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Archive for agosto, 2007

Literatura, imagen e imaginación

Ficha sobre recursos técnicos:

LA NUEVA ESPAÑA, 21 de marzo de 2007

Literatura, imagen e imaginación

fernando alonso vega

Si tenemos en cuenta las diferentes acepciones acerca de los términos, según el tiempo histórico y los enfoques de las diferentes escuelas, conviene acordar un concepto básico y general para la «Literatura». Acaso podría ser ésta: arte que emplea la palabra como instrumento. El lenguaje literario es estilizado y trascendente, y su destino, la perduración. La literatura es creación. Es la expresión por parte del autor de un mundo que él ha creado, real o imaginario, y que comparte con los demás.

Podríamos acordar igualmente la definición de «imaginación» como \’facultad de la mente para representar las imágenes reales o ideales». El pensamiento siempre va acompañado de imágenes , que constituyen siempre un mecanismo inductivo para captar nuestra atención.

La imaginación es un elemento mágico entre el pensamiento y el ser, se nutre de imágenes y constituye, por tanto, una relación de la imagen con la realidad. La imaginación supone dar a las ideas forma, claridad y adaptabilidad al mundo real. Por el juego de la imaginación, parece que podemos librarnos de las presiones físicas y sociales. Se dan en ella una intencionalidad y la existencia de un sentido simbólico latente en las imágenes. La ciencia de las imágenes analiza los fenómenos visuales, sus contextos y sus funciones. El ensueño, esa forma liberada de la imaginación, genera una soledad que no deja de ser una soledad poblada, pues todo ensueño permanece ligado a lo real y a lo social.

Asistimos en la actualidad a la omnipresencia de la imagen, al tiempo que la manida frase de « una imagen vale más que mil palabras» casi es innecesaria por su amplia aceptación. Del mismo modo, también ha venido siendo reiterada la idea de que «la imagen mata la imaginación». Seguramente, sin confrontarlas, nos hallamos en un tiempo que favorece la imagen, debido a la forma cotidiana de vivir. Las imágenes, representación de una cosa, constituyen un residuo de la percepción cuando la realidad estimulante desaparece del entorno

Comentemos algunos de los motivos para que esto se dé así. O se procure, que también podría ser: 1.-Se suele asociar la literatura a la lentitud, y la imagen a la velocidad. 2.-La literatura, a la soledad; la imagen también es percibida por el grupo. 3.-La imagen, a las ciencias; la imaginación, a las letras. 4.-La imagen, al instante; la literatura, a la perduración.

Literatura e imagen son, en el fondo, la misma cosa: de la lectura se va a la imagen, y de la imagen a la palabra: ambas sugieren, insinúan, pervierten, provocan y su procura no es otra que despertar sensaciones y sentimientos que hagan del mundo de los otros el nuestro propio y muchos más posibles.

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La literatura actual tiene nostalgia de los héroes

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

EL COMERCIO, 21 de marzo de 2007

GERARDO LOMBARDERO, ESCRITOR

«La literatura actual tiene nostalgia de los héroes»

El autor ovetense presenta su quinta novela, una narración que transcurre en la segunda guerra mundial, al filo de la amistad y la traición

ALBERTO PIQUERO/OVIEDO

\’La vida secreta de León Kramer\’ es la quinta novela que Gerardo Lombardero (Oviedo, 1951) ha escrito en los últimos ocho años y en la que nos da cuenta de la disciplina y el talento que aplica al oficio. \’La vida secreta..\’ es la historia de un español en París, antiguo comisario de la CNT, en el tiempo difícil de la invasión nazi de la capital francesa. Sin embargo, es la amistad, una amistad difícil y peligrosa, quien protagoniza la obra, trascendiendo las convicciones ideológicas.

-En los últimos meses, tres escritores asturianos han colocado de telón de fondo de sus novelas la segunda guerra mundial. \’La ofensa\’, de Ricardo Menéndez Salmón; \’El tiempo de los emperadores extraños\’, de Ignacio del Valle, y ahora, la suya. ¿Pura coincidencia?

-Lo que sé es que no nos hemos puesto de acuerdo y que desconocíamos lo que estuvieran haciendo los otros. Es curioso. Juan Manuel de Prada también ha hecho lo mismo. Yo creo que tal vez estamos saturados de la guerra civil española -que tiene ejemplos tan nefastos como \’Soldados de Salamina\’-, pero seguimos teniendo nostalgia de los héroes.

-¿Observa alguna tendencia literaria en ese sentido?

-La tendencia que observo es la que llamo \’thracul\’. \’T\’, de thriller; \’h\’, de historia; \’r\’, de religión; \’a\’, de aventuras, y \’cul\’, de cultura. Se tiende a mezclar todo eso, aunque cocinarlo en una novela es casi imposible.

-El nudo de \’La vida secreta de León Kramer\’ se entrelaza con un anarquista exiliado en París y un sobrino de Goebbels con mucho mando, que mezclan amistad e intereses políticos opuestos. ¿Pensó en algún momento que desarrollar esa amistad en una época de grandes antagonismo ideológicos era andar por el filo literario de la navaja?

-¿Encontrarme con un callejón sin salida? Es el azar quien los mueve. Una línea de acción que, sí, tiene detrás una trampa mortal; pero que se resuelve por la amistad, los silencios y las complicidades. La amistad puede surgir de forma espontánea en cualquier circunstancia. No obstante, la historia transcurre en el París de 1940, cuando los nazis preconizaban una cierta convivencia con los parisinos. Una vez que la Resistencia se hizo más fuerte, y la represión se agudizó arrasando pueblos y fusilando a miles de personas, no hubiera sido posible.

-De Franco se dice -en voz del sobrino de Goebbels- que «es un enano petulante al que tuvimos que ganarle una guerra…»…

-En realidad, esa opinión la manifestó el propio Hitler.

-Volviendo a la nostalgia del héroe. ¿Hay alguna semejanza entre los protagonistas de sus dos anteriores novelas, Porlier y Bobes, con León Kramer?

-No, Porlier y Bobes eran héroes épicos, de caballo y sable. León es un héroe de otro tipo, social, determinado por unas vicisitudes históricas que le vienen impuestas. Ya había aparecido en una anterior novela mía, \’El patio de los sueños\’. Es un resistente. Y colaborador de la Resistencia, claro.

-¿Ha trabajado mucho la documentación histórica? Aparte de los hechos mismos, hay estampas parisinas, de los cafés y de las calles llenas de bicicletas, que parecen corresponder a una tarea de investigación…

-La hay. Por ejemplo, sobre la vida cotidiana había una revista alemana traducida al español, \’Signal\’, que ofrece abundante material del París ocupado. Y está la bibliografía general. Pero al lado de la libre creatividad. Hay cafés que yo mismo conocí en París, cuando lo pateé con muy poco dinero, y otros, como \’Les Deux Oiseaux\’, que son inventados.

-¿El papel de la prensa vendida al invasor -León Kramer es nombrado director adjunto de \’France Soir- fue particularmente turbio?

-Abyecto. Sobre eso, también existe una notable documentación. Tener poder es tener poder de opinión. Y eso lo sabían muy bien los nazis.

-¿Le preocupa más el estilo o lo que cuenta?

-Mi editor dice que soy un excelente contador de historias que las compone a martillazos como Pío Baroja. Digamos que prefiero Hemingway a James Joyce.


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literatura histórica

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

EL DIARIO MONTAÑÉS, 21 de marzo de 2007

«La literatura profundiza en huecos que el historiador no se puede permitir abordar»

Lourdes Ortiz presentó ayer en Tantín su última novela, \’Las manos de Velázquez\’
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZ/SANTANDER

Demuestra una serena pasión por el oficio de escribir. Segura, reflexiva, ha llevado sus letras a novelas, relatos, poemas, ensayos y obras de teatro. Amante del arte y de la historia, facetas a las que dedicó sus estudios, colabora de forma asidua con distintos medios de comunicación como comentarista. Defensora en voz alta de los derechos e identidades de las mujeres, la escritora Lourdes Ortiz regresó ayer a Santander para participar en la \’Tribuna literaria\’ de Caja Cantabria, marco donde presentó su última novela, un ejercicio de utilización de la literatura para llegar allí donde la historia no puede. «La literatura profundiza o intuye huecos que el historiador no se puede permitir abordar, aunque sin traicionar nunca los datos históricos. La novela ofrece una gran libertad para construir con coherencia un personaje sobre unos datos, cubriendo las capas que faltan de la historia, pero sin traicionar para nada esos datos». Y eso es lo que ha hecho en \’Las manos de Velázquez\’, obra en la que realiza un recorrido por el Madrid contemporáneo y por el del siglo XVII español entrecruzando las vidas de Teo, un profesor de arte, y del famoso pintor.

La autora de \’La Liberta\’ y \’Urraca\’ -otras dos obras cuyos protagonistas son personajes históricos- subraya que su último libro no es una novela histórica ni una biografía de Velázquez, sino que a través de Teo se plantea hipótesis sobre la vida del genial pintor que, si bien no son biográficas, «ningún historiador las podría rebatir». «La novela te da una gran libertad y, sin traicionar los datos, puedes pensar o intuir cómo ese personaje reacciona ante tal cosa o ante tal otra», señala Ortiz , quien agrega que, en cualquier caso, «el autor no miente porque la novela es ficción y el lector no lo lee como si estuviera leyendo un documento histórico».

Catedrática de Teoría de Historia del Arte, insiste en que todos los datos de la novela sobre Veláz-quez, son «rigurosamente ciertos», aunque vayan acompañados por intuiciones del protagonista de la obra, un profesor de universidad que investiga la vida del pintor sevillano, casado con una ex alumna mucho más joven que él y cuyo interés en la figura de Velázquez pone en peligro su propia relación de pareja. Por ello, destaca los celos como el elemento más identificativo de la novela.

Libertad de los personajes

La novela se mueve así en un constante, complicado y atractivo juego entre dos planos que se mezclan: el actual y el de la corte española del siglo XVII, en cuya investigación se refugia el protagonista ante los miedos que le provoca el presente y la probable pérdida de su pareja. Ortiz utiliza esta excusa para sumergirse en «una sociedad desestructurada» y en la «caída del poder español», a través de un «testigo silencioso»: Diego de Velázquez.

Defensora de hacer novelas y no historias noveladas, Lourdes Ortiz niega que en \’Las manos de Velázquez\’ plantee una visión negativa del mundo del arte y de los mecenas, sino que es la marcada por las obsesiones y preocupaciones de Teo. La autora rechaza asumir así como propia esa visión porque asegura que en las novelas se intenta que «los personajes tengan vida propia, carne y sangre y, por tanto, son sus pensamientos, no los míos».

Ortiz anuncia que ya está preparando un nuevo ensayo, porque después de los cuatro años invertidos para escribir \’Las manos de Velázquez\’ necesita «un periodo de reposo», algo que le sucede cada vez que escribe novela. «Es un género que necesita reposar las cosas, una preparación y una documentación».

El «fulgor» de los premios

Finalista del Planeta en 1995 gracias a \’La fuente de la vida\’, que «no es ni mejor ni peor que el resto de mis novelas», considera que los premios literarios «tienen un momento de fulgor que viene muy bien porque se venden más libros y amplías el público», pero que su efecto a largo plazo «es muy pequeño», porque es «una cuestión de márketing que no tiene mucho que ver con la calidad ni con nada». Después es cuando el escritor se enfrenta a un mercado «en el que las ventas dependerán de si se despierta el interés o no del lector». Por ello, abogó por que el autor «escriba simplemente lo que a él le interesa».

A los clásicos los forman los lectores

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

EL PORVENIR, 19 de marzo de 2007

A los clásicos los forman los lectores

Por: Gustavo Mendoza Lemus

Uno de los peores errores en los que pueden caer todos los escritores es el de realizar su trabajo con el simple objetivo de ser denominado como un autor clásico

¿Quién determina el título de "clásicos" a los escritores?, será el peso histórico de la narrativa de sus textos o tal vez por lo radical que resultaron sus ideas para la época en que les tocó vivir.

Si bien es cierto que a os clásicos de a literatura se les distingue por el cambio ideológico que ofrecen sus obras, los lectores y la historia también juegan un papel fundamental ara otorgar la denominación de "clásicos literarios".

Esta fue la opinión vertida por el investigador Rafael Olea Franco, profesor del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México, quien impartió la conferencia Gabriel García Márquez: para una literatura menor, dentro del ciclo de conferencias de la Cátedra Raúl Rangel Frías.

"Es base a un consenso y con el tiempo, pero podría decir que son los lectores quienes en última instancia van utilizando este término (el de clásico) para un determinado lector, aunque este consenso nunca es definitivo, podríamos decir que por ser acumulativo se vuelve histórico", explicó el investigador, quien refirió a autores como Borges, Vargas Llosa o el propio García Márquez dentro de la etiqueta de "clásicos".

El término de autor "clásico" puede ser interpretado en dos formas, la primera que encierra un sentido de trascendencia por parte del escritor, mientras que otra vertiente apunta al sentido comercial de la literatura.

Un autor denominado "clásico" vende más que uno que no lo es, comercialmente hablando.

¿Escribir para trascender?

Uno de los peores errores en los que pueden caer todos los escritores es el de realizar su trabajo con e simple objetivo de ser denominado como un autor clásico.

Brillantes autores se han perdido en los mares de la confusión y del compromiso debido a que han planteado a sus novelas como proyectos de trascendencia.

En opinión de crítico e investigador, la novela realizada por la necesidad de conseguir algún reconocimiento generalmente es afectada por críticas y comentarios ajenos al hilo negro que el propio autor desea plantear en su obra, resultando ser una obra mediocre y sin valor literario.

"Algunos escritores han pensad en elaborar algunos textos a raíz de una especie de plan, entonces ellos tienen su plan de cubrir una novela sobre este tema o aquel otro, entonces su escritura se convierte en proyecto lo cual es muy riesgoso, ya que ese proyecto estaría impulsado desde afuera y difícilmente encontrarían un buen nivel", comento el investigador.

La novela debe surgir de un acto de comunión entre el autor y su historia, analizó Olea Franco, no por la necesidad de trascender por e simple motivo de hacerlo.

La producción literaria debe de llegar cuando el autor así lo entienda y lo sienta, no cuando sea por una obligación.

Un ejemplo a que se refirió el investigador se remonta a la vida de Juan Rulfo, escritor mexicano que fue duramente criticado por solo escribir dos novelas en su vida, Pedro Páramo y El Llano en Llamas.

Sus críticos no concebían que se le llamara escritor a alguien que no produjera más de dos novelas.

"Lo dijo muy bellamente Susan Sontag en relación con Juan Rulfo, pues cuando le criticaban mucho el no haber escrito nada más, Susan se pregunta cuál es la verdadera finalidad de escritor, si es dejar una obra que trascienda o una vasta producción, en ese sentido Rulfo trascendió y se ha convertido en un escritor clásico", señaló el investigador.


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La lírica de moda usa un lenguaje demasiado antipoético

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

ABC CÓRDOBA, 18 de marzo de 2007

Manuel Gahete. Poeta: «La lírica de moda usa un lenguaje demasiado antipoético»

TEXTO: D. D. / FOTO: VALERIO MERINO

Manuel Gahete se ha convertido en el primer autor andaluz que gana el Premio de Poesía Ateneo de Sevilla con «Mitos urbanos». En este libro, el autor de «Mapa físico» aborda los temas del amor, la vida y la muerte en un discurso contra la liviandad del hombre ante las cuestiones que estigmatizan su existencia.

-¿Qué supone para usted haber conseguido este premio?

-Cualquier premio literario es siempre una alegría y, por supuesto, se trata de una notificación de que lo que has compuesto le gusta a un jurado experto, cualificado. Eso te da mucha satisfacción personal de cara a la crítica, al lector y al circuito literario. De alguna manera, te pone en la perspectiva de que tu obra sigue en marcha y va creciendo.

-¿Cómo se gestó «Mitos urbanos»?

-Comencé a escribirlo en torno a 2004. El germen del libro surge a raíz de la muerte de mi madre. En esos momentos, uno se plantea el sentido de la existencia. Cuando se rompe ese cordón umbilical que te ata a la persona que ha sido su origen, te planteas si tiene sentido que uno sufra demasiado con las vivencias diarias.

-¿Cómo se estructura la obra?

-La obra se divide en tres partes con ocho poemas cada una. No es una novela, pero sí se podría decir que tiene un cierto argumento. La primera parte, De Vita, es un planteamiento filosófico que tiende, no a romper con los mitos, sino a hacer comprender a quien lo lea que quizá hablamos con demasiada frivolidad de muchos conceptos importantes, como el hecho de vivir, de compartir, de comunicarse, la soledad, la frustración, al guerra o el dolor del ser humano. La parte central del libro habla de la muerte. En ella trato de trasladar mi pensamiento sobre ella, a través del fallecimiento de mi madre, y de otras personas a las que quiero y admiro. El último apartado es la conclusión final. Si la vida y la muerte llegan a tener sentido, en último extremo, es porque hay amor.

-También dedica algunos poemas a la mujer.

-Así es, y hay otros enclavados en el sentimiento de la mujer maltratada. En definitiva, el libro en su totalidad es un alegato contra la guerra, contra la soledad, contra el olvido de los mayores, contra el maltrato. Contra todos esos mitos que se tratan con demasiada frivolidad, e, incluso, se utilizan para el beneficio de ideologías o de determinados planteamientos.

-El lenguaje de «Mitos urbanos» es más «accesible» que el de otras obras.

-Sí. He querido que se trate de un libro que la gente entienda. Siempre he cuidado este aspecto y la mayoría de mis obras son de un alto calibre léxico, complejo. Pero me he desviado un poco de ese lenguaje, quizá, demasiado complejo, para ser más comunicativo y directo.Pretendo llegar al corazón. He intentado que no se aún obstáculo inicial el hecho de ser demasiado poético.

-Entonces, ¿cree que el lenguaje lírico debe sacrificar su forma para hacerse más accesible?

-No tanto. Considero que lo que está de moda es demasiado antipoético, por lo que yo no lo llamaría poesía. Creo que el lenguaje poético debe ser especial, exige un cuidado, una meditación y atención especial. Debe tener un nivel de expresión por encima del que se utiliza en la calle.No podemos dejar que, a la hora de escribir, nos lleve la corriente de la vida. Pienso que la gente que va a contracorriente es la que mueve la sociedad.

-En esta obra ha brindado a los lectores, una vez más, su alma, ¿cómo se sintió cuando puso el punto y final?

-Siempre que termino una obra me queda la sensación de que me he dejado un trozo del alma, pero escribo por necesidad, por lo que diría que siento una especie de vacío pleno.

-¿Qué significa para usted este poemario?

-Es un paso más hacia mi propia interpretación de la vida. Ningún libro es final de nada. Cada uno tiene un contexto, una etapa y responde a una situación determinada.

-¿Está trabajando ahora en algún proyecto?

-La verdad es que nunca dejo de trabajar, porque cuando escribo no lo hago pensando en publicar. De hecho, hay muchos poemas que he escrito y no se han incluido en el libro, aunque sí es cierto que todos son actuales. Acabo de publicar el libro de crítica literaria «Rostros de mujer ante el espejo: poética de la trasgresión». En este estudio se vislumbran algunas de las características de la poesía escrita por mujeres que podrían considerarse novedosas frente al acervo poético de la tradición literaria forjada casi exclusivamente por el género masculino.

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Novela policial y literatura

Ficha sobre recursos técnicos:

EL MERCURIO, 18 de marzo de 2007

UNA MIRADA CRÍTICA
Novela policial y literatura
Ignacio Valente

¿Qué diferencia a un maestro del crimen de un gran narrador? Este repaso a las novelas de Chesterton, Wilkie Collins y Nicholas Blake, entre otras, intenta clarificar este enigma y así entender cuándo el género policial alcanza estatura literaria. La realización de los personajes, los diálogos vivaces y el humor son las primeras pistas de la investigación. Conozca el resto.
IGNACIO VALENTE

Las novelas policiales pueden ser buena literatura – ¿por qué no?- pero creo que pocas veces lo son. Porque una cosa es construir con habilidad el armazón del rompecabezas policial, y otra cosa es escribir una buena novela a secas, policial o no. El armazón típico del género, tal como viene de Poe, pasa por Conan Doyle y llega a Agatha Christie o Simenon, comienza por un crimen enigmático, en cuya investigación suele fracasar la policía convencional y triunfar un investigador privado – llámese Holmes o Dupin o Maigret o Poirot- , quien procede más bien por vía lógica o analítica, hasta descubrir al autor, que debe ser el más imprevisible de los personajes.

Hay muchos maestros de esta construcción característica (desde luego, los arriba citados), pero ellos no tienen por qué ser ipso facto grandes narradores, como Doyle no lo es propiamente, ni tampoco Agatha Christie.

Este verano he dedicado parte de mis relecturas a algunas novelas policiales que me convencen como literatura: La piedra lunar, de Wilkie Collins; El candor del padre Brown, de Chesterton; El caso de las trompetas celestiales, de Michael Burt, y, ligeramente por debajo, La bestia debe morir, de Nicholas Blake, y El juez y su verdugo, de Friedrich Dürrenmatt. Es obvio que no pretendo ser exhaustivo ni taxativo; se trata sólo de un tanteo estival colmado de placer. Estas obras, sin duda, arman bien el ajedrez del crimen, pero sobre todo lo verbalizan con buena prosa, lo desarrollan con un auténtico lenguaje narrativo, poseen buen trazo en el dibujo de los caracteres, sus diálogos son vivaces, abundan en humor o ironía, y el arte de estas y otras excelencias literarias no hace sino potenciar los efectos de intriga, suspenso y sorpresa que son propios del género. Por supuesto, entre ambas categorías de relato policial -literario o no- hay gradaciones sin fin, no una línea demarcatoria.

T.S. Eliot calificó La piedra lunar como "la más perfecta novela policial"; también la encomiaron Swinburne, Kipling, Chesterton, Scott Fitzgerald, Borges, entre otros. El delito es el robo de un enorme y legendario diamante amarillo, tan valioso en sí como rodeado de misterio y magia hindú. Sorprende la actualidad formal de un relato que, escrito en la primera mitad del siglo XIX, multiplica los puntos de vista narrativos, consiguiendo así una panorámica total del destino de la joya que pasa de mano en mano, a la vez que una óptima autorrevelación de los personajes hablantes en cuanto caracteres. Pero la maestría suprema de Collins es la complejidad de la intriga, o lo que Eliot llama "sus argumentos a la vez complicados y claros". Lo imprevisible se sucede en forma vertiginosa a través de sus centenares de páginas, en un crescendo sinfónico cada vez más envolvente para el lector, que goza de una novela policial, costumbrista, psicológica, de amor y de aventuras a la par.

El lugar de Chesterton en esta nómina es un tanto excéntrico, porque siendo un gran escritor, no es propiamente un gran narrador: no siempre construye bien los montajes narrativos, y sus argumentos tienden a ser algo caprichosos. Sin embargo, los mejores cuentos del Padre Brown detective derrochan ingenio, humanidad, chispa y – a su manera- suspenso, y lo hacen en tal medida y con tan estupenda prosa, que dejan de importarnos aquellas deficiencias. Por otra parte, el esquema policial de estos relatos es heterodoxo: allí donde el análisis puramente racional – o mejor, racionalista- se pierde en pistas falsas, como le ocurre al propio Flambeau, es el "hombrecito de la sotana" quien descubre al culpable a través de la teología y la moral, es decir, mediante un análisis ético-religioso. Es el conocimiento del alma humana -la sabiduría psicológica del confesionario- lo que le permite dar con el malhechor (y perdonarlo, cuando es posible). El valor intrínseco de las descripciones, los caracteres y los diálogos suple con creces lo que pueda haber de extravagante en la construcción del andamio policial.

En la conjunción de lo detectivesco con lo sobrenatural cristiano, el mejor émulo de Chesterton me parece Michael Burt, en la mejor de sus novelas, El caso de las trompetas celestiales, que también emula el ingenio, el humor y las paradojas del maestro al hilo del misterio policial-teologal. La rama de la teología que opera aquí es la demonología, porque en el crimen y en su descubrimiento se mezclan potencias diabólicas con la acción de sus bien caracterizados protagonistas humanos. Nos movemos en un clima de intenso satanismo, aunque muy al margen del sensacionalismo morboso con que el cine y la novela suelen tratar estos asuntos. El hecho de que los culpables terminen siendo quienes lo parecían desde el comienzo es contrario a la norma básica del género, pero en este caso no disminuyen en absoluto el suspenso y la amenidad de la novela, cuya alta tensión dramática es paliada sólo por sus excelentes descargas humorísticas.

Quiero agregar todavía dos obras menos conocidas, que no han cruzado aún el umbral de la consagración literaria plena, pero cuya calidad es notable. La bestia debe morir fue escrita por el poeta inglés Nicholas Blake, y en su día Borges y Bioy Casares la eligieron para encabezar la famosa colección "El séptimo círculo". Su trama es sumamente original, entre otras razones, porque incluye el diario del posible asesino, y su exégesis es parte esencial de la investigación. La personalidad del asesino forma un excelente cuarteto con la del asesinado, la del oficial de policía y la del detective. Lo más peculiar de este relato es el sinuoso curso psicológico, ético y literario del crimen, por una parte, y luego, en sentido inverso, de su resolución. Sólo le reprocharía yo tres frases en todo el texto, donde aparece sin venir al caso el inoportuno narrador omnisciente; tres frases que rompen la perspectiva del resto, y que son, además, superfluas, porque dejan pistas que no necesitábamos. Me detengo en esta nimiedad justamente porque el relato es tan perfecto, que unas pocas líneas de quiebre formal se notan más en él.

No es casualidad que todas estas obras sean inglesas, ni creo que su mención se deba sólo a mi preferencia personal, sino también a la singular riqueza del ciclo narrativo anglosajón. Pero gustosamente cierro estas líneas con la memorable novela del dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt, El juez y su verdugo. La calidad policial se une también aquí con el valor literario, del cual destaco sobre todo una soterrada ironía, una sutil crítica de la vida sobre el trasfondo de la sociedad helvética del siglo XX. El comisario protagonista, Brlach, es todo un carácter, una humanidad viva, un intuitivo clásico en quien prevalece el buen olfato, y que se mueve en amable y hasta graciosa pugna con su jefe de policía, científicamente criminalista pero carente de intuición. El juego de utilizaciones recíprocas entre el comisario y el criminal es tan astuto como verosímil, y se prolonga hasta la última página. La escritura es sobria, apretada, y tras los diálogos, esenciales y sabrosos, se adivina la buena mano del dramaturgo. No entiendo bien cómo esta novela – editada en castellano junto al estupendo relato breve que se titula "El desperfecto"- no ha alcanzado más nombre y difusión.

Sin duda otros lectores – o críticos- propondrían nóminas diversas y distintas de ésta, que es opinable y tentativa, y que sólo intenta esclarecer ciertas cualidades mínimas del género policial para alcanzar estatura literaria.

Los escritores nacionales son sujetos de cartón piedra

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

EL PAÍS, 17 de marzo de 2007

ENTREVISTA: Bernardo Atxaga Escritor

"Los escritores nacionales son sujetos de cartón piedra"

EVA LARRAURI - Bilbao – Foto: L. Rico


El paseo de Bernardo Atxaga por las calles del Casco Viejo de Vitoria, la ciudad donde vive con su mujer y sus dos hijas, se interrumpe una y otra vez. Un desconocido le saluda; una mujer le pide que espere para que pueda entregarle una copia de una guía de iniciación a la lectura.

Atxaga, el escritor vasco más leído, traducido a 30 lenguas y el primero que logró un Premio Nacional de Narrativa para una obra escrita en euskera, es la cara de la literatura vasca dentro y fuera de Euskadi, aunque él se revuelve cuando acechan quienes le convierten en "el escritor vasco". Hoy leerá en Asteasu (Guipúzcoa), el pueblo donde nació en 1951, su discurso de entrada en Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca. Será recibido en el acto oficial con el seudónimo que inventó para su carrera de escritor, Bernardo Atxaga. Su nombre, José Irazu, ha quedado para la vida familiar y el papeleo oficial. Y él responderá con un discurso que, sospecha, hará pensar a la audiencia que ha tomado "un poco de mescalina antes de escribirlo".

La condición de académico no encaja bien con el escritor. "Yo soy marginal al mundo de Euskaltzaindia", dice. Fue propuesto como académico hace cinco años, pero entonces no aceptó. "

La entrada en Euskaltzaindia supone por mi parte la aceptación de mi propio itinerario:

empecé a escribir en lengua vasca, me educaron escritores en lengua vasca, y me empujaron lectores vascos", explica. "Y es un reconocimiento de lo que mi vida en Bilbao [sede de Euskaltzaindia desde su fundación en 1919], donde decidí ser escritor y donde encontré a mis primeros lectores, me ha supuesto como escritor".

El recibimiento de Euskaltzaindia coincide con la reedición de tres de sus obras: Obabakoak (1988), la obra con la que ha conseguido más premios y reconocimiento; El hombre solo (1993), la novela con la que abandonó el mundo mítico para narrar una historia realista con el terrorismo como telón de fondo, y Esos cielos (1995), donde recoge las reflexiones de una mujer que regresa a casa tras abandonar la organización terrorista en la que militaba.

Los tres libros componen una retrospectiva de la literatura de Atxaga a lo largo de los 20 últimos años. "Son libros con una continuidad total. En esas tres obras se ve con bastante nitidez lo que ha sido pasar de un mundo rural vasco, un poco al margen de la historia, a un mundo en el que ha entrado el lenguaje político y la lucha política, y hay armas y ha habido muertos".

¿Qué ha cambiado desde que Obabakoak vio la luz? "Entonces casi todas las crónicas hacían hincapié en que se trataba de una obra escrita en lengua vasca. El adjetivo ya no tiene tanta relevancia. Todas las lenguas son en muchos sentidos la misma lengua", defiende. "Yo nunca pensé en mí como un escritor vasco, lo que es importante es el sustantivo, que uno es escritor. La lengua en la que escribes tiene una implicación social, política o afectiva, pero que un cuento sea bueno o malo, que una novela sea convencional o no lo sea, depende de lo que el autor lleve dentro y no del idioma que utilice. La prueba es que se traduce".

La realidad de la violencia en el País Vasco ha entrado de forma tangencial en la obra de Atxaga, a través de personajes vinculados con el terrorismo. "Lo que menos me interesa es la acción por la acción, y aún menos una lectura alegórica, ideológica, moral de esos asuntos. No digo que no haya que hacerla, pero la literatura es otro terreno", señala el autor de Esos cielos, una novela protagonizada por una mujer que regresa al País Vasco tras abandonar la prisión. "Tengo la convicción de que imaginando y observando a esas personas que han creado sufrimiento y que se lo han dado, podemos entrar en las grandes verdades. Y lo hago a partir de mi experiencia, no busco ningún utilitarismo".
En la política activa, en cambio, entró de cabeza. En las últimas elecciones Atxaga apoyó las candidaturas de Ezker Batua, con tanto protagonismo público como los cabezas de lista. "Soy más convencional en mi vida como ciudadano que como escritor", reconoce. "Yo apoyo a Ezker Batua porque es el grupo más moderado que conozco a mi alrededor. Es un partido que sigue la tradición de la izquierda, reformista, como lo soy yo".

Atxaga sigue adelante con su compromiso a pesar de las críticas, alejándose de "los políticos que necesitan escritores nacionales". "En países pobres o pequeños, el escritor corre el riesgo de convertirse en escritor nacional de la noche a la mañana. El mismo riesgo corre el escritor de lenguas minoritarias. El esquema es muy sencillo: el escritor se considera el representante de una cultura especial en la que se basa la legitimación de una unidad política. Aquel que utiliza la lengua, los escritores, en definitiva, están llamados a ser la base de esa cultura. Y si entre ellos hay uno que tiene sus libros traducidos a otras lenguas, es el ideal".

Su rechazo de la etiqueta de escritor nacional es radical. "Supone la inmediata conversión de un sujeto de carne y hueso en un sujeto de cartón piedra, que es lo que son los escritores nacionales. Hacen una lectura abusiva de tu trabajo, con un interés en anularte, privándote de tu particularidad. Yo no soy un escritor nacional de cartón piedra".

El buen humor de Atxaga sale a flote al explicar cómo se defiende de los tópicos que amenazan su identidad como escritor. Ha acuñado un término para la situación que rodea a un escritor que utiliza una lengua minoritaria y trata de salir al mundo: la estereotiposfera. "Te sientes como una nave espacial que tiene que atravesar un territorio peligrosísimo porque todo lo que uno es por carácter, por familia, por educación, esa poquita cosa que es José Irazu, que firma Bernardo Atxaga, es un espacio que ocupan los estereotipos inmediatamente. Funciona de tal forma que me es imposible aparecer como un individuo en muchas partes del mundo".

Atxaga trabaja ahora en un libro al que se refiere como Siete casas en Francia, pero que todavía no tiene título ni fecha prevista de publicación. Será una novela "no muy larga" ("el equivalente en literatura a una carrera de 1.500 metros en atletismo", explica), en la que por vez primera escribe al mismo tiempo en euskera y castellano. "Una lengua respecto a otra actúa como un revelador fotográfico. Cuando cruzas dos lenguas es para bien, depura los textos. Se detecta enseguida si hay materia muerta. Pero en la práctica no es tan fácil", advierte. En Siete casas en Francia aparecerá el humor. "El humor me interesa porque puede ser muy antipático. Es un efectismo, es kitsch. Resulta como una mayonesa que se da a las carnes y los pescados y todo sabe igual". Ahora trabaja en buscar un camino en el que el humor tome suficiente distancia para asomarse "a las trampas de lenguaje con un poco de risa".

La nueva novela llegará tras la experiencia agridulce de la publicación de El hijo del acordeonista (2004). La obra cosechó premios y excelentes críticas -el Times Literary Supplement (TLS) dijo que era "la primera gran novela vasca"- pero también una demoledora reseña en EL PAÍS. Atxaga recurre a una fábula medieval para explicar que sigue afectado por aquellas palabras. "Sanan las cuchilladas pero no las malas palabras. Sólo puedo decir que es cierto. Yo continúo afectado", reconoce. El escritor piensa escribir algún día, "con más documentación", precisa, una reflexión sobre "el efecto multiplicador de las malas palabras". "Se puede hacer una crítica de lo que se quiera, pero si al hacerlo se insulta y se calumnia", concluye, "nos alejamos de lo básico para vivir en democracia".

Eduardo Mendoza

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

LA RAZÓN, 15 de marzo de 2007

Un Baroja ante la gloria de Tolstoi

Eduardo Mendoza, novelista

Juan Carlos Rodríguez / Madrid

En este caballero de bigote epicúreo se encierra la gran literatura clásica y una bondad que se antoja purificadora y decadente. Mendoza cree ante todas las cosas en la cortesía, tanto como en Roma y Grecia como sustento literario. No en vano afirma que «la literatura y la vida es todo lo mismo. Sólo vivimos lo que leemos, lo que comemos y lo que tocamos». Este traductor que hizo carrera en la ONU y que prefiere ser confundido como lector antes incluso que novelista -«un escritor es un lector que se equivoca y quiere escribir las novelas en vez de leerlas»- acaba de hacerse con el Premio de la Fundación José Manuel Lara a la mejor novela de 2006 por su «Mauricio o las elecciones primarias» (Seix Barral), ocasión para invitarle a reflexionar sobre lecturas que han marcado su propio destino. «La literatura es importante -comienza-, pero lo es por acumulación. Podría haber un libro que cambiara tu vida, pero lo que realmente te cambia la vida es ser lector, alimentarse de las ideas, las imágenes y los acontecimientos que nos han ido transmitiendo en el tiempo y en la distancia».

   Claro que hay que ponerle nombres a los continentes de ese atlas de lector ferviente y confeso: «Es fácil contestar a la ligera; menos hacerlo en serio. Hay libros y autores, y hay fragmentos y circunstancias. Baroja, claro, el modelo más próximo y más afín cuando empecé a escribir. El Baroja huraño y sentimental de "Los amores tardíos" o el trepidante de "El escuadrón del Brigante". Luego Cervantes, por supuesto, y no sólo "El Quijote", sino también el humor, la modestia y la perfección de "Las novelas ejemplares". Pero hay otros muchos a los que vuelvo continuamente, incluso otros a los que no soy aficionado pero que me han dado puntualmente el bocadito que necesitaba para saciar el hambre. Y que de algún modo han sido decisivos en mi vida. Esto es la lectura».

   La lista evidentemente no se agota: «Dickens, el más divertido y el más rico en registros. Tolstoi, la cumbre inalcanzable. Y bajando de las alturas, Raymond Chandler. ¿Recomendar? Todos y ninguno. Sería como hacer recomendaciones matrimoniales. Cada cual ha de buscar y dejar que el destino se cruce en su camino».

   Los libros que lee el autor de «La verdad sobre el caso Savolta» y «La ciudad de los prodigios» hallan su encrucijada en la «mesita de noche», como no podía ser de otra manera: «Siempre está llena. Voy leyendo todos a la vez y de manera un tanto caótica -explica-. Están los clásicos, por supuesto, a los que vuelvo periódicamente: los historiadores romanos y griegos. Además, la literatura del siglo XVIII, que me parece más próxima a nuestro tiempo que la del XIX aunque tenga menor calidad».

   Eduardo Mendoza, que en sí mismo encierra una personalidad sugerente -«Mundo Mendoza», de Llàtzer Moix, lo atestigua- y algún buen manojo de evidencias: «Yo creo que se lee mucho. Y la prueba de ello es que hay muchas editoriales y muy pocas quiebran. No nos engañemos, los editores siempre se están quejando, pero a la hora de la verdad tienen resultados excelentes, por mucho que sean menores que los de la industria de la construcción o del petróleo. Lo que quiere decir que la gente compra libros, lee, se entusiasma, vuelve a comprar y sigue leyendo». Y eso es lo que hace Mendoza. Además, escribe.
   
www.premiosliterarios.com

Urueña, una fortaleza en defensa del libro

Ficha sobre concursos literarios y eventos sociales en torno a la literatura:

HOY, 15 DE MARZO DE 2007

Urueña, una fortaleza en defensa del libro

JOSÉ M. FRANCISCO/VALLADOLID

Urueña (Valladolid), una pequeña población medieval de apenas 200 habitantes, se convertirá en la primera Villa del Libro de España. El proyecto, que pretende integrar los aspectos culturales y turísticos, pretende ser un imán para todas las actividades vinculadas a la lectura y el libro. Será un espacio de encuentro para un número importante de profesionales y visitantes, especializados o curiosos que han hecho del libro y de los sectores relacionados una manera de vivir. Hoy se inaugurará esta inédita \’villa\’ que tiene como eje, además de una decena de librerías especializadas, el denominado Centro e-LEA, un espacio de 1.300 metros cuadrados para la lectura, la escritura y sus aplicaciones. Pero la Villa del Libro no será una aislada atalaya ante el avance de Internet y las nuevas tecnologías, según advierte el escritor y académico Luis Mateo Díez. «Esta villa no es una propuesta nostálgica para ver que el libro perdura; no será, por tanto, un lugar museístico preservador de la esencia del libro, sino que se trata de una idea revitalizadora y dinamizadora». El Premio Nacional de Literatura reivindica el valor de la letra impresa frente a la avalancha del libro digital y la virtualidad de la Red. La Diputación de Valladolid ha elegido Urueña como lugar idóneo para desarrollar singularmente un modelo que tuvo su germen en \’Hay-On-Way\’ (Gales), aunque la experiencia de municipios dedicados al libro se ha extendido a una veintena de pequeñas localidades rurales de diversos países europeos, como la \’Village du livre\’ de Montolieu (Francia) o la \’Villaggio del libro\’ de Montereggio (Italia). Finlandia, Noruega, Escocia, Bélgica, Suiza, Holanda, Estados Unidos e incluso la lejana Malasia son los otros países donde beberá la villa española. Pero sus promotores no pretenden copiar esas fuentes, sino mejorar los modelos existentes. Para ello es necesario buscar una seña de identidad y Joaquín Díaz, director del Centro Etnográfico que se asienta en esta localidad dice que la personalidad de «Urueña debe basarse en las personas que viven en el pueblo». No obstante, espera que la localidad «tome un auge medido, porque nos gusta la tranquilidad y que las personas que se trasladen a Urueña disfruten con el silencio, que es uno de los valores que pretendemos potenciar».

Miguel Delibes

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

ESTRELLA DIGITAL, 14 de marzo de 2007

Miguel Delibes cree que la aportación de su legado literario es la "interpretación política e histórica de los años vividos"

El narrador vallisoletano dice que los acontecimientos "han dirigido sus dardos" y que su pluma "debía de andar al paso de la historia"

R. Jiménez/Efe
Valladolid

Miguel Delibes, que este año cumple seis décadas como autor de una obra feraz, ética y universal, centró ayer en la "interpretación" política e histórica de los "años vividos" la vigencia y aportación de su legado literario, que abrió en 1947 con la redacción de La sombra del ciprés es alargada. "Los acontecimientos han dirigido mis dardos. La guerra no podía ser eterna. Mi pluma debía de andar al paso de la historia", manifestó ayer en una entrevista con Efe el narrador vallisoletano, a quien la editorial Destino, que prácticamente ha publicado toda su obra, dedica estos días una reedición conmemorativa de su debut literario.

Con La sombra del ciprés es alargada, que dedicó a sus padres, a su mujer y a su primogénito, firmó su primer libro y obtuvo su primer galardón, el Premio Nadal de 1947, un joven y desconocido Miguel Delibes, de apenas 27 años, que compatibilizaba su afición a las letras con su cátedra en la Escuela de Comercio de Valladolid y su puesto de redactor en el diario El Norte de Castilla.

No había escrito nunca "pero el hecho de poder hacerlo me atraía más que la cátedra y el periódico. Nació en mí la posibilidad de una vida literaria. Cosa importante", evocó el novelista, de 86 años y que en el 2005 dio a la imprenta su último libro, La tierra herida, una reflexión compartida con su hijo mayor, el biólogo Miguel Delibes de Castro, sobre los riesgos medioambientales del planeta.

Su vida cambió "por completo" desde que en la madrugada del 6 de enero de 1948, a través de los teletipos de El Norte de Castilla, recibió la noticia de que había ganado el Premio Nadal 1947 por un ajustado pero mayoritario "tres a dos" en las votaciones de "un jurado catalán" que galardonaba así a un escritor "castellano".

"Acababa de casarme y mi mujer y yo, y quiero creer que mi primer hijo que cumplía once meses en esos días, nos sentimos felices. Había otra tecla que tocar", recordó Delibes, quien reconoció que tomó la decisión de hacerse escritor "justamente al ver mi nombre como ganador" en los teletipos del diario del que, entre 1941 y 1963, fue sucesivamente colaborador, redactor, subdirector y director.

"Podíamos ganarlo cualquiera"

No sólo obtuvo un galardón entonces de corta trayectoria, aunque de reconocido prestigio, sino que en la última votación se impuso a Manuel Pombo Angulo (finalista con Hospital general), que había escrito tres obras, lo que reforzó su percepción de que "ya era un novelista", de que podía considerarse como tal pese a su condición de novel.

El Nadal, instituido por la editorial barcelonesa Destino y que en su primera edición obtuvo Carmen Laforet con Nada (1944), representó para Miguel Delibes la comprobación en su propia persona de que "por fin nacía en España un premio independiente" que "podían ganar los desconocidos, que podíamos ganarlo cualquiera".

"Así de sencillo y de revolucionario. Eso no se había visto en el país, un premio que hacía tabla rasa del nombre, de los años y de la obra de los candidatos para dárselo a la mejor novela presentada", añadió el novelista y académico, quien decidió presentarse a la convocatoria de 1948 desde que leyó Nada, de Carmen Laforet, "que me gustó mucho. No sólo quería un premio, quería el Nadal", precisó.

Un premio de quince mil pesetas

Con el paso del tiempo y respecto a los galardones literarios, consideró que en la actualidad "hay de todo", desde el "camino más limpio" que a su juicio abrió el Nadal y que "no todos han desdeñado", hasta las "trampas y artimañas, por supuesto".

Quince mil pesetas le reportó a Miguel Delibes la obtención de su primera distinción literaria, parte de las cuales dedicó a sufragar los gastos derivados del nacimiento del segundo de sus siete vástagos, María de los Ángeles, que vino al mundo el 23 de marzo, días antes de que Destino imprimiese, en abril de 1948, la primera edición de La sombra del ciprés es alargada.

Hasta la fecha, incluida esta última, suman ya cuarenta las ediciones del libro inicial de Delibes, uno de los más extensos de su producción, ambientado principalmente en la Ávila de la posguerra civil (h. 1939) y donde ya se perciben algunas de las constantes literarias del narrador vallisoletano: su obsesión por la muerte y preocupación por la naturaleza y por los seres más indefensos.

57 títulos diferentes

En unas pocas semanas se vendieron hasta 5.000 ejemplares, e incluso Pío Baroja y Francisco de Cossío "lo elogiaron en la prensa de Madrid", señaló su autor a propósito de un éxito que achacó "al tema (que trata la novela), tristísimo, tan miserable y precario como la propia posguerra" y que "turbó mi infancia y trajo una idea de reflexión a mis contemporáneos".

Desde La sombra del ciprés es alargada, que Luis Alcoriza llevó al cine en 1990, Miguel Delibes Setién ha publicado al menos 57 títulos diferentes entre novelas, relatos breves, ensayos, diarios y libros de artículos, de viaje, de caza y de pesca.

"Creo que he aportado una voz sincera, una interpretación de los años que he vivido, de la política y de la historia. Raymond Carr decía que una buena novela le informaba mejor que una pila de documentos. Al historiador, claro", reflexionó Delibes preguntado por su contribución a la literatura española del siglo XX.

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