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Archive for noviembre, 2007

literatura moderna

Ficha sobre recursos técnicos:
Lo primero que resalta de la propuesta de Verdú es que utiliza como referencia de la novela "antigua", identificada en general con la del XIX, elementos como la intriga, el relato lineal rematado con "apoteosis" y el hilo argumental bien tirante y llevando al lector del anzuelo.

Es difícil saber de qué novela habla, pues ni Stendhal, ni las Brönte, ni George Eliot, ni Flaubert, ni escritor alguno de cierta altura se adhiere a semejante esquema. No digamos los clásicos de principios del XX, Joyce y demás. Lo único equivalente son las novelas de cordel, los folletines y la novela popular en general, de ahora y de siempre.

Otra cosa es que, cegado por la actual confusión, en que la literatura de masas trata de hacerse pasar por obra de arte con la confabulación de todos, al autor del artículo le haya parecido que es culpa de la antigüedad y no de las supercherías del presente. De modo que la mayor parte de sus disparos o se gastan en salvas o cañonean mosquitos.

La segunda cuestión de importancia tiene que ver con el ser moderno y actual. Bien, precisamente la modernidad de la novela y de la literatura en general se edificó sobre dos pilares fundamentales: la autonomía de la creación y del creador respecto de los poderes y el canon social, por un lado, y la construcción de realidades alternativas a la realidad construida por la comunicación y las fuerzas económicas y políticas, por otro. (La idea de "modernidad" como ruptura total con el pasado, como inspirada exclusivamente en sí misma, sin nada detrás, es más bien "posmoderna" y warholiana).

Dicho de otro modo, lo "moderno" de la novela ha sido siempre un cierto desapego, cuando no directamente una reacción ante los cambios y las imposiciones de la sociedad. Stendhal despreciaba la meritocracia del dinero, los románticos atacaban a la burguesía de su tiempo, Conrad odiaba el motor de combustión interna y Faulkner, la democracia representativa.

Pueden buscar ejemplos y se encontrarán con que el género de novela no ha sido especialmente empático con el mundo que le ha tocado vivir.

Más aún, con bastante frecuencia lo más revolucionario ha sido volver la vista atrás para argumentar contra el presente. Kafka no hubiera existido sin el cuento de sabiduría oriental y sin las parábolas. Ni Emily Brönte sin la Biblia. Lampedusa y Proust restituyen un pasado con rasgos de Antiguo Régimen. Mann torna a Goethe, y la ultimísima novela a fuentes naturalistas.

Es decir, estamos ante una forma literaria más bien conservadora en su trato con la actualidad, aunque adopte posturas críticas. Hay que señalar, por lo demás, que los estrictamente reaccionarios (Céline, Drieu La Rochelle) no son los que peor se han llevado con el género.

A lo que íbamos es que sugerir que las novelas deben impregnarse de las modas y formas de su tiempo (chats, blogosfera, YouTube, MySpace) es pedir que vaya contra su natura. Por otra parte, la materia de que está hecho este arte, la palabra, implica un diálogo profundo y continuado con la propia historia de la lengua y con cuantos precedieron en la tarea de dibujar el mundo con ella. Es distinto tener que contar con lo que existe (algo inevitable) que hacerle caso y hasta fundirse con ello.

Estar obligado, además, a conciliar con la novela al sujeto interactivo e intercomunicado de nuestros días, en cuanto tal y sin mayores dimensiones, es probable que sea la manera más rápida de acabar con esa clase de literatura y con la demás, bastante refractaria a tipos que sobreviven enchufados a toda clase de plasmas.

En cuanto a otros temas:

Las novelas no pasan al cine, al cine pasa lo que es del cine, que puede inspirarse sin temor en narraciones, dado que él lo es. La fragmentación narrativa y tal, y otras secuelas de fulgurante contemporaneidad, son más viejas que las sandalias de Homero. Lo mismo vale afirmar para la exploración interior y la experiencia personal (Charlotte Brontë), con el agravante de que hoy en día cualquiera se echa a contar, justificado por el hecho de que a él le parió su madre.

No existen ni el estilo en primera persona ni el estilo en tercera persona. En tercera persona cuenta Bernhard su autobiografía y en primera cuentan el espacio los objetivistas (Butor, Baker). La distinción entre narradores se mide por la distancia entre la voz narrativa y el objeto narrado, no por el empleo de las personas del verbo.

La belleza de un texto no está relacionada con el paladar del lector (que depende de lo que acostumbre a comer), sino con el conocimiento, la experiencia y la capacidad de recrear en la propia lengua. La realidad no supera a la ficción, porque la ficción no es lo contrario de la realidad. Lo contrario de la realidad es la literalidad.

Y en cuanto a la ironía y el humor: ¿son la misma cosa? "Los novelistas más serios son los más tediosos": esto no sé qué quiere decir, ni a qué clase de criterio literario o existencial se refiere.

Alejandro Gándara en www.elmundo.es

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Decálogo del Moderno (Vicente Verdú)

Ficha sobre recursos técnicos:

1. La novela deberá resistirse al intento de ser trasladada al cine, al videojuego o al telefilme. Ya hay bastante guionista suelto como para que además la novela se encargue de suministrar semejantes materiales.
2. La fantasía, la intriga, debe considerarse un recurso estereotipado. Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, sino de la intensa degustación del texto.

3. La narración literaria consciente de sí no aspirará a apoteosis final. Lo que cuenta es la belleza de la inmediatez, el texto convertido en un gozoso bocado de por sí.

4. La fragmentación de las historias, con sus anotaciones e intervalos mentales, tiende a copiar del blog y de la comunicación fragmentada omnipresente. Una novela que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia.

5. El desarrollo de la historia no obedecerá a un hilo argumental sino a una red de experiencias que hiladas, entrecruzadas o en racimo planteen un tutti fruti para el multipolar lector de hoy.

6. La buena novela del siglo XXI considerará la multiplicada sensibilidad del receptor mediático y la interacción. Estimará la belleza eficiente de la forma, la seducción estética y no el uso instrumental o perruno del lenguaje.

7. La peripecia interior es el juego especial de la escritura y su máxima legitimación. Los escenarios y las vicisitudes exteriores ya está en los demás soportes. Hay que explorar en el interior de uno mismo de o de los otros hasta la extenuación.

8. Dado que la realidad supera a la ficción, el autor ha de hablar de aquello que conoce personalmente. La transmisión de lo personal da sentido, carácter y contenido a la comunicación. ¿Para qué fingir? Hoy en día todo es autobiográfico, desde la música a las fórmulas matemáticas.

9. La voz, en consecuencia, será la de la primera persona del singular. Trato directo entre el autor y el lector. El estilo en tercera persona es hoy el colmo de la falacia, la cursilería, el amaneramiento. Esa voz es una voz endiosada.

10. Ironía. Toda obra de aire severo, sin humor, carece de un lugar soleado en el mundo de la comunicación. Ningún genio en la historia de la humanidad prosperó sin la ironía de sí mismo. Los novelistas más serios son a la vez los más tediosos y, como corolario, los peores.

Decálogo de la novela moderna (Por Heyst)

Ficha sobre recursos técnicos:
1. El que vive deberá resistirse al intento de comparar su vida con las vidas que se ven en el cine, en los videojuegos o en los telefilmes (ya se sabe, en la vida nunca, nunca, ganan los buenos). Ya hay demasiado vendedor de motos suelto como para que además seamos nosotros mismos los encargados de suministrar más argumentarios de venta.
2. La fantasía, la intriga, debe considerarse un recurso estereotipado. Cualquier vida actual debe insistir más que nunca en la categoría de realidad (por muy jodida que ésta sea). El placer de vivir se obtendrá no del artificio argumental, sino de la intensa degustación del día a día.
3. La vida consciente de sí no aspirará a apoteosis final. Lo que cuenta es la belleza de la inmediatez, el día a día convertido en un gozoso bocado de por sí.
4. La fragmentación de las vivencias, con sus anotaciones e intervalos mentales, tiende a copiar del blog y de la comunicación fragmentada omnipresente. Una vida que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia.
5. El desarrollo de la vida de cada uno no obedecerá a un hilo argumental sino a una red de experiencias que hiladas, entrecruzadas o en racimo planteen un tutti fruti para el multipolar individuo de hoy.
6. La buena vida del siglo XXI considerará la maltratada sensibilidad del ser humano y la interacción ( nada de vivir para uno mismo). Estimará la belleza eficiente de la forma (que se lo digan a los accionistas de Corporación Dermoestética), la seducción estética (no eres lo que eres sino lo que pareces ser) y no el uso instrumental o perruno de la existencia (que es lo que nos toca a la mayoría).
7. La peripecia interior es el juego especial de los afortunados y su máxima legitimación. Los escenarios y las vicisitudes exteriores están para los que creen que son felices. Hay que explorar en el interior de uno mismo de o de los otros hasta la extenuación ( y terminar de este modo, definitivamente jodido para siempre).
8. Dado que la realidad supera a la ficción, el autor ha de hablar de aquello que conoce personalmente. La transmisión de lo personal da sentido, carácter y contenido a la comunicación. ¿Para qué fingir? Hoy en día todo es autobiográfico, desde la música a las fórmulas matemáticas.
9. La voz, en consecuencia, será la de la primera persona del singular. Trato directo entre el autor y el lector. El estilo en tercera persona es hoy el colmo de la falacia, la cursilería, el amaneramiento. Esa voz es una voz endiosada.
10. Ironía. Toda obra de aire severo, sin humor, carece de un lugar soleado en el mundo de la comunicación. Ningún genio en la historia de la humanidad prosperó sin la ironía de sí mismo. Los novelistas más serios son a la vez los más tediosos y, como corolario, los peores.

Y se añadejn:

8. Dado que la ficción es dirigida y la realidad indómita, intenta vivir en compañía de la parte más salvaje (=libre) de tí mismo. La vivencia real de lo personal da sentido, carácter y contenido a la vida. ¿Para qué fingir? Sé tú mismo y deja que seas tú (y sólo tú) el que escriba los capítulos de tu autobiografía.
9. La voz, en consecuencia, será la de la primera persona del singular. Intenta tratar directamente contigo mismo. La intervención constante de terceras personas en tu vida es el colmo de la falacia vital. Esas voces que gritan a tu oído suelen ser voces interesadas.
10. Sentido del humor. Si tu vida está invadida de aire severo, si no hay risa, la comunicación con la alegría de vivir es imposible. Ningún hombre en la historia de la humanidad pudo prosperar como persona sin la ironía de sí mismo. Las personas más serias son a la vez los más tediosas y, como corolario, las peores.