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Archive for agosto, 2007

Títulos que enganchan

Ficha de historia o anecdotario:

EL PERIÓDICO DE CATALUÑA, 27 de marzo de 2007

Títulos que enganchan

IOSU De la Torre

Lo último en libros es hacerse con obras que enganchan por el título. Luego ya se leerán. O no. Hay quien los compra para adornar las estanterías del salón comedor. También hay gente que reconoce que nunca ha sido capaz de concluir alguna de las grandes obras de la literatura, como certificó iCult recientemente. Hay más ejemplos sobre la utilidad del libro como objeto o artefacto. Cuando un galerista envía un tomo sobre una exposición próxima, algunos receptores (periodistas en su mayoría) concluyen que les quedará muy chulo en el recibidor de casa. Y no les quitan ni el precinto de celofán. El italiano Roberto Calasso defiende la calidad de las solapas, sobre todo si las ha redactado él. En Francia triunfa el compendio 1.001 libros que hay que leer antes de morir, que aquí ha editado Grijalbo hasta vender 16.000 ejemplares, cifra récord en un país de tan escasa lectura. Además de ser un estupendo resumen para vagos, este tocho de 960 páginas tiene un gancho fantástico en su titular. 1.001 libros que hay que leer antes de morir. Lo tiene todo.

El otro jueves, Eduardo sacó de la maleta dos buenos ejemplos de título que atrapa: Otra noche de mierda en esta puta ciudad, de Nick Flynn, y Este libro te salvará la vida, de A. M. Homes.

Flynn es de Massachusetts, ha sido crítico en The New Yorker, da clases en Houston y es vecino de Nueva York. Como A. M. Homes, escritora que también da clases en la Universidad de Columbia. El lector extrae los datos de la solapa. Cuando se sumerge en la lectura, queda atrapado.

es de Massachusetts, ha sido crítico en , da clases en Houston y es vecino de Nueva York. Como escritora que también da clases en la Universidad de Columbia. El lector extrae los datos de la solapa. Cuando se sumerge en la lectura, queda atrapado.

Sucedió algo parecido cuando los de la revista El Jueves editaron Los pensamientos de José María Aznar: decenas de páginas en blanco en las que quedaron atrapados los aficionados a las teorías de la conspiración. Hoy hay bloggers que se dedican a rellenarlas (las páginas en blanco) para que nadie le haga un feo al de la FAES.

Está demostrado que comprar un libro por el título es arriesgado. Cuántos reporteros deportivos eligieron durante años Crónica de una muerte anunciada para describir las derrotas de un club. No sabe García Márquez el daño que hizo al oficio de periodista.

¿Comprar un libro por el título? ¿Y por qué no? Más de un librero lo agradecerá.

Unai Elorriaga López de Letona

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

DIARIO DE NAVARRA, 26 de marzo de 2007

«La literatura es contar una mentira y que alguien que sabe que es mentira se lo crea»
El escritor vizcaíno participó anoche en los " Diálogos de Medianoche" que organizan la Fundación CAN y Diario de Navarra.

Unai Elorriaga López de Letona (Algorta, 1973) hizo ayer un esfuerzo por mantener el cerebro encendido más tiempo de lo normal. Tiene claro que hay cerebros diurnos y los hay nocturnos, y que él está entre los primeros. Aún así, llegó a Pamplona en autobús para participar en los Diálogos de Medianoche, que comienzan cuando todo ha acabado ya en el Civican de Pamplona.

ION STEGMEIER
Hace seis años, Elorriaga sorprendió a todo el mundo cuando ganó el Premio Nacional de Narrativa con su primera novela, que estaba escrita en euskera, SPrako tranbia (El tranvía a SP). Desde entonces, aquel filólogo flaco cogió una excedencia en su trabajo como traductor, publicó dos novelas más (El pelo de Van" t Hoff, 2003, y Vredaman, 2005) y se casó. Actualmente prepara la cuarta, Londres es de cartón.

-Se aleja un poco del estereotipo de joven escritor, noctámbulo, fumador, urbano…

-Sí. Lo atractivo es el bohemio, el que anda por ahí, bebe, se droga… Lo más importante que tiene el ser humano es el cerebro. Puede que su cerebro esté mejor que el mío, pero yo al menos, como otros cuidan su cuerpo y van al gimnasio, intento cuidar mi mente, que es lo único que tengo para trabajar y vivir.

-Y así no le importa, por ejemplo, emplear sus vacaciones de verano para traducir novelas.

-Cuando algo te gusta no te importa si son vacaciones, porque estás disfrutando. Igual que estás haciendo un viaje o viendo una película yo estoy escribiendo o traduciendo mis obras, no traduciendo cartas del banco.

-Y, más antibohemio aún: le atrae la vejez como tema.

-Siempre. De todas maneras ahí hay muchos mitos, parece que es donde se guardan las historias, la gente que mejor cuenta… pero es que hay unos viejos que son un coñazo. Tampoco hay que mitificar la vejez.

-En su idea habrá influido las conversaciones de sus tías…

-Claro. En mi familia ha habido gente que ha sabido contar muy bien las cosas. Es curioso porque mi mujer no conocía a mi familia, a mis tías, y cuando las ha conocido me ha dicho: «¡Qué bien hablan!» Yo nunca me había dado cuenta. Simplemente escuchaba las historias, me gustaban y las reproducía en mis libros.

-¿Qué les parece a sus tías lo de tener un sobrino escritor?

-Hay una que nada más abrir el libro se lo traga en tres horas. Hay otras que pasan más, que les cuesta porque no están acostumbradas a leer, pero sí les hace ilusión, dicen: «mira aquí salgo yo» o «esto se lo conté yo».

-Eran costureras, ¿no?

-Sí, dos de ellas. Toda la familia solíamos ir los viernes, nos reuníamos allí y mientras ellas cosían estábamos hablando. Para mí es un mundo que ya se perdió, porque se jubilaron, pero que guardo con mucho cariño.

-Otra herencia de su infancia es la fascinación por el tren.

-Sí. Yo siempre he vivido en frente de la estación de Algorta. Teníamos que cruzar las vías para bajar a la ikastola, siempre andábamos entre las vías, poníamos clavos para que cuando pasase el tren los aplanase… vivíamos en torno al tren. Me han contado que una vez de pequeño me metí en un tren de mercancías y me llevó hasta no sé dónde. De mi casa al tren había unos doce metros.

-¿Irse a vivir fuera de Algorta es impensable?

-Ni loco. Además tengo la suerte de haber podido comprar casa en Algorta, cosa que algunos amigos no pueden porque han ido más tarde que yo, y de un año para otro sube diez millones. Yo tuve la suerte de comprar en el último momento en que un chaval joven podía comprar.

-¿Sigue pintando?

-El tiempo se puede sacar siempre pero es complicado. Tienes que dedicarte a ello. Lo que sí hago es dibujar. Hace poco envié unas viñetas a un concurso de dibujo, a ver qué pasa.

-¿Y qué dibuja?

-A mí me gusta mucho Astérix. Me gusta ese estilo. Dibujo lo que se me ocurre en cada momento.

-Usted a la literatura viene a jugar, como el personaje de Matías Malanda.

-Sí. Yo creo que cada vez soy más serio, igual es por la edad, pero yo pienso que la literatura en sí es un juego.La literatura es contar una mentira y que alguien que sabe que es mentira se lo crea, y se lo pase bien. Al final es una mentira compartida, una especie de juego entre el escritor y el lector, yo creo que no hay que tomarse demasiado en serio la literatura.Hay que mezclar un poco la seriedad con el juego.

-Por eso acepta, por ejemplo, hacer un adaptación de Romeo y Julieta con marionetas para la Orquesta Sinfónica de Euskadi.

-Eso es. Siempre me ha gustado la mezcla de artes y eso era perfecto porque era teatro, marionetas y estaba la orquesta. Cuando me lo propusieron no lo dudé.

-Hablando de jugar, ¿cree que toda esta crispación política tiene algo de juego?

-La política tiene mucho de juego, de impostura y de careta. Lo que se dice y lo que luego hay realmente detrás es muy diferente. Lo que me parece más triste es que la gente se crea eso hasta tal punto que sin ser político se involucre tanto y les crea todo.

-¿Ha ido a alguna manifestación en su vida?

-Pues no, la verdad. Me parece que no sirve para nada. Ya sé que es muy duro decirlo así. Tengo la sensación de que por mucho que se reúnen dos millones de personas para protestar por algo al día siguiente todo sigue igual.

-Al principio le criticaban su lenguaje, usted decía que era un «caramelo» para los polemistas. ¿Le van dejando más tranquilo?

-Yo creo que menos. Va a peor. Al principio algunos opinan bien, otros opinan mal, pero más o menos no tienen mayor asidero y cogen tu obra. Pero una vez que se te va conociendo más se crean muchos prejuicios. Ahora me van a traducir la última novela en Estados Unidos. El editor no sabe quién soy, qué he escrito, sólo ha leído la novela, le ha entusiasmado y me ha hecho una crítica sincera. Ahí veo lo diferente que es de las de aquí.

-Al menos ha conseguido no alinearse en ningún bando político ni mediático.

-Claro. Alinearse tiene sus partes positivas y sus partes negativas, pero está claro que si te alineas con un grupo siempre vas a tener su respaldo pero siempre vas a tener a otro grupo en contra. A mí no me interesa tener a nadie a favor ni en contra.

-Habrá tenido ofertas de todo tipo…

-Demasiadas (risas).

-Con usted llega la primera generación de escritores formada en ikastolas. ¿Cree que están abriendo camino?

-El tiempo lo dirá. Intuyo que hay algo de eso. Los que tienen ahora 40 años son los primeros que toda su educación ha transcurrido en euskera. Los anteriores, Atxaga y compañía, sabían euskera de casa pero en la escuela y la universidad siempre usaron el castellano. Tuvieron que hacer un esfuerzo doble para llevar el euskera a la literatura. Nosotros no hemos tenido que hacer ese esfuerzo, eso se notará. Los historiadores de la literatura dentro de 50 años verán ese salto.

-¿Mantiene algún tipo de relación con los lectores?

-De vez en cuando te llega algo y te hace ilusión. A mí me han escrito de Buenos Aires, de Polonia… y recibí una carta de un andaluz ¡escrita en euskera! Me decía que era andaluz pero que su novia era guipuzcoana. Vivían allí, su novia le había enseñado euskera y el primer libro que había podido leerse completo en euskera había sido SPrako tranbia. Le había hecho tal ilusión que quería contármelo.

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¿El fin de la novela y el retorno de la poesía?

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

LA PATRIA, 25 de marzo de 2007

¿El fin de la novela y el retorno de la poesía?

eduardo garcia aguilar

Ya quedan pocas dudas de que la novela como género ha llegado a su fin y que en pleno siglo XXI es sólo agónica reminiscencia de un invento decimonónico que sobrevive como pequeño negocio de escasa rentabilidad. En esos viejos tiempos, cuando nadie imaginaba ni en los sueños más delirantes o bajo los efectos de los más descabellados narcóticos la futura existencia de la televisión e internet, la novela era un objeto necesario para acompañar las extensas horas del ocio de la élite adinerada y culta o de una amplia clase media que accedía poco a poco a la alfabetización y a la cultura en las grandes ciudades y las provincias prósperas. La novela tuvo un auge extraordinario bajo la mirada patriarcal de un tótem tan exitoso como Víctor Hugo, el autor de Nuestra Señora de París y Los Miserables, líder de una generación romántica desesperada que vivió revoluciones y atestiguó la irrupción del mundo moderno industrial, con sus fábricas, obreros, turbinas, barcos de vapor, trenes humeantes y periódicos de amplia circulación.

En toda Europa, desde la España de Galdós y la Francia de Balzac hasta la Rusia de Dostoievsky y Tolstoi, pasando por Inglaterra, Alemania y el Imperio Austro-Húngaro de Joseph Roth, Musil y Broch, el género floreció hasta bien entrada la mitad del siglo XX en diversas versiones, desde los folletines en serie que anticipaban las telenovelas, hasta los mamotretos profundos de Proust, y Thomas Mann y sus múltiples seguidores, sin dejar de lado la renovación frívola y gozosa venida de Estados Unidos con autores de éxito mundial como Scott Fitzgerald, Faulkner, Hemingway y Capote.

Miles de novelistas hicieron la delicia en todos los países, convirtiéndose en expresiones de cierta «energía nacional» que era siempre recuperada por los gobiernos. Como el gran maestro barbado francés Víctor Hugo, que fue joven utópico, vivió el exilio y terminó en las bancas de la notabilidad política antes de ser sepultado con todos los honores, los novelistas representaban o aspiraban a representar a sus respectivas naciones y se convertían en banderas de un orgullo que concentraba la lengua recuperada de pueblos en diáspora, la historia patria de héroes y batallas gloriosas o la gesta la lucha anticolonial o la agresividad imperial.

Y cuando el género ya era socavado desde el interior por lúcidos autores como Raymond Roussel, James Joyce y su discípulo Beckett, o por Franz Kafka, Céline, Virginia Woolf, Djuna Barnes, Jorge Luis Borges, Italo Svevo y una amplia pléyade de autores centroeuropeos, los remanentes de ese ejercicio de estirpe decimonónica, oloroso a ajo, polilla y alcanfor, llegaban como novedad a América Latina y a otros países del Tercer Mundo. Allí, al calor de la guerra fría y las ideologías totalitarias que ofrecían un nuevo mundo radiante, surgía una nueva floración de naciones sedientas de patriarcas novelistas, clones del viejo Víctor Hugo, oráculos de todos los saberes y las consignas, especies de dioses o ídolos falsos de barro aptos para amansar a muchedumbres necesitadas de papá, castradas de antemano, listas a obedecer, a admirar hasta el vómito al gran pelotudo genial, por lo regular gordo y encorbatado y amante de medrar al lado del tirano de turno. Todos esos novelistas patriarcas del Tercer Mundo, infalibles e infinitamente amados por sus súbditos eran la contraparte necesaria del dictador omnisciente o omnipotente. Stalin, Mao Tse Tung, Kim Il Sung, Fidel Castro, como en su tiempo Hitler o Mussolini, Pérez Jiménez, Trujillo, Batista, Perón, para sólo mencionar a unos cuantos, fueron arquetipo ejemplar del Macho Anciano desmenuzado por el gran poeta chileno Pablo de Rokha.

En América Latina, de manera tardía en ese auge de energías nacionales tercermundistas, tuvimos derecho a nuestras dosis de Rómulo Gallegos, Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, y después de ídolos del «boom de la literatura latinoamericana» como García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, o poetas nacionales como Pablo Neruda en Chile y Octavio Paz en México, todos ellos Papás Grandes todopoderosos colocados hasta la saciedad en el centro de las plazas o junto a la Catedral, en grandes imágenes iluminadas de Soles Rojos frente a las que la muchedumbre debía arrodillarse, babear y llorar. Y después de esa parodia anacrónica tardía de nuestros Víctor Hugos nacionales, para rematar el proceso de fin de la novela, ha llegado desde los grandes centros financieros al escenario latinoamericano el autor únicamente comercial que se vende como papas fritas o hamburguesas Mc Donald, tipo Isabel Allende o Pérez Reverte y que ya no representa a la nación sino a la empresa multinacional del caso: Santillana, Planeta o Random House Mondadori.

Es el nuevo heraldo del fin: un novelista best-seller en serie que nace, crece, se reproduce y desecha con rapidez vertiginosa en las oficinas de contabilidad de las grandes editoriales y a quien supuestamente la muchedumbre debe hoy adorar como antes adoraba al Omnisciente y Omnipotente Autor de la Nación. Y este último engendro de impostura paraliteraria, sin tetas y sin paraíso, es la prueba tangible de que la novela murió y que por fortuna sólo tal vez queda la poesía, donde no hay nada que ganar, salvo sólo el olvido.

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El «best seller» español ya vende fuera

Ficha de historia o anecdotario:

LA VOZ DE GALICIA, 24 de marzo de 2007

El «best seller» español ya vende fuera

Ruiz Zafón, Matilde Asensi, Julia Navarro, Sierra y Falcones triunfan en todo el mundo y ya han vendido más de 16 millones de ejemplares de sus novelas

Firma: Enrique Clemente

Son el repóquer de ases del best seller español, el dream team que conquista mercados nacionales e internacionales. Entre los cinco han vendido más de 16 millones de libros en todo el mundo. Sus novelas pisan los talones en las listas españolas a las de Dan Brown, se codean con las de Follett y dejan atrás a las de John Grisham, Tom Clancy o Michael Crichton. Los artífices de este éxito global sin precedentes son Carlos Ruiz Zafón, Julia Navarro, Matilde Asensi, Javier Sierra e Ildefonso Falcones, especialistas en el thriller históricomisterioso a la española, que han conectado con el gran público de más de 40 países, incluidos China o Australia.

Los datos del informe Hábitos de lectura y compra de libros 2006, de la Federación de Gremios de Editores de España, son contundentes. Entre los diez autores más leídos se sitúan Ruiz Zafón (segundo), Falcones (cuarto), Navarro (séptima), Pérez-Reverte (octavo) y Asensi (décima), que comparten lista con el intocable Dan Brown (primero), el incombustible Ken Follett (tercero), la imparable J.K. Rowling (quinta), el clásico de los clásicos, Cervantes (sexto), e Isabel Allende (novena). El precursor fue Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que ya ha vendido ocho millones de sus sobresalientes novelas de aventuras.

¿Existe una fórmula mágica para convertirse en superventas? «Si se hubiera encontrado, la gente dejaría de invertir en casas y lo haría en editoriales, porque tendría beneficios garantizados», señala Ildefonso Falcones (Barcelona, 1958), el abogado que se convirtió en fenómeno editorial el año pasado con su primera novela, La catedral del mar, que va por la trigésima edición y de la que se han vendido 1,2 millones de copias.

«Si existiese una fórmula sería un misterio equiparable al del Santo Grial», señala Javier Sierra, autor de La cena secreta, que ha vendido más de 2 millones de ejemplares y ha tenido un éxito espectacular en EE.UU.

Pero ambos coinciden en que los best sellers deben reunir varios ingredientes. Para Sierra, «la intriga, unos personajes sólidos que sintonicen con el lector y cierta dosis de trascendencia». «Tienen que concurrir varios elementos: que sea ágil, interesante, con gancho, que trate de personas; y todo ello en un entorno, ya sea histórico o actual, bien definido, que transporte al lector», señala Falcones. «Es la condición necesaria, la suficiente yo no sé cuál es, pero la emoción, lo es todo», concluye. «Tiene que haber un enigma que esté presente desde la primeras páginas y que lleve al protagonista a vivir una serie de peripecias en países distintos y, en algunos casos, en épocas diferentes», señala David Trías, editor de Random House Mondadori, que publica a Falcones, Navarro y Sierra. Y añade: «Los lectores no sólo quieren entretenerse, sino tener también la impresión de estar aprendiendo algo y despejando inquietudes espirituales y dudas existenciales».

PROTAGONISTAS NORMALES

«Hay unas claves comunes en estos libros. En los thrillers es una historia con un protagonista normal, atractivo pero con muchos defectos, que se enfrenta a un peligro físico y actúa contrarreloj. El thriller es la metáfora absoluta de la vida, en la que el tiempo es el enemigo», comenta Juan Gómez Jurado (Madrid, 1977), que ha logrado un gran éxito internacional con El espía de Dios.

Julia Navarro (Madrid, 1953), que ha vendido dos millones de ejemplares de La hermandad de la Sábana Santa y La biblia de barro en más de 25 países, no quiere que se le identifique con la etiqueta best seller. «Yo no escribo best sellers, sino libros que los lectores han convertido en éxitos», responde a la defensiva. «El término tiene una connotación despectiva o peyorativa, se utiliza como sinónimo de libro que no tiene calidad», explica. Sin embargo, admite que «en los últimos años ha aparecido una serie de autores españoles que hacen novelas de aventuras, de misterio e históricas de éxito, que antes eran terreno de los anglosajones». De esa forma, conectan con el gusto del público, pues según el citado estudio las novelas más compradas son las de intriga y misterio (26,1%), seguidas de las de historia (22,9%) y las de aventuras (12,8%).

EDAD DE ORO

Pero si nuevo es el fenómeno del triunfo en España de los superventas escritos por autores del país, más aún lo es su difusión masiva en el extranjero. Como señala David Trias, «los best sellers españoles viven una edad de oro internacional». «Los superventas españoles tienen más sabor a historia», explica Javier Sierra (Teruel, 1971), que el año pasado fue protagonista de un éxito que sólo tiene el precedente de Vicente Blasco Ibáñez en 1911 con Los cuatro jinetes del Apocalipsis. La cena secreta (The Secret Supper) fue la primera novela de un autor español que entró entre los diez primeros de la lista de superventas de Estados Unidos. Se mantuvo ocho semanas en la del prestigioso The New York Times, donde llegó a ocupar la sexta posición. También triunfó en Canadá, donde fue número uno, y en Australia, donde se anunciaba en los autobuses de las grandes ciudades.

«El peso de la tradición y de la enorme influencia ejercida por el catolicismo en el devenir de los grandes hechos históricos impregna más las páginas de la novelas españolas que las de cualquier otra literatura», asegura Sierra. Pero, sin duda, el idioma ayuda mucho. «Buena parte del mérito lo tiene el idioma, escribir en español es asegurarse que la obra puede ser leída por casi 500 millones de personas y entre ellas los editores más influyentes del panorama anglosajón», añade.

«Javier abrió muchísimas puertas en EE.UU., a mí me tuvieron en cuenta allí porque tenemos la misma agencia», reconoce Juan Gómez Jurado, que ha seguido su estela. La primera novela de este periodista que vive en Santiago de Compostela, El espía de Dios (Roca), se ha vendido en 40 países, entre ellos China, Indonesia, Nueva Zelanda, Turquía y, desde luego, EE.UU. El autor anda de una sitio para otro para promocionar su libro. Acaba de regresar de Noruega, el lunes se marcha a Milán y luego a Estados Unidos, donde permanecerá un mes. Ha vendido 100.000 ejemplares en España y 50.000 en Alemania; en total, cerca de medio millón en todo el mundo.

En su opinión, no se puede generalizar al referirse a estos superventas españoles. «Hay que analizar caso por caso. Matilde Asensi escribe novelas de aventuras bastante rápidas; Sierra es un experto en temática esotérica y misterios históricos, sin rival, le da capones a Dan Brown en este terreno; y Ruiz Zafón es un genio absoluto de la literatura», asegura.

La mayoría de estos autores son periodistas (Pérez-Reverte, Asensi, Sierra, Gómez Jurado, Navarro) que aplican las técnicas de su oficio a la novela. «Son autores que han leído y se han nutrido de las novelas anglosajonas, que se han empapado de películas y han escrito por divertimento aquellas novelas que ellos deseaban leer y no encontraban en las librerías españolas escritas por autores de aquí», señala David Trías.

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Literatura erótica. Y a veces un poco más que eso.

El escritor Gao Xingjian reivindica el papel del autor teatral

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

TERRA ACTUALIDAD, 23 de marzo de 2007

El escritor Gao Xingjian reivindica el papel del autor teatral

Europa Press. El escritor y dramaturgo chino Gao Xingjian reivindicó hoy en Barcelona el papel del autor teatral ya que, en su opinión, desde la Segunda Guerra Mundial \’se ha ido alejando y pasando a un segundo plano y ha ido ganando peso la figura del director\’.

Durante la presentación de las actividades del Día Mundial del Teatro de la Fundación Romea, en la que el escritor será el principal protagonista, Xingjian defendió el papel del autor teatral porque \’no es sólo importante lo que se expresa en el escenario, sino lo que hay detrás\’.

En este sentido, Gao Xingjian defendió la necesidad de que surjan \’nuevos autores\’ para aportar una mirada nueva ya que, si bien es cierto que Bertolt Brecht y Henrik Ibsen \’aportaron mucho, es necesario ir hacia un nuevo tipo de escritura y explorar nuevas formas\’.

Para Gao Xingjian el trabajo del autor teatral es \’solitario\’ y luego es el director el que elabora la pieza junto a los actores. \’El texto no es el teatro, éste comienza con los ensayos\’, dijo el escritor.
El escritor chino remarcó que el ser humano es \’solitario\’ y que tiene en el teatro un \’punto de encuentro\’ y un lugar donde plasmar \’la angustia y la tristeza\’ provocada por su soledad.

Estos serán algunos de los temas de su conferencia en el Teatre Romea de Barcelona el próximo lunes, que coincide con la publicación en castellano de \’Contra los ismos\’ (El Cobre Ediciones), que reúne ensayos sobre el teatro y la obra \’La huida\’, pieza que provocó el rechazo del Partido Comunista chino.

La edición consta de textos que fueron escritos en chino y que hasta la fecha sólo han sido traducidos al castellano, en los que el autor reivindica la libertad del escritor frente a las ideologías.

Gao Xingjian, autor de 18 obras de teatro, aseguró que las reflexiones del libro continúan \’vigentes\’ aunque él haya \’evolucionado\’. El dramaturgo se mostró influenciado por todo tipo de autores, desde Brecht a Federico García Lorca, pasando por Lope de Vega.

El escritor, que vive en París, explicó que la política siempre está presente en las obras de teatro, \’siempre acaba interviniendo\’. La obra que recoge el libro y que tanto disgustó al Gobierno chino es \’muy política, pero de tan filosófica que es, va más allá de la política\’, dijo.

El autor recordó que en la \’llamada\’ Revolución Cultural china le confiscaron obras y se vio obligado a \’quemar\’ documentos y dibujos. Xingjian dijo que la actitud ante la política o el poder es la de \’huir como recoge la obra de teatro’, pero remarcó que de quien es imposible huir es \’de uno mismo\’.
El escritor prepara en la actualidad dos ensayos, uno sobre estética y literatura y otro sobre teatro, y presentará una retrospectiva pictórica en el Ludwig Museum de Colonia (Alemania).

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Alejandro López Andrada

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

DIARIO CÓRDOBA, 23 de marzo de 2007

ENTREVISTA

Alejandro López Andrada, escritor: "Para mí la tierra natal es una fuente inagotable de emociones"

ANTONIO RODRIGUEZ

Lugar de nacimiento: Villanueva del Duque (Córdoba)

Fecha: 1957

: 1957

Trayectoria: Ha publicado más de una docena de libros de poesía, además de novelas, artículos, ensayos y literatura infantil y juvenil. Ha obtenido diversos premios.

: Ha publicado más de una docena de libros de poesía, además de novelas, artículos, ensayos y literatura infantil y juvenil. Ha obtenido diversos premios. : Villanueva del Duque (Córdoba) : 1957 : Ha publicado más de una docena de libros de poesía, además de novelas, artículos, ensayos y literatura infantil y juvenil. Ha obtenido diversos premios.

El escritor Alejandro López Andrada, autor de numerosos libros en prosa y poesía, ha sido nombrado Hijo Predilecto de su pueblo natal en un pleno municipal celebrado el pasado día 29 de enero donde los dos grupos políticos del municipio apoyaron la propuesta por unanimidad.

Con motivo del acto de nombramiento de Hijo Predilecto, el Ayuntamiento de Villanueva del Duque ha organizado para hoy y mañana unas jornadas culturales donde participarán escritores amigos y personas del mundo de la Cultura.

– ¿Qué se siente al ser uno profeta en su tierra?

– Ante todo se siente una inmensa alegría y una satisfacción plena, muy difícil de explicar. En estos momentos, sólo siento gratitud hacia aquellas personas que han hecho posible esta realidad.

– La alcaldesa de Villanueva del Duque dice, entre otras cosas, que se le concede esta distinción porque "ha apostado por residir en Villanueva del Duque, localidad que insistentemente y sin descanso promociona, defiende y define como una fuente inagotable de literatura", ¿esto es así?

– Sólo hay que abrir cualquiera de mis títulos, sobre todo los últimos, (El viento derruido y Los años de la niebla ) para comprobarlo. Para mí la tierra natal es una fuente inagotable de literatura y de emociones. De no haber nacido en Villanueva del Duque no escribiría así, o quizá, lo más seguro, es que no fuese escritor. Todas mis emociones literarias están enraizadas en la luz de mi tierra natal.

– Sorprende muchísimo que un autor como usted, residente en un pueblo pequeño del norte de Córdoba, haya conseguido premios y reconocimientos literarios en todo el país, algo que es muy difícil si uno no se encuentra inmerso en los círculos literarios de las grandes ciudades.

– Para mí el escritor debe realizar su obra literaria en soledad, aislado del mundanal ruido. Eso es lo que pienso. A mí la soledad, la serenidad del pueblo y del campo, en lugar de aislarme me produce compañía. No podría vivir en una gran ciudad. Necesito espacios abiertos y aire libre para ser feliz. Otra cosa distinta es el reconocimiento literario que uno pueda tener. Eso sólo depende de la obra que uno escriba, de su calidad, o de la atención crítica que se le preste, y eso se me escapa. No depende ya de mí.

– Lleva toda su vida viviendo en su pueblo, Villanueva del Duque, ¿qué es lo que recuerda del pueblo de su infancia? ¿Se parece éste en algo al pueblo de su niñez?

– Los alrededores del pueblo son los mismos: siguen los caminos, los rincones de mi infancia, las paredes en las que los lagartos se guarecían, las moreras a las que gateábamos en el verano… Todo sigue estando ahí, en el mismo lugar. Y eso es maravilloso, porque cuando paseo y tiendo la vista a mi alrededor siento las mismas emociones de otros días y eso es para mí la verdadera felicidad.

– Por lo que se ve, a usted le gusta la soledad; ¿qué elegiría, al final, la gloria literaria o el vivir en un pueblo tranquilo y relajado saboreando el paisaje de su niñez?

– Nada hay más hermoso, al menos para mí, que pisar a diario los caminos de la infancia y recuperar los días que se fueron, la pureza ancestral de un paisaje que está en mí, asentado en las bóvedas de mi corazón. Pienso que la fama no da la felicidad. Las emociones más grandes que he tenido en toda mi vida las he experimentado en mi pueblo natal.

– Pero el escritor necesita salir, viajar, para no repetirse y escribir siempre el mismo libro. ¿No lo ve así?

–Todos escribimos siempre el mismo libro. La vida es un libro y cada uno la va escribiendo a su manera. Mi vida es el libro del silencio y la serenidad. No necesito viajar; el paisaje está en mí. Me gusta cerrar los ojos y viajar con la mente a rincones del tiempo que nunca han de volver. Mi verdadero viaje es hacia mi interior.

– A usted se le inscribe en la Literatura de la Naturaleza, ¿se siente ahora mismo un escritor ecologista o lo suyo es sólo una estética superficial?

– Me parece estúpido acogerse a una determinada corriente literaria para medrar. Solamente escribo lo que me dicta el corazón. La escritura poética, incluso la narrativa, para mí es una necesidad, no un ejercicio estético vacuo y vacío. Mi escritura se ciñe a la naturaleza, al medio ambiente, a la flora y la fauna de mi paisaje natal. Si eso es ecologismo, no me molesta que me consideren un escritor ecolo-gista. El paisaje urbano no me interesa, o no me inspira, pues no he vivido nunca en una ciudad.

– La alcaldesa de Villanueva del Duque dice textualmente que "ha convertido en importantes personajes literarios a numerosos vecinos, en la mayoría de los casos a los más humildes", ¿está de acuerdo con esto?

– Me parece muy acertada su opinión. En cualquiera de mis novelas, y sobre todo en mis libros de ensayo narrativo, los protagonistas son personas de mi tierra, muchas de ellas reales, que me han conmovido, en algún momento, el corazón. Me interesa mucho esa gente sencilla de la que nadie se acuerda y se le arrincona porque son perdedores en una sociedad materialista, estúpida y ruin, don-de todo el mundo está obsesionado por triunfar. Para mí el verdadero éxito o el triunfo está simple-mente en hacer lo que uno quiere sin envidiar a nadie, ni poner la zancadilla absolutamente a nadie.

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el enigma sobre los escritos de Shakespeare

Ficha sobre concursos literarios y eventos sociales en torno a la literatura:

EUROPA PRESS, 23 de marzo de 2007

\’Sonetos de amor y otros delirios\’ revive el enigma sobre los escritos de Shakespeare

MADRID, 23 Mar. (EUROPA PRESS) –

   La obra de teatro, \’Sonetos de amor y otros delirios\’ que la compañía El Temple, estrena el próximo 28 de marzo en el Teatro Galileo y que estará en cartel hasta el 15 de abril, revive los enigmas sobre los escritos de William Shakespeare que más investigaciones han suscitado. La compañía de teatro ha elegido representar una de las hipótesis sobre la verdadera historia que encierran los sonetos del autor inglés, que algunos escritores como Bernand Shaw u Oscar Wilde han relatado. El Temple pone en escena el triángulo amoroso protagonizado por Shakespeare, el conde de Southampton y la Dama Oscura.

   La historia parte del encargo que encomienda la madre del Conde de Southampton a Shakespeare. Una serie de sonetos para que su hijo pueda casarse y "vuelva al buen camino", comentó el dramaturgo Alfonso Plou. Los dos hombres se enamoran y al mismo tiempo lo hacen de la Dama Oscura. La madre del conde, además, encarga al poeta que escriba \’Sueño de una noche de verano\’, para celebrar su segunda boda.

   Contra lo que pudiera pensarse, \’Sonetos de amor y otros delirios\’, no es un recital de poesía, es una obra de teatro en la que los actores representan este triángulo amoroso al tiempo que recitan quince de los 140 sonetos que compuso el poeta. "Es un trabajo de creación", declaró el director de la obra, Carlos Martín. "Lo difícil fue integrar los sonetos en la obra porque no queríamos que fuese un desfile de poesía", manifestó el actor que interpreta a Shakespeare, José Luis Esteban.

   SHAKESPEARE, ÍNTIMO Y ROMÁNTICO

   El Temple, a pesar de ser una compañía de teatro contemporáneo, ha querido utilizar estos sonetos que apenas se han explotado dramatúrgicamente. "Nos parecía interesante saborear los versos de los sonetos que muestran al autor desde su creación más íntima y poética", adujo Martín.

   "En escena dejamos un espacio a la improvisación", comentó Plou al referirse al planteamiento de escena que pretende la compañía. Los actores representan las escenas como si estuviesen en un ensayo, ya que "a la gente le gusta saber lo que sucede detrás del telón", comentó Esteban, quién además añadió que con este método, "se produce una relación de cercanía entre actor y espectador". La compañía ha previsto un pequeño margen de error para que los actores puedan desarrollar libremente las escenas cuando cometan algún fallo, ya que al fin y al cabo, "Shakespeare también amaba y también se equivocaba", manifestó Plou.

   En \’Sonetos y otros delirios\’, la atmósfera amorosa que envuelve a los personajes evoluciona desde los truculentos y virulentos romances de los sonetos, a un amor bucólico y delirante en \’Sueño de una noche de verano\’.

   CLÁSICO Y CONTEMPORÁNEO

   "Los sonetos tienen una contemporaneidad increíble", dijo Plou, quien además añadió que, "para una compañía contemporánea es muy difícil representar un clásico con una trama tan compleja".  

   Sobre las tablas, los actores van transformando su aspecto. Al comienzo de la obra, visten "ropa de calle", dijo Martín y, con cada escena, van adquiriendo una prenda que les acerca al mundo del teatro isabelino. "El vestuario de época está hecho con materiales contemporáneos", dijo Plou, con lo que se resalta, una vez más, esa unión entre clásico y contemporáneo.

La literatura actual: ¿arte o negocio?

Ficha de textos para la polémica o la reflexión:

EL FARO DE CEUTA Y MELILLA, 22 de marzo de 2007

La literatura actual: ¿arte o negocio?

Hugo de Lara López

Mucho ha sucumbido desde nuestros siglos más brillantes en la literatura, y no tanto desde los que nos deslumbraron tan recientemente, por lo que al menos nos desalentaremos cien años más hasta que España posea intelectuales brillantes que sean capaces de impulsar nuestra cultura en coma.

El problema es en mi opinión, sin dar más giros innecesarios, el tratamiento que hoy en día se le da a todo tipo de escritura, que antes de ser arte, mucho antes, es un negocio del cual se pretende sacar el máximo caudal posible sin tapujos y con desbordante alevosía; una serie de contemplaciones inconcebibles, y no sólo eso, sino totalmente contrarias a lo que debiera ser considerado arte, puesto que hoy en día, ni siquiera se sabe lo que es el propio arte. Para no ir más lejos, recuerdo, no hace mucho, en un programa de nuestra odiada (por hipocresía) televisión una curiosa iniciativa a través de la cual nos mostraron la patente y la gran ignorancia de la que hace gala con breves destellos nuestra sociedad: dieron un lienzo a niños de preescolar, ellos lo pintaron con las manos, desbordándolo, deformando la inteligible figura, dándole un aspecto extraño sin significado real, ya que lo único que hacían aquellos pequeños era agitar sus embadurnadas manos. Este lienzo fue llevado a una exposición de arte contemporáneo, y allí fue expuesto. A continuación se les preguntó a todos los que acudieron qué les parecía ese cuadro; muchos lo alabaron, incluso se atrevieron a darle un sentido demasiado sinuoso y extraño que, para nada, existía; otros tantos veían con buenos ojos comprar ese cuadro por unos quince mil euros; y otros, simplemente, decían que era una obra de un gran artista, empero, nadie dijo que era una burda obra aún siéndolo. La literatura actual nos presenta un panorama muy parecido: ante la gran ignorancia del pueblo se opta por lo polémico, por lo comercial y por lo etiquetado con una cultura base ficticia antes que decantarse por la complejidad, el preciosismo y la armonía intelectual, y a fin de cuentas, no es una idea tan mala viendo los resultados que se obtienen. Miren si no al controvertido Brown, con su "Código Da Vinci" ha conseguido marcar al mundo y cambiar la historia de una forma atroz, falaz, sórdida, horrible, degenerativa, y bastante estúpida; no obstante, los ingresos que ha facturado desde entonces han sido espectaculares, ¿para qué complicar una obra con tanta dedicación si con dos inventos de alcance mundial y tres fechas erróneas puedes convertirte en un Best Seller? El mundo, lee obras como esta y enloquece, dándole cuerda y difundiendo a una velocidad infernal la polémica y las malas interpretaciones del señor Brown, que según creo yo, han sido más graves los rumores y las distorsiones dadas por el público que los contenidos expuestos por el autor inglés, pero al fin y al cabo, él sabía demasiado bien (cosa que puedo llegar a dudar) que todo lo relacionado con lo religioso puede desembocar en una guerra mediática de gran relieve (no tanto con lo que hubiera podido estallar si llega a referirse a otra religión); muy inteligente el señor Brown, no lo dudo, y más si tenemos en cuenta que con la pobre (no por su presupuesto sino por su ejecución) película, que rompe aún más su Best Seller, se ha enriquecido aún más de lo que era con una taquilla bastante complaciente.

No hablaré de los literatos españoles actuales en profundidad porque simplemente me aburriría contando las burradas dichas, por ejemplo, por el académico Reverte, cuando en una pregunta que le hicieron en un foro de su Alatriste respondió a la pregunta "¿Qué le diría el capitán Alatriste a los habitantes de Ceuta y Melilla?" con un "que se vayan cuanto antes". Quizá Mendoza sea uno de los pocos que trata la literatura como un arte portentoso, ya que modela sus obras de una forma fantástica y no busca de forma tan vehemente el término comercial, a decir verdad, ni tan vehemente, ni tan nada: sus obras son tan cristalinas que incluso su fondo se resiste al reflejo de la luna; quien haya leído cualquiera de sus obras me comprenderá. En cuanto a Mendoza realizo un pequeño inciso y es que, si hay catalanes leyendo y les ha dolido que considere a Mendoza como español, decirles que siento que se vean afligidos; a los que no se ven afectados, los mismos saludos envío que a sus vecinos. Retomando el tema, podríamos decir con total seguridad que el manejo de Mendoza con la literatura es totalmente respetuoso, sin embargo, no nos debería extrañar, pues este es un gran escritor que pertenece a la vieja quinta, nula cabida tenía la ambición en aquella época que para bien o para mal le tocó vivir.

Para nada, pues sé que muchos lo estarán pensando, se pueden equiparar las explotaciones comerciales de los libros actualmente con las ventas que llevaban a cabo literatos como Zorrilla, que vendió por 4.200 reales de vellón los derechos de su Don Juan a Manuel Delgado; el literato, angustiado por su escasez pecuniaria, se vio en la obligación de hacerlo, a pesar de haber sido consagrado como poeta nacional en el sepelio de Don Fígaro con aquella lectura de sus candorosos versos que tuvo que continuar un amigo pues él, abatido por el fallecimiento de Larra, rompió a llorar. Eso es Arte. Arte es, en literatura, desbordar tus sentimientos y tus inquietudes sin pensar en qué dirán o qué dejarán de decir; Arte es, maquillar las palabras, tratarlas con delicadeza, romper los nexos con avidez, unir las palabras con picardía, inventar, crear, reír, llorar, ver, cegar, conmover, admirar y jamás descansar, e incluso durmiendo inundarlo todo con ternura. No existen, ya, los que pueden impresionar con pocos versos, ni existen los que pueden hacer vibrar con simples lecturas, ni existen los que parece que jamás existieron; existen los que se aprovechan de la literatura para un bien propio, cuando nunca fue creada la digna literatura para infundir la lid y hacer arder los mares, con rumores condenados a navegar por siempre en el infinito mar de la ignorancia.

Muchos años pasarán sin que nuestro país posea de intelectuales a la medida que nos merecemos, y los pocos que habrán, dudo que permanezcan aquí, y por ello, en cien años, los tildaremos de traidores; España, para variar, madre para los extranjeros, madrastra para sus propios hijos, abuela rencorosa para sus sobrinos y bisabuela alentadora para toda la familia.

Los premios, al desnudo

Ficha entorno al factor humano en la literatura:

EL CULTURAL, 22 de marzo de 2007

Los premios, al desnudo
Juan Manuel de Prada (Biblioteca Breve), Nativel Preciado (Primavera) y Luis Leante (Alfaguara)

Hay quien dice que en España no se escriben libros sino premios y que el mundillo literario nacional comienza a presentar síntomas de "premiodependencia aguda". Y dicen más: que hoy, sin premio, apenas hay libros que aguanten en librerías más de tres meses; que algunos editores están abusando de la buena fe del lector; que se escribe pensando más en el premio y menos en la literatura o en el público, y que hay editores y agentes que aconsejan a sus autores que "rebajen" su estilo para llegar a las masas. ¿Exageraciones? ¿Prejuicios infundados? ¿Simples verdades? Tres de los últimos galardonados con premios del prestigio, tradición y cuantía del Biblioteca Breve (Juan Manuel de Prada con El séptimo velo, 30.000 euros), Primavera (Nativel Preciado, con Camino de Hierro, 200.000 euros) y Alfaguara (Luis Leante, con Mira si yo te querré, 175.000 euros) se plantan ante un puñado de preguntas impertinentes sobre "sus" premios y retratan sus novelas.


–¿Cómo le explicarían, en cinco líneas, a los futuros lectores de sus novelas qué son y qué han pretendido con ellas?
Juan Manuel de Prada: Para mí escribir una novela significa siempre intentar descifrar una verdad humana. En El séptimo velo propongo al lector una búsqueda de la memoria, una reflexión sobre la necesidad del hombre de explicarse quién es, aunque esa explicación sea dolorosa. Es una novela que trata del dolor de conocernos, del dolor que nos procura el pasado, un dolor que sin embargo puede ser purificador y hacernos mejores. Y este objetivo se sirve a través de una historia que mira a los pasajes más tenebrosos de la historia contemporánea, a través de una peripecia llena de amores trágicos, encuentros y desencuentros, traiciones y heroísmos, hijos que buscan a sus padres, seres humanos a quienes el sufrimiento hace a la postre más generosos, sobre el telón de fondo de una época apasionante y convulsa. En El séptimo velo quería también demostrarme que se puede seguir confiando en el poder de la fabulación, en una época en que la literatura se está haciendo cada vez más ombliguista, en la que se está renunciando a narrar grandes historias.
Nativel Preciado: Camino de Hierro (Espasa) es la historia de Paula, una mujer que se ve forzada a emprender un triple viaje (físico, sentimental y espiritual) para cumplir una promesa y sobreponerse a la tristeza que le produce su inesperada soledad. La protagonista se reencontrará con su familia, su pasado personal y el pasado colectivo de una tierra devastada por el odio. He escrito esta novela para dialogar con mis muertos, firmar la paz con mis antepasados y, sobre todo, conmigo misma.
Memoria, amores y muertos
Luis Leante: Con Mira si yo te querré he querido contar una historia de amor imposible: la relación entre dos jóvenes de clases sociales distintas, llena de obstáculos, prejuicios e incomprensión. Rescatar el pasado de una mujer en crisis y tratar de liberarla en una huida hacia ninguna parte. Y utilizar como telón de fondo el abandono vergonzoso de la colonia española del Sáhara Occidental, cuando los ejércitos marroquí y mauritano se lanzaron como hienas a cobrar su presa. Y su presa fueron miles de saharauis que huyeron al desierto abandonando su país, en un éxodo cuyas heridas aún están abiertas.

–¿Qué hace que unos autores como ustedes se presenten a unos premios como los que han obtenido? ¿Creen que les van a perdonar el éxito, o tendrán quizás que fingir alguna enfermedad para hacerse perdonar?
N. Preciado: "Una autora como usted…" No sé que tipo de autora soy. Sé que quiero dedicarme a la literatura cada vez con más intensidad, para eso es bueno abrirse paso, de vez en cuando, de una manera contundente. Espero que ganar este premio me ayude a conseguir mis objetivos. No tengo que pedir perdón. Llevo muchos años demostrando que soy una profesional responsable y competente.
L. Leante: Cuando me presenté al premio Alfagura buscaba cosas que parecen sencillas, pero que con el tiempo llegan a resultar una quimera: publicar en una buena editorial, que el libro llegue al mayor número de lectores, que te abran puertas que has tenido cerradas, que el camino literario tenga menos obstáculos. Y, además, que cuando alguien pregunte por un libro mío pueda aparecer en la base de datos de las librerías. No sé si eso es pedir mucho, tal vez demasiado, pero hasta ahora me había conformado con bastante menos. De todas formas, quien tiene que perdonarme ya me ha perdonado.
Prada, sin perdón
J. M. de Prada: Desde adolescente me he presentado a multitud de certámenes literarios. He aganado algunos y perdido muchos. Al premio Biblioteca Breve decidí presentarme porque, después de reflexionar durante años, consideré que Seix Barral era la editorial en la que mejor podía encajar mi literatura. Mi deseo era publicar a partir de ahora todos mis libros en ella, e ir recuperando los que tengo dispersos en otras editoriales, a medida que vayan caducando los derechos. Pensé que un buen modo de presentarme en la editorial era concurriendo en su premio; por aquella fecha, además, no tenía agente, y me pareció que hacerlo era como empezar de nuevo. Luego contraté como agente a Antonia Kérrigan, a quien mi decisión le pareció muy acertada. Puesto que ya he conseguido otros éxitos mucho más imperdonables que conseguir el Premio Biblioteca Breve no creo que éste me obligue a pedir perdón. Algo que, por supuesto, nunca he hecho y nunca haré.

–Hay quien dice que en España no se escriben libros, sino premios. Exageraciones al margen, y con sinceridad, ¿el mundo literario español comienza a ser "premiodependiente", sin premio no hay apenas libros que puedan sobrevivir en librerías más de tres meses?
J. M. de Prada: Es evidente que las editoriales destinan un cuidado y una promoción a sus premios anuales que no destinan a otras obras. Esto no sé si es bueno o es malo; es, en cualquier caso, una realidad. No creo, sin embargo, que la consecución de un premio garantice a un libro su permanencia en las librerías durante más de tres meses, ni siquiera durante más de quince días. Una de las razones por las que presento mis novelas a premios es porque considero que la editorial va a invertir en su lanzamiento una cantidad y un esfuerzo que quizá no dedicara si el libro se publicara normalmente; y también porque el ganar un premio logras taladrar, aunque sea mínimamente, el cerco del silencio.
Preciado: "Ahora todo es fugaz"
N. Preciado: Con perdón (ahora sí) he escrito libros "sin premio" que han alcanzado las diez ediciones y han permanecido en las listas de ventas y en las librerías más de tres meses. Es cierto que era en tiempos más sosegados. Ahora todo es fugaz: la literatura, el cine, la música y, sobre todo, el éxito.
L. Leante: Creo que se está magnificando el papel de los premios literarios en España. Es verdad que hay que quejarse de algo, y los premios literarios son una buena excusa para poner el grito en el cielo. Los libros sobreviven en las librerías por razones humanas y casi divinas que son difíciles de explicar. Conozco lectores que jamás leen libros premiados. Y no conozco a ninguno que sólo lea los libros que han recibido un premio. Aunque suene a tópico, cada lector es diferente, y en el mercado literario hay espacio para premios, para best sellers, libros malditos, libros raros y libros de culto. Hay innumerables premios literarios –y hablo con conocimiento de causa– que pasan sin pena ni gloria por las librerías o que ni siquiera llegan a salir de sus cajas.

–¿Es el premio sólo un mecanismo más del mercado editorial, incluso una perversión, como aseguran algunos críticos o escépticos, que consideran que algunos editores están abusando descaradamente de la buena fe del lector con ellos?
N. Preciado: Ganar un premio literario es tan digno y satisfactorio como ganar cualquier otra competición. No sé por qué algunos están tan obsesionados con desprestigiar los premios literarios y, sin embargo, les parecen respetables los musicales, pictóricos, científicos o deportivos.
J. M. de Prada: No puedo responder a esta pregunta, creo que deberían hacerlo los editores que convocan concursos y premian ciertos libros. Si he de responder por mí, creo poder afirmar con orgullo que nunca he abusado ni abusaré de la buena fe del lector, que cada premio que he ganado es porque así lo ha considerado un jurado que ha considerado mi obra merecedora de ese premio. Y que, desde luego, en cada obra pongo lo mejor de mí mismo, lo mejor que puedo dar en el momento en que fue escrita.
Leante: "El lector no es estúpido"
L. Leante: El lector no es estúpido, como algunos pretenden hacernos creer. Los premios cumplen su papel y, con frecuencia, lo hacen dignamente. Lo cierto es que el mercado editorial es cada vez más complicado y a las editoriales les cuesta trabajo abrirse paso entre tanta competencia. El premio es una forma más de llamar la atención del mercado, pero no es la única ni la más vergonzosa. A veces termina por resultar cansina la imagen que nos presentan del lector como el de un ingenuo pececillo que ha picado en el anzuelo de las grandes editoriales. Un lector que se siente defraudado por un libro con la etiqueta de premio difícilmente volverá a picar en ese anzuelo otra vez. Por mucho que pretendamos adoctrinar a los lectores, ellos son los que tienen la última palabra, le pese a quien le pese.

–¿Escribieron las novelas pensando en el premio y en el público de ese premio, más numeroso y tal vez menos exigente que el suyo habitual? ¿quizá sus editores, o sus agentes, les han insinuado que disminuyeran su ambición literaria en busca de esos nuevos públicos?
L. Leante: Nunca he escrito nada pensando en un premio. Yo pienso en los lectores y en mí. Así ha sido en el caso de esta novela y en todas las demás. No existen fórmulas literarias, o al menos yo no las conozco. Mi único Pepito Grillo, en este caso, he sido yo. No hubo ni sugerencias, ni insinuaciones, ni nada parecido. El libro aparecerá tal y como quedó en el momento de poner el punto y final. Y allí no había ni editor, ni agente, ni nadie que me pudiera sugerir nada. Estaba solo, en una habitación forrada de libros desde el suelo hasta el techo en la que me encerré durante un año para escribir la novela.
J. M. de Prada: Cuando escribí El séptimo velo, como cuando escribí cualquiera de mis libros anteriores, jamás pensé en el premio ni en su público. Responder a esta pregunta me causa un poco de rubor, porque la misma respuesta daría a ella un escritor verdadero y un farsante. Nunca rebajo ni aguo nada cuando escribo, ni admito ese tipo de insinuaciones a las que se refiere. Soy una persona bastante misántropa y poco permeable. También he de decir en honor de mis editores que jamás me han insinuado estos cambalaches, quizá porque conocen la naturaleza de mi vocación, la pasión que pongo en mi trabajo y el grado de convicción en lo que hago.
N. Preciado: Hace años que intentaba escribir esta novela. Cualquiera que la lea se dará cuenta de que no está escrita pensando en premios ni en públicos ni en éxitos. No tengo agente, así que nadie me pide que rebaje o eleve mi ambición literaria. Me gustan los lectores que leen mis libros sin prejuicios ni segundas intenciones.

Realismo y experimentos
–¿En esta ocasión han apostado por el relato tradicional, de corte realista, o por la experimentación? Porque otro reproche habitual es la falta de riesgo en este tipo de novelas…
L. Leante: La novela es realista, pero tiene una estructura compleja, en mi opinión. La originalidad de la novela no está tanto en la historia como en la manera de ir contándola. Parto del relato clásico para montar una historia sobre un bastidor que trata de ser original. Trato de abrir puertas, una detrás de otra, y luego cerrarlas en el mismo orden sin dejar al lector perdido en el desierto.
N. Preciado: Es tradicional y realista.
J. M. de Prada: No creo en esa dicotomía que plantea. Para mí la literatura es tradición; sólo desde el trampolín de la tradición el escritor puede alcanzar nuevos finisterres expresivos. Eso de ponerse a escribir como si se fuera a descubrir el Mediteráneo me parece una majadería a la que sólo aspiran los escritores pésimos. Otra cosa distinta es que la exigencia de la escritura te lleve a empujar puertas que nunca antes habías empujado. Durante la escriutura de El séptimo velo esto me ocurrió en varias ocasiones; pero nunca tuve esa impresión megalómana y en el fondo tan palurda de estar "experimentando".

Los prejuicios de la crítica
–Hay quien considera que la crítica carece en ocasiones de referencias para entender la literatura más joven. ¿Cree que en sus casos, con estas novelas, acertarán, o temen que no puedan evitar los prejuicios sobre su literatura, su persona o el premio?
J. M. de Prada: En este caso, como en casos anteriores, la crítica de mis libros se hace desde los prejuicios. Incluso algún crítico lo ha reconocido explícitamente, en un gesto de sinceridad y de reconocimiento de sus limitaciones que le honra. Esto antaño me perturbaba mucho, pero desde que encontré la unidad interior esto ha dejado de preocuparme y me parece una bagatela. Yo sé quien soy y sé que también hay lectores que lo saben; también sé lo que para mí significa escribir, y lectores que lo reconocen al leerme. En ese fondo del que nace mi escritura casi ningún crítico penetra, no puede penetrar en realidad, así que es natural que se enzarce en la bagatela de los prejuicios.
L. Leante: No lo sé. Cada crítico es un mundo, supongo. Hasta ahora la crítica se ha fijado muy poco en mí. Y no quiero que parezca un lamento. Cuando un autor tiene poca proyección y sus libros son casi rarezas, los críticos suelen ser benévolos. Hasta ahora no he recibido ni una crítica mala. Todo lo contrario. Lo que pueda ocurrir a partir de aquí es una incógnita. Pero ni antes subí al Olimpo por los ecos de las críticas, ni ahora me hundiré en el Averno por las malas críticas. Si a algo he aprendido en estos años de travesía, es a tener los pies sobre la tierra.
N. Preciado: Supongo que, como siempre, habrá críticos que respeten mi novela y otros que la maltraten o la ignoren. Que acierten o no es una consideración demasiado subjetiva. No me interesa rebatir las suspicacias sobre el premio o mi persona. Decía Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

–¿Qué les parecen, como lectores, los autores que le acompañan en estas páginas?
J. M. de Prada: A Luis Leante lo llevo leyendo muchos años, coincidimos como concursantes en muchos premios más o menos municipales o espesos. Creo que es un escritor muy dotado, a quien por fin se reconocen sus méritos; estoy seguro de que le aguarda el éxito. A Nativel Preciado la conozco tan sólo en su faceta de periodista; una periodista de increíble sensibilidad y penetración, con un gran conocimiento de la naturaleza humana, muy perspicaz y brillante; estoy convencido de que estas virtudes, multiplicadas, comparecerán en su novela.
N. Preciado: Una digna compañía literaria.
L. Leante: Nativel Preciado me parece una escritora todoterreno. Leí su novela Bodas de Plata (Planeta, 2003) y me pareció estupenda. Creo que tiene oficio y garra. ¿Se necesita mucho más? En una ocasión estuvimos espalda con espalda en un aeropuerto, pero no me atreví a decírselo. Y en cuanto a Juan Manuel de Prada, lo he leído todo desde que salieron sus Coños en Valdemar (1996). Tengo sobre la mesa su última novela y la iba a comenzar a leer, pero el premio de Alfaguara me lo ha impedido. Es un escritor cuajado, con oficio, sensibilidad y con mucha eficacia al contar una historia. Él ya no se acordará, pero hace más de diez años fui su chófer en Murcia cuando salimos con Rosa Regás a tomar unas copas después de no sé qué acto literario. Soy un lector incondicional suyo, con o sin premio.

www.premiosliterarios.com

Para mí escribir una novela significa siempre intentar descifrar una verdad humana. Enpropongo al lector una búsqueda de la memoria, una reflexión sobre la necesidad del hombre de explicarse quién es, aunque esa explicación sea dolorosa. Es una novela que trata del dolor de conocernos, del dolor que nos procura el pasado, un dolor que sin embargo puede ser purificador y hacernos mejores. Y este objetivo se sirve a través de una historia que mira a los pasajes más tenebrosos de la historia contemporánea, a través de una peripecia llena de amores trágicos, encuentros y desencuentros, traiciones y heroísmos, hijos que buscan a sus padres, seres humanos a quienes el sufrimiento hace a la postre más generosos, sobre el telón de fondo de una época apasionante y convulsa. En quería también demostrarme que se puede seguir confiando en el poder de la fabulación, en una época en que la literatura se está haciendo cada vez más ombliguista, en la que se está renunciando a narrar grandes historias.(Espasa) es la historia de Paula, una mujer que se ve forzada a emprender un triple viaje (físico, sentimental y espiritual) para cumplir una promesa y sobreponerse a la tristeza que le produce su inesperada soledad. La protagonista se reencontrará con su familia, su pasado personal y el pasado colectivo de una tierra devastada por el odio. He escrito esta novela para dialogar con mis muertos, firmar la paz con mis antepasados y, sobre todo, conmigo misma. Con M he querido contar una historia de amor imposible: la relación entre dos jóvenes de clases sociales distintas, llena de obstáculos, prejuicios e incomprensión. Rescatar el pasado de una mujer en crisis y tratar de liberarla en una huida hacia ninguna parte. Y utilizar como telón de fondo el abandono vergonzoso de la colonia española del Sáhara Occidental, cuando los ejércitos marroquí y mauritano se lanzaron como hienas a cobrar su presa. Y su presa fueron miles de saharauis que huyeron al desierto abandonando su país, en un éxodo cuyas heridas aún están abiertas. "Una autora como usted…" No sé que tipo de autora soy. Sé que quiero dedicarme a la literatura cada vez con más intensidad, para eso es bueno abrirse paso, de vez en cuando, de una manera contundente. Espero que ganar este premio me ayude a conseguir mis objetivos. No tengo que pedir perdón. Llevo muchos años demostrando que soy una profesional responsable y competente. Cuando me presenté al premio Alfagura buscaba cosas que parecen sencillas, pero que con el tiempo llegan a resultar una quimera: publicar en una buena editorial, que el libro llegue al mayor número de lectores, que te abran puertas que has tenido cerradas, que el camino literario tenga menos obstáculos. Y, además, que cuando alguien pregunte por un libro mío pueda aparecer en la base de datos de las librerías. No sé si eso es pedir mucho, tal vez demasiado, pero hasta ahora me había conformado con bastante menos. De todas formas, quien tiene que perdonarme ya me ha perdonado.Desde adolescente me he presentado a multitud de certámenes literarios. He aganado algunos y perdido muchos. Al premio Biblioteca Breve decidí presentarme porque, después de reflexionar durante años, consideré que Seix Barral era la editorial en la que mejor podía encajar mi literatura. Mi deseo era publicar a partir de ahora todos mis libros en ella, e ir recuperando los que tengo dispersos en otras editoriales, a medida que vayan caducando los derechos. Pensé que un buen modo de presentarme en la editorial era concurriendo en su premio; por aquella fecha, además, no tenía agente, y me pareció que hacerlo era como empezar de nuevo. Luego contraté como agente a Antonia Kérrigan, a quien mi decisión le pareció muy acertada. Puesto que ya he conseguido otros éxitos mucho más imperdonables que conseguir el Premio Biblioteca Breve no creo que éste me obligue a pedir perdón. Algo que, por supuesto, nunca he hecho y nunca haré.Es evidente que las editoriales destinan un cuidado y una promoción a sus premios anuales que no destinan a otras obras. Esto no sé si es bueno o es malo; es, en cualquier caso, una realidad. No creo, sin embargo, que la consecución de un premio garantice a un libro su permanencia en las librerías durante más de tres meses, ni siquiera durante más de quince días. Una de las razones por las que presento mis novelas a premios es porque considero que la editorial va a invertir en su lanzamiento una cantidad y un esfuerzo que quizá no dedicara si el libro se publicara normalmente; y también porque el ganar un premio logras taladrar, aunque sea mínimamente, el cerco del silencio. Con perdón (ahora sí) he escrito libros "sin premio" que han alcanzado las diez ediciones y han permanecido en las listas de ventas y en las librerías más de tres meses. Es cierto que era en tiempos más sosegados. Ahora todo es fugaz: la literatura, el cine, la música y, sobre todo, el éxito. Creo que se está magnificando el papel de los premios literarios en España. Es verdad que hay que quejarse de algo, y los premios literarios son una buena excusa para poner el grito en el cielo. Los libros sobreviven en las librerías por razones humanas y casi divinas que son difíciles de explicar. Conozco lectores que jamás leen libros premiados. Y no conozco a ninguno que sólo lea los libros que han recibido un premio. Aunque suene a tópico, cada lector es diferente, y en el mercado literario hay espacio para premios, para best sellers, libros malditos, libros raros y libros de culto. Hay innumerables premios literarios –y hablo con conocimiento de causa– que pasan sin pena ni gloria por las librerías o que ni siquiera llegan a salir de sus cajas. Ganar un premio literario es tan digno y satisfactorio como ganar cualquier otra competición. No sé por qué algunos están tan obsesionados con desprestigiar los premios literarios y, sin embargo, les parecen respetables los musicales, pictóricos, científicos o deportivos. No puedo responder a esta pregunta, creo que deberían hacerlo los editores que convocan concursos y premian ciertos libros. Si he de responder por mí, creo poder afirmar con orgullo que nunca he abusado ni abusaré de la buena fe del lector, que cada premio que he ganado es porque así lo ha considerado un jurado que ha considerado mi obra merecedora de ese premio. Y que, desde luego, en cada obra pongo lo mejor de mí mismo, lo mejor que puedo dar en el momento en que fue escrita. El lector no es estúpido, como algunos pretenden hacernos creer. Los premios cumplen su papel y, con frecuencia, lo hacen dignamente. Lo cierto es que el mercado editorial es cada vez más complicado y a las editoriales les cuesta trabajo abrirse paso entre tanta competencia. El premio es una forma más de llamar la atención del mercado, pero no es la única ni la más vergonzosa. A veces termina por resultar cansina la imagen que nos presentan del lector como el de un ingenuo pececillo que ha picado en el anzuelo de las grandes editoriales. Un lector que se siente defraudado por un libro con la etiqueta de premio difícilmente volverá a picar en ese anzuelo otra vez. Por mucho que pretendamos adoctrinar a los lectores, ellos son los que tienen la última palabra, le pese a quien le pese. Nunca he escrito nada pensando en un premio. Yo pienso en los lectores y en mí. Así ha sido en el caso de esta novela y en todas las demás. No existen fórmulas literarias, o al menos yo no las conozco. Mi único Pepito Grillo, en este caso, he sido yo. No hubo ni sugerencias, ni insinuaciones, ni nada parecido. El libro aparecerá tal y como quedó en el momento de poner el punto y final. Y allí no había ni editor, ni agente, ni nadie que me pudiera sugerir nada. Estaba solo, en una habitación forrada de libros desde el suelo hasta el techo en la que me encerré durante un año para escribir la novela. Cuando escribí como cuando escribí cualquiera de mis libros anteriores, jamás pensé en el premio ni en su público. Responder a esta pregunta me causa un poco de rubor, porque la misma respuesta daría a ella un escritor verdadero y un farsante. Nunca rebajo ni aguo nada cuando escribo, ni admito ese tipo de insinuaciones a las que se refiere. Soy una persona bastante misántropa y poco permeable. También he de decir en honor de mis editores que jamás me han insinuado estos cambalaches, quizá porque conocen la naturaleza de mi vocación, la pasión que pongo en mi trabajo y el grado de convicción en lo que hago.Hace años que intentaba escribir esta novela. Cualquiera que la lea se dará cuenta de que no está escrita pensando en premios ni en públicos ni en éxitos. No tengo agente, así que nadie me pide que rebaje o eleve mi ambición literaria. Me gustan los lectores que leen mis libros sin prejuicios ni segundas intenciones. La novela es realista, pero tiene una estructura compleja, en mi opinión. La originalidad de la novela no está tanto en la historia como en la manera de ir contándola. Parto del relato clásico para montar una historia sobre un bastidor que trata de ser original. Trato de abrir puertas, una detrás de otra, y luego cerrarlas en el mismo orden sin dejar al lector perdido en el desierto.Es tradicional y realista. No creo en esa dicotomía que plantea. Para mí la literatura es tradición; sólo desde el trampolín de la tradición el escritor puede alcanzar nuevos finisterres expresivos. Eso de ponerse a escribir como si se fuera a descubrir el Mediteráneo me parece una majadería a la que sólo aspiran los escritores pésimos. Otra cosa distinta es que la exigencia de la escritura te lleve a empujar puertas que nunca antes habías empujado. Durante la escriutura de esto me ocurrió en varias ocasiones; pero nunca tuve esa impresión megalómana y en el fondo tan palurda de estar "experimentando".En este caso, como en casos anteriores, la crítica de mis libros se hace desde los prejuicios. Incluso algún crítico lo ha reconocido explícitamente, en un gesto de sinceridad y de reconocimiento de sus limitaciones que le honra. Esto antaño me perturbaba mucho, pero desde que encontré la unidad interior esto ha dejado de preocuparme y me parece una bagatela. Yo sé quien soy y sé que también hay lectores que lo saben; también sé lo que para mí significa escribir, y lectores que lo reconocen al leerme. En ese fondo del que nace mi escritura casi ningún crítico penetra, no puede penetrar en realidad, así que es natural que se enzarce en la bagatela de los prejuicios.No lo sé. Cada crítico es un mundo, supongo. Hasta ahora la crítica se ha fijado muy poco en mí. Y no quiero que parezca un lamento. Cuando un autor tiene poca proyección y sus libros son casi rarezas, los críticos suelen ser benévolos. Hasta ahora no he recibido ni una crítica mala. Todo lo contrario. Lo que pueda ocurrir a partir de aquí es una incógnita. Pero ni antes subí al Olimpo por los ecos de las críticas, ni ahora me hundiré en el Averno por las malas críticas. Si a algo he aprendido en estos años de travesía, es a tener los pies sobre la tierra. Supongo que, como siempre, habrá críticos que respeten mi novela y otros que la maltraten o la ignoren. Que acierten o no es una consideración demasiado subjetiva. No me interesa rebatir las suspicacias sobre el premio o mi persona. Decía Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. A Luis Leante lo llevo leyendo muchos años, coincidimos como concursantes en muchos premios más o menos municipales o espesos. Creo que es un escritor muy dotado, a quien por fin se reconocen sus méritos; estoy seguro de que le aguarda el éxito. A Nativel Preciado la conozco tan sólo en su faceta de periodista; una periodista de increíble sensibilidad y penetración, con un gran conocimiento de la naturaleza humana, muy perspicaz y brillante; estoy convencido de que estas virtudes, multiplicadas, comparecerán en su novela. Una digna compañía literaria. Nativel Preciado me parece una escritora todoterreno. Leí su novela (Planeta, 2003) y me pareció estupenda. Creo que tiene oficio y garra. ¿Se necesita mucho más? En una ocasión estuvimos espalda con espalda en un aeropuerto, pero no me atreví a decírselo. Y en cuanto a Juan Manuel de Prada, lo he leído todo desde que salieron sus Coños en Valdemar (1996). Tengo sobre la mesa su última novela y la iba a comenzar a leer, pero el premio de Alfaguara me lo ha impedido. Es un escritor cuajado, con oficio, sensibilidad y con mucha eficacia al contar una historia. Él ya no se acordará, pero hace más de diez años fui su chófer en Murcia cuando salimos con Rosa Regás a tomar unas copas después de no sé qué acto literario. Soy un lector incondicional suyo, con o sin premio.

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Gonzalo Rojas

Ficha sobre recursos técnicos:

MILENIO, 22 de marzo de 2007

Fue la palabra "aire" un "ejercicio respiratorio" con Gonzalo Rojas

En la Casa Refugio Citlaltépetl, el poeta chileno ofreció la noche del martes una lectura de los versos que le han hecho valer premios como el Cervantes de Literatura en 2003

México.- La palabra fue "aire", un "ejercicio respiratorio" que provino desde los pulmones del poeta chileno Gonzalo Rojas, durante la lectura de sus versos que el propio vate ofreció la víspera en la Casa Refugio Citlaltépetl, en esta ciudad.

A sus 90 años de edad, el autor de "La miseria del hombre" compartió con los admiradores de su obra, uno que otro espontáneo y un puñado de amigos mexicanos, el ritmo pausado, pero no cansado, alegre, vivo de su voz, dando lectura a algunos de los versos que le han hecho valer premios como el Cervantes de Literatura en 2003.

Un par de días después de haber recibido el Doctorado Honoris Causa por parte de una universidad de este país, la verdadera riqueza popular reconoció al autor sudamericano a través del aplauso, a quien lo regocijó con su poesía, su voz.

Desde la "La miseria del hombre", pasando por "Contra la muerte" o "Transtierro"; "Materia del testamento" o "50 poemas" y "Desocupado lector" hasta "Del relámpago", Rojas simplemente mostró su más certera arma: la palabra, la que pertenece a un hombre que solo ha "buscado la libertad, la vivacidad".

Cuando recibió el grado universitario, el martes pasado, había dicho que la poesía es "un aire, un aire, un aire nuevo, no para respirarlo, sino para vivirlo, pues de eso se trata", y así lo demostró la víspera, durante el convite de imágenes, frases y silabas que se agolparon en su recital.

Nacido en Lebú, Arauco, el 20 de dieiembre de 1917, Rojas participó, entre 1938 y 1941, como disidente en el grupo surrealista "Mandrágora"; siete años más tarde aparece "La miseria del hombre" (1948), su primer libro, el cual provocó reacciones encontradas entre los críticos oficiales, pero con una recepción estimulante de la poeta Gabriela Mistral.

Para 1953, el vate viajó a Europa por primera vez y conoció al surrealista francés André Bretón, del que dijo: "me pareció como que estaba reconociendo a alguien con el cual había dialogado mucho, porque el pensamiento de Bretón es un pensamiento riquísimo que nos había aumentado a nosotros cuando éramos muchachos".

Pero no fue sino hasta 1958 cuando organizó los primeros "Encuentros Nacionales de Escritores", en la Universidad de Concepción, y en 1960 organizó y dirigió el Primer Encuentro Nacional de Escritores Americanos, que para Carlos Fuentes y José Donoso fue el comienzo del "boom" latinoamericano.

Tras el golpe militar en Chile, el 11 de septiembre de 1973, Gonzalo Rojas toma la figura de un exiliado y su cargo diplomático en Cuba le es arrebatado, pero en 1979 regresa a su país natal y a partir de ese momento comparte con Chile, México, España, Estados Unidos y Alemania, sus estancias.

Poseedor de una extensa obra poética, el vate ha recibido numerosos premios internacionales como de la Sociedad de Escritores de Chile por "Poesía Inédita", de 1946; el Reina Sofía de poesía de España; el Octavio Paz de México y el José Hernández de Argentina; además del Premio Nacional de Literatura de Chile, en 1992.

La visita a México de Gonzalo Rojas, concluirá con su participación en un encuentro sobre La imaginación, que se llevará a cabo desde hoy y hasta el 24 de marzo en el Palacio de Bellas Artes, en esta ciudad.

En la reunión, donde el poeta chileno leerá un texto inédito sobre ese tema, participarán el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, el poeta José Kozer, la artista Magali Lara, el músico Julio Estrada, así como los escritores y científicos Mario Bellatin, Néstor Braunstein, Claudio Bunster, René Drucker, Teodoro González de León y Evelyne Grossman.

El encuentro se llevará a cabo de manera gratuita, organizado por la Fundación Gonzalo Rojas en conjunto con el XXIII Festival de México en el Centro Histórico, que se realiza aquí hasta el 31 de marzo próximo.


www.premiosliterarios.com

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