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Archive for septiembre, 2007

El negro de Molière

Ficha de historia o anecdotario:

EL MUNDO, 10 de mayo de 2004

D. Boissier asegura que fue P. Corneille
El negro de Molière

EFE. Las obras maestras \’El Tartufo\’, \’Don Juan\’, \’El avaro\’ o \’El Misántropo\’ no fueron escritas por el dramaturgo francés Moliere, sino por su contemporáneo Pierre Corneille, según un libro del novelista francés Denis Boissier titulado \’El caso Molière\’.

\’El caso Molière\’, que acaba de aparecer en Francia, sostiene que Corneille fue el negro de este gran dramaturgo del siglo XVII, cuyo nombre real era Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), informóel diario \’France Soir\’. A partir de una investigación minuciosa sobre las biografías y estudios oficiales de Moliere, Boissier aporta un centenar de elementos que, según el autor, prueban el fraude y esclarecen las contradicciones y puntos oscuros en la obra del dramaturgo.

Muchas incógnitas

¿Cómo es posible que Moliere produjera tantas obras en tan poco tiempo? ¿Por qué Poquelin decidió adoptar de repente este pseudónimo tras pasar seis meses en Ruán, donde vivía Corneille? ¿Por qué este último nunca se pronunció sobre la obra de su compatriota?, son algunas de las paradojas que Boissier ha resuelto al reclamar la autoría de las grandes obras de Molière a la pluma de Corneille.

La tesis que defiende \’El caso Molière\’ ha sido ya defendida en varias ocasiones desde 1919, cuando el escritor Pierre Louys afirmó que "la firma" del dramaturgo "tiene que probarse". Recientemente, fue un profesor del Instituto de Estudios Políticos de Grenoble y especialista en el análisis de discursos, Dominique Labbé, quien subrayó la proximidad lingüística entre ambos dramaturgos y afirmó que "el 99,9 por ciento de al menos 16 piezas de Moliere fueron escritas por Corneille".

Respuesta de los seguidores de Molière

Si se confirma esta teoría, se constituiría uno de los grandes fraudes literarios de la historia que acabarían con la admiración que el dramaturgo ha suscitado a lo largo de cuatro siglos.

Sin embargo, los "molieristas" no están dispuestos a dejarse convencer. En París, desde la Universidad de La Sorbona hasta la institución de la Comedia Francesa, se ha calificado de "absurda" la versión de Boissier.

La ruta del libro

Ficha de historia o anecdotario:

EL MERCURIO, 9 de mayo de 2004

LITERATURA. Guía de librerías:
La ruta del libro

Macarena García González

Los vendedores no llevarán corbata. Sabrán más de libros y anécdotas literarias que el cliente; conocerán (y saludarán) a otros presuntos compradores, haciendo de la librería un espacio de encuentro en torno a la buena literatura. Esconderán los best sellers y, en lo posible, se proveerán de un sillón. Son las librerías con "onda" que se pueden encontrar en el Drugstore de Providencia o en los alrededores del Parque Forestal.

Si en una librería uno busca un título que el vendedor no conoce, lo más seguro es que éste le pregunte de quién es e ingrese los datos al computador. Al pedir "Metamorfosis de lo mismo" a Ángelo, de la librería Ulises del Drugstore, uno puede notar una sutil diferencia en su contrapregunta: "¿de quién era?" dice, y al enterarse que se trataba de la antología de Gonzalo Rojas, se acerca al estante de poesía. El tenor de este pequeño intercambio da para separar las aguas entre las librerías a secas y las otras. Las que tienen ilustradísimos vendedores que si no saben de un libro es sólo porque lo han olvidado y que arrugan la nariz al escuchar hablar del "Código de Da Vinci" e incluso de Isabel Allende. Librerías que sobreviven sin bestsellers ni manuales de autoayuda y que en algunos casos llegan a ofrecer sólo literatura, ciencias sociales y obras filosóficas. Lugares donde comprar es un ritual que incluye saludos, conversaciones sobre las últimas tendencias literarias y evocaciones de autores desaparecidos que a poco pareciera que también compran allí. Librerías donde el lector aprende, el vendedor se informa y el catálogo surge de estos intercambios. Espacios de encuentro de la élite intelectual donde siempre está en juego el status de comprar allí o de tener como cliente a parte de la intelligentsia chilena.

La libresca Providencia

Algunos las han llamado "librerías de barrio", aunque la vecindad geográfica de sus clientes no sea la más relevante. Ellas sí se han agrupado – a veces de forma excesiva- en ciertas zonas. En Providencia, sólo entre Pedro de Valdivia y Suecia, existen 16 locales dedicados exclusivamente a la venta de libros. Hay para todos los gustos y necesidades: libros en inglés (Librería Inglesa), de tendencias new age (Librería Gaia), de sicología y técnicos agropecuarios (Olejnik), de arte, diseño y arquitectura (Contrapunto), revistas (Takk), tipo supermercado (Feria Chilena del Libro), textos escolares y literatura infantil (La Rambla) y plataformas de sus editoriales (Catalonia y Universitaria), entre otras.

Pero la mayoría trabaja una oferta variada: desde cocina a poesía, pasando por las enseñanzas de Osho. El problema es que como no se trata de grandes superficies, es difícil ir a buscar algo ligeramente específico. La modalidad pareciera ser que el lector se tiente con lo expuesto en los libreros.

Son, por tanto, pocas las que se dedican exclusivamente a la "alta cultura" y que cumplen en mayor o menor medida con las características reseñadas en el comienzo. En el Drugstore, epicentro libresco de Providencia, se encuentran tres de éstas: Altamira, Ulises y Takk. La primera es, teóricamente, la librería más antigua del país, aunque ha cambiado varias veces de dueño y la última vez se antepuso a su nombre el vocablo "nueva", aunque nadie lo ocupa para referirse a ella. Partió en Huérfanos, animando la "apagada" vida cultural de los 80 y mucha agua pasó bajo el puente hasta que hace tres años se encontraba casi vacía rematando sus últimos libros. Reasumió como dueño el escritor Jorge Edwards, vino lo de "Nueva Altamira" y comenzó a ser atendida por un simpático catalán, Joan Usano, que españoliza los dos pisos repletos de libros. "Es difícil volver a recuperar el prestigio", se lamenta el hombre que llegó a Chile siguiendo a una mujer y terminó dirigiendo una de las mejores librerías del país, "por mucho que hubo cambio de nombre y relanzamiento, cuesta que la gente vea esta librería como un nuevo proyecto".

Y es que Altamira sufrió también con la llegada de su vecina, "Ulises", formada por algunos de sus antiguos dependientes. Esta librería apareció en un momento clave acercándose a los selectos lectores con la posibilidad de importar directamente de las distribuidoras (algo que en su momento hizo Altamira) y con un cálido y espacioso local que superaba las incomodidades de su estrecha vecina. Hoy sus socios no esconden un autocomplaciente orgullo. "Es la mejor librería de Santiago", afirma convencido Benjamín Acosta, para después jugar a atenuarlo con "en cuanto a calidad se trata". "Acá tenemos los mejores libreros del país", prosigue el ingeniero, "la gente que más sabe de libros y que está más informada sobre novedades editoriales". Ahí radica la distinción de Ulises: en el factor novedad. Para ellos tener un libro antes que el resto puede valer miles de pesos. Usano en cambio dice que lo que más le importa es tener un buen fondo, que en su local se puedan encontrar todos los clásicos. "No muero por la novedad", dice tranquilo.

Takk, que llegó a triangular la zona hace poco más de un año, apuesta por los libros de teoría y las revistas. Quizá porque no hay multitudes detrás de Derridá o Giddens fue que estuvo a punto de quebrar hace algunos meses. Sus nuevas dueñas pretenden diversificarla con un segundo piso destinado a la literatura infantil que animarán con cuentacuentos. El problema de Takk fue su excesiva especialización, cuatro títulos de Foucault en su vitrina son suficientes para espantar a algunos lectores, pero sus nuevas socias dicen que no cambiarán ese énfasis.

La Librería Quimera, ubicada a algunas cuadras, juega también con sus propias reglas e innova en su vitrina. Su dueño, Alberto Jadue, es el único en Santiago que se atreve a poner una colección de clásicos Cátedra en el lugar utilizado para atraer a los clientes. Las "Metamorfosis" de Ovidio o "El Decamerón" de Bocaccio son suficientes para invitar a pasar a quienes creen en los valores perdurables de cierta literatura. Aunque el librero -que observa a los clientes desde su vidriado despacho al fondo del local- también ofrece novedades y sobre todo atrayentes descuentos (ver recuadro).

Café Forestal

Casi tan importante como la selección de los libros ofrecidos, es ubicarse en un buen barrio. Y esto está generalmente garantizado si hay cafés, lugares donde comenzar o decidir la lectura o, simplemente, espacios atractivos para reunirse, que terminan contagiando a los locales circundantes. Ulises y Altamira le deben mucho al Tavelli.

Un nuevo sector de cafés y bohemia intelectual de media tarde se está formando en la zona del Parque Forestal, entendiendo ésta desde las inmediaciones de los museos (de Bellas Artes y Contemporáneo) hasta Lastarria. Allí las librerías no están tan concentradas como en Providencia, ni existe tanta tradición libresca, pero sí hay historia con Enrique Lafourcade sentado en la Plaza del Mulato Gil y con la compraventa de usados El Cid que funciona en Merced desde el 87.

En el Forestal las librerías son muy distintas y no parecieran competir entre sí. "Alejandría", en la esquina de Lastarria y la Alameda, se focaliza más en los textos teóricos, las de Merced trabajan los libros usados y llegando a la esquina con José Miguel de la Barra se encuentra "Libros Prólogo", especializada en cine, teatro y comunicación. Los libreros se recomiendan unos a otros. "Este barrio es muy amistoso", dice Jeannette Cares, de El Cid, "yo mando gente para todos lados y me llegan muchos, porque creen que acá tendremos siempre todo. Nos ayudamos bastante y también nos protegemos las espaldas, si hay tipos sospechosos nos vamos avisando por teléfono".

Hace poco menos de siete meses el poeta Sergio Parra y su socia Paula Barría se instalaron en José Miguel de la Barra con "Metales Pesados" revitalizando el sector. Se trata de una librería amplia que tiene una muy buena "curatoría" – como la llama Parra- de libros. Además de su catálogo de literatura, se distingue por sus actualizados estantes dedicados al cine y las artes visuales, mucha poesía joven autoeditada y un mesón con revistas, comics y catálogos de arte. Estar cerca de los museos motiva, porque a principios de junio inaugurarán un espacio para exposiciones a cargo del artista visual Carlos Montes de Oca. "Bistec" se llamará su primera muestra.

El Parrita, como lo apodan, vestido siempre de terno negro, partió sumándole informalidad a su negocio. Abre a las 10 y cierra después de las nueve y los fines de semana se queda hasta la medianoche o más dependiendo de los amigos que se arrimen allí para tener una conversación de literatura y vida. Puso unas mesas y compró ceniceros que llena entre él y sus visitantes (recientemente estuvo instalado allí el novelista argentino Rodolfo Fogwill). "Metales Pesados" no tiene la solemnidad de "Ulises" o de alguna otra del Drugstore; fácilmente la cierra un día y la fiesta la hacen adentro como ocurría en la librería que el poeta tuvo durante los 80. Pero quizá la mayor diferencia se da en que es el único que no se queja por robos. "Fíjate que no se me han perdido libros", confiesa algo distraído, "yo a veces salgo un rato y les pido que miren a los que se quedan y nunca se me ha perdido nada". Casi para no creérselo, porque el robo hormiga de libros ha llevado a la quiebra a varios negocios.

El factor sillón

A una cuadra de Metales Pesados se instaló en el verano Mosqueto Café, administrado por la pareja de Danitza Pavlovic y Cristian Warnken. El escritor está a cargo de la "librería arbitraria" que se encuentra en las paredes del fondo del café. "Es más una boutique-librería. Como el espacio es pequeño yo voy proponiendo rimas de libros, los relaciono y propongo lecturas", explica el entrevistador de la Belleza de Pensar. Son pocos, no más de 500 ejemplares, pero invitan a la lectura, porque hay tres sillones que hacen de ese espacio un lugar deseable.

En general uno lee recostado sobre una cama o hundido en un sillón cómodo. Desde hace algún tiempo e influidos por las siempre imitables tendencias extranjeras, los visitantes de librerías comenzaron a pedir la habilitación de lugares de lectura. Ahora que comienzan a aparecer se puede notar que también los cafés y los restaurantes se están volviendo blandos. Como si el sofá de TVN se instalara en distintos espacios diciéndonos que la librería es de todos, haciéndonos olvidar que el libro no es nuestro.

En Mosqueto Café ese ambiente está logrado, porque los sillones crean un pequeño ambiente que cuando no es monopolizado por un grupo dicharachero, da la impresión de una biblioteca compartida. Y nadie pierde porque – como explica Warnken- la idea de la librería es solventar costos y darle un atractivo al café. Allí da la impresión que uno puede quedarse largo hojeando libros. En otros lugares los sillones todavía amedrentan; hay que sentirse muy "cliente" para sentarse cómodo.

La pequeña librería de Warnken es el lugar ideal para todos los que sueñan con las librerías bonaerenses. Porque siempre está esa inferioridad presente en el imaginario del intelectual chileno. Eso del café, el sillón, la lectura y la cultura de la conversación literaria. En Mosqueto Café hasta ofrecen libros para adentrarse en el tema, que han ubicado estratégicamente detrás de la barra. "Bares de Buenos Aires", "Restaurantes de Buenos Aires", "Cocina Argentina", para que se sienta como un culto hombre porteño. Ya tenemos menos que envidiarles. Sólo que aquí los libros son bastante más caros.

Off Drugstore

Pese a que las ocho librerías del Drugstore (y las ocho en sus calles adyacentes) bastan para transformar ese barrio en el librero por antonomasia de Providencia, hay otros interesantes circuitos librescos en la comuna.

Uno de ellos se encuentra en el Paseo El Patio, donde ha existido por más de 20 años una librería de catálogo feminista, "Lila" de Jimena Pizarro, que acaba de celebrar su aniversario con un cambio de local. Al lado de este perseverante proyecto se instaló la hermana de su dueña con "Australis" especializada en guías de viaje. Pero más antiguo allí es "Chile Ilustrado" del padre de ambas – Erasmo Pizarro- que vende libros antiguos sobre historia y cultura chilena. En medio de esta familiaridad libresca convive "Books", que desde 1976 comercializa libros en inglés de segunda mano. Olor a incienso y años de tradición se pueden encontrar en la familiaridad de El Patio.

Un ojo por un libro

Los libros en Chile son caros, muy caros. En Argentina cualquier novedad editorial vale tres veces menos. El IVA, el pequeño mercado nacional, y la escasa competencia por precio, son algunos de los factores que inciden en que leer (y comprar lo que se lee) sea un lujo para unos pocos. Un círculo que envicia aún más los precios.

A diferencia de hace algunos años, hoy los precios en las librerías chilenas suelen repetirse con mínimas (y poco predecibles) variaciones. Que Nueva Altamira tenga algunas novelas Anagrama más caras sorprende, siendo el dueño de la librería el que distribuye el sello. Que Ulises no sea la librería más cara de Santiago también, cuando ocupa ese trono en la imaginación de los compradores de libros. Pero tal vez lo que sorprende es que no haya una librería más cara, un enemigo al que odiar porque una novela pueda sobrepasar los 20 mil pesos. Chicas y grandes, masivas y selectas, de vendedores ilustrados o encorbatados, todas al final cobran $18.500 por "Como estar solo" de Jonathan Frazen, o $ 8.900 por el "Yo, yegua", de Francisco Casas.

La diferencia que hace la diferencia estriba en los descuentos. En ser cliente, amigo del librero o caerle bien. Feria Chilena del Libro ofrece un 10% a quienes tienen la tarjeta del Club de Lectores de El Mercurio; Altamira un 8% automático a quienes paguen en efectivo; Ulises un 10% a quien se lo pida. Pero de las reseñadas en este artículo la más barata resultó ser Quimera, porque de allí es imposible salir sin descuento. Quienes pagan en contado se llevan el libro pagando un 20% menos y los que ocupan tarjetas de crédito se les descuenta un 10%. Nada vale lo que marca.

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La mayoría de las novelas actuales son flojas

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 9 de mayo de 2004

LIBROS  >> PERSONAJE
Delibes: "La mayoría de las novelas actuales son flojas"
El autor castellano analiza a los escritores de la posguerra en su nuevo trabajo

M. EUGENIA IBÁÑEZ
BARCELONA
Miguel Delibes (Valladolid, 1920) ha rescatado parte de su memoria literaria para convertirla en el análisis agudo de una de las épocas más críticas de la literatura española, la de la guerra civil y los 10 años que siguieron al final de ese conflicto. España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela llegará a las librerías el martes como número 1.000 de Áncora y Delfín, de la editorial Destino, y constituye una doble celebración para las letras españolas: el nuevo libro de un autor excepcional que se considera a sí mismo retirado y la resistencia al paso del tiempo de una colección emblemática de la literatura del país.
Muerte y resurrección de la novela es el resultado de la insistencia de los editores de Destino en sacar a Delibes de su inactividad y de las notas utilizadas por el autor para sus conferencias en América, para las que recurrió a escritos hechos tras su primer contacto con el mundo de la literatura, a través del Premio Nadal, obtenido en 1948 con La sombra del ciprés es alargada. "Lo que yo vi, lo que leí y todo lo que concierne a la novela he tratado de darle vida en estas páginas", cuenta a partir de un cuestionario previo el autor, reacio desde hace años a entrevistas personales.

ACTIVIDAD LIMITADA
El libro, poco más de 160 amenas páginas, tiene dos partes. Las citadas notas, inéditas, y cuatro conferencias pronunciadas en universidades y foros académicos. En esa primera parte, Delibes cita y opina sobre 14 autores, algunos de ellos con someras referencias –Carmen Laforet, Tomás Salvador, Juan y Luis Goytisolo– y otros con trabajos más amplios que incluyen jugosas vivencias en común –José María Gironella, Rafael Sánchez Ferlosio y Ana María Matute–. El capítulo más extenso es para Camilo José Cela.
Delibes comenta la publicación de Muerte y resurrección de la novela con sumo pesimismo: "Ahora no sirvo para escribir otra cosa. El día que terminé El hereje (publicada en 1998) me diagnosticaron un cáncer. Cuando salí de él, estaba vivo pero claramente disminuido: había perdido memoria, capacidad de concentración, agilidad. Desde hace seis años no escribo, no cazo, no viajo. Salí vivo de las operaciones, pero alicorto".
El autor considera que, en la época a la que se circunscribe el libro, la literatura fue también víctima de la guerra civil. "La novela prácticamente murió. Baroja y Azorín hacían sus últimos borratajos, Zunzunegui formaba un puente entre la novela de preguerra y la de posguerra y los pipiolos, los niños de la guerra –Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Matute, los Goytisolo–, empezaron a salir con una fuerza insospechada. Como ocurre a menudo con las catástrofes, lo que nació después de la guerra tenía más fuerza que lo que desapareció con ella".
El libro trasluce una admiración profunda hacia Sánchez Ferlosio. "Fue el mejor de su tiempo", indica. "Sus novelas Alfanhuí y El Jarama, cada una en su estilo, eran dos novelas redondas. Daban idea de que cualquier tema que afrontase llevaría la marca del genio. Cuando dijo que dejaba de hacer novelas, no le creímos. Pero iba en serio. No volvió a hacer literatura, sino cosas intelectualmente más altas, sin dejar de ser divertidas".
El Cela más interesante es para Delibes el de los primeros años de su actividad profesional, el de Pascual Duarte y La colmena, pero la evolución del escritor gallego no fue de su agrado: "Se convirtió en un ruidoso fenómeno extraliterario, aunque apagado por los años. El nuevo matrimonio, la manía de inventar, de abrir nuevos caminos a la novela, yo creo que no le favorecieron".
A Delibes no le convence el momento presente de la narrativa. "La novela actual está hinchada. Surgen novelistas de debajo las piedras que animan los premios, pero eso no significa calidad. La mayoría de las novelas, incluso las premiadas, son flojas o reiterativas, aunque siempre habrá que dejar a flote una docena o más de excelentes escritores".

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¿De qué hablamos cuando hablamos de cuentos

Ficha sobre recursos técnicos:

EL ALEPH (REVISTA DIGITAL), abril—mayo 2004

¿De qué hablamos cuando hablamos de cuentos?

por Ariel Mazzeo

Ante la lectura de un texto escrito por alguno de los asistentes a un taller literario, es habitual escuchar frases como estas:

-No es un cuento. Esto es una anécdota, un relato. ¡Qué sé yo! Es cualquier cosa menos un cuento.

-Creo que la historia que se está planteando da más para una novela que para un cuento.

-¡Maldita sea! Por lo menos, que el lector no se desmaye del aburrimiento. Acá no hay tiempo para largas descripciones: ¡intentemos hacer un cuento!

Algunas veces estas observaciones generan fogosos debates, en los que se exponen elaboradas Teorías-Acerca-de-la-Naturaleza-del-Cuento. Si todo sale bien, nadie resulta herido y los participantes se vuelven a casa con una sonrisa de satisfacción: han pasado un agradable rato entre amigos. Pero convengamos que con esto solo no se aprende sobre literatura.

Otras veces, talleristas y coordinador hacen lo que más conviene: se serenan, respiran hondo y van a la biblioteca a ver qué tienen para decir al respecto los maestros del género. Algo de esto es lo que vamos a intentar en esta nota.

La soportable brevedad del ser

Pero antes de seguir hagamos una salvedad. No es intención de este humilde artículo lograr una precisa definición del género "cuento", ni sintetizar todo lo escrito sobre el asunto. Nada de eso. Sencillamente, se trata de exponer algunos conceptos interesantes, nacidos de la pluma de verdaderos maestros. Conceptos que toda persona interesada en escribir cuentos debería tener siempre a mano.

Ahora sí, hecha esta pequeña aclaración, ¡allá vamos!

Muy renombrados críticos han fracasado en el intento de encontrar una única definición del género "cuento". También hubo otros, más astutos, que han preferido la vía indirecta de la comparación o incluso la metáfora para acercarse por la puerta de atrás a esta definición tan escurridiza. Supongamos que alguien menciona estas dos palabras: "cuento" y "novela". La primera idea que vincula estas dos palabritas es la idea de la extensión: cualquiera puede asegurar que la "novela" es más larga que el "cuento". Bien. Hemos llegado a una primera característica, un tanto obvia: el cuento es breve. O al menos más breve que la novela.

Sin embargo, si alguna vez estuvieron en un acto público y escucharon que algún funcionario presente va a "dirigir al auditorio unas breves palabras", entenderán que "breve" puede tener significados muy diferentes para distintas personas.

Indudablemente "breve" por sí solo no nos dice mucho. Y preguntarse ¿qué tan breve es "breve"? es, a todas luces, un camino sin salida. Hay que ir más allá. Y, para eso, conviene mejor preguntarse ¿por qué debe ser "breve" un cuento, aun cuando llene treinta páginas?. Es ahí donde la cosa comienza a tomar otro color.

Efectos especiales

Edgar Allan Poe, ese gigante que prácticamente inventó el cuento tal como lo conocemos hoy, escribió en 1842 una reseña crítica a un libro de relatos de Nathaniel Hawthorne. Ese artículo se ha convertido en el ensayo fundante: Poe nos muestra en él, nítidamente, su particular visión de la estética del cuento.

El concepto central que aquí vuelca el maestro del cuento moderno es el de la unidad de efecto:

"Un hábil artista literario ha construido un relato. Si es prudente, no habrá elaborado sus pensamientos para ubicar los incidentes, sino que, después de concebir cuidadosamente cierto efecto único y singular, inventará los incidentes, combinándolos de la manera que mejor lo ayuden a lograr el efecto preconcebido".

Absolutamente todos los elementos que aparezcan en un buen cuento deben colaborar para el logro de ese efecto preconcebido. Cualquier palabra, frase, incidente o personaje que no ayude a lograr ese efecto preconcebido, ¡no sirve!

Ahora bien, pensémoslo desde el lado del lector. Uno se encuentra leyendo, digamos, Moby Dick. Por más fascinado que esté con los demonios que habitan el alma del oscuro capitán Ahab, llega un momento en que no se puede seguir leyendo: tenemos que apagar la luz y dormir sin terminar de recorrer las setecientas páginas de esa maravillosa novela de Melville. A la mañana siguiente uno tendrá que levantarse, ir a trabajar, atender asuntos diversos. Y tal vez pase más de un día antes de que pueda subirse otra vez al Pequod y seguir la persecución de la ballena asesina. Todas estas interrupciones no anulan ni contrarrestan las impresiones de la historia, ya que la novela es, más bien, una vida (con todo lo que la vida tiene de marchas y contramarchas). Pero, en el caso del cuento, esas mismas interrupciones resultarían fatales: destruirían el efecto que cuidadosamente ideó el autor de la narración.

Entonces, la brevedad no es una característica esencial del cuento, sino un requisito necesario para lograr esa unidad de efecto, Las dos, brevedad y unidad de efecto, son una amalgama, un aspecto estructural indispensable.

Refiriéndose a la extensión física del cuento, Poe aclara rotundamente:

"Aludo a la breve narración cuya lectura insume entre media hora y dos".

Convengamos, para terminar de definir "brevedad", que hay cuentos aburridísimos de apenas tres páginas y cuentos apasionantes cuya lectura excede las dos horas prescriptas por Poe.

Duelo de titanes

A su modo, Julio Cortázar, no sólo gigantesco cuentista sino también traductor de la obra de Poe, no es menos brillante que el norteamericano al explicarnos que la intensidad es otro de los aspectos fundamentales del cuento:

"Lo que yo llamo intensidad en un cuento consiste en la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o frases de transición que la novela permite e incluso exige".

Al hablar de los cuentos de Poe agrega:

"(Poe) comprendió que la eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento puro, es decir, que todo comentario al acaecimiento en sí debe ser radicalmente suprimido".

Pero este criterio de economía que exige el cuento no sólo se refiere al tema, a los episodios o a la trama en sí, sino también a la forma en que el lenguaje se ajusta a lo narrado. Sigue don Julio hablándonos de don Edgar:

"En sus mejores cuentos, el método es francamente poético: fondo y forma dejan de tener sentido como tales? se nos pone en el drama, se nos hace leer el cuento como si estuviésemos dentro."

Entonces, la brevedad, la intensidad, la economía y el rigor en el lenguaje son todos elementos que apuntan a lo mismo: unidad de efecto. Que es lo que importa.

Pasando en limpio

A esta altura creo conveniente que hagamos una pausa para recordar algo que puede parecer una obviedad: el cuento debe narrar un acontecimiento. En el cuento debe suceder alguna cosa, una secuencia de acciones realizada por uno o más personajes, en un determinado ámbito de tiempo y espacio.

Ahora sí, estamos en condiciones de entender por qué don Enrique Anderson Imbert, cuentista y brillante crítico, autor de Teoría y técnica del cuento, mezcla todos estos elementos para regalarnos esta maravillosa definición:

"El cuento vendría a ser una narración breve en prosa que, por mucho que se apoye en un suceder real, revela siempre la imaginación de un narrador individual. La acción -cuyos agentes son hombres, animales humanizados o cosas animadas- consta de una serie de acontecimientos entretejidos en una trama donde las tensiones y distensiones, graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector, terminan por resolverse en un desenlace estéticamente satisfactorio."

Del dicho al hecho…

Es cierto que para responder qué es un cuento no es suficiente un artículo como este. Incluso, puede que ni siquiera sea necesario: bastaría con leer con ojos críticos al Poe de "El entierro prematuro" o "Berenice", al Chejov de "Tristeza". O "Los asesinos" de Hemingway, o "Casa tomada" de Cortázar.

¡Esos son Cuentos! (la mayúscula no es un error de edición?)

Sin embargo, querido ciberlector, abrigo la esperanza de que al releer cualquiera de estas obras monumentales puedas acercarte a descubrir los elementos que sus autores, con mano maestra, fueron disponiendo para lograr un único efecto, cómo fueron quedándose sólo con lo esencial e indispensable, cómo acompañaron con el estilo adecuado, ese que nos hace respirar la atmósfera de la historia.

Si logramos vislumbrar esto, entonces habremos dado un paso.

Ya lo creo que habremos dado un paso.

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Un buen poema vale mil novelas

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

LIBRUSA, 7 de mayo de 2004

"Un buen poema vale mil novelas", dice el chileno Mauricio Electorat

SANTIAGO, Chile, may 7 (Librusa) – El escritor Mauricio Electorat elogió el género de la poesía y dio a entender que estaba convencido de que en Chile los resultados del ejercicio poético, con representantes como Jorge Treiller, Enrique Lihn, Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, son más interesantes que los de la narrativa.

Electorat habló del tema en el programa radial Vuelan las Plumas, donde sostuvo un extenso diálogo con Vivian Lavín y Mario Valdovinos a propósito de su novela "La burla del tiempo", galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2004.

"Un buen poema vale mil novelas", dijo el autor, quien antes de darse a conocer como narrador publicó dos poemarios. "La poesía me dejó a mí, yo no la dejé", confesó el escritor, para luego establecer una diferencia entre el poeta y el novelista: "(La poesía) es respiración, ritmo, silabeo, y el novelista un trabajador, un funcionario, al que su oficio le exige mucho esfuerzo, constancia y disciplina".

Nacido en 1968 en Chile, Mauricio Electorat vive actualmente en París. Ha publicado los poemarios "Un buey sobre mi lengua" y "Fuerte mientre lorando"; los libros de relatos "Nunca fui a Tijuana y otros cuentos", y las novelas "El Paraíso tres veces al día" y "La burla del tiempo".
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Hacia la cuarta página

Ficha de historia o anecdotario:

EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 6 de mayo de 2004

LA SOLAPA
Hacia la cuarta página

JAUME VALLCORBA
jvallcorba@elperiodico.com

Uno de los diarios más importantes y leídos de Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, dio el 16 de abril la noticia de que al escritor polaco Wladyslaw Bartoszewski le habían concedido el Premio a las Humanidades. Lo hacía de este modo: "oll. Colonia, 15 Aprilis. Hoc die Veneris Consociatio Palaeophilologorum Germanicorum \’praemium humanitatis\’ praebet Wladyslaw Bartoszewski, scriptori polonico, qui semper et ubique studium rerum civilium ac salutis publicae cum animi cultura coniungens historiam appellat magistram vitae". La noticia continuaba, siempre en latín, hasta el final, donde se leía, entre paréntesis, "Vide paginam IV". Y en la página cuarta se ofrecía su puntual traducción al alemán.

Hace años, el diario británico The Independent ya había dado alguna noticia en latín, aunque muy esporádicamente. No deja de sorprender que sea un diario alemán (es decir, de un país no románico) el que no dude en dar una noticia (en portada) en latín, aunque se trate de la noticia de un premio de humanidades concedido a un autor polaco por la Asociación de Filología Clásica Alemana, escritor al que se reconocen méritos en relación con las lenguas latina y griega.

No creo que en ningún país románico esto hubiera sido posible sin que se produjera un movimiento incómodo en los sillones. En nuestro país, hace tiempo que el latín ha perdido todo tipo de consideración, y también quedó atrás esa época en la que un médico, en Varsovia, podía extender una receta de medicamentos a un enfermo andaluz que sería entendida perfectamente por un boticario de Cádiz. Esa época, en nuestro país, cae tan lejos que incluso en las facultades de humanidades el latín ocupa un lugar por completo secundario, desplazado por esa vaguedad que llaman, con curioso énfasis, "la contemporaneidad" o el no menos falaz concepto de "utilidad". Es más: en ninguna de esas facultades sería ni siquiera posible pensar en la obligatoriedad del latín que el título Humanidades impone, porque los planes de estudios españoles no lo prevén como asignatura troncal. En los estudios de Humanidades (y también en muchas filologías que deberían exigirlo) el latín no ha sido obligatorio. Y de esto hace más de 30 años. Yo mismo he sido víctima de ello. Y tengo que irme a la cuarta página.

Me asombra que los españoles hablen tan mal su idioma

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

EL MERCURIO, 6 de Mayo de 2004

Luis Sepúlveda: "Me asombra que los españoles hablen tan mal su idioma"

Efe. ZARAGOZA.- El manejo de pocos sustantivos, el uso de muletillas y, en definitiva, el que los españoles "hablen tan mal" su idioma, asombra al escritor chileno Luis Sepúlveda, quien participa desde hoy en un seminario organizado por la universidad de Zaragoza, noreste de España.

El escritor chileno, que participa en el ciclo "Ficciones en el Paraninfo", defendió la "oralidad" del español de Latinoamérica, ya que "lejos de la riqueza material, la única riqueza que tenemos es la de la expresión", aseguró.

Sin embargo, mostró su asombro por la forma de hablar de los españoles, de quienes explicó utilizan pocos sustantivos, escasa enumeración y manejan muletillas para disimular "su desconocimiento del nombre de las cosas".

A su juicio, la tradición literaria latinoamericana está "muy bien cimentada" y la mayoría de sus escritores "somos profundamente cervantinos", con una forma de escribir basada en "una mirada humana e imaginativa", que ha tomado de la herencia del romanticismo alemán y del neorrealismo italiano cinematográfico en el que "es posible contarlo todo".

Sepúlveda afirmó que "EE.UU. ha sido el gran freno" del desarrollo social, económico, político y cultural de Latinoamérica.

"Cada vez que un país de América Latina ha dado dos pasos en la dirección de emancipación como naciones o personas ha estado siempre la intromisión norteamericana", enfatizó.

No obstante, el español se está convirtiendo en la segunda lengua en la mitad de Estados Unidos, dijo Sepúlveda, quien aseguró que incluso en Florida y California "ya es más fácil entenderse en español que en inglés, aunque ellos no lo reconozcan y se nieguen a otorgarle la cooficialidad".

Para este literato, nacido en Chile en 1949 y autor de libros como "Un viejo que leía novelas de amor", "Patagonia express" o, la más reciente, "Hot line", esta situación de expansión del español posibilita al idioma "la capacidad de refrescarse constantemente" gracias a los aportaciones de nuevos escritores chicanos o puertorriqueños.

Para Sepúlveda los últimos veinte años han sido "atroces" para América Latina por el fracaso de las políticas neoliberales que han hecho que sus estados "sean dependientes de los EE.UU." y con la precariedad laboral "más grande" de su historia.

Sin embargo se mostró esperanzado con las políticas de los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y Argentina, Néstor Kirchner.

Tras vivir en París y Hamburgo (Alemania), Sepúlveda está afincado desde hace dos años en Gijón, norte de España, donde dirige el Salón del Libro Iberoamericano que se desarrollará en las próximas semanas.

http://www.cumbresborrascosas.net

Antonia Kérrigan, madrina de los autores latinos

Ficha sobre concursos literarios y eventos sociales en torno a la literatura:

EL UNIVERSAL, 20 de mayo de 2004

Antonia Kérrigan, madrina de los autores latinos

"Las editoriales no quieren a los agentes, pero somos un referente de garantía", dice la representante de escritores como Bellatín, Cebrián, Volpi y Ruy Sánchez

Antonia Kérrigan es la agente literaria de más de 100 autores iberoamericanos y algunos europeos. Sus admiradores piensan que es la madrina del crack literario en México y de una nueva generación de escritores latinoamericanos que emerge después del boom de los ya clásicos, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez.

Considerada como una de las agentes más importantes en el mundo de habla hispana, Kérrigan se atreve a decir: "Yo selecciono a mis autores por pura intuición".

¿Cómo percibe el mercado literario actual?

La literatura de autoayuda está invadiendo el mercado de libros pero sigue habiendo un espacio para la novela y un público para ello. Cada vez se afianza más un sector del público que quiere y exige buena literatura.

Algunos plantean que la novela tiene sentido en países que están en evolución, que en las sociedades más estabilizadas el escritor de novelas se ha empobrecido, ¿qué opinión le merece esta idea?

Es posible que haya algo de cierto en esto, aunque no comparto esa visión tan radical. Todavía hay un campo amplio para la literatura. Quizá haya un decaimiento en cifras, en cantidades, pero sigue habiendo buena literatura en Europa como la hay en América Latina. En este momento hay un auge de buenos escritores en Latinoamérica y un poco un bajón de producción por parte de los autores españoles.

¿Cuál es el paisaje de escritores en la geografía latinoamericana?

Algunos países tienen más escritores de renombre que otros, en el caso de México existe una generación que está entrando con mucha fuerza; jóvenes de 30 o 35 años, conocidos como el grupo del crack, entre los que destacan Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Angel Palou o Eloy Rotz, o también alguien que ya es un autor de culto llamado Mario Bellatín.

En Colombia hay también otro grupo de jóvenes que ha irrumpido con fuerza. En Argentina todavía hay una generación de mayores que sigue representando el mercado literario, como Ricardo Piglia, y en Chile son los jóvenes los que despuntan.

En el caso de México, los escritores del "crack" se desmarcan de la realidad social, ¿cree que es una actitud frente al mercado?

No. Pienso que estos jóvenes entienden el mundo de una manera absolutamente global, y el mundo se ve y se entiende de una forma más abierta. Siguiendo con México, hay que tomar en cuenta la calidad de la enseñanza, que permite una llegada más profunda a ciertos estratos culturales y, por último, está el factor de la cercanía a Estados Unidos, que les permite viajar y hace que tengan un excelente dominio del inglés.

¿Por qué el mercado español es el lugar para la realización de los escritores hispanoamericanos?

En sus países no venden, o venden poco, entre otras cosas porque se lee poco. Es por eso que España es un lugar idóneo para los autores latinoamericanos; es el punto de referencia para los demás países.

En busca de buena literatura, Antonia Kérrigan visitó la Feria del Libro de Guadalajara en 1994, sin embargo no la encontró. Lo que sí descubrió es "que los escritores estaban completamente a merced de las editoriales, y consideraban un honor el hecho de que se les publicaran algunos ejemplares. "No conocían los adelantos económicos por obra, ni siquiera el marco legal que les protegiera frente a sus benefactores que eran las editoriales. No se firmaban contratos. Claro, las editoriales no quieren demasiado a los agentes, pero también somos en la actualidad un referente de garantía.

Se le acercaron autores como Jorge Volpi e Ignacio Padilla. Y hoy, cuenta, "he abierto una oficina en México que se ha convertido en un monopolio, pero muy a pesar mío, porque simplemente siguen sin haber otros agentes. Además tuve mucha suerte porque estos escritores, además de ser muy buenos, han ganado premios y eso nos da prestigio a todos".

La fuerza de la curiosidad
¿Para reconocer a un buen escritor hay que saber cómo es un buen lector?

Yo selecciono a mis autores por pura intuición. Sé que hay agencias que están saturadas por manuscritos de autores, pero mi curiosidad puede muchísimo más que yo, y siempre digo, que manden sus trabajos. Y es porque siempre pienso que detrás de un manuscrito puede estar la obra universal. Llegan los libros, los abro, los leo… A partir de las 50 primeras páginas ya me hago una idea y, entonces, ahí interviene mi equipo de lectores y la gente que se encarga de clasificarlos.

"Cuando entro en un lugar donde hay libros me pierdo, buscando y leyendo, y todo lo demás deja de existir. También tengo que decir que la gente escribe muchas tonterías, muchas, muchas. Hay personas que creen que su mundo y su vida son lo más importante en el universo y que no hay nada más que él y, oye, manuscritos malos los tengo en mi oficina a patadas, pero la curiosidad de saber qué quiere contar la gente me arrastra".

¿Su selección es sólo de su gusto personal?

No, para eso tengo un equipo de lectores que me dicen si un libro es vendible aunque a mí no me guste.

¿Cuál es el perfil del lector de libros actual?

Hay muchas mujeres que leen, muchísimas mujeres que leen, muchos adolescentes, y creo que los lectores van en aumento. A pesar de que es posible que haya mucha gente que lea únicamente unos pocos libros en el año, también hay quien se lee 20. Soy optimista. (Carmelo Lattassa/EFE)

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la vida de espías de escritores como Cervantes, Quevedo, Marlowe y Graham

Ficha de historia o anecdotario:

EUROPA PRESS, 20 de mayo de 2004

Un libro descubre la vida de espías de escritores como Cervantes, Quevedo, Marlowe y Graham Greene

Juan Alberto Perote y Fernando Rodríguez Lafuente presentaron el libro \’Escritores espías\’ de Fernando Martínez Laínez

MADRID

El ex jefe de Operaciones del Centro Nacional de Inteligencia, el coronel Juan Alberto Perote, y el ex director del Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente, presentaron hoy en Madrid el libro \’Escritores espías\’, de Fernando Rodríguez Lafuente, en el que se descubre la vida secreta de grandes de la literatura como Cervantes, Quevedo, Marlowe y Graham Greene.

Fernando Martínez Laínez, colaborador habitual del \’ABC Cultural\’, es escritor y periodista. En el libro se adentra en la biografía de personajes como Francisco de Quevedo, Christopher Marlowe, John Le Carré, Beaumarchais, Miguel de Cervantes, Graham Greene, François Rabelais, Aphra Behn, Josep Pla, Voltaire y Daniel Defoe.

La tesis fundamental de \’Escritores espías\’ (Editorial Temas de Hoy) es que la relación entre espionaje y literatura es algo tradicional en la historia. En la rueda de prensa de presentación, Fernando Martínez Laínez señaló que la relación de escritores espías no es exhaustiva, pues se trata de una selección y existen otros en lasa mismas circunstancias.

En general, los escritores que se dedicaron al espionaje tuvieron menos éxito en su trabajo que los espías que se dedicaron a escribir. Entre los primeros, Martínez Laínez citó a Cervantes y Quevedo y, entre los segundos, a John Le Carré.

CERVANTES DIRIGIÓ UNA RED CLANDESTINA

Según Martínez Laínez, Miguel de Cervantes, aunque jamás pasó de soldado raso, cuando cayó prisionero en las campañas del norte de África, dirigió una red clandestina que permitió la huida de otros cautivos. Tras ser rescatado, regresó a Argel para averiguar si la flota de Uluch iba a romper la tregua y a atacar el Levante.

Francisco de Quevedo era un portentoso espadachín, conocedor de varias lenguas y viajó a Niza para contribuir a la sublevación de aquella ciudad contra el duque de Saboya. Fue correo entre su íntimo amigo Pedro Téllez Girón, virrey de Nápoles, y la Corona española. En más de una ocasión, escapó a la muerte por chivatazos de última hora. También estuvo en la cárcel y en el destierro.

El autor del libro no descarta que el escritor Christopher Marlowe (1564-1693), se convirtiera en el dramaturgo William Shakespeare, aunque este extremo no ha sido confirmado. Está probado que fue el jefe del espionaje de la reina Isabel I y que contribuyó a evitar el complot de Babington a favor de María Estuardo.

Graham Greene (1904-1991) era el agente secreto 59200. Su hermana le reclutó para el M16 y en la Segunda Guerra Mundial trabajó en África para controlar el movimiento de espías alemanes en la Península Ibérica. En Sierra Leona, descifró y cifró Mensajes.

PLA
De Josep Pla (1897-1981), el autor de \’Escritores espías \’ dijo que fue peón de un fallido complot para asesinar a Alfonso XIII, Junto a Carlos Sentís y Eugenio D\’Ors se integró en el Servicio de Información de la Frontera Nordeste de España, para el que elaboraba informes sobre el movimiento de barcos y exiliados en el puerto de Marsella.

Durante la presentación, Fernando Rodríguez Lafuente, que dirige actualmente el suplemento cultural del diario \’ABC\’ manifestó que Fernando Martínez Laínez ha cubierto un hueco en la literatura de espías, que no existe en España. Por ello, propuso que esta línea continúe.

Perote reconoció que, en general, tienen más éxito los espías que escriben libros que los escritores que se dedican a espías, aunque unos y otros tengan la misma base de inspiración.

http://www.premiosliterarios.com

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La crin de Damocles, pendientesde un hilo

Ficha de análisis o teoría académica:
La crin de Damocles: pendientes de un hilo.

 Se trata de una novela negra ambientada en los años de la república de Weimar, concretamente en los últimos meses de 1923 y primeros de 1924, cuando la inflación se desbocó de un modo que nunca antes se había conocido ni se repitió después.

Semejante caso de ruina colectiva, de empobrecimiento general, tuvo que suponer, por fuerza, la aparición de toda clase de elementos del inframundo, y ahí es donde el autor engrana su trama criminal.

Aunque en las rese as que hemos podido leer en otros medios se dice que lla Crin de Damocles es una mezcla entre novela histórica y Thriller, aquí, después de leerla, nos parece más bien que es una novela en la que la ambientación histórica, lo que es el escenario, está más trabajado de lo habitual.

La novela empieza el día siguiente al intento de golpe de estado nazi en la cervecería Burgerbraukeller. Los nazis, aprovechando el tumulto, no sólo intentan subvertir el orden establecido, sino que además asaltan la sede del banco nacional, llevándose una importante cantidad de dinero.

El comisario de asuntos políticos, que debe ocuparse a la vez de combatir contra los nazis, los comunistas y los separatistas bávaros, piensa que además de detener a Hitler y llevarlo ante la justicia es de importancia capital encontrar ese dinero para acabar de destruir la estructura del partido nazi.

A partir de ahí, y como no podía ser de otro modo en medio de las convulsiones de la época, todo se le complica terriblemente al comisario Müller, que ve como en el vacío de autoridad prosperan las mafias del estraperlo, aparece un extra o delincuente que erosiona aún más el ya depauperado prestigio de la policía, e incluso se encuentra a sí mismo como sospechoso de la muerte del fiscal de lo penal y el secretario del alcalde.

Así las cosas, el comisario Müller es a la vez perseguidor y perseguido, y tendrá que emplear todo su talento y toda su energía para mantener su posición y la del gobierno que le ha nombrado.

La Crin de Damocles, cuyo título hace referencia a lo cerca que está en todo momento el desastre total, es una novela que plantea al lector la incertidumbre de si puede sostenerse un mínimo orden cuando todo el mundo parece empe ado en hacer la revolución por su cuenta, tomar las calles por las armas y subsistir en un ambiente donde el dinero ha perdido toda validez. La acción no se detiene en ningún momento, y al contrario de lo que sucede en muchas obras de este género, la trama no se centra en un solo hecho, sino en todos los peque os inconvenientes laterales que salen al paso para complicar o facilitar el trabajo policial. Posiblemente este sea el mejor rasgo de originalidad de la novela: que no cierra el mundo en torno a un caso, sino que el mundo permanece abierto, generando nuevos casos que poco a poco se intrincan, se enmara an entre sí.

Según nos cuenta el autor, para documentarse sobre la época se valió sobre todo de periódicos y revistas del momento, cuando nadie sabía aún lo que pasaría luego y sus opiniones no estaban impregnadas de juicios de valor sobre las consecuencias. Siguiendo esa misma premisa, el autor trató también de informarse sobre cómo se vivía en aquellos tiempos hablando con gente que recordaba perfectamente el a o del hambre y el frío, los desórdenes, las manifestaciones y los tumultos.

Así, con estas mimbres, se construye una novela en la que una sociedad europea, culta y desarrollada, queda al borde del colapso, mientras los delincuentes, los revolucionarios y reaccionarios de toda condición, aportan cuanto pueden para acercar el desastre final. Sólo el comisario de asuntos políticos puede detenerlos aunque sea empleando algo más que la autoridad de su uniforme.

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