, musa y amante, Mary Anne Savage -la Alethea de \’El camino de la carne\’- le convence para dar a la estampa su primer libro.  \’Erewhon\’ -anagrama de nowehe (en ninguna parte)-, el texto en cuestión, publicado a expensas del autor, bajo la forma de un género tan inglés como el de la utopía y protagonizado por un personaje tan inglés como Higgs -quien reproduce la experiencia en Nueva Zelanda de Butler-, es una sutil sátira contra Inglaterra.  A Erewhon, se llega tras atravesar una cordillera que nadie se atreve a atravesar, en la que el lector bien puede imaginar una representación de la moral y los convencionalismos de la época.  Una vez allí, el visitante descubre un mundo en el que el están condenados los ingenios mecánicos, los desdichados y los que enferman antes de cumplir 70 años.  Lo único que se intenta sanar como si fuera una enfermedad es la inmoralidad.  Siendo esta última ocurrencia una clara alusión a la rectitud imperante en la sociedad victoriana -que a la postre habrían de ser los lectores del libro- si la novela se convirtió en un clásico de la ciencia ficción -en unos días en que las historias adscritas al género se publicaban a cientos- fue debido a que se entendió como una disertación irónica sobre los \’Viajes de Gulliver\’, de Swift, más como ese libelo contra la Inglaterra victoriana que en realidad era.

Sin duda consciente de que \’El camino de la carne\’ -donde el autor elevaba su critica contra la institución familiar- no sería tomada por una nueva fantasía, decidió no publicarla en vida.  De hecho, esta segunda y última gran ficción de Butler no apareció hasta 1903, un año después de la muerte del artista.  Tras la publicación de \’Erewhon\’, Butler publicó libros de viajes, tratados filológicos y científicos.  Discrepó de las teorías de Darwin y puso en duda que Homero fuera el autor de la \’Odisea\’ en \’The Authoress of Odissey\’ (1897) y volvió a su utopía en \’Erewhon revisitado\’ (1901).  A sus primeros biógrafos les llamaba mucho la atención que, siendo inglés, no perteneciera nunca a ningún club.

Murió en Londres, el 18 de junio de 1902.  Tras el éxito de \’El camino de la carne\’, sus \’Cuadernos\’ fueron publicados en 1912.  Por entonces, Wells ya le consideraba uno de sus mentores.  Orwell lo haría más tarde.  Hoy es un clásico.

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Mijail Bakunin, el principal ideólogo del anarquismo

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Si bien Godwin, además de padre de Mary Shelley fue el primer anarquista especulativo, el austríaco Max Nettlau (1865-1944) -el Herodoto de la anarquía, que lo llamó Rudolf Rocker (1873-1958)- ya ve inspiración libertaria en la aversión al estado del filósofo griego Zenon de Cicio (333-263 a.C.). La desobediencia, como poco, es tan antigua como la sumisión.  Pero de cuantos pensadores ha dado desde entonces el sentir libertario, fue Mijail Bakunin el principal ideólogo del anarquismo como acción revolucionaria.  El resto de sus predecesores el pensamiento ácrata -además de Godwin lo fueron Max Steiner (1806-1856) y Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865)- eran, como con tanto acierto señala Bert F. Hoselitz, anarquistas especulativos.

Lo primero que sorprende al estudiar la figura de Bakunin es que un hombre, que vivió tan entregado a la acción revolucionaria que jamás tuvo tiempo de terminar un libro -todos sus volúmenes son compilaciones de cartas y textos ocasionales, muchos de ellos escritos en la cárcel- pasé por ser el principal teórico de algo.  Sólo si consideramos que para la anarquía lo que cuenta es la práctica, que no la teoría, el enigma queda explicado.  Apasionado de las sociedades clandestinas y radicales, bien en las barricadas, bien apoyándolas de una u otra manera, Bakunin participó en todas las insurrecciones de las que tuvo noticia, que no fueron pocas teniendo en cuenta que la época que le tocó vivir fue la de las grandes revoluciones.

Los círculos revolucionarios

Nació en Torjok, muy cerca de Moscú, en 1814, fue la suya una familia de terratenientes.  Siguiendo el deseo paterno ingresó en la academia militar, pero abandonó la carrera de las armas en 1836, siendo oficial de la Guardia Imperial.  "Me enamorisqué, me enredé, me descarrié", apunta el mismo Mijail en la confesión que dirigiera al zar Nicolás I, preso el rebelde de por vida en una mazmorra de la fortaleza de San Pedro y San Pablo.  "En 1840 obtuve de mi padre, no sin grandes dificultades, la autorización de salir al extranjero para estudiar en la Universidad de Berlín".  Sumergido en la metafísica alemana, "noche y día no veía otra cosa que las categorías de Hegel".  Traslado a Dresde algunos meses después, entra allí en contacto con los círculos revolucionarios en los que llama la atención por la exaltación con que se expresa.

Los años siguientes llevaran a Bakunin, que malvive de las traducciones del alemán y del ruso, a Bélgica, Suiza, Polonia y Francia.  Expulsado de París en 1847 a instancias de la embajada rusa, después de haber pronunciado una conferencia sobre el alzamiento polaco de 1831 contra la dominación zarista, se exilia en Bruselas.  Tras su participación en las insurrecciones de Praga y Dresde (1848), es detenido en Sajonia (1849) y condenado a muerte.  Entregado a Rusia, el zar, que está al corriente de toda la actividad subversiva de Bakunin, ordena personalmente que se le confine de por vida en la mazmorra ya aludida.

Tan ateo como colectivista

Tras siete años de cautiverio, perdidos los dientes a consecuencia del escorbuto que padece y viendo que va a morir sin realizar su proyecto revolucionario, Mijail accede a llevar a cabo la confesión que Nicolás I le ordena para suavizar su condena.  Repleto de un falso arrepentimiento, no en vano en sus párrafos leemos: "El motor principal en Rusia es el miedo.  (…). En todas partes se roba, en todas partes se soborna y, por dinero, se cometen injusticias (…), pero eso, en Rusia, sucede en mayor grado que en los restantes estados".

Conmutada la cadena perpetua por destierro en Siberia, logrará evadirse en 1861 a través de Japón y Estados Unidos.  Instalado en Londres en 1861 su pensamiento ha pasado del paneslavismo democrático anterior a su confinamiento al anarquismo.  A diferencia de la idea generalizada, para Bakunin la acracia no es el desorden gratuito, sino la base para una sociedad fraternal.  "La solidaridad y la libertad son la esencia del género humano", apuntará en "El estado y la anarquía" (1873).  Tan ateo como colectivista, sostiene que "el Estado es el producto de la religión.  Nació en todos los países del maridaje de la violencia (…) con los dioses creados por la fantasía teológica de los hombres".  Estos planteamientos le llevarán a fundar en 1869 la Alianza Socialdemocráta, que no tardará en adherirse a la Primera Internacional.

En el seno de esta última organización, Bakunin conocerá al que junto con el Zar habría de ser su otro gran enemigo: Karl Marx.  Producida la inevitable ruptura entre anarquistas y autoritarios, los libertarios -la gran mayoría- fundarán la Asociación Internacional de los Trabajadores.  Retirado a Suiza en 1872, morirá cuatro años más tarde.  "En Bakunin todo era colosal.  Estaba lleno de fuerza y exuberancia", diría de él Richard Wagner, su compañero en las barricadas de Dresde.  Las obras completas del revolucionario verían la luz en seis volúmenes aparecidos en París entre 1985 y 1913.

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Jan Potocki

Ficha de historia o anecdotario:

Jan Potocki, el erudito que se encontró en Zaragoza
JAVIER MEMBA
De actualidad estos días con motivo de la adaptación de su única ficción, \’El manuscrito encontrado en Zaragoza\’, el resto de su producción de Jan Potocki se reduce a textos eruditos, dedicados a las más diversas materias.  Sin embargo, \’El manuscrito\’ es suficiente para que este autor polaco figure en el parnaso de la novela fantástica, junto a Maturin, Sheridan Le Fanu y el resto los grandes maestros de la edad de oro del género.
Tanta es la excelencia de \’El Manuscrito…\’ que David Coward no duda en calificarla como “una obra de mágica complicidad que transporta la llama de la literatura fantástica hasta nuestro propio siglo.  El perplejo Alfonso van Worden [ el protagonista] es un precursor del héroe de Kafka”.
Paraísos lejanos
Si no fuera porque el conde Jan Potocki decidió poner fin a sus días deprimido y neurasténico el 2 de diciembre de 1815, no habría nada en su biografía que permitiera intuir en él tanto tino para la fantasía.  Nacido en Pikow (Ucrania) en 1761, fue educado en Polonia, Ginebra y Lausana.  Su sólida formación intelectual no tardaría en verse ensanchada con su basta experiencia de viajero por Italia, Malta, Túnez, Turquía y Egipto.
De lo que vio en estos dos últimos países, dio puntual información en su primera publicación “Viaje a Turquía y a Egipto hecho en el año 1784″, dado a la estampa en París en 1789.  Ese mismo año, se querella contra los Estados de Polonia para que le dejen instalar una imprenta en su casa.  En ella vera la luz su “Ensayo sobre la historia universal” e indagaciones sobre Sarmacia.  Pero el escritor alcanzará la celebridad merced a una ascensión en globo aerostático junto a François Blanchard.
Tras un viaje por Inglaterra, España y Marruecos realizado en 1792 es llamado a filas en su país para participar en una campaña militar como capitán de ingenieros.  Pero lo suyo son las letras, que no la milicia.  Los títulos, muy apreciados por los estudiosos, se van sucediendo en su bibliografía: “Viaje por algunas partes de la Baja Sajonia para la busca de Antigüedades o wendas” (1794), “Memoria sobre un nuevo periplo del Ponto Euxino, así como sobre la más antigua historia de los pueblos del Taunus, del Cáucaso y de Escitia” (1796) y “Fragmentos históricos y geográficos sobre Escitia, Sarmacia y los eslavos (también de 1796) le convierten en un erudito en lo que arqueología y etnología se refiere.  Tanto es así que el zar Alejandro I -a la sazón Polonia pertenecía al imperio ruso, le nombra su consejero privado.  Como tal, el escritor se verá obligado a viajar al Cáucaso en 1798.
“Porno” goyesco
De las siguientes publicaciones de Potocki, la que cuenta para nosotros, “El manuscrito encontrado en Zaragoza” -a buen seguro resultado de su viaje por nuestro país en 1792- ve la luz en el San Petesburgo de 1804.  Tanta es la carga erótica que rezuman sus páginas que un buen número de ellas han de distribuirse en la clandestinidad.
Pero lo que verdaderamente se trata allí son las fantásticas aventuras de un gentilhombre español, de ascendencia morisca.  Entre espectros y odaliscas enmarcadas en un ambiente goyesco, el autor nos propone un texto atractivo como pocos.  Quién sabe lo que hubiera podido legarnos de haber proseguido con su producción fantástica si en 1812 no hubiera decidido poner fin a su vida.

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Aphra Behn, primera escritora profesional de la literatura inglesa

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Antes de convertirse en la primera escritora profesional de la literatura inglesa, cuenta su leyenda que Aphra Behn se entregó a toda suerte de disipaciones, fue espía en Holanda, amante de varios prohombres de la Restauración, incluido el rey Carlos II, abanderada de la inmoralidad y autora de una veintena de comedias cuya influencia fue determinante en el naturalismo de Jean Jacques Rousseau.

Nacida en Wye (Kent) en 1640, fue su padre un humilde barbero.  Por dilucidar aún si la futura escritora abandonó Inglaterra junto a él o si lo hizo sola, lo cierto es que Aphra, adolescente aún, parte para la Guayana holandesa.  Allí, en la plácida y afortunada Surinam, transcurrió su adolescencia.  Regresó a Europa en 1658 para contraer matrimonio con un comerciante holandés, un tal Behn, con cuyo nombre pasaría a la historia de la literatura.  Su apellido de soltera, como tantas otras cosas referentes a ella, no es desconocido.  De lo que no ha duda es de que fue su marido quien la introdujo en la licenciosa sociedad de la Restauración.  El ingenio de la muchacha, que pasaba de cama en cama sin ningún rubor, no tardaría en llamar la atención.  Así, tras la misteriosa muerte del esposo, Aphra llega a ser una de las mujeres más admiradas en los salones de postín.

Pobreza y libertad

Pero la viudedad, además de la libertad precisa para sus licencias, también habría de acarrearle la pobreza.  Corría el año 1670 cuando, sumida en la miseria, se vio impelida a ganarse la vida.  Fue entonces cuando empezó a escribir.

Ni que decir tiene que sus licencias y excesos fueron su principal materia literaria.  De ellas comienza a dar buena cuenta en comedias como "The Forc’d Marriage" (1670) y las dos entregas de "The Rover", fechadas en 1677 y 1681 respectivamente.  El público dedica el mismo aplauso a todas ellas.  Su autora se nos muestra cínica y apasionada, refinada y popular.  Es la primera que acomete la cuestión sexual y exalta la pasión y el placer.

La primera novela antiesclavista

Pero la Aphra Behn que habría de pasar a la posteridad era la narradora, que no la autora dramática.  "Oroonoko o el esclavo real", la novela que habría de procurarle la gloria literaria, es una historia tan avanzada a su tiempo como insólita en su propuesta.  Publicada en 1678 y protagonizada por el príncipe heredero de un supuesto reino africano -Coramantien- es considerada la primera novela antiesclavista.  Idealizando al salvaje como nadie lo había hecho hasta entonces, la escritora nos cuenta cómo Oroonoko, tras casarse con la bella Imoindia, es vendido junto a su esposa como esclavo.  Separados por sus amos, el matrimonio volverá a unirse con posterioridad.  Oroonoko capitaneará entonces una revuelta de esclavos.  Capturado por sus enemigos, morirá entre terribles torturas.

El realismo que impregnaba aquellas páginas, primeras en las que se hablaba de una negra guapa, es un claro precedente del de Daniel Defoe.  Pero Aphra Behn nunca llegó a tener noticia de su insigne discípulo: murió en Londres en 1689, quince años antes de que Defoe empezara a publicar sus primeros artículos en "The Review".

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Guillaume Apollinaire, el abanderado de los poetas modernos

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Guillaume Apollinaire, el abanderado de los poetas modernos -como con tanto acierto se le ha llegado a llamar- fue también uno de los grandes provocadores de un tiempo -añorado más tarde por Breton- en el que la burguesía aún se escandalizaba.  Probablemente fue ésa, y no ninguna otra, la razón de sus textos libertinos, para muchos más fuertes que los de Sade.  De vida breve y agitada, ello no le impidió participar en todas las polémicas artísticas que desataron las vanguardias y dejar escrita una bibliografía de referencia obligada tanto para el estudio de las vanguardias como para el de las letras francesas.

Wilhelm Apollinaris de Kostrwitzky, verdadero nombre del artista, nació el 26 de agosto de 1880 en Roma.  Fue su madre una aristócrata polaca que, además de darle el apellido que su padre -probablemente Francesco Flugi d’Aspermont, un oficial italiano- le negó, fue una amiga más que una madre para él.  Con ella, ludópata empedernida, viajó por Italia y la Costa Azul francesa.  Todos los lugares donde hubiera un casino donde perder algo de dinero les servían como residencia ocasional.

Algunos amigos

Las dificultades económicas y los desórdenes de su educación hicieron que la musa despertara en el pequeño Guillaume.  Empleado como preceptor de acaudaladas familias centroeuropeas, compone sus primeros poemas mientras viaja con ellas.  De esta manera, cuando sus primeros versos aparecen publicados en la parisina "Revue Blanche", Apollinaire vive en Renania.  Corre el año 1902.

Alfred Jarry y Félix Fénéon serán los primeros valedores del nuevo poeta, quien no tardará en regresar a la capital francesa.  Ya en 1903 pone en marcha la revista "Le festin d’Esope".  El periodismo, bien como colaborador en publicaciones ajenas, bien como editor, le permite abandonar el modesto puesto que ha ocupado en un banco recién instalado en París.  Por aquellos años conoce a dos de sus grandes amigos: Max Jacob y Picasso, juntos a ellos, el poeta descubrirá que también hay en él un crítico de arte.  No es que Apollinaire aborrezca la tradición, lo que le ocurre es que busca nuevas formas de expresión para sus sentimientos.

Mientras en su obra crítica defiende incansablemente a los artistas más variados: Picasso, Matisse, Picabia, De Chirico… reúne sus relatos en "L’Hérésiarque et Compagnie" (1910) y se convierte en uno de los grandes de Montmatre.  También es entonces cuando Apollinaire escribe esas dos obras sobre las que sus biógrafos suelen pasar calificándolas, no carentes de rubor, de "textos libertinos".  Se trata de "Las once mil vergas" y "Las hazañas de un joven don Juan".  Al igual que una buena parte de la producción de su autor, permanecerán inéditas hasta los años 30.

Palabras como pinturas

Será su primer volumen de versos, Alcoholes\’ (1913), donde recoge quince años de producción poética, el que le catapulte al parnaso de la poesía francesa.  Los asuntos de sus composiciones son viejos: amores fracasados, paso del tiempo, miedo al futuro, pero en opinión de la crítica, el talento de Apollinaire "los rejuvenece y los vuelve más conmovedores".  Hay en el poeta algo que le hace pasar de "las violencias fáciles al penoso abandono de una repentina imagen amorosa", escribe Giannessi.

Apenas se declara la guerra del 14, Guillaume Apollinaire se alista voluntario.  El mismo año que en la retaguardia aparece su novela "El poeta asesinado" (1916) es herido en la cabeza.  Habrán de trepanarle el cráneo para curarlo.  En 1917, mientras el poeta puede volver a escribir, aparece su farsa de tintes surrealista "Los senos de Tiresias".  En 1918 da la estampa su obra maestra, "Caligramas".  Se trata de una colección de poemas inspirados por la guerra que asola el Viejo Continente y escritos en la trinchera.  Destacan entre todos estos cantos de batalla los caligramas propiamente dichos.  Son composiciones ordenadas en caprichosos arabescos para formar así dibujos que representan una mandolina, un caballo, la lluvia, una flor…

Desgraciadamente, la epidemia de gripe que ese mismo año 18 se declara en París se lleva a Guillaume Apollinaire, cuya salud ha quedado seriamente dañada a consecuencia de las heridas sufridas en combate.

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Paul Bowles, un precursor de la generación \'beat\'

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
Aunque entre los méritos de Paul Bowles incluidos en las solapas de sus traducciones españolas destacan las bandas sonoras que compusiera para una treintena de producciones cinematográficas y teatrales, el hecho es que Bowles entró en el parnaso fílmico de la mano de Bernardo Bertolucci.

Más aún, gracias a la celebrada adaptación de "El cielo protector" dirigida por el realizador italiano en 1990, la bibliografía de Bowles, ya en el otoño de sus días, fue descubierta con interés por el común de los lectores.  Sin embargo, entre esas minorías que le veneraron desde sus primeras publicaciones, se encontraba la plana mayor de la generación "beat", que fue a reconocer en él a uno de sus precursores.

Nacido en Long Island (Nueva York) el 10 de diciembre de 1910, ya en sus primeras creaciones musicales y literarias, Bowles mostró un inequívoco interés por la experimentación.  Instalado en París, publica sus primeros textos en la revista "Transition" a finales de los años 30.  A comienzos de la siguiente década, compone "The Wind Remains", pieza musical basada en un texto de Federico García Lorca.  Pero sus ambiciones experimentales siguen sin encontrar satisfacción.  Al igual que les ocurriera a los surrealistas con anterioridad, es la cultura occidental en sí lo que agobia a nuestro autor.  Consciente de ello, inicia un exilio voluntario que le llevará a los rincones más distantes de la tradición cultural que le es propia.

Marruecos será el primer lugar que le ofrezca el primitivismo y la naturalidad que busca.  Al país norteafricano dedicará las novelas y relatos que le procuraran el prestigio entre toda la heterodoxia cultural occidental.  La ya citada "El cielo protector", donde da cuenta de la experiencia en el Sahara de unos viajeros norteamericanos, que de alguna manera le tocan muy de cerca, aparece en 1949.  A ésta le seguirá "The Delicate Prey" (1950) su primera colección de cuentos.  En toda su producción de inspiración africana, la experimentación lleva a Bowles de las formas policiacas a la existencialistas.  Sus personajes suelen ser viajeros sin posibilidad de regreso que se pierden en laberintos que representan su obsesiones.

Favorito de William Burroughs, el autor de "Yonqui" se instala en Tánger -además de por las posibilidades que tiene allí para fumar hachís- porque Bowles -también fumador empedernido de dicha sustancia- reside en la ciudad marroquí.  Será Burroughs quien presente a Bowles a Peter Orlovsky, Allen Ginsberg, Alan Ansen e Ian Summerville.  Todos ellos rinden tributo a Bowles en Villa Mouneira, residencia en Tánger de Burroughs.  Una de las imágenes más difundidas de la generación "beat" es la que les muestra junto a Bowles en el jardín de aquella casa.

Mientras sus rendidos acólitos se convierten en los autores favoritos de la juventud rebelde, Bowles alcanza una de sus cotas más altas en "Cabezas verdes, manos azules", diario publicado en 1963.  Por esas mismas fechas recoge los cuentos populares marroquíes que le refiere Mohammed Mrabet en Hundred Camels in the Courtyard (1963).  Ya en 1964, publica "A Life Full of Holes", escrita en colaboración con otro autor magrebí, Driss Ben Hamed Charhadi.  En opinión de la crítica especializada, el interés de Bowles por África se ha convertido en "una investigación antropológica de las raíces y la cultura del desierto".  No obstante lo cual, la siguiente novela del escritor -"Up Above the World" (1967)- está ambientada en Latinoamérica.

Tras una nueva recopilación de cuentos africanos, "M’Hashish" (1969), Paul Bowles da a la estampa su autobiografía en 1972 con el título de "Déjala que caiga".  Entre sus últimas publicaciones destacan los relatos reunidos en "El tiempo de la amistad" (1979).  La muerte le sorprendió en 1999 en el Tánger que tanto amó.

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Dylan Thomas, bohemio y borracho irredento

Ficha de historia o anecdotario:

JAVIER MEMBA
De Dylan Thomas bien puede decirse que su precocidad fue directamente proporcional a su prematura muerte.  Bohemio y borracho irredento, alcanzó la genialidad a través del caos, dejando tras de si una obra en la que se registran las resonancias más diversas: desde los metafísicos del siglo XVIII hasta los surrealistas.  En palabras de William York Tindall, se valió de Freud para dar "una nueva dimensión a la "Biblia".

El hombre que habría de inspirar su nombre artístico a Bob Dylan nació en Swansea (Gales) el 27 de octubre de 1927.  Fue su padre un profesor de la misma escuela en la que el futuro poeta se formaría, si bien la piedra angular de su obra sería la tradición celta.  Apenas contaba doce años cuando causan sensación sus primeros versos, pero su primer libro -"18 poemas"- no aparece hasta 1934.  A diferencia del resto de los poetas de su tiempo, preocupados por las cuestiones sociales, los versos de Thomas llaman la atención de la crítica por cuanto de mágico y oscuro hay en ellos A la sazón, el joven escritor ya es un veterano reportero del "South Wales Evening Post".

Una referencia obligada

En 1936, el mismo año que contrae matrimonio con Gaitlin MacNamara y aparece su segundo libro -"Veinticinco poemas"-, Thomas es una referencia obligada en la nueva poesía inglesa.  Esto no le salva de una precaria situación económica.  Ya borracho empedernido, encuentra la lucidez en el alcohol.  El licor sería su camino hasta la tumba.  Tan buen rapsoda como poeta -todos sus biógrafos señalan que para él la comunicación poética debía de ser oralidad-, en 1939 da a la estampa "El mundo que respiro" y "Mapa de amor".  Declarado no apto para el servicio cuando estalla la guerra, el escritor demuestra ser un excelente guionista y comentarista radiofónico.  Tanto es así que no tardará en comenzar a escribir los comentarios de algunos documentales cinematográficos.

La que para muchos es su obra maestra -"Defunciones y nacimientos"- aparece en 1946.  Finalizada la guerra, viaja en varias ocasiones a Estados Unidos, donde su prestigio es tan grande como en Italia y escribe un guión cinematográfico -"El doctor y los demonios" (1953)- que nunca se llega a realizar.  En uno de sus viajes a la otra orilla del Atlántico, cuando se dispone a redactar el libreto de una ópera de Igor Stravinski, sufre un hemorragia cerebral a consecuencia de su alcoholismo y fallece el 9 de noviembre de 1953.

Estrecheces económicas

Son por lo tanto póstumas publicaciones como "El bosque lácteo" (1954), drama que concibe para una emisión radiofónica, la novela incompleta "Adventures in the Skin-Trade" (1955) y las compilaciones de ensayos, narraciones y textos radiofónicos reunidos bajo los títulos "Quite Early One Morning" (1954) y "A prospect of the Sea" (1955).  Once años después aparece una selección de su correspondencia, en la que se da fe de cómo toda su vida fue un continuo debate contra las estrecheces económicas.  A la sazón, la crítica especializada ya ve en Thomas a un poeta cuya influencia en la lírica inglesa del pasado siglo sólo es comparable a la de Auden.

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André Breton, defensor de la ortodoxia surrealista

Ficha de historia o anecdotario:
André Breton, defensor de la ortodoxia surrealista
JAVIER MEMBA

Decía Luis Buñuel que el surrealismo fue un movimiento "poético, revolucionario y moral". Todas esas cosas fue su principal artífice, André Breton. Acaso más considerado como el defensor de la ortodoxia surrealista que como escritor, aunque Breton sólo hubiera sido el guardián de aquella pureza hubiera bastado para que mereciese la admiración de cualquier amante de la literatura heterodoxa, pues el surrealismo, además de poesía, revolución y ética, también fue una de las grandes subversiones culturales -si no la más- que conociera el siglo XX.

Nacido en Tinchebray (Orne) en 1896, acaso ya intuyendo que la verdad del hombre se encuentra en su subconsciente, que habría de ser la principal regla de su postulado, Breton se trasladó a París para estudiar psiquiatría. Movilizado en 1915, un año después conoce a Freud a través de sus obras y a Apollinaire a través de una sincera amistad que le unirá a él hasta la prematura muerte del poeta. Finalizada la Gran Guerra Europea, Breton regresa a París contagiado por la fiebre de las vanguardias: se adhiere al movimiento dadaista.

La escritura automática

Junto a dos compañeros de entonces -Louis Aragon y Philipe Soupault- fundará la revista "Littérature", en cuyas páginas comienza a gestarse el surrealismo como una escisión del dadaismo. Allí empieza a referirse Breton a la escritura automática -la que brota del pensamiento sin ningún control de la razón ni de la moral- y allí publicó, en colaboración con Soupault, "Los campos magnéticos" (1920), que pasa por ser el primer texto de la corriente.

La ruptura con la negación absoluta de los dadaistas se impone. Así, en 1924 Breton publica "Manifiesto del surrealismo", al que no tardan en unirse Antonin Artaud, Paul Éluard y el resto de la plana mayor del movimiento. La nueva revista que impulsa Breton es "La revolución surrealista". La vida de la publicación se prolongará durante cinco años en los que tienen tiempo de arremeter contra toda la cultura oficial, además, claro está, de contra el sistema.

Como no podía ser de otra manera, Breton no tarda en pasar de las formulaciones estéticas a las políticas. Al igual que algunos de sus compañeros surrealistas, ingresa en el Partido Comunista en 1927, seis años después será expulsado. Entre tanto, ha tenido tiempo de publicar dos de sus textos más importantes: "El surrealismo al servicio de la revolución" y "El surrealismo y la pintura", ambos datan de 1928. Fue aquel un año de gran actividad, pues también es entonces cuando Breton escribe "Nadja", su obra maestra. Viene a ser esta novela el retrato de una mujer mediante distintos fragmentos e impresiones que combinan lo mágico con lo cotidiano.

Inquietudes revolucionarias

El "Segundo manifiesto del surrealismo", que data de 1929, no aporta nada nuevo. Los años que siguen, Breton preside las exposiciones surrealistas que se inauguran en distintas ciudades. El haberse convertido en una suerte de comisario de la pureza del movimiento no le impide publicar textos del interés de "La inmaculada concepción" (1929), un intento de acercamiento a las patologías del lenguaje, "Los vasos comunicantes" (1932) o "El amor loco" (1937). Este último es una interpretación de las teorías de Freud basándose en un sueño propio. Ya en 1938 viaja a México, donde conoce a Trotsky y Diego Rivera. El patriarca de los surrealistas, todavía alberga algunas inquietudes revolucionarias. Ni que decir tiene que cuando aparece su "Antología del humor negro" (1940) es prohibida por la censura.

Breton vivió la guerra en los Estados Unidos, exiliado en compañía de algunos artistas surrealistas como Marcel Duchamp y Max Ernst. De regreso a Francia se interesa por el ocultismo. De ello viene a dar prueba su "Arcano 17" (1945). Tres años después, todos sus versos aparecen recopilados en "Poemas". Hasta el final de sus idas, el patriarca de los surrealistas siguió publicando con regularidad artículos y ensayos. Pero, como el mismo recordaría con tristeza y asombro a Buñuel en el umbral de la muerte, ya no había nada capaz de escandalizar a la burguesía. André Breton, uno de los principales impulsores de la nueva literatura en las vanguardias, murió en París, el 28 de septiembre de 1966.

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Thomas de Quincey

Ficha de historia o anecdotario:
Thomas de Quincey, más interesado por la erudición que por la creación

JAVIER MEMBA

Si contar entre los favoritos de Baudelaire es uno de los grandes méritos literarios, podemos incluir a Thomas de Quincey en el parnaso de la literatura decimonónica. El poeta francés, reconocido admirador de su colega británico, dedicó a "Las confesiones de un comedor de opio inglés" uno de los más celebrados capítulos de "Los paraísos artificiales". Sorprende ante tanta excelencia que de Quincey no fuera un escritor vocacional. Si bien sus biógrafos no se ponen de acuerdo en el sentido de sus apuntes sobre el opio -para unos es apología en tanto que otros lo definen como condena- todos coinciden en señalar que el principal interés de nuestro autor radicó en el estudio y la erudición, que no en la creación literaria. Si cogió la pluma fue para mantener a su numerosa familia merced a una incesante actividad periodística.

Thomas de Quincey nació en Manchester, el 15 de agosto de 1785. Huérfano de padre recibió sus primeras enseñanzas en un colegio de Gales. Según se desprende de sus "Confesiones…", en las que -dicho sea de paso- la autobiografía ocupa un mayor número de páginas que la toxicomanía, abandonó aquella triste institución cuando contaba 17 años se hizo con un dinero dirigido a otra persona -lo que le crearía un cargo de conciencia- y pedir prestadas algunas guineas a una aristócrata con la que compartía aficiones literarias.

Una sincera amistad

Algunas de las páginas más conmovedoras de toda su bibliografía son las dedicadas a su encuentro con una joven enferma y asustadiza, acaso sirvienta o hija natural de su anfitrión, en las habitaciones del bufete del mezquino negociante que dio albergue al escritor, recién llegado éste a Londres. En un ambiente digno del mejor Dickens, los dos jóvenes dormirán abrazados para combatir el frío sin más lecho que viejos documentos ni más abrigo que una vieja manta. No obstante, pese a la sincera amistad que le uniera a aquella pobre desdichada, el amor del joven Thomas en aquellos días -amor platónico, por supuesto- será Ann, una muchacha de la calle, a la que nunca más habría de volver a ver, que se convertiría en una de las visiones más frecuentes en sus delirios de opiómano.

Ya estudiante de Griego en Oxford, de Quincey tiene su primer contacto con la droga en 1804. Parece ser que en un principio recurrió a ella para paliar un fuerte dolor de muelas complicado con un "reuma a la cabeza". Consumió intermitentemente la adormidera -a la sazón de uso legal en toda Europa- hasta 1813, año en que él mismo se confiesa opiómano. Entre tanto ha tenido tiempo de conocer a los poetas Samuel Taylor Coleridge, también un inveterado opiómano, y William Wordsworth, el gran maestro de nuestro escritor.

Mantener a su familia

En 1809, de Quincey se traslada a Townend (Grasmere) en busca de intimidad. Allí contraerá matrimonio en 1816 con Margaret Simpson. A partir de entonces, Thomas de Quincey se verá obligado a escribir para mantener a su familia, esa -y no la toxicomanía- fue su gran maldición.

Aunque nunca llegó a concluir la obra de Spinoza "De Emendiatione Humani Intellectus" como tanto anheló, ni a dar a la estampa su "Historia de Inglaterra", magna obra en doce volúmenes que constituyó su sueño imposible. Sin embargo, el opiómano escribió mucho. Quizá por ello con inspiración y calidad diversas. Siendo el periodismo la forma más rápida de conseguir dinero por medio de la literatura, la gran mayoría de las páginas de nuestro escritor son artículos de prensa.

Celebrada sátira

Si bien, entre su producción no faltan tratados sobre la narrativa y la filosofía alemanas e incluso estudios de economía -el interés por esta última disciplina hizo en más de una ocasión que superara ocasionalmente su adicción-, los textos de Thomas de Quincey que han llegado hasta nosotros aparecieron publicados por entregas en revistas. Así, la primera parte de "El asesinato considerado como una de las bellas artes", resultado de su trabajo como director de la Westmorland Gazette, aparece en 1827. Esta celebrada sátira sobre tan triste crimen conocerá dos nuevas partes en 1839 y 1854.

En cuanto a "Las confesiones…" sus dos primeras partes parecen en 1822. La tercera -"Los tormentos del opio"- verá la luz en 1856. En ellas, tras descubrirnos las cualidades analgésicas del estupefaciente, da cuenta de los placeres que produce su consumo, llegando incluso a afirmar que no crea dependencia. Bien distinta es su opinión en el último capítulo. Es allí, después de 18 años de adicción a los opiáceos, cuando el escritor alude a la dificultad de abandonar el hábito, a la anulación de la voluntad producida por la toxicomanía y al terrible cariz que a veces adoptan las alucinaciones. No en vano, como apuntó Jean Cocteau, "tras cada opiómano se esconde un problema". Thomas de Quincey acabó con todos los suyos el 8 de diciembre de 1859, cuando murió en Edimburgo agobiado por la pobreza.

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