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Archive for abril, 2008

Escribir es pactar con el sinsentido

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

LA RAZÓN, 5 de abril de 2006

Enrique Vila-Matas / Escritor: «Escribir es pactar con el sinsentido»
El autor define su trayectoria marcada por una literatura entre lo real y lo ficticio

J. Ors

Madrid- La literatura puede ser una pasión o una enfermedad o una huida. Para Vila-Matas es una pasión, una enfermedad y una huida. Por sus páginas caminan, como funambulistas de la realidad, letraheridos de diverso calado y trapío, fundidos en un género impreciso que resbala entre la ficción y la realidad. Con «Doctor Pasavento», el novelista hablaba de «la dificultad de no ser nadie». No ha podido ser.
   -¿Por qué ha despertado tanto interés sus últimos cuatro libros?
   -No lo sé. En los últimos cinco aviones a los que he subido -veremos cuánto dura esto- he tenido que firmar autógrafos y recibir felicitaciones de ciertos pasajeros literarios. Es raro para mí, que me he pasado la vida en plan Pasavento, sin que me hicieran caso alguno.
   Lectores afortunados- ¿El lector necesita este tipo de literatura?
   -Es posible, casi seguro que es eso. Pero también pienso que hay libros míos -como «Hijos sin hijos»- que tienen el mismo nivel que «Bartleby» y, sin embargo, su suerte ha sido distinta. En todo caso, «Bartleby», a pesar de su tema tan minoritario -se ha repetido el fenómeno en los 22 países en que ha sido traducido-, captó a un lector que se identifica con el personaje emblemático de quien, pudiendo escribir, no lo hace. Es un lector que, por fortuna todavía existe y al que le interesa «el pensamiento narrado».
   -En 1985 escribió «Historia abreviada de la literatura portátil» y en 2000, «Bartleby». ¿Qué ocurrió en medio?
   -Que empecé a aprender a escribir. En «Una casa para siempre» me dediqué a estudiar cómo se construía la estructura de un libro de cuentos; lo de menos era lo que contaba. El libro enojó a los críticos más burros del país, pero en Francia maravilló. Y me hice extranjero.
   -¿Cómo descubrió este mundo?
   -El día en que descubrí que en la literatura habla una voz que nos dice que la vida no tiene sentido, pero en esa misma voz hay al menos un eco de ese sentido que se niega.
   -¿Qué le supuso el éxito?
   -Empezar a ser espiado, que era a lo que yo me dedicaba antes.
   -¿Y sintió vértigo ?
   -Me instalé en el vértigo. Sin él, escribir carece de interés. Y yo escribo para no aburrirme. De niño, me gustaba el circo y recuerdo que me decía que, de mayor, no sería oficinista ni payaso, me dedicaría al triple salto mortal, sin red.
   -¿La literatura es una forma de huir de la realidad?
   -Escribir es pactar con el sinsentido, es decir, pactar con la realidad y al mismo tiempo burlarla inventando otra realidad.
   -¿Está más unido a la literatura centroeuropea que a la española?
   -Mi lema es «no tener nada y ser extranjero siempre». Eso, en el fondo, me permite estar incluso vinculado a la literatura española.
   -¿Qué tiene más peso para usted, la realidad o la ficción?
   -Eso depende de cómo me levante por la mañana. Pero, por lo general, el día lo ocupa la ficción y por las noches suele llegar la realidad.
   -¿Qué ocurre si un día descubre que no quiere seguir escribiendo?
   -Hay alguien en París que lo está intentando, creo que quiere que descubra que no quiero escribir. Y lo intenta con una perversidad desaforada. Tendré que escribir sobre eso para poder seguir escribiendo.
   -¿Le han ofrecido escribir un guión para un filme?
   -Nunca voy al cine. Hasta ahora mi gran éxito en la vida había sido escribir libros tan literarios que nadie se había propuesto adaptarlos al cine. Pero cometí un error. Y me llueven ofertas para adaptar «El viaje vertical», las ofertas han llegado incluso del Brasil.
   

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Carencias en la ley del libro; \'\'sólo beneficia a algunos\'\', dicen editores

Ficha sobre concursos literarios y eventos sociales en torno a la literatura:

LA JORNADA, 4 de abril de 2006

Los incentivos fiscales deben abarcar toda la cadena productiva, piden

Carencias en la ley del libro; \’\'sólo beneficia a algunos\’\', dicen editores

· Cancelan diputados, \’\'hasta nuevo aviso\’\', la sesión de hoy, en la que se analizaría el tema para su aprobación

· Prevalecen aspectos \’\'que no están claros\’\’ en la propuesta avalada por el Senado

ERICKA MONTAÑO Y FABIOLA PALAPA

La Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados suspendió \’\'hasta nuevo aviso" la sesión prevista para este martes, en la que se analizaría la iniciativa de Ley de Fomento para la Lectura y el Libro con miras a su aprobación y posterior envío al pleno de ese órgano legislativo.

La suspensión significa que la propuesta \’\'ha sido rechazada sin haber sido estudiada", manifestó a La Jornada José Angel Quintanilla, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).

\’\'Por no querer estudiar lo que ha sucedido en otros países se rechaza toda una ley que busca promover la lectura, y es la única herramienta que nos va a hacer crecer. Mientras no sepamos entender las posibilidades que brinda la lectura seguiremos siendo un país de intolerantes."

La iniciativa, aprobada por el Senado el pasado 16 de marzo, propone como puntos centrales la creación de un Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura y el precio único del libro, tema en el que aún existen discrepancias en los diversos sectores de la cadena editorial: para algunos editores sería el primer paso para desaparecer la guerra de descuentos y mejorar las condiciones de la industria, que vive una crisis profunda.

Por una reglamentación integral

Sin embargo, aspectos como las modificaciones fiscales que garanticen la deducibilidad del IVA a los gastos de las librerías y el otorgamiento de crédito fiscal y financiamiento son algunos temas que no están claros en la propuesta de ley.

El editor Miguel Angel Porrúa subrayó que no es una medida que beneficie a los lectores ni a la industria, \’\'por un principio básico de economía: cualquier precio que se dictamine como único siempre tiene que ser a la alza, nunca a la baja. En el caso de los libros va a ser a la alza, pues el consumidor pagará para que un libro esté en cualquiera de las dos fronteras, porque en México los costos de los envíos por correo, por mensajería, son altísimos: enviar un paquete de 25 kilos cuesta 524 pesos y enviar un libro cuesta 78 pesos".

El costo del transporte encarecería el libro hasta ciento por ciento. \’\'No nos podemos comparar con países como Francia, España o Alemania, con leyes de precio fijo del libro, porque ahí están realmente especializados en la distribución."

Esta ley del libro, dijo, \’\'beneficia a algunos productores, pero no a la cadena productiva. El precio único, si no se dan reformas como incentivos fiscales, no puede ser. Es una reglamentación que necesita ser integral si realmente queremos favorecer a la industria y tener un país de lectores. Esto es darles, como siempre lo hemos hecho, atole con el dedo a todos".

El escritor Paco Ignacio Taibo II explicó que en caso de aprobarse esa ley sería \’\'una forma más de desmocratizar el acceso a la lectura". El problema se debe revertir de fondo, porque no hay una intervención estatal sensata y junto con la industria deben crearse líneas de producción del libro a bajo costo y de circulación masiva; en ello están incluidas la sociedad, la industria editorial, las rotativas de los periódicos y el aparato del Estado.

El poeta David Huerta señaló que la ley significa un avance para corregir algunas actitudes y decisiones de este gobierno, como el amago de gravar los libros en algún momento de 2000.

\’\'Ojalá la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y los encargados de la macroeconomía tomen nota de estos avances políticos en el orden cultural. El precio único es un asunto importantísimo de orden comercial con efectos culturales, que disminuirá algún desorden del mercado librero y pone mayores orientaciones en el consumo de estos objetos tan valiosos para la conservación y difusión del conocimiento."

Respecto de la creación de un Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura, el poeta indicó: esperemos que realmente se dedique a la tarea que se le ha encomendado de fomentar la lectura con programas razonables, sensatos, verdaderamente nacionales y también en los planos regional y local.

Pocos lectores, un lastre

A decir de la promotora cultural Lorena Elizabeth Hernández, el problema del sector editorial es que \’\'no hay un incentivo generalizado para colocar librerías en el país". En caso de aprobarse la ley en la Cámara de Diputados, añadió, \’\'debería haber un impulso en los gobiernos locales y municipales, pues son los que otorgan las licencias de funcionamiento de los comercios".

Esta ley, abunda, permitirá a librerías pequeñas, a mediano plazo, contar con un precio competitivo frente al lector, sin embargo resaltó que lo más importante es abrir librerías \’\'de barrio" y especializadas.

José María Espinasa, coordinador de producción editorial en El Colegio de México y director de Ediciones sin Nombre, explicó que la aprobación en el Senado de la ley del precio único es el primer paso para evitar la batalla de descuentos en los libros de reciente aparición. Pero consideró que aún es complicada la situación del mercado librero porque existen diferencias fiscales.

\’\'El precio único permitirá que poco a poco se abran nuevas librerías, sobre todo independientes, que puedan competir con las grandes cadenas. Esto no será fácil ni inmediato. Esta situación se complica más cuando en México se lee poco."

Espinasa indicó que el Estado debe trabajar más en medidas que favorezcan la apertura de librerías y la edición de libros, porque en este momento, si no se mejoran ciertas condiciones, abrir una librería es un riesgo muy grande.

Respecto del precio único, la poeta y editora Enzia Verduchi consideró que \’\'la ley es el primer paso para una competencia más justa y que todos tengan al alcance el material que quiera desde una novela de detectives hasta un libro de medicina o de poesía. Lo que importa es que todos podrán comprar al mismo precio en cualquier punto del país".

Comentó que a partir de esta ley se debe encontrar la manera de lograr mayores incentivos fiscales, devolución de impuestos a editores, así como un trato más equitativo con las distribuidoras para que los libros lleguen a todo el país.

Librerías, el eslabón más golpeado

Para Raúl Zorrilla, secretario técnico del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro tiene la virtud de dar un marco legal sólido a los programas de fomento a la lectura y plantea la creación del Consejo de Fomento a la Lectura, que es un espacio de concertación para actores del libro, desde el autor hasta el lector.

El eslabón de las librerías es el más golpeado en la cadena de autor al lector, porque en menos de 10 años han desaparecido cerca de 60 por ciento. \’\'Tenemos alrededor de 400 librerías que funcionan permanentemente para una población de cien millones de habitantes."

El presidente de la Asociación de Libreros Mexicanos, Henoc de Santiago, afirmó \’\'categóricamente" que ese gremio apoya la medida \’\'porque conviene a las librerías, promueve que éstas no compitan por descuento, sino por servicio al cliente, por calidad en sus fondos editoriales, por especialización de los libreros, por ubicación".

Rechazó que la medida encarezca el libro, como señaló la Comisión Federal de Competencia hace días, y destacó los resultados obtenidos en España, Francia y Alemania, que tienen una ley similar.

El director comercial de librerías El Sótano consideró que el precio único aumentará el costo del libro al lector \’\'a corto y mediano plazos". A la ley \’\'le damos el beneficio de la duda. Pero lo que hace falta es la profesionalización. Se habla de España o Francia como países en los que ha funcionado, pero son de primer mundo con otro nivel cultural, otro poder adquisitivo. No creo que vaya a funcionar, pero vamos a ver qué pasa".

Por lo pronto, el análisis de la iniciativa de ley está en suspenso tras la cancelación del encuentro de este martes entre la Comisión de Cultura y especialistas. La reunión se canceló porque el presidente de esa instancia, Filemón Arcos, regresa hoy de un viaje, indicó el secretario técnico de la comisión, Federico del Real.

No se informó, en cambio, una nueva fecha de debate, faltando 28 días para que concluya el periodo ordinario de sesiones.

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Eduardo Mendoza: \'La novela no ha muerto, sino el lector de novelas\'

Ficha referente a opiniones de grandes autores:

EL MUNDO, 3 de abril de 2006

PRESENTA \’MAURICIO O LAS ELECCIONES PRIMARIAS\’

Eduardo Mendoza: \’La novela no ha muerto, sino el lector de novelas\’

JOSÉ OLIVA (EFE)

Eduardo Mendoza. (Foto: Xavier Torres-Bacchetta/Seix Barral)

BARCELONA.- El escritor barcelonés Eduardo Mendoza, que acaba de publicar su última novela, \’Mauricio o las elecciones primarias\’, considera que la novela no ha muerto, sino el lector de novelas.

El autor vuelve a esa célebre frase que pronunció en los años 90 sobre la muerte de la novela y él mismo reconoce: "Pienso mucho sobre este trasunto y voy cambiando de opinión, en ocasiones hasta dos veces el mismo día".

Mendoza opina que "la novela no tiene la fuerza que tenía antes, pero no porque ahora prefieran ver culebrones, sino porque se ha producido un desplazamiento del discurso de una tribuna a otra".

Antes, continúa, la novela era una tribuna y ahora debe conformarse con ser "una plataforma de entre-tenimiento y de literatura", lo cual no quiere decir que sea algo vacío.

En su reflexión, Mendoza piensa que la novela ha perdido la influencia directa que tenía, no porque haya cambiado la propia novela, sino porque "el lector se ha transformado". Ante esa crisis, la propia novela busca salidas más o menos honrosas y aquí encuentra Mendoza una justificación al éxito actual de la novela histórica.

El éxito de la novela histórica

"La novela histórica conserva todo lo que tiene la novela como fuente de conocimiento de la realidad, que ofrece al lector una visión global del mundo, como también lo hacen la televisión o el periodismo".

Más allá de ejemplos "ridículos" como \’El código da Vinci\’, los éxitos masivos de ese género se explican entonces por que "la historia despierta una gran curiosidad y la novela histórica permite al lector entender fácilmente una ciencia árida de naturaleza".

\’Mauricio o las elecciones primarias\’ (Seix Barral) es la historia de un dentista de Barcelona tentado por los socialistas para participar en las elecciones autonómicas de 1984.

Con una ironía hacia la vida y la ciudad y un sarcasmo del que no se salva en esta ocasión de manera especial la política, Mendoza describe los ambientes pequeño burgueses y obreros que de una u otra manera ya salieron en sus anteriores libros como la Barcelona modernista de \’La ciudad de los prodigios\’ o la de la posguerra de \’Una comedia ligera\’.

Admite el autor de \’El año del diluvio\’ que transmiten los personajes de su novela un cierto "desencanto por la política" y reconoce que, de todos sus protagonistas, "Mauricio es quizá con el que más me identifico, aunque no sea autobiográfico".

Mauricio y Mendoza tienen en común su vuelta a Barcelona en 1983, "cuando se empieza a decorar la casa de la democracia", y un desencanto hacia la política que no es exclusivo de aquí, sino de cualquier país occidental.

Sin embargo, ese desencanto es también matizado: "A ratos pienso que habría que fusilarlos a todos, y a ratos que habría que fusilarlos, pero sabiendo que la alternativa es o una junta militar o una figura providencial salvadora".

Escribir una novela ambientada en los años 80, cuando Mendoza percibía ese "desencanto en la sociedad" hacia la cosa política es para el escritor "jugar con ventaja, porque ya sabes cómo acabó, con los Roldanes y Guerras que hicieron tanto daño no sólo al partido socialista, sino a todo el país".

Licencias literarias

Lejos del corsé periodístico, Mendoza se permite licencias narrativas como poner en boca de sus personajes lo que se decía en la calle en aquel entonces y así de personajes como Clotilde o Fontán surgen calificativos como "partido de fracasados y zascandiles" referido al PSOE o asociación de empresarios que administran el país como un negocio, con relación a CiU.

Mauricio tiene, al igual que su creador, una concepción pragmática de la política -"todo podría ir mejor, pero también peor", dice- y, en una muestra de combinación de "cinismo y realismo", Mendoza apunta que "al final hay que pensar que tenemos que llevar la comida a casa y aquí, afortunadamente, la comida es buena, con mucha proteína".

Pragmatismo, sí; pero no ingenuidad. El propio Mendoza hace balance de la actual Barcelona: "Nos hemos convertido en ciudad a escala mundial sin muchos méritos, sacando mucho partido de un buen clima y una cocina fantasiosa y con unos precios que antes eran buenos y ahora no tanto; pero hemos de saber que en realidad somos pobres".

La política de "centro moderado" que al final hemos acabado aceptando, apunta Mendoza, es un reconocimiento de que "las aventuras (en política) son malas".

Confiesa que situar la novela en esa década previa a los JJOO de 1992 tiene una dificultad añadida por "la falta de perspectiva histórica", pero ello no evita que Mendoza descarte ambientar su próxima novela en la Barcelona del tripartito, algo que de momento no se ha planteado.

Encontrar un tema diferente para una nueva novela es cada vez más dificultoso para Mendoza, no sólo por la competencia, sino también porque "los escritores vivimos cada vez más años".

El escritor barcelonés echa de menos las críticas literarias polémicas, hoy sustituidas por unas "críticas moderadas" homogéneas en todos los medios de comunicación, pero cuando ha sabido que en Italia casi ningún periódico tiene un suplemento literario, como sucede en España, piensa entonces que "lo importante en España es que el cadáver no se muera".

Krauss cree que el poder de la literatura es la imaginación

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

EL PAÍS, 3 de abril de 2006

Krauss cree que el poder de la literatura es la imaginación 

\’La historia del amor\’, su segundo libro, parece marcado por la nostalgia del pasado

BÁRBARA CELIS  -  Nueva York

La escritora Nicole Krauss

La imaginación puede ser la única medicina para un pasado amargo que amenaza con destruir el futuro. Los habitantes de La historia del amor (Salamandra), el segundo libro de la estadounidense Nicole Krauss (Nueva York, 1974), abrazan vidas y mundos ficticios para huir de la sombra de sus propios recuerdos, porque "nuestro pasado construye nuestro presente, y siempre me ha fascinado cómo puede marcarnos".

Krauss, menuda, de aspecto frágil y mirada segura, creció en las afueras de Nueva York en el seno de una familia adinerada. Sus cuatro abuelos, polacos de origen judío, nunca regresaron a sus pueblos porque la guerra y los nazis los destruyeron. "La historia de mi vida empieza en cuatro sitios que ya no existen. Ese sentimiento de pérdida estaba presente en mi casa. Quizás por eso, el peso de la memoria sea tan importante en mis novelas. O quizás sea algo innato en mí, ya que siempre he sido una persona nostálgica", explica en un café en Nueva York.

El aroma de esa nostalgia marca La historia del amor. En el libro, alabado por J.M. Coetzee, sus dos protagonistas, la adolescente Alma Singer y el anciano Leo Gurnsky, necesitan olvidar para sentirse libres, así que reinventan sus recuerdos. "Todos lo hacemos. Recordamos sólo aquello que decidimos recordar y apartamos cosas que nos han hecho sufrir. Nuestras memorias se tejen con un hilo narrativo que, en cierto modo, es puramente ficcional", afirma Krauss.

En su primer libro, Man walks into a room, la pérdida se analizaba desde otro punto de vista. El protagonista de aquella novela sufría de amnesia. "No puedes ser nostálgico si tu pasado se ha borrado. Pero en ese caso el dolor viene de la necesidad de buscar lo perdido".

El denso tejido de los recuerdos también es parte de la temática narrativa en los libros de su marido, el escritor Jonathan Safran Foer, otra joven revelación de la literatura estadounidense. "Supongo que venimos de familias con experiencias similares y eso ha influido en nuestra manera de mirar hacia el pasado", explica Krauss, quien confiesa sentirse "frustrada" por los ataques que un sector de la prensa especializada ha lanzado contra ambos, a quienes se ha acusado de escribir libros demasiado similares. "Si no hubiéramos estado casados, se hablaría de \’las nuevas tendencias\’ de la literatura joven", se defiende la escritora, a quien toda la experiencia le ha dejado un cierto sabor amargo. "Una vez comencé a leer una biografía de Borges y la abandoné enseguida. Descubrí que su vida no era tan genial como su obra y no quise que arruinara el poder de sus libros. La biografía no debería importar más que la obra. El poder de la literatura está en la imaginación", dice.

Es inevitable preguntarle por la polémica que ha convulsionado el mundo editorial estadounidense tras descubrirse que las memorias de James Frey en realidad son ficción y que JT Leroy, un autor que se ocultaba tras una peluca y unas gafas de sol, es un personaje inventado por una mujer que firmaba bajo ese nombre. "El caso de JT Leroy es muy significativo porque demuestra que el mundo editorial también es víctima de la devoción hacia las celebridades. Nuestra cultura está contaminada por esta obsesión y estamos perdiendo la perspectiva de las cosas", afirma Krauss. Respecto a Frey, afirma que "le ha faltado honestidad".

Para esta autora, que comenzó su carrera entregada a la poesía, "un género muy preciso que tiene el potencial de la perfección", los escritores no son importantes: "Son los libros lo que importa, no pueden frenar guerras pero pueden mejorar nuestra calidad humana". En La historia del amor, que será adaptada al cine por Alfonso Cuarón, uno de los personajes escribe un libro titulado Palabras para todo. ¿Considera que existen palabras para todo? "No, la literatura es la búsqueda de la expresión de sentimientos y hechos para los que no tenemos palabras. Si hubiera palabras para todo, la vida sería menos interesante".


De la literatura y el engaño

Ficha de historia o anecdotario:

LA VANGUARDIA, 2 de abril de 2006

De la literatura y el engaño

JOSEP MARIA FONALLERAS

Los coleccionistas de curiosidades literarias están de enhorabuena. A los nombres de James Frey, Dan Brown y J. T. Leroy se les añade ahora el de la joven Margarida Rebelo Pinto, una escritora portuguesa que ha visto como era atacada en su mismísima línea de flotación. A Brown vamos a dejarlo al margen. En cuanto a los otros dos, cuesta decidirse por uno de ellos. Las memorias de Frey, el famoso "millón de piezas" de su supuesta autobiografía, han resultado ser cualquier cosa menos unas memorias. Es decir, que el supuesto gángster no cometió más delito que conducir borracho una noche y no pasó en prisión más que esa misma noche de autos.

Nada de drogadicción ni mundo subterráneo. El problema es que él mismo decidió vender su novela (que no consiguió colocar como tal en unas cuantas editoriales) como si se tratara de un relato verídico de su propia vida. Dijo que todo era verdad y luego resultó que casi todo era falso.

Reconoció el error, se disculpó ante quienes le auparon y dijo una frase digna de figurar en la Historia Universal de la Mentira Literaria: "He enriquecido el libro por razones dramáticas obvias". Por supuesto. Como en la mayoría de los novelas, Frey trascendió su diminuta vida privada para convertirla en un gigante de la invención. Pasó de ser un conductor imprudente a un jefe de la mafia. Me pregunto: ¿por qué se enfadaron tanto con él? ¿No habíamos quedado, con Joan Ferraté, que el escritor más honesto es el que engaña y el lector más inteligente el que deja que le engañen? Si el engaño es parte sustancial de la literatura, ¿qué juicio podemos hacer a Frey más allá de la calidad de sus frases y de la verdad de sus adjetivos?

El otro caso, el de J. T. Leroy, también es apasionante. También escribió una autobiografía, pero en este caso resulta que no la escribió él, sino la chica que lo adoptó después de unos cuantos episodios de sordidez infantil. La chica se llama Laura Albert y acaba de descubrirse como autora del libro que encumbró a Leroy. Puede que, en realidad, ese mismo Leroy ni siquiera exista. Se paseaba por el universo de las letras con un peluca rubia y con gafas de sol, como si se tratara de un travesti, aunque ahora sabemos que el sujeto en cuestión era una cuñada de Albert que se hizo pasar por él, ataviada con gafas de sol y peluca rubia.

En este universo de copias, falsedades, circo, verdad y mentira, ficción y metaficción, la portuguesa Margarida Rebelo Pinto se ha indignado porque un crítico de Mozambique ha escrito un libro en el que la acusa de copiarse a sí misma. No sabe el crítico (o quizás sí lo sabe) que el peor ataque a un escritor es insinuarle que no va más allá de sí mismo, que el plagio más indecente es el propio. Pueden acusar a Dan Brown de haberse inspirado en no sé qué argumento para perpetrar su conspiración. Pueden pretender que la impostura sea delito. Todo eso son, en el fondo, maniobras comerciales. Se habla de dinero, pero no de literatura. Lo peor, con mucho, es ser igual a uno mismo, repetirse. Rebelo, indignada, pide el secuestro del libro de su crítico porque es consciente de que su barco puede naufragar.

El gran Fontanarrosa dijo: "Uno presume de haber encontrado una nueva manera de contar y expresarse, pero siempre hay alguien que lo hizo antes. Soy, por tanto, un escritor fatalista". No hay crimen peor que darse cuenta de que ese alguien eres tú mismo.

La nueva ruta de los espías

Ficha de historia o anecdotario:

CLARÍN (Suplemento Ñ), 1 de abril de 2006

La nueva ruta de los espías

El escenario de las novelas de espionaje ha cambiado. Sin la pólvora y las tensas pesquisas de la Guerra Fría, con otros horizontes ideológicos y tecnológicos, en el género mutan aún sus héroes increíbles y sus villanos feroces. Mientras el espía—aventurero y sus lealtades se retiran, se dramatizan otras cosas: un mundo donde el enemigo no es tan visible y está oculto entre los pliegues del Estado y las empresas transnacionales.

ADOLFO CORONATO

Con el fin de la Guerra Fría y el nacimiento del mundo unipolar, el clásico perfil del espía ha entrado en crisis. En paralelo con el reordenamiento de las cartografías entre el Este y el Oeste, con el fin de las disputas entre el llamado socialismo real y capitalismo, y con la pérdida de las utopías políticas, espías y espiados se desvanecen o cambian de forma. Ahora ya no hay que cazar un submarino que con una carga letal se apresta a hacer volar un continente. El fin de ese mundo binario se llevó consigo el alma misma de la literatura del espionaje, esa cara oculta de la literatura política. Pero otros relatos vienen en reemplazo y a dar cuenta de la nueva realidad.

Con el derrumbe del Muro de Berlín también se desplomó el teatro de los antagonismos y sus proezas. El nuevo mundo unipolar ha desdibujado los nombres y los rostros del "enemigo" y la posmodernidad ha creado un universo de guerras "invisibles". En este escenario inasible reina el desconcierto y no se reconocen los bandos. En el silencioso mundo cibernético rastreado por hackers autistas y silenciosos hay escaso olor a pólvora.

Entre las obras recientes que dan cuenta de esta transformación, hay dos que reflejan con fidelidad el abrupto cambio histórico producido. Una de ellas, la exhaustiva biografía Anthony Blunt. El espía de Cambridge, de Miranda Carter, recrea un mundo de valores, ideologías y lealtades definitivamente perdidos. La otra, Amigos absolutos, la última novela de John Le Carré, retrata la quimera de dos criaturas extraviadas en los juegos de poder del mundo bipolar que se desmorona y terminan inmoladas en el fantasmagórico umbral de la nueva época.

¿Qué queda entonces, cuando el "Gran Otro" se desintegra? El historiador británico Eric Hobsbawn advierte que "en los comienzos de este siglo, el mundo se caracteriza por cambios violentos cuya naturaleza resulta oscura". Hobsbawn sostiene que con la caída del Muro no sólo se hundió el socialismo, también se desmoronaron la economía mundial, las vanguardias artísticas, el sistema de valores establecido. Pero la transformación más drástica —dice— fue la desintegración de los modelos de relaciones sociales, la súbita ruptura entre generaciones, o sea el vínculo entre pasado y presente.

Ese quiebre dio de lleno en el corazón de la literatura del espionaje. Significó el extravío irremisible de una mística y, al mismo tiempo, la urgencia de abrevar en las fuentes de una realidad abruptamente modificada. La apertura de los archivos del KGB —un suceso sin parangón, aún en las democracias de Occidente— dio lugar a obras como El archivo Philby, de Genrik Boronvik y Philip Knightley; de Los archivos literarios del KGB, de Vitali Chantalinsky; Operaciones especiales, de Pavel Sudoplatov, y muchas otras. Ya en el Berlín unificado, el historiador inglés Timothy Garton Ash descubrió el dossier donde habían sido documentados sus propios pasos por la ex Alemania del Este, lo que dio origen a El expediente. Una historia personal. Al mismo tiempo, Markus Wolf, el ex jefe de la Stasi (los servicios secretos germano orientales) escribió su autobiografía El hombre sin rostro.

Esta "recreación" del género, con todo, no ocultó su tendencia a volver sobre el pasado. En los textos de no ficción, en general, los temas continúan anclados en la intimidad de los servicios secretos, su historia y los sucesos resonantes. Aun Gordon Thomas, el autor actual más prolífico, no escapa a la norma, aunque incorpora la denuncia como recurso literario, tal como lo expresan sus recientes Las torturas mentales de la CIA; El espía del Mossad, la apasionante historia del magnate Robert Maxwell o Semillas de odio, la conexión china con el terrorismo internacional. Otros, como Bob Woodward, autor de Las guerras secretas de la CIA, y Los hombres del presidente, hoy se inclinan hacia la investigación de temas políticos o bélicos, como lo revela su último libro Plan de ataque que refiere a la guerra de Irak.

En los textos de ficción, la tarea de configurar la temática del espionaje en la nueva realidad parece igualmente ardua. Hace tiempo que el más encumbrado representante del género, John Le Carré —en realidad David Cornwell, ex oficial del servicio secreto MI5— abandonó a sus héroes Hill Haydon y George Smiley después de haber recreado a espías reales durante la Guerra Fría en una docena de best séllers. Su despiadada parábola Amigos absolutos parece significar cierto retorno de Le Carré al género, que había abandonado para ocuparse de las mafias rusas en Single & Single y de las mafias farmacéuticas en El jardinero fiel. De todos modos, hay una gran distancia temática y de pertenencia entre sus obras clásicas y estos relatos recientes. En sus textos lejanos, en la atmósfera de la Guerra Fría, domina un Le Carré militante de los servicios secretos occidentales, inequívocamente anticomunista. En los cercanos, aflora un escepticismo descarnado frente a un mundo desintegrado en violencias y desigualdades sociales. Es ahí donde fija su mirada sarcástica y una implacable denuncia política, que alcanza a los gobiernos de Bush y de Blair, por la guerra de Irak, o a las corporaciones internacionales. En El jardinero fiel, recientemente llevada al cine, narra la odisea de un diplomático en Kenia que intenta descubrir al asesino de su esposa. En su ir y venir de Africa a Europa, de una ONG al Foreign Office, hallará terror, conspiraciones, violencia, y las complicidades del poder político con una multinacional que experimenta sus fármacos en tribus locales. Un escenario multicultural donde muestra su rostro el capitalismo salvaje.

Una vieja relación

El oficio de espiar, acaso la segunda actividad más vieja del mundo, estaba ya presente en la más lejana antigüedad, y a su fascinación no pudo escapar la política, la guerra, el comercio, la ciencia, las artes, la religión. Hay espías en la Biblia y prácticamente en todo acontecimiento histórico. Misioneros, geógrafos, comerciantes, militares, periodistas y escritores fueron agentes espontáneos durante la Revolución Industrial y el mundo colonial. El mito del agente secreto estaba ya en Rudyard Kipling, en John Buchan, y aún antes. Una de las más tempranas historias del género pertenece a Ti Jen-Chieh, un maestro espía chino del siglo VII, cuyos hechos pasaron a la ficción en el siglo XVIII con el título de Dee Gon An.

En la literatura occidental, el estadounidense James Fenimore Cooper está considerado el primer novelista del género. Cooper relató en El espía (1821) la actividad de Harvey Birch, un agente secreto de George Washington durante la guerra de la independencia: cinco años después, alumbraría su famosa El último de los mohicanos. Durante años, las historias de espías no volverían a aparecer en EE.UU., hasta que volvieron de la mano de historias de la guerra civil.

En Inglaterra, Daniel Defoe trabajó como espía contra los partidarios de la restauración en el trono de Jacobo II, antes de escribir su Robinson Crusoe (1719). También Charles Dickens se asomó al tema en Historia de dos ciudades.

En 1903 apareció The Riddle of the Sands, de Erskine Childers, con el argumento de que Alemania planeaba una invasión a Gran Bretaña. La novela inspiró al Almirantazgo británico para la creación de la Flota del Mar del Norte. Childers dio impulso a una ola de novelas de espionaje, incluidas dos de Joseph Conrad: El agente secreto (1907), donde retrata la figura de un anarquista, y Bajo la mirada de Occidente (1911), donde anticipa una nueva época.

Con el avance del siglo XX el género arrojó sus mejores disparos con Somerset Maugham, agente británico durante la Primera Guerra y G. K. Chesterton, en El hombre que fue jueves (1908) utiliza el argumento de una conspiración que busca apoderarse del mundo, un modelo de confrontación en el que habría de moverse el James Bond de Ian Fleming. Thomas E. Lawrence, inmortalizado como Lawrence de Arabia y autor de Los siete pilares de la sabiduría, era coronel del servicio secreto británico y destacado oficial en la guerra contra los turcos en el norte de Africa.

Graham Greene, miembro del MI6 británico, anticipó la Segunda Guerra en El agente confidencial (1939), siguió con Nuestro hombre en La Habana (1958), y en El factor humano (1978) se metió en las entrañas de la Guerra Fría.

Ian Fleming, oficial de Inteligencia Naval Británico inmortalizó a James Bond a partir de Casino Royale (1953) y a lo largo de otras once novelas famosas que fueron profusamente llevadas al cine.

John Le Carré, oficial del MI5 británico, inició con Llamada para el muerto (1961) y El hombre que vino del frío (1963) una serie de best-séllers sobre la Guerra Fría que lo convirtieron en un maestro del género. Le Carré introdujo al espía atormentado que no comparte del todo el ideal al que sirve. El narrador británico, con sus últimos relatos, aparece como el eslabón entre dos épocas.

En el escenario de Guerra Fría surgieron incontables agentes que desde Occidente espiaban para el Este, y otros en sentido contrario. Héroes y villanos se confundían en tareas de contrainteligencia, y a su vez eran espiados alternativamente por la CIA, el MI6 y el KGB.

El viraje

Los ilustres antecedentes, y tantos otros, no pudieron evitar que la novela de espionaje quedara atravesada por la inexorable mutación que produjo el derrumbe de la utopía de masas, un fenómeno que no ocurrió sólo del otro lado del Muro. En Mundo soñado y catástrofe, la filósofa estadounidense Susan Buck-Morss sostiene que la construcción de la utopía de masas fue el sueño del siglo XX, "la fuerza impulsora de la modernización industrial, tanto en la forma capitalista como en la socialista". A su amparo, tuvo lugar un portentoso desarrollo científico-técnico y una extraordinaria concentración económica y de poder político, pero también de destrucción bélica, de terror de masas y de explotación inaudita. Buck-Morss advierte que no fue la idea democrática y utópica la que produjo estas pesadillas, sino las estructuras de poder, que hoy sobreviven de hecho en una nueva atmósfera de cinismo. El sueño de la utopía de masas fue autodeclarado como un fracaso en el mundo del socialismo real y deliberadamente abandonado en las democracias occidentales.

Lo cierto es que la Guerra Fría ha terminado. La modernidad entró en una crisis agónica, y con ella, también su discurso y su narrativa. Así, la literatura de espionaje, parece haberse mudado al reducto de la investigación histórica.

Lo que ahora asoma es la predicción de Hobsbawn: horizontes violentos pero inciertos. Afloran nuevas guerras de conquista y muchedumbres hambrientas se lanzan sobre las metrópolis. El nacionalismo étnico surge como respuesta política a un mundo donde crece inexorable y traumática la mezcla de culturas y la movilidad de los individuos. El tradicionalismo cultural y el fundamentalismo religioso chocan con el telón de fondo de la comunicación global. Un terrorismo fantasmagórico, carente de Estado, resulta funcional a los afanes imperiales. Se abisman las desigualdades sociales. He aquí la sustancia de la narrativa política contemporánea.

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Las \'Obras completas\' de Valente recopilan su poesía reflexiva

Ficha sobre concursos literarios y eventos sociales en torno a la literatura:

SUR, 1 de abril de 2006

Las \’Obras completas\’ de Valente recopilan su poesía reflexiva

El primer volumen, de los dos que componen esta antología, contiene numerosos textos inéditos del poeta gallego

C. SIGÜENZA/EFE. MADRID

«La palabra a la que quisiéramos acercarnos es de tal naturaleza que no conlleva ninguna información y llama hacia el interior de uno mismo». Así entendía el poeta José Ángel Valente el hecho poético y así se refleja en el primer volumen de sus \’Obras completas\’ que sale a la calle con numerosos textos inéditos.

Este primer volumen, de los dos de que constan sus \’Obras Completas\’, que acaba de editar Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, ha estado bajo la dirección del también poeta y profesor Andrés Sánchez Robayna, que tras la muerte del poeta se ha convertido en uno de los principales guardianes de su obra.

Un poeta insólito

José Ángel Valente (Orense 1929-Ginebra 2000), poeta, ensayista y traductor, «tenía una curiosidad intelectual omnívora que le convirtió en un pensador de una estirpe en la línea de Novalis, Lepardi o Unamuno», explicó Andrés Sánchez Robayna, que añadió que esta circunstancia le convierte «en un poeta insólito en España, y esta es la clave de todo».

Prueba de esta curiosidad por todo, según Robayna, es su amor por la música, la psicología, el arte y su historia y muy claramente la antropología, como demuestra algunos de los textos inéditos que incluye este primer volumen. Esta ampliación de conocimientos y comunicación de lenguajes explicará su evolución poética, a juicio de Sánchez Robayna.

Los libros desdeñados por sus autores

Ficha de historia o anecdotario:

SIGLO XXI, 13 de abril de 2006

Los libros desdeñados por sus autores


Cuando visitó Hungría a comienzos de la década del 50 y los traductores le pidieron autorización para vertir Residencia en la tierra a su idioma, Neruda rechazó de plano la solicitud: \’Es poesía de la desesperanza’ -expresó- ‘poesía que no ayuda a vivir sino a morir\’.

Cuando Borges publicó Otras inquisiciones en 1952, algunos lectores y admiradores, sorprendidos por la belleza, la perfección formal y el contenido inusitado de sus textos, preguntaron intrigados si el adjetivo del título obedecía a que ya existían \’unas\’ inquisiciones.

Muchos años después, el controvertido autor porteño declaró a Antonio Carrizo en entrevista recogida en Borges el memorioso (México, D. F., Fondo de Cultura Económica, 1982):

- Sí. Otras inquisiciones presupone un libro que yo he dejado caer… (Se refería a Inquisiciones, publicado en 1935), un libro realmente bochornoso, pero que sin embargo me fue necesario. Por eso éste se llama Otras inquisiciones, pero no para recordar el otro, sino para taparlo, para anularlo.

Ya antes había hecho algo similar con Luna de enfrente, publicado en 1925. Los libros iniciales de Borges fueron tres poemarios: Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929), pero siempre que tuvo oportunidad, el propio autor suprimió el segundo de las antologías preparadas por él mismo y de sus compilaciones personales.

Sin embargo, aparece en las sucesivas ediciones de sus Obras completas.

\’Es el libro que yo quería omitir, pero mis editores no me dejaban -decía-. Yo creo que sería mejor pasar de Fervor de Buenos Aires a Cuaderno San Martín y omitir ese mal paso que yo di… bueno, sin necesidad, como dijo la costurerita de (Evaristo) Carriego\’.

Algo similar le ocurrió a Neruda cuando conoció en España la hondura dulce de la solidaridad y la esperanza. Entonces renegó de su libro Residencia en la tierra (1933-1935), considerada por muchos su obra capital, donde se expresa en verbalidades hasta entonces desconocidas en la poesía americana y donde altera para siempre el idioma español.

Neruda había tenido noticias de que un joven chileno se había quitado la vida y en sus manos le hallaron un ejemplar de Residencia en la tierra.

Para su autor, este episodio fue una de las experiencias más amargas de su vida y desde ese momento no quiso saber más de \’aquel libro desdichado\’.

Cuando visitó Hungría a comienzos de la década del 50 y los traductores le pidieron autorización para vertir Residencia en la tierra a su idioma, Neruda rechazó de plano la solicitud: \’Es poesía de la desesperanza’ -expresó- ‘poesía que no ayuda a vivir sino a morir\’.

Sin embargo, pocos años después, en sus Obras completas, publicadas por Editorial Losada, de Buenos Aires, Neruda dio la absolución y apareció en su totalidad el libro ninguneado.

Y así, el desfile de las criaturas literarias desdeñadas por sus propios padres, se hace interminable. Sólo hasta muy avanzada su vida, Julio Cortázar reconoció a regañadientes que antes de su primer libro oficial, Los reyes (1949), había publicado una colección de sonetos titulada Presencia (1938), firmada con el seudónimo de \’Julio Denis\’.

De la misma manera, tuvieron que pasar muchos años y llegar mucha gloria sobre la parábola vital y literaria de Gabriel García Márquez para que aceptara la publicación de sus primeros cuentos escritos entre 1947 y 1954. Sólo dos décadas después, dio su autorización para que esos relatos fueran recogidos en libro, bajo el título de Ojos de perro azul (1974).

Pero no todos los casos de auto-omisión de una obra obedecen a menosprecio estético. En 1971, el peruano Mario Vargas Llosa publicó un voluminoso estudio titulado García Márquez. Historia de un deicidio, en el cual abordó por primera vez la raigambre profunda de la narrativa del colombiano.

Este libro se estaba convirtiendo en manual obligado de consulta para los millares de lectores de la obra del fabulista de Macondo, cuando tuvo lugar en México un incidente personal entre los dos escritores. Ello, sumado a una diametral divergencia ideológica, forzó de modo absurdo a Vargas Llosa a desautorizar bruscamente todo tipo de reimpresión, traducción y promoción de este tratado tan juicioso y tan rotundo.

Otros motivos, aparentemente comprensibles, llevan a los autores a esconder sus libros y a borrar sus títulos de las bibliografías. Miguel Angel Asturias publicó en 1923 un ensayo juvenil, El problema social del indio, con el cual había obtenido el doctorado en Derecho en Guatemala.

Este libro prácticamente nunca existió, hasta cuando su autor recibió el Premio Nóbel en 1967 y los estudiosos escudriñaron en las profundidades de su prehistoria literaria.

Igual ocurrió con el mexicano Carlos Fuentes. Quizás por razones meramente literarias, olvidó que tres años antes de la publicación de su primer libro narrativo, Los días enmascarados en 1954, había dado a la luz un ensayo jurídico titulado La cláusula Rebus Sic Stantibus en el Derecho Internacional.

Pero su compatriota Octavio Paz optó por decisiones más drásticas: sencillamente borró de un plumazo libros enteros de su autoría por razones políticas. En ninguna de sus compilaciones poéticas aparecen sus libros primigenios, Luna silvestre y ¡No pasarán!, en cambio autorizó la inclusión de su \’Elegía\’, dedicada a un compañero muerto en el frente de Aragón, en España, que luego de haberlo llorado en su poema comprobó que se hallaba vivo y saludable en la Ciudad Luz.

Saramago no se quiere acordar de su primera novela, Tierra de pecado, publicada en 1947, y sus curiosos lectores no saben qué hacer para que algún viejo amigo del Premio Nóbel portugués lo desentierre de alguna biblioteca privada.

El genial andaluz Juan Ramón Jiménez, con su talante perfeccionista y monomaníaco con respecto a su Obra (así, con mayúscula, como él lo escribía), ordenaba y desordenaba continuamente sus libros. Revolvía las secciones y el orden cronológico y un día decidió arbitrariamente que sus libros publicados antes de 1923 no pasaban de ser \’unos borradores silvestres\’.

Con la anterior afirmación desdeñaba por lo menos 25 libros publicados entre 1900 y 1923, entre ellos Baladas de primavera, La soledad sonora, Platero y yo, Sonetos espirituales y Eternidades, entre otros.

Sería interminable el listado de autores que por razones diversas han desdeñado uno o más libros de su autoría, pero quizás los ejemplos más extremos podrían ser: Franz Kafka, quien no contento con renegar de las pocas obras que logró ver publicadas en su corta vida, ordenó a su amigo Max Brod que a su muerte quemara la totalidad de sus manuscritos, y el poeta norteamericano Ezra Pound, quien luego de haber publicado 50 libros -poesía, crítica y economía- declaró poco antes de morir que su vida no había sido otra cosa que \’un error\’.

Turismo rural más allá de lo que conoces. Otra cosa.

El hombre que rompió las reglas

Ficha de análisis o teoría académica:

EL PERIÓDICO DE CATALUÑA, 12 de abril de 2006

El hombre que rompió las reglas

El centenario de Beckett permite redescubrir a un escritor secreto.

ELENA HEVIA
BARCELONA

Anna Lizaran y Eduard Fernández en Tot esperant Godot, en 1999.

Foto: ARCHIVO / ELISENDA PONS

Samuel Beckett, como les suele ocurrir a los buenos escritores del Reino Unido, era irlandés. Pero como también es habitual entre sus compatriotas tuvo que desterrarse para ser reconocido. Parisino de adopción –llegó a esa ciudad en 1927 para dar clases de lengua y literatura inglesa– escribió en francés las que son sin duda sus mejores obras "porque en francés es más fácil escribir sin estilo".

Fue novelista secreto, poeta ultrasecreto y el autor teatral que rompió las reglas de la dramaturgia para someterlas al vacío existencial del conflictivo siglo XX. La intelectualidad lo descubrió con Esperando a Godot, su primera obra de teatro, en 1952 y el gran mundo con el Nobel de Literatura en 1969, que consideró "una desgracia" y no se dignó recoger. Leer a Beckett requiere esfuerzo y dedicación. Entre sus grandes novelas se cuentan Murphy, Mercier y Camier, Molloy, Malone Muere y El innombrable. Su teatro pone en relación palabras sencillas con una forma compleja. Y ahí están Final de partida, Días felices y La última cinta.

Beckett es a la escena lo que Joyce a la narrativa. Los dos grandes escritores irlandeses tienen muchas cosas en común: fueron amigos –un joven Beckett trabajó como ayudante del autor del Ulises– y llegaron al mismo lugar por caminos distintos a base de experimentar con el lenguaje: Joyce, a través de la exuberancia, y Beckett, con la esencialidad minimalista que con los años se convertiría en puro balbuceo y culminaría en un silencioso sinsentido.

Beckett se pasó la vida eludiendo las interpretaciones que los críticos y la prensa le requerían. Godot, ese ser que cuatro personajes esperan infructuosamente en medio de ninguna parte, podía ser Dios o la muerte, pero él jamás lo desveló. Apenas concedía entrevistas y sus larguísimos silencios despertaban el terror de los esforzados periodistas que accedían a él.

Pese a esa lucha contra el significado, sus biógrafos destacan dos momentos realmente beckettianos de su existencia. El primero fue la visita que en 1935 el autor hizo en Londres a las conferencias de Carl Jung. El psiquiatra expuso el caso de una joven "que no vivía; existía pero realmente no vivía", un modelo que él trasladaría a sus ficciones. Tres años más tarde, Beckett salvó la vida de milagro en un misterioso incidente. Fue apuñalado por la calle por un desconocido, quien más tarde fue incapaz de explicar por qué lo había hecho. El "no lo sé, señor" –la respuesta del frustrado asesino– será una de las repetidas frases del mensajero de Godot.

Para conocer al introvertido Beckett es imperativo leer la biografía que su amigo James Knowlson le dedicó hace 10 años, todavía inédita en castellano y catalán. Allí habla de su vinculación a la resistencia durante la ocupación nazi, su amor por el cine y la televisión — hizo el guión de Film una película con Buster Keaton y escribió obras expresamente para la BBC– y sus amores –Peggy Guggenheim fue uno de ellos–, su dilatado y su estable matrimonio con la exquisita Suzanne Dechevaux-Dumesnil, que le precedió cinco meses en la muerte en 1989.

Borja Delclaux, un escritor que hizo del humor su arma expresiva

Ficha de análisis o teoría académica:

EL CORREO, 12 de abril de 2006

Borja Delclaux, un escritor que hizo del humor su arma expresiva

I. ESTEBAN Cuando en 1995 se publicó la primera obra de Borja Delclaux, \’Picatostes y otros testos: El sacrificio de la lechuza\’, los críticos coincidieron en señalar la audacia del autor, sus juegos con el lenguaje y su sentido del humor. Esa capacidad lúdica y humorística fue el rasgo más visible de Delclaux, nacido en Bilbao en 1958 y que murió el pasado sábado en Madrid.

«Era básicamente un humanista obsesionado con la escritura y la lectura», recordaba ayer su hermano Carlos. Entre sus autores favoritos se encontraban Emile Cioran, Samuel Beckett, Robert Walser, Josep Pla y Claudio Magris. El director de la editorial Lengua de Trapo, Pote Huerta, que publicaba los libros de Delclaux, declaraba ayer: «He conocido -pese a mi oficio- a pocos lectores tan finos, inteligentes y voraces como lo era Borja. Nunca se dio ínfulas de intelectual y sí sintió en cambio una pasión amable por los autores afines, a quienes consideraba sus amigos aunque hubieran vivido en otros siglos».

Carlos Delclaux explica que su hermano trabajó como lector para la editorial Alfaguara, y que sus grandes pasiones fueron «leer, escribir y el Athletic». El escritor acababa de publicar la novela \’El hijo de Gutenberg\’, una historia de amistad entre dos personajes que un día descubren su costumbre de ir con los calcetines desparejados. «Borja ha realizado una literatura clara, entrañable y que, contra las modas, nos hace llegar una visión muy positiva de la vida. A la hora de su pérdida en uno se mezclan la tristeza y el orgullo por haberle conocido», dijo ayer su editor.

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